webislam

Lunes 11 Noviembre 2019 | Al-Iznain 13 Rabi al-Auwal 1441
833 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=5976

La figura de Issa ibnu Mariam en el Qur_an

En el Corán, Jesús anuncia la llegada de Muhámmad.

16/10/2006 - Autor: Carles Ruiz Feltrer - Fuente: UNED/Experto profesional en Cultura y Civilizaciòn Islamica
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Al-Qu´ran
Al-Qu´ran

El estudio de la figura de Muhámmad y la lectura del respetuoso tratamiento que da el Corán a la figura de Jesús, hijo de María - Issa ibnu Mariam - me llevó a escoger, como trabajo en uno de los Módulos del Curso de la UNED , este pequeño ‘ensayo’ que he adaptado para su publicación en las páginas de Webislam.

No pretendo un análisis comparado con el tratamiento de Jesús en los Evangelios cristianos recogidos en el Nuevo Testamento. Sería un tema altamente interesante, que sobrepasa el alcance de este pequeño ensayo y que debería ser objeto de un trabajo específico. Aunque he de decir que, a parte de la tarea de recopilación de las citas y del análisis de las cualidades que acompañan a Jesús en el Corán, he querido añadir algunas referencias a ciertas cuestiones y tradiciones del cristianismo primigenio que fueron abandonadas por la ‘ortodoxia’ salida formalmente del Concilio de Nicea del año 325 d.C.

Aun a sabiendas que posteriores Concilios supusieron, también, modificaciones importantes en algunas de las creencias iniciales, es quizás en Nicea, cuando se fija un canon y se declaran oficialmente heréticas ciertas corrientes cristianas que guardan una relación, ‘teológica’ al menos con el estatus que Jesús tiene en el Islam, en general, y su tratamiento en el Corán en particular.

Veremos que, de forma muy especial, son dos los puntos de ‘divergencia’. Son las cuestiones relativas a la divinidad de Jesús y al dogma de la Santísima Trinidad que suponen, quizás, los dos puntos de desacuerdo más importantes entre Islam y Cristianismo, respecto a la figura de Jesús, desde el punto de vista teológico.

Hemos desarrollado lo que podríamos denominar rasgos característicos de la figura de Jesús en el Corán agrupando, en un primer bloque, aquellas características (o tradiciones) que serían más comunes con el cristianismo – incluso con el judaísmo, en algún caso – y en el bloque final aquellas creencias que se distancian o entran en ‘conflicto teológico’ con el credo cristiano.

Jesús, un gran Profeta de Dios

El aspecto que, sin duda, más se repite en las referencias a Jesús es su reconocimiento como profeta elegido por Dios, formando parte de la cadena que se inicia en Abraham y finalizará con Muhámmad, como sello de los profetas.

“Decid: Creemos en Dios y en lo que se ha hecho descender sobre nosotros y en lo que descendió sobre Abraham, Ismail, Isaac, Jacob y sus descendientes, y lo que fue entregado a Moisés y a Jesús, y en lo que fue entregado a todos los demás profetas por su Sustentador; no hacemos distinciones entre ninguno de ellos. Y es a Él a quien nos sometemos.”

(2:136) (3:84)

Vemos que este párrafo aparece repetido en la Sura 2, Al-Baqara (La Vaca) y en la Sura 3, Al Imran (La casa de Imran) lo cual puede dar una idea de la importancia que se da a su contenido. Pero las referencias que certifican la elección de Jesús continúan:

“Ciertamente, te hemos inspirado Oh Profeta como inspiramos a Noé y a todos los profetas después de él – e inspiramos a Abraham, a Ismail, a Isaac, a Jacob y a sus descendientes, incluyendo a Jesús, Job, Jonás, Aarón y Salomón; y dimos a David un libro los Salmos de sabiduría divina;….”

(4:163)

“…y a Zacarías, a Juan, a Jesús y a Elías: todos eran de los justos;…”

(6:85)

“Y, ¡he ahí! Que aceptamos un compromiso solemne de todos los profetas – de ti Oh Muhammad, y también de Noé, Abraham y Jesús, hijo de María -: pues de todos ellos aceptamos un oneroso compromiso solemne,…”

(33:7)

El Corán señala claramente que Dios no hace distinciones entre los distintos Profetas, ya que sólo Él es importante. Aun así, hay que señalar que Jesús recibirá un tratamiento diferenciado, posiblemente por un hecho que no se da en todos los profetas: la revelación del libro sagrado.

“A algunos de estos enviados les hemos favorecido más que a otros: entre ellos hubo algunos a los que Dios habló, y otros a los que Él ha elevado en su rango. Y dimos a Jesús, el hijo de María, todas las pruebas de la verdad y le fortalecimos con la sagrada inspiración.”

(2:253)

“Y tal como exaltamos a Moisés, así también, hicimos del hijo de María y de su madre un símbolo de Nuestra gracia, y les asignamos a ambos una morada en un lugar elevado de paz permanente y aguas cristalinas”

(23:50)

Pero Jesús es señalado como un gran profeta por otra razón importante. Se le considera continuador de una única y misma fe. Casi una consecuencia de lo explicado en el apartado anterior.

“En materia de fe, Él os ha prescrito lo que ya ordenó a Noé – y de lo cual te hemos dado conocimiento Oh Muhammad por medio de la revelación – y también lo que ordenó a Abraham, a Moisés y a Jesús: Estableced firmemente la fe verdadera, y no rompáis vuestra unidad en ella…”

(42:13)

Inspiración y Revelación

En el Qur’an encontramos referencias a los primerísimos años de la vida de Jesús. Bendecido e inspirado por Dios desde su tierna infancia, Jesús empezará muy pronto a dar testimonio de la fe y a ilustrar a sus congéneres. Otro punto en común con las pocas referencias que nos han llegado sobre la infancia de Jesús en la tradición cristiana, salvando el hecho de que el Qur’an nos presenta un Jesús infante.

“Entonces ella señaló hacia él. Dijeron: ¿Cómo vamos a hablar con quien es todavía un niño en la cuna? El niño dijo: En verdad, soy un siervo de Dios. Él me ha entregado la revelación y ha hecho de mí un profeta, y me ha hecho bendito dondequiera que esté: y me ha prescrito la oración y la limosna mientras viva, y que sea bondadoso con mi madre, y no me ha hecho arrogante ni falto de compasión. ¡Y la paz fue conmigo el día en que nací, y será conmigo el día que muera, y el día en que sea devuelto de nuevo a la vida! Así fue, en palabras veraces, Jesús, hijo de María, sobre cuya naturaleza discrepan tan profundamente.

(19:29-34)

Vemos en este párrafo una referencia explícita a dos de los pilares del Islam, la oración (as-salat) y la limosna (az-zakat) que apuntan el la línea de continuidad de profesión de la fe monoteísta apuntada anteriormente.

En esa misma línea de confluencia con los otros dos grandes monoteísmos, el judaísmo y el cristianismo, hay una serie de elementos que aparecen, de forma recurrente, en el Corán:

- la existencia de una revelación divina
- la inspiración, el Espíritu de Dios o Espíritu Santo que acompaña o se encuentra detrás de la revelación

Muhammad Asad interpreta la expresión ruh al-qudus como ‘inspiración’, aun cuando su significado literal sería: ‘el espíritu de santidad’. Acepción más próxima a la que utilizan en su traducción Julio Cortés “Espíritu Santo”, o la de Mikel Epalza “espíritu de Dios, espíritu santo” . Evidentemente nada tiene que ver con la tercera persona de la Trinidad cristiana en cuanto a persona divina. De todas maneras, es cierto que el uso de ‘inspiración’ es altamente sugerente si pensamos en el episodio de Pentecostés, en el Nuevo Testamento, cuando asistimos a la llegada del Espíritu Santo que desciende sobre los Apóstoles y los llena de inspiración…

En el judaísmo también encontramos esta palabra. La Biblia hebrea hace más de ochenta referencias al Espíritu Santo (Rúaj Elohim, Rúaj Adonai, el Espíritu de Dios), un poder que se manifiesta en los individuos y les permite cumplir un mandamiento divino .

Manifestaciones divinas que recibirán de manera característica todos los profetas que entretejen una larga cadena de la que forma parte Jesús y que tiene en Muhámmad su sello final. Pero además hay otro elemento, el libro sagrado, que veremos continuación.

“Dimos, ciertamente, a Moisés la escritura divina y enviamos a una sucesión de enviados después de él; y dimos a Jesús, hijo de María, las pruebas evidentes de la verdad y le fortalecimos con la sagrada inspiración ...”

(2:87)

El libro sagrado, otro de los elementos comunes y seña de identidad. Torá, Evangelio, Corán. Las Escrituras, como libro sagrado, suponen la materialización de los dos elementos que veíamos en el párrafo anterior: revelación e inspiración.

“E hicimos que Jesús, el hijo de María, siguiera los pasos de esos profetas anteriores en confirmación de la verdad de lo que aún quedaba de la Torá; y le dimos el Evangelio, en el que había guía y luz, como confirmación de la verdad de lo que aún quedaba de la Torá, y como guía y amonestación para los conscientes de Dios.”

(5:46)

En las traducciones de Cortés y Epalza el texto hace referencia ‘a lo que había en la Torá’ y no aparece la expresión ‘de lo que aún quedaba en la Torá’,

“He ahí, que Dios dirá:¡OH Jesús, hijo de María! Recuerda las bendiciones que te concedí az ti y a tu madre – como te fortalecí con la sagrada inspiración para que pudieras hablar a la gente desde la cuna, y siendo adulto; y cómo te impartí la revelación y la sabiduría, incluidos la Torá y el Evangelio; y cómo con mi venia, creaste de arcilla la forma, por así decirlo, del destino de tus seguidores, y soplaste en ella para que, con Mi venia, se convirtiera en su destino; y cómo curaste al ciego y al leproso, con Mi venia, y cómo resucitaste a los muertos, con Mi venia; y cómo evité que los hijos de Israel te hicieran daño cuando viniste a ellos con las pruebas claras de la verdad, y cuando quienes estaban empeñados en negar la verdad decían: ¡Esto no es sino pura magia”

(5:110)

“Y luego hicimos que otros enviados Nuestros siguieran sus pasos; y asado un tiempo hicimos que les siguiera Jesús, hijo de María, a quien dimos el Evangelio; y pusimos en los corazones de los que realmente le seguían la compasión y misericordia. En cuanto al monacato – no se lo ordenamos Nosotros: lo inventaron ellos buscando la complacencia de Dios. Pero no siempre lo observaron como debían: recompensamos, entonces, a aquellos que realmente habían llegado a creer, pero muchos se volvieron perversos”

(57:27)

Con estas últimas citas cerramos los dos apartados dedicados a aquellos aspectos en que más coincidencia podemos encontrar entre las fuentes sagradas cristianas y musulmanas. Nos toca ahora adentrarnos en los aspectos dónde ambas tradiciones divergen en su dogma.

La naturaleza humana de Jesús

Después de este reconocimiento de Jesús, como Profeta elegido por Dios, entramos ya directamente en uno de los puntos que hemos llamado de ‘divergencia’: la divinidad de Jesús en el Cristianismo. No debemos olvidar que el Corán lo presenta tan sólo como un hombre

“En cuanto a Jesús él fue sólo un ser humano - un siervo Nuestro a quien agraciamos con la Profecía, y a quien pusimos como ejemplo a los hijos de Israel. ¡Y si hubiéramos querido, Oh vosotros que adoráis ángeles en verdad habríamos hecho de vosotros ángeles que se sucedieran unos a otros en la tierra!”

(43:59-60)

Por tanto, para el Islam, sólo hay una naturaleza en Jesús, la humana. Además, en este punto, queda claro en el Corán que Jesús es un buen ‘musulmán’ pues está sometido a Dios. Es así coherente con la doctrina que nos dice que Muhammad no viene a predicar ninguna nueva religión pues el Islam, la sumisión a Dios, existe desde nuestros primeros padres. El mismo Jesús es el primero que exhorta a sus seguidores para que sólo adoren a Dios y a Él se sometan

“Es inconcebible que un ser humano a quien Dios ha dado la revelación, un criterio justo y la Profecía, diga luego a la gente: ‘Adoradme a mí en vez de a Dios’; sino más bien“les exhortó: ‘Haceos hombres de Dios divulgando el conocimiento de la escritura divina y profundizando en su estudio.

(3:79)

’ Y tampoco os ordenó que tomarais por señores vuestros a los ángeles y a los profetas: “pues ¿cómo iba a ordenaros que negarais la verdad después de haberos sometido a Dios?”

(3:80)

Lo hace de una forma directa, en primera persona como hemos visto en la anterior cita, o a través del diálogo con Dios:

“Y, he ahí, que Dios dijo: ¡OH Jesús, hijo de María! ¿Dijiste acaso a la gente; ‘Adoradme a mí y a mi madre como divinidades junto con Dios? Jesús respondió: ¡Gloria a Ti! ¿Cómo habría de decir algo que no tengo derecho a decir ¿ ¡Si lo hubiera dicho, ciertamente, Tú lo habrías sabido! Tú conoces todo lo que hay en mí, mientras que yo no conozco lo que hay en Ti. En verdad, sólo Tú conoces todo lo que está fuera del alcance de la percepción del ser humano. No les dije sino lo que Tú me ordenaste que dijera: ¡adorad a Dios que es mi Señor y también vuestro Señor! Y fui testigo de sus acciones mientras permanecí entre ellos; pero desde que Tú me hiciste fallecer, sólo Tú has sido su supervisor: pues Tú eres testigo de todas las cosas.

(5:116-117)

El mismo argumento teológico es recogido en el Corán, en boca de Jesús, mediante palabras dirigidas, específicamente a los cristianos, para que no sigan identificando a Jesús como hijo divino de Dios, ni con Dios directamente. Sólo Dios debe ser adorado y deben abandonarse las referencias divinas que se hacen a Jesús y a su madre María que, no obstante, tiene igualmente un tratamiento extremadamente respetuoso en el Islam.

“Dice Jesús En verdad , Dios es mi Sustentador y también vuestro Sustentador; así pues, adoradle sólo a Él: éste es un camino recto” (3:51) … “Este mensaje te transmitimos a María y esta nueva llena de sabiduría: (3:59) Ciertamente, para Dios, la naturaleza de Jesús es como la naturaleza de Adán, a quien Él creó de la tierra y luego le dijo:’Sé’- y es”

(3:60)

Es inconcebible que Dios tome para Sí un hijo: ¡infinito es Él en Su gloria!ª ¡Cuando dispone algo, le dice tan sólo: Sé – y es! Y así fue que Jesús dijo siempre: En verdad, Dios s mi Sustentador y también vuestro Sustentador; adoradle pues, sólo a Él: sólo este es un camino recto. ¡Y aun así, las sectas que siguen la Biblia discrepan entre sí!...

(19:35-37)

Esas facciones a las que se refiere el texto son las distintas corrientes cristianas, posteriores a Jesús, que incluyeron la divinidad de Jesús en su credo.

“Y cuando Jesús vino a su pueblo con todas las pruebas de la verdad, dijo: He venido a vosotros con la sabiduría, y para aclararos algo de aquello en lo que discrepáis: sed, pues, conscientes de Dios, y obedecedme. ¡En verdad, Dios es mi Sustentador y vuestro Sustentador; adoradle, pues, sólo a Él: este es un camino recto! Pero las facciones surgidas entre aquellos que vinieron después de Jesús empezaron a discrepar: ¡ay de aquellos que se empeñan en hacer el mal, por el castigo que caerá sobre ellos en un Día doloroso!

(43:63-65)

El difícil encaje de Tawhid y Trinidad

Unidad y Trinidad, el segundo gran punto de ‘divergencia’. Junto a la argumentación sobre la divinidad de Jesús aparece la no aceptación de una Santa Trinidad que se opone, para el Islam, al Tawhid.

“¡Oh seguidores del Evangelio! No excedáis los límites de la verdad en vuestras creencias religiosas, y no digáis acerca de Dios sino la verdad. El Ungido Jesús, hijo de María, fue sólo un enviado de Dios – el cumplimiento de Su promesa, que Él había hecho llegar a María – y un espíritu creado por Él. Creed, pues, en Dios y en Sus enviados, y no digáis: ‘Dios es una Trinidad’. Desistid de esa afirmación por vuestro propio bien. Dios es sólo un Dios único; muy distante están en Su gloria, de tener un hijo: Suyo es cuanto hay en los cielos y todo cuanto hay en la tierra; y nadie es tan digno de confianza como Dios. El Ungido nunca tuvo a menos ser siervo de Dios, ni tampoco los ángeles que están próximos a Él…”

(4:171-172)

El Espíritu Santo como inspiración y no como persona divina. Nuevamente el Espíritu de Dios entra en escena para materializar la voluntad divina. Y, de nuevo, es enormemente sugestiva la imagen del ‘soplo divino’, el ‘aliento de vida’, ‘l’élan vital’ que, desde Adán, dota a los hombres – Jesús entre ellos aunque Profeta - de alma, “El ruh individualiza una parte de nafs . El viento de Allah se hace respiración en ti” nos dice Abdelmunin Aya recordando a su maestro .

Por otra parte, la palabra ungido, Al-masih, como nos dice el traductor, hay que entenderla como derivada de la hebrea ‘Mesiha’ y por extensión a Mesías pero no en un sentido divino sino como término aplicado a los reyes de Israel cuando eran coronados mediante la unción del óleo sagrado del Templo.

“En verdad, quienes dicen: ‘Ciertamente, Dios es el Ungido, hijo de María’, niegan la verdad…”

(5:17)

Cuando esta palabra pasa al griego se traduce como ‘Cristos’ de dónde viene nuestro Jesús el Cristo, Jesucristo.

Al realizar una lectura de los cuatro evangelios, parece que es sólo San Juan quien explicita la naturaleza divina de Jesús. En los otros tres evangelios, el de San Marcos, San Lucas y San Mateo – no por casualidad llamados Sinópticos (lit. que van juntos) – encontramos referencias a Jesús como hijo de Dios pero sin que ello sea una clara demostración de que la expresión identifique a Jesús como Dios.

Ambas expresiones, hijo de Dios y Mesías, lo situaban como un ‘primus inter pares’ en su relación ente Dios y los hombres. Como apunta Elaine Pagels , “en la época de San Marcos estas denominaciones designaban roles humanos” y la propia autora hace referencia - en la misma obra y página – a uno de los comentarios de Orígenes (siglo III d.C.) en el sentido de confirmar que ninguno de los evangelistas anteriores a San Juan hablaba claramente de la divinidad de Jesús .

Por otra parte, otras de las denominaciones que recibe Jesús, como hijo del hombre, parece ser que están sacadas del libro de Daniel en el Antiguo Testamento.

“Yo seguía mirando, y en la visión nocturna vi venir sobre las nubes del cielo alguien parecido a un ser humano , que se dirigió hacia el anciano y fue presentado ante él. Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido.”

(Daniel 7, 13-14)

Elaine Pagels da esta misma cita con alguna variación:

Proseguí viendo en las visiones nocturnas y he aquí que había alguien parecido a un hijo de hombre que venía con las nubes del cielo, y llegó hasta el anciano de los días y fue llevado ante él. Y se le concedió dominio, gloria e imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron… un dominio eterno, que no pasará, y su reinado no será destruido.”

(Daniel 7:13)

La concepción y la muerte de Jesús

La concepción de Jesús en el vientre de María es obra del Espíritu y como apunta el traductor, la referencia a Jesús como hijo de José sería considera casi una blasfemia. De facto, el nombre y la figura de José no apresen en el Corán.

“He ahí que los ángeles dijeron: ¡Oh María! En verdad, Dios te anuncia la buena nueva, mediante una palabra procedente de Él, de un hijo que será conocido como el Ungido Jesús, hijo de María; de gran eminencia en este mundo y en la Otra Vida, y será de los allegados a Dios”

(3:45)

Vale aquí el mismo comentario que hemos hecho anteriormente para la palabra ungido, Al-masih. En cuanto a la figura de María, la madre de Jesús, vemos que también es objeto de un delicado y respetuoso tratamiento. Aun así, hemos incorporado estas citas en la parte que presenta diferencias importantes con el cristianismo por las referencias a la ‘personalidad’ de Jesús que se realizan, también, en las mismas aleyas.

“Dice Jesús En verdad, Dios es mi Sustentador y también vuestro Sustentador; así pues, adoradle sólo a Él: éste es un camino recto”

(3:51)

“Este mensaje te transmitimos a María y esta nueva llena de sabiduría:

(3:59)

Ciertamente, para Dios, la naturaleza de Jesús es como la naturaleza de Adán, a quien Él creó de la tierra y luego le dijo:’Sé’- y es”

(3:60)

“El Ángel respondió: Soy sólo un emisario de tu Sustentador, ‘Te concederé el regalo de un hijo puro. Ella dijo: ¿Cómo voy a tener un hijo si ningún hombre me ha tocado? – pues, no he sido una mujer licenciosa. El Ángel dijo: Así ha de ser; pues tu Sustentador dice, ‘Eso es fácil para Mí; y tendrás un hijo para que hagamos de él un signo para la humanidad y una gracia venida de Nosotros’. Y era asunto ya decretado por Dios: y lo concibió, y luego se retiró con él a un lugar lejano.”

(19:19-22)

Introduzco en este punto una referencia a una de las corrientes cristianas de los inicios, los ebionitas, por cuanto sus creencias guardan relación con los puntos tratados hasta el momento. Eran una comunidad de judíos cristianos cuyo nombre procede, posiblemente, de Ebion, palabra hebrea que significa «pobre» . No se ha tenido acceso directo a los textos que pudieran utilizar o publicar.

Los conocemos de forma indirecta por las fuentes patrísticas ortodoxos de los siglos II d.C. a IV d.C. Especialmente por la obra de famosos heresiólogos como Tertuliano, Ireneo (Obispo de Lyon) u Orígenes de Alejandría (él mismo posteriormente acusado de hereje). De esas fuentes podemos establecer que los ebionitas:

- Eran seguidores judíos de Jesús al que creían el Mesías enviado para que se cumplieran las Escrituras judías.

- Continuaban venerando Jerusalén y oraban en dirección a la ciudad durante sus actos de culto diarios.

- No creían ni en la preexistencia de Jesús a su nacimiento ni en su concepción virginal.

- No creían en la naturaleza divina de Jesús más allá de considerarlo Hijo de Dios más en un sentido de ‘adopción’ que de naturaleza o sustancia.

Transcribo un párrafo de la obra citada de Bart Ehrman que ilustra algunas ideas que eran distintas entre sí, en un inicio, pero que el canon ortodoxo unificó.

“Los dos evangelios del Nuevo Testamento que se refieren a Jesús como hijo de una virgen (Mateo y Lucas) no indican que existiera antes de su nacimiento, así como los libros del Nuevo Testamento que parecen presuponer su preexistencia (cf. Juan 1: 1-3, 18; Filipenses 2: 5-11) nunca mencionan su nacimiento virginal. Sin embargo, cuando finalmente todos estos libros fueron incluidos en el Nuevo Testamento, ambas nociones pasaron a ser afirmadas de forma simultánea como quien había compartido con Dios el eterno pasado (Juan, Pablo) y se encarnó (Juan) al nacer de la virgen María (Mateo y Lucas).”

Tampoco en el episodio de la pasión y muerte de Jesús existe en acuerdo. El Islam no reconoce la muerte de Jesús en la cruz y el Corán se refiere al relato de los evangelios como una especie de ilusión,

“… y por alardear diciendo: ¡Ciertamente hemos matado al Ungido Jesús, hijo de María, que decía ser el enviado de Dios! Sin embargo, no le mataron ni le crucificaron, sino que les pareció que había ocurrido así; y, en verdad quienes discrepan acerca de esto están ciertamente confusos, carecen de verdadero conocimiento de ello y siguen meras conjeturas. Pues, con toda certeza, no le mataron: sino al contrario, Dios lo exaltó hacia Sí – y Dios es en verdad poderosos, sabio.”

(4:157-158)

Asad nos dice en sus notas a pie de página que existen distintas fantasías y leyendas sobre cómo Jesús se salvó de morir en la cruz aunque no reciben ninguna confirmación desde el Corán o desde la Tradición ‘contrastada’.

Jesús el precursor de Muhammad

En el Corán, Jesús anuncia la llegada de Muhammad. En línea con la hermenéutica asociada a los párrafos relativos a la venida del Paráclito (del griego parakletos, abogado o defensor, también se utiliza la acepción consolador) en el Nuevo Testamento y que es interpretado por los musulmanes como una referencia clara a la venida del Profeta Muhammad.

“para aquellos que ha de seguir al último Enviado, el Profeta iletrado a quien encontrarán descrito en la Torá que ya tienen, y más tarde en el Evangelio.: el Profeta que les ordenará la conducta recta y les prohibirá la conducta inmoral, y les hará lícitas las cosas buenas de la vida y les prohibirá las malas, y les librará de las cargas y de las cadenas que antes pesaban sobre ellos”

(7:157)

El traductor, Muhammad Assad da un salto interpretativo importante y supone que Parakletos ha sido el resultado de la deformación de Períklytos (el Muy Alabado) que seria la traducción griega del arameo Hauhamana.

Lo hace a partir de la semejanza de esos nombres, griego el primero y arameo el segundo, con los nombres de Muhámmad y Ahmad. Sin duda sugerente pero necesitada quizás de una demostración más profunda a partir del análisis de los textos primigenios.

Veamos ahora que nos dicen las citas del Evangelio de San Juan que, en la interpretación cristiana, identifican el Paráclito con el Espíritu Santo y cuyo carácter abierto deja, sin duda, un gran campo a la interpretación.

“Y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porqué no le ve ni le conocen.”

(Jn 14:16-17)

“Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al padre, el espíritu de la verdad, que procede del Padre él dará testimonio de mí.”

(Jn 15:26)

“Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya porqué si no me voy, no vendrá a vosotros el paráclito; pero si me voy os lo enviaré; y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en los referente a la justicia y en lo referente al juicio”

(Jn, 16:7-8)

“Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir.” (Jn, 16: 13)

Leíamos en la aleya de la página anterior (Al-Aaraf La facultad del discernimiento 7:157) que hay también referencias en el Antiguo Testamento y, en concreto, en uno de los cinco libros de la Torá judía: el Deuteronomio.

“Yahvé tu Dios te suscitará, de en medio de ti, de entre tus hermanos, un profeta como yo: a él escucharéis.”

(Dt, 18:15)

“Yo les suscitaré, de en medio de tus hermanos, un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo les mande.”

(Dt, 18:18)

Dónde Assad identifica a los árabes como los ‘hermanos’ del pueblo de Israel y, más en concreto, como los descendientes de Ibrahim (Abraham) e Ismail. En este caso es el propio Jesús quien lo atestigua en el Corán:

“Y esto ocurrió también cuando Jesús, hijo de María, dijo: ¡OH hijos de Israel! ¡Ciertamente, yo soy el enviado de Dios a vosotros, como confirmación de la verdad de lo que aún queda de la Torá, y para daros la buena nueva de un enviado que vendrá después de mí, cuyo nombre será Ahmad…”

(61:6)

Pero es nuevamente evidente el carácter abierto de estos versos que permitirían una identificación de ese futuro profeta, a la imagen de Moisés, tanto con Jesús como con Muhammad. En todo caso, tampoco he pretendido una exégesis profunda sino tan sólo apuntar las referencias a los Profetas y las distintas interpretaciones según la tradición religiosa que lo explica.

A título de Conclusión

Aun no coincidiendo con la ortodoxia del canon cristiano, la figura de Jesús recibe en el Corán un tratamiento distinguido y respetuoso, siendo considerado como uno de los grandes profetas de Dios.

Algunas de las creencias que el Islam ha mantenido sobre la figura de Jesús deben haber estado influenciadas por algunas corrientes cristianas que se desarrollaron en la zona de Siria y Palestina y que, en muchas ocasiones, no coincidían con el credo canónico cristiano y, aun menos, con el católico. La naturaleza de Jesús sería uno de estos dogmas.

Posiblemente los nuevos descubrimientos en el estudio e interpretación de los textos antiguos, en general, y los bíblicos en particular, seguirá aportando datos que nos permitan conocer mejor la historia de Jesús.

Finalmente y desde la vertiente del diálogo interreligioso – también desde el intercultural - es obligado decir que se necesita realizar un esfuerzo doble:

- Por un lado, dar a conocer ese tratamiento de Jesús en el Corán y el respeto que por su figura siente el Islam.

- Por otro, hay que hacer llegar una historia más objetiva de Muhammad, de su vida y de su obra, al público de religión o tradición cristianas.

No será la solución inmediata pero, sin duda, será un paso en la buena dirección.

Inch Al.lah

Carles Ruiz Feltrer es Experto profesional en Cultura y Civilizaciòn Islamica.
Anuncios
Relacionados

Jesús y María en el Sagrado Corán (II): Jesús

Artículos - 28/12/2010

¿Donde está Cristo en el Cristianismo?

Artículos - 20/10/2009

Jesús en el Islam

Artículos - 16/02/2001



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/30068-la_figura_de_issa_ibnu_mariam_en_el_qur_an.html