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La controversia de Ratisbona

06/10/2006 - Autor: Francisco J. Carrillo - Fuente: Diario Sur
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El Papa Benedicto XVI en Ratisbona
El Papa Benedicto XVI en Ratisbona

LAS reacciones que se han desencadenado, a diversos niveles y en diferentes sectores de opinión, (no sólo de las áreas socioculturales que tienen como referencia con El Corán y con las interpretaciones coránicas, sino también desde el Rabinato, dirigentes políticos y desde medios de comunicación aconfesionales), ante una cita histórica medieval que hizo suya el Papa Benedicto XVI, sin las matizaciones que hubieran sido deseables, son muestras de una sensibilidad a flor de piel para salvaguardar las actuales bases de un diálogo inter-cultural. En ese discurso académico el Papa, que también es jefe de Estado, desde su propio terreno de cabeza visible de la Iglesia católica y en el Auditorio de Ratisbona que se sabía era caja de resonancia, intentó pasar el mensaje fundamental de que la religión no es fuente de violencia y que la violencia es incompatible con la fe, (y aquí fue en donde insertó esa referencia histórica y mencionó a la guerra santa musulmana y al profeta Mahoma), y que la razón es su mejor garante. En el actual contexto mundial, en el actual proceso de diálogo inter-cultural e inter-religioso, en el actual desarrollo de los estudios comparados de la historia (incluidos los de las religiones), me parece que la elección de esa cita fue desafortunada al concretarla en una de las religiones monoteístas que, además, está en vísperas de Ramadán. La salvaguarda la libertad de expresión, columna vertebral de las democracias modernas, también implica la de la libertad de réplica.

Fue Juan Pablo II quien abordó la autocrítica interna y pidió perdón por las atrocidades y las violencias cometidas en plena Cristiandad medieval, por la Inquisición y por las Cruzadas, en el nombre del Dios de los cristianos. El difícil debate inter-religioso (como complejo también lo es el inter-cultural, porque simplemente no nos conocemos los unos a los otros a no ser por un puñado de estereotipos), estaba dirigido en el Vaticano por un clérigo, con poderes de cardenal sin serlo, mi buen y admirado amigo el arzobispo Fitzgerald, uno de los grandes conocedores del islam, aparte de la lengua árabe. ¿Lástima que Benedicto XVI lo alejara del grupo de sus consejeros y lo nombrase nuncio en Egipto! De haber estado aún en Roma, y de haber leído (o contribuido a la redacción) ese desafortunado -en la forma- párrafo del discurso papal, probablemente habría desaparecido del borrador del mencionado texto o redactado con matices comparativos.

El Discurso de Ratisbona es un texto fundamental. (Elaborado en el Vaticano que, como en toda administración, los colaboradores preparan los proyectos de las alocuciones que el Papa, en su calidad de jefe de Estado o de jefe de la Iglesia católica, ha de pronunciar). De manos del método comparativo, se habría podido identificar hechos de violencia en esas épocas del pasado, en donde cruz y espada andaban confundidos frente al sarraceno; en donde la expansión del islam se realizada a través de guerras de conquista; en donde no faltaron los descubrimientos evangelizadores por imposición; en donde se dieron las guerras de religión entre los cristianismos que polemizaban con los Evangelios en la mano; o, más recientemente, en las ocupaciones por los ejércitos expedicionarios coloniales que abrían camino a las tareas de convertir al infiel! Se habría reforzado la argumentación, y evitado polémicas estériles, sobre la incompatibilidad entre fe y violencia, para sustentarla en una forma de entender la razón (aunque racionalistas y agnósticos, con toda libertad y respeto, no opten por la fe y sí por la razón).

Abordo de esta manera el tema en cuestión porque, en cierta forma, hube de asumirlo cuando impulsé, desde la UNESCO, la creación de la primera cátedra, en el mundo árabe, de Estudios Comparados de las Religiones, con un enfoque científico y en el marco de la universidad civil de Túnez. Se nombró como director de dicha cátedra al profesor Abdelmajib Charfi, uno de los grandes especialista de la Historia del Islam, con un lúcido espíritu crítico y totalmente partidario activo de una interpretación adecuada a los tiempos modernos. Con esa plataforma universitaria se pretendió, no solamente adquirir conocimientos comparadospara mejor descubrirnos los unos en los otros, sino también para crear una sólida tribuna de diálogo y de entendimiento. Sin duda, arduo trabajo, en donde los sistemas educativos (y una profunda revisión de manuales escolares, aquí y allí) han de jugar un papel preeminente desde la más tierna infancia de los alumnos.

Hay una interpretación moderna del Corán dentro del islam, que viene de lejos, y que merece todos los respetos por sus repercusiones en la sociedad civil en su conjunto, y no solamente en los creyentes. Esta interpretación avanza hacia una meta fundamental: la separación entre religión y Estado. En otros términos, que el islam no siga siendo «religión de Estado» (como lo fue el cristianismo durante muchos siglos, incluso en la época del anterior jefe del Estado en España). Y esos grandes esfuerzos en Tierra del islam requieren respuestas de concordia desde el exterior de ese mismo islam. Es la única vía para enraizar el diálogo, para abrir ventanas al mutuo entendimiento y a la complicidad de un trabajo en común , que se coloque en la búsqueda de una alianza de valores compartidos, basada en la igualdad esencial de los seres humanos y en la propia naturaleza, a la luz de valores universales y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (remito a mi "opinión", así titulada, en el "El País", 16/9/2006).

Recurro a otro ejemplo de esa tarea titánica de aggiornamento en el islam: la yihad. Una interpretación moderna, con antecedentes, define a la yihad como «el esfuerzo personal para superarse a sí mismo». Podría, mutatis mutandi y por analogía, compararse con el ascetismocristiano. Interpretación desprovista de violencia guerrera, de autoflagelación contra la propia naturaleza (tan explícita entre los chiíes y que todavía se practica en otras religiones), desprovista por demás de toda connotación de proselitismo universal beligerante. Sin embargo, el Discurso de Ratisbona, en lugar de concentrar la alusión en esta interpretación moderna, sólo se refirió a la yihad-guerra santa pre-medieval en los términos en los que es manipulada por el fundamentalismo islámico radical, por el terrorismo de Ben Ladem y de Al Qaeda.

Aparte el riesgo de fragilizar las condiciones del diálogo, -como incluso lo ha advertido el patriarca copto (cristiano) Shenuda III cuya existencia en Egipto está muy amenazada por el ala más radical de los Hermanos Musulmanes-, la cita en cuestión ha incidido en una parte de la opinión pública de católicos con efectos de generalización excluyente, más por ignorancia que por convicción. El papa Benedicto XVI ha clarificado, él mismo, con gesto de apertura de espíritu y plausible criterio intelectual, afirmando que la controvertida cita no traduce lo que él personalmente piensa, enfatizando de seguido en su respeto por los musulmanes y en la validez y necesidad del diálogo.

Son manifiestas las repercusiones del párrafo en cuestión en la sociedad civil internacional y en los áreas socio-políticas con diversidad de culturas de inspiración islámica y con ritmos diferentes de desarrollo, con una gran diversidad de sensibilidades que pueden ser atizadas subrepticiamente por el mejor postor. De ahí, la inquietud de muchos dirigentes políticos de países islámicos, que hay que interpretarla con una lectura con clave interna. Ellos mismos rechazan esa yihad-guerra santa pre-medieval al tiempo que temen verla incendiarse en el interior de sus propias fronteras por terroristas que nada tienen que perder (incluso están dispuesto a autoinmolarse) y que nada tienen que ver con la inmensa mayoría de musulmanes que quieren vivir en paz.

El discurso de Su Santidad, con sus importantes matizaciones posteriores, constituye un elemento básico para el debate inter-religioso y el diálogo inter-cultural. Y es, en sí, un acicate más al desarrollo de los estudios comparados de los hechos religiosos, de las religiones y de las creencias en sus incidencias en la dinámica de las sociedades contemporáneas.

Francisco J. Carrillo es Académico de San Telmo

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