webislam

Jueves 2 Abril 2020 | Al-Jamis 08 Shaban 1441
782 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=5981

El diálogo interreligioso hoy

El diálogo interreligioso es liberador, en cuanto nos obliga a abandonar todo sectarismo

16/10/2006 - Autor: Abdennur Prado - Fuente: Webislam
  • 2me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Abdennur Prado (Foto Bruno Rascao).
Abdennur Prado (Foto Bruno Rascao).

Ponencia presentada durante el Curso sobre ‘Judaísmo, cristianismo e islam. Tres religiones en diálogo’. Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), 15 de septiembre 2006.

Quisiera agradecer a la Universidad Internacional de Andalucía y a la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo por la organización de estas jornadas, y muy especialmente a Juan José Tamayo por su tarea como director de las mismas. Tras las lecciones magistrales de destacados académicos sobre judaísmo, cristianismo e islam, estas mesas redondas parecen planteadas como una aproximación a la realidad social y vivencial de los cristianos, judíos y musulmanes en España, desde tres puntos de vista que tienen que resultar complementarios: el tema de la mujer, el tema del conflicto y de la convivencia y, por último, el tema que hoy nos ocupa, el del diálogo interreligioso.

Creo que este planteamiento es muy apropiado. Tras la definición de nuestras religiones como doctrinas ya completas y hasta cierto punto cerradas in illo tempore, nos sentamos los creyentes para dialogar, para exponernos, desde la vivencia real de nuestras tradiciones. Es por tanto lógico que terminemos hablando del diálogo interreligioso, como un movimiento que nos abre nuevas posibilidades, en el cual los creyentes hemos depositado muchas esperanzas, en la medida en que propicia un encuentro real entre personas, más allá de las definiciones monolíticas que se difunden sobre nuestras religiones.

El diálogo interreligioso no es un capricho, ni un asunto de hombres con hábito para mejorar su imagen. El diálogo interreligioso es liberador, en cuanto nos obliga a abandonar todo sectarismo, a considerar a los creyentes de otras religiones como seres humanos y no como una abstracción: ‘los musulmanes’, ‘los cristianos’, ‘los judíos’, como si todos los musulmanes, los cristianos o los judíos fuesen iguales entre sí, y diferentes de los otros, o como si todos tuviesen las mismas ideas o respondiesen a un patrón predeterminado de conducta. Miserias de la cultura de la imagen, de la moderna idolatría que busca fijarlo todo mediante unas representaciones mediáticas que se reproducen ad nauseam, y cuya irrealidad no evita que sea ampliamente difundida, sustituyendo la riqueza de matices con la cual la realidad se nos presenta por una imagen fabricada en un laboratorio.

En esta intervención, trataré de ser lo más gráfico posible, y responder al título completo de esta mesa redonda: “El Diálogo Interreligioso hoy. Posibilidades y Dificultades. Los Fundamentalismos.” Para ello, expondré en primer lugar de forma breve la concepción coránica del pluralismo religioso, y lo que se dice sobre el diálogo interreligioso en el Sagrado Corán. Esta será una visión ideal: la expresión de una revelación venida para unir y no para separar a las personas. A continuación, ofreceré la visión del diálogo interreligioso de las corrientes llamadas ‘fundamentalistas’ dentro del islam, una visión que, les aviso de antemano, responde a todos los estereotipos de oscuridad, cerrazón y espíritu sectario característicos del fanatismo religioso. A partir de esta oposición, realizaré una breve reflexión sobre el sentido que puede tener el diálogo interreligioso hoy.

El Corán nos ofrece numerosas claves para un enfoque positivo del diálogo interreligioso. En primer lugar, la pluralidad de formas de adoración es algo querido por Al-lâh:

Hemos asignado a cada comunidad formas de adoración distintas, que deberían observar.

(Corán 22: 67)

En segundo lugar, todas las religiones reveladas son vías de salvación legítimas:

Ciertamente, los que creen en esta escritura divina,
los que profesan el judaísmo, los cristianos y los sabeos
—todos los que creen en Dios y en el Último Día y obran con rectitud— tendrán su recompensa junto a su Sustentador;
y nada tienen que temer ni se lamentarán.

(Corán 2: 62)

En tercer lugar, estas formas de adoración tienen su origen en revelaciones sucesivas, venidas del mismo Dios:

Hemos suscitado en el seno de cada comunidad a un profeta.

(Corán 16:36)

En cuarto lugar, el Corán afirma que todos los profetas gozan del mismo rango a los ojos de Al-lâh, y exhorta al musulmán a no distinguir entre ellos y a creer en todas las tradiciones reveladas:

Di: “Creemos en Al-lâh
y en lo que se ha hecho descender para nosotros,
y en lo que se hizo descender para Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y sus descendientes, y en lo que Moisés, Jesús
y todos los profetas han recibido de su Sustentador:
no hacemos distinción entre ninguno de ellos.
Y a Él nos entregamos.”

(Corán 3: 84)

Entre los libros revelados en que el musulmán debe creer, el Corán cita explícitamente la Tora y el Evangelio (3: 3-4). El propio Corán nos dice que no contiene nada nuevo, que se trata de una confirmación de lo que contienen la Tora y el Evangelio, del mismo modo que el Evangelio era una confirmación de la Tora (5: 46). Desde el punto de vista coránico, todos los libros revelados contienen la misma revelación con diferente forma. En consecuencia, el Corán no pide a los judíos que abracen el islam, sino que sean fieles a su propia tradición, según el ejemplo de los rabinos más antiguos (5: 43-44). También exhorta a los seguidores de Jesús a seguir lo que dice el Evangelio (5: 47). La idea de convertir al otro brilla por su ausencia, es algo completamente ajeno a la tradición islámica.

El Mensaje del Corán nos sitúa en la perspectiva de la ‘unidad trascendente de las religiones’ (wahdat-e-deen): diferentes en su forma, pero iguales en su esencia. Existe un hadiz donde Muhámmad (paz y bendiciones) afirma: “Los profetas son hermanos e hijos de diferentes madres, pero su religión es una” (Bujari y Muslim). A partir de esta identidad ontológica de todas las religiones, se hace absurda toda disputa religiosa. Sin embargo, mientras más nos alejamos de la Fuente más destacan las diferencias, con la consiguiente posibilidad de discutir, de oponer las propias creencias a las otras, etc. Cito algunas aleyas que pueden sernos útiles para entender como se plantea el diálogo interreligioso dentro del islam:

Y no discutáis con los seguidores de revelaciones anteriores
sino de la forma más amable —a no ser que sean de los que están empeñados en hacer el mal— y decid: "Creemos en lo que se ha hecho descender para nosotros,
y también en lo que se ha hecho descender para vosotros:
pues nuestro Dios y vuestro Dios es Uno sólo,
y a Él nos sometemos."

(Corán 29,46)

Una y otra vez, el Corán dice lo mismo: todas las religiones vienen del Dios Único, y por tanto debemos creer en todas ellas. Hay que remitirse a Al-lâh como el origen de todo lo diverso, incluyendo las divergencias entre las diferentes religiones. Una pregunta común es la siguiente: ¿cuál es el motivo del pluralismo religioso? Una vez más, el Corán nos da la clave:

A cada uno de vosotros le hemos asignado una ley
y un modo de vida distintos. Y si Dios hubiera querido,
ciertamente, os habría hecho una sola comunidad:
pero lo dispuso así para probaros en lo que os ha dado.
¡Competid, pues, unos con otros en hacer buenas obras!
Habréis de volver todos a Dios: y, entonces,
Él os hará entender aquello sobre lo que discrepabais.

(Corán 5:48)

¡Hombres!
Os hemos creado a partir de un varón y de una hembra
y os hemos hecho pueblos y tribus distintos
para que os conozcáis unos a otros.
Y en verdad que el más noble de vosotros ante Al-lâh
es el que es más consciente de Él.

(Corán 49:13)

El más noble a los ojos de Al-lâh no lo es por ser miembro de una determinada confesión, sino por tener un grado mayor de conciencia de Dios (taqua). Con esto, queda descartada la competitividad religiosa, en el sentido de tratar de demostrar que la propia religión es superior o está en la posesión de la verdad, y las otras extraviadas. Más bien, se trata de centrarse, desde la tradición a la que pertenezca cada uno, en la realización consciente de hasanat, palabra árabe que une en su raíz las ideas del Bien y la Belleza.

En el caso de encontrarse con polemistas, que nos quieren arrastrar a la disputa, el Corán nos previene y remite el juicio definitivo a Al-lâh:

Hemos asignado a cada comunidad
formas de adoración distintas, que deberían observar.
Así pues, Oh creyente, no permitas que esos
te arrastren a disputar sobre esta cuestión,
sino llama a todos ellos a tu Sustentador:
pues, ciertamente, tú estás en verdad en el camino recto.
Y si intentan discutir contigo, di simplemente:
"Dios sabe bien lo que hacéis." Pues, en verdad,
Dios juzgará entre vosotros el Día de la Resurrección
sobre aquello en lo que discrepabais.

(Corán 22, 67-69)

En definitiva, podemos resumir la visión coránica del pluralismo religioso:

- El Corán afirma que todas las religiones son vías de salvación legítimas.
- El Corán afirma que Dios ha enviado profetas a todos los pueblos, en todos los idiomas, y que no existe diferencia de rango entre los profetas.
- El Corán llama a los musulmanes a seguir todas las revelaciones anteriores.
- El Corán llama a los cristianos a regirse por las enseñanzas de Jesús, y a los judíos por lo revelado en la Torah.
- El Corán afirma que lo importante no es la adscripción nominal a una religión sino las buenas obras, la conciencia de Dios y la pureza de nuestro corazón.
- El Corán llama a los creyentes a no caer en disputas religiosas estériles, sobre la base de que todas las religiones vienen del Dios Único, y que en Él se resolverá toda diferencia.

Humildad ante los otros, amabilidad, paz interior, conciencia de que todas las tradiciones tienen su origen en el Uno, realización de buenas obras, cuidado de la Creación, pleno respeto hacia el pluralismo religioso como un bien, y no como un problema. Esta es la actitud que debe observar el verdadero musulmán al abordar el diálogo interreligioso, in sha Al-lâh.

A esta visión ideal sobre el pluralismo religioso, que se corresponde a una lectura estrictamente literalista del Corán, vamos ahora a oponer la visión de una supuesta autoridad islámica de primer rango: Shaykh "Abdul-"Azeez Ibn Baaz, quien fuera durante muchos años Gran Mufti y presidente del Consejo de Grandes Ulemas de Arabia Saudí. En concreto, me refiero a una declaración del mencionado consejo de grandes ulemas, titulada ‘Cosas que nulifican el Islam de una persona’ (Matters Which Nullify Ones Islaam, que puede encontrarse en internet), promulgada hace ya más de treinta años. Dentro de esta declaración encontramos perlas como las siguientes:

- Si un musulmán niega que el islam es la única religión verdadera, debe ser considerado apóstata y fuera del islam.
- Si un musulmán niega que el Qur’án ha abrogado todas las revelaciones anteriores, debe ser considerado apóstata y fuera del islam.
- Si un musulmán niega que todos los miembros de otras religiones son infieles destinados al fuego, debe ser considerado apóstata y fuera del islam.
- Si un musulmán apoya el diálogo interreligioso, debe ser considerado apóstata y fuera del islam.

Así pues, nos encontramos con un salto brutal desde el mensaje del Corán al rechazo frontal, casi diría el odio visceral, hacia el diálogo y el pluralismo religioso, y esto a cargo de los que se presentan como los máximos representantes del islam en Arabia. Con el agravante de que a causa del prestigio de Meka y de Medina y de la incesante tarea propagandística que realizan, estos ulemas tienen una importante influencia entre muchos musulmanes. Resulta difícil comprender como se puede transformar el mensaje coránico sobre el pluralismo religioso en semejante discurso. Lo único que puedo hacer es admirarme de la capacidad del ser humano de manipular los textos sagrados, para hacerles decir justo lo contrario de lo que dicen, y encima presentarse como una ortodoxia a la cual los creyentes deben obediencia. Con esto solo logran engañar, tanto a los creyentes como a los no creyentes, distorsionar la verdadera naturaleza del islam. En este punto, nos mostramos totalmente de acuerdo con lo dicho en la intervención anterior por el Sr. Samuel Hadas, primer embajador de Israel en el Vaticano: “los peores enemigos de cada religión están en su interior”.

Declaraciones como esta ponen en evidencia la ceguera de los corazones, la capacidad de manipular los textos sagrados para imponer una visión mezquina de la religión, como un instrumento de opresión, al servicio de regímenes despóticos. Pero también nos sirve para resaltar las virtudes del diálogo interreligioso como forma de combate. Combate contra el sectarismo y la intolerancia dentro de nuestras propias tradiciones. Combate contra la ignorancia y la falta de compasión y de criterio. Combate contra esas jerarquías religiosas que se proclaman como únicas depositarias de la verdad. Combate, en definitiva, contra la utilización política de la religión como un instrumento de opresión. En definitiva, este discurso proclama la incompatibilidad entre una religión y el resto, y de ahí el necesario enfrentamiento, la lucha por la supremacía de una religión sobre las otras.

Creo que un fragmento como el que acabo de citar pone en evidencia el miedo de las jerarquías más reaccionarias al diálogo interreligioso. Miedo al relativismo. Palabra hoy en día denostada, que no es sino un sinónimo del pluralismo. La crítica al relativismo moral implica el rechazo de algunos a la gestación de sociedades multireligiosas y multiculturales. Miedo, por tanto, al pluralismo. Miedo a la libertad. A la libertad de cada ser humano de escoger su propio camino espiritual, y también a la libertad interpretativa dentro de las diversas religiones, al hecho evidente de que no existen entidades reales llamadas ‘los musulmanes’ o ‘los cristianos’, sino millones de seres humanos que buscan vivir su espiritualidad según su capacidad y entendimiento, en contextos culturales muy diversos.

También miedo al sincretismo, al contagio que contamine la ‘pureza’ de la propia religión, como si esta fuera algo cerrado desde el principio de los tiempos, que debe preservarse de todo cambio o actualización. Miedo a la ruptura de los límites conceptuales entre las diferentes religiones. De ahí la importancia que algunos dan a los dogmas por sobre los valores.

En definitiva, la necesidad de trazar unos límites precisos de la religión, de modo que el creyente musulmán se sienta diferente del creyente cristiano o animista. La religión, entendida como una barrera que separa a unos hombres de los otros, deja de constituirse en un camino espiritual para pasar a ser un instrumento de control ideológico. Deja de ser una relación directa e intransferible entre cada ser humano y la divinidad, una relación que se produce en el interior de cada ser humano.

El poner en evidencia estos miedos, también nos ayuda a poner en evidencia las virtudes del diálogo interreligioso, nos señala algunas de sus virtudes terapéuticas, como superación de todo sectarismo, de todo intento de supremacía o complejo de superioridad. El dialogo interreligioso es liberador en la medida en que destruye estas barreras conceptuales y sectarias que los sectores más reaccionarios han levantado frente al otro.

La estrategia fundamentalista es siempre la misma: señalar las incompatibilidades y enfrentarnos los unos a los otros. Hoy en día, se trata de hacernos creer que el islam y el cristianismo son incompatibles, que el islam es contrario a la democracia y a los derechos humanos, que no tiene un lugar en occidente. Porque, es importante decirlo, las oposiciones que tratan de inculcarnos son falsas. El islam, el judaísmo y el cristianismo no son incompatibles, sino religiones hermanas, caminos de salvación que recorren los creyentes en la medida de sus posibilidades. Para Dios solo es importante lo que contienen nuestros corazones, no la adscripción nominal a una religión, a una doctrina o a un partido. Situarse más allá de las oposiciones es alcanzar el origen común de las distintas tradiciones, orientarse hacia el Uno-Único.

Debemos aprender a valorar la diversidad como un milagro, como un signo de la capacidad creadora de Dios. Él crea lo que quiere, y ha querido la diversidad para que seamos capaces de reconocernos los unos a los otros en nuestras diferencias. Aprender a ver y aceptar que nuestro modo de vida no es el único posible, que existen diferentes caminos hacia la misma Fuente. Aprender a respetar al otro, en su particularidad inalienable, sin situar una religión por encima de la otra, aceptando su unidad trascendente más allá de sus diferencias doctrinales y formales. Una persona que considere su religión como enfrentada o por encima de las otras no es más que un ignorante, carente de toda espiritualidad. Cada una de las grandes tradiciones sagradas de la humanidad contiene en si mismo todos los elementos que pueden liberar al hombre de sus servidumbres, constituirse en caminos de salvación y trascendencia. Nos situamos en el tiempo de ese macroecumenismo al que hacía referencia Pedro Casaldáliga:

“Todo fundamentalismo, todo proselitismo, toda prepotencia en la vivencia de la propia religión, la niega, porque niega al Dios vivo que todas las religiones quieren cultuar. El macroecumenismo, adulto, dialogante, fraterno, pasará a ser una fundamental actitud de cualquier religión que merezca este nombre. Desde la propia identidad, en la apertura a la pluralidad de la adoración y la esperanza. Siguiendo el sabio consejo del sufí iraní del siglo XIII: ‘Como un compás, tenemos un pie fijo en el islam, y con el otro viajamos dentro de otras religiones’.”

Y termino con esta cita: una cita hecha por un musulmán español, en la que un sacerdote cristiano del siglo XXI cita como ejemplo de sus tesis a un sabio musulmán del siglo XIII. Todo un signo de que el verdadero conocimiento trasciende las barreras conceptuales en las cuales tratan de encerrar a nuestras tradiciones. Todo un signo de cómo los hombres de bien de todas las tradiciones tienen mucho que compartir, más allá de todo sectarismo, más allá de nuestra adscripción nominal a una religión determinada. Lo verdaderamente importante es lo que contienen nuestros corazones, y en ese espacio interior purificado es donde el encuentro se produce.

Pero Al-lâh sabe más.

Abdennur Prado es presidente de Junta Islámica Catalana y miembro del Grupo Interreligioso Tradición y Progreso.
abdel@webislam.com
Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/30071-el_dialogo_interreligioso_hoy.html