webislam

Lunes 14 Octubre 2019 | Al-Iznain 14 Safar 1441
743 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=5813

La visión coránica: visión del mundo del Islam (II)

Primera parte. Penetrando el Islam

02/10/2006 - Autor: Sheikh Nur al Anwar al Jerrahi al Halveti - Fuente: Webislam
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

La visión coránica: visión del mundo del Islam

A través de Su Sagrado Corán, Dios le hace a la humanidad la siguiente penetrante pregunta: “¿Puede el conocimiento del ciego ser igual al conocimiento de aquel que puede ver?” (6:48-50) Sin revelación auténtica, los seres humanos permanecen ciegos a la total implicación del universo y de sus propias y preciosas vidas. Los sagrados Profetas de todas las naciones son aquellos que verdaderamente ven. Con sus mentes y sentidos iluminados por la Luz Divina, ellos están libres de actitudes centradas y circunscritas en sí mismos, a las cuales nosotros nos encontramos evidente o sutilmente atados. Estos seres iluminados pueden penetrar en la experiencia humana en toda su profundidad.
Sin embargo, Dios el Más Alto le ha dado a cada persona el regalo de ver con ojos proféticos. Con la ayuda de los escritos revelados y las disciplinas espirituales, podemos despertar directamente a la humanidad luminosa, a la plenitud de la humanidad, encarnada por los Profetas. Haciendo uso del lenguaje de estas meditaciones sobre textos coránicos, permítasenos abrir nuestros ojos y descubrir lo que podamos ver.

La Creación

El científico moderno considera al universo esencialmente un reino material generado y gobernado por causas materiales. Pero se sabe por la visión profética que este universo tiene vida espiritual y está gobernado con sensibilidad, la Creación de Al láh el Más Alto incluye tanto al reino temporal como al eterno. Esta Creación está consciente intuitivamente de su propia Fuente trascendente, celebra a su Fuente, y anhela retornar o unirse conscientemente con su Fuente. “Todo lo que vive en este reino planetario celebra espontáneamente a la Fuente de Vida. Los pájaros, con simplemente extender sus alas para el vuelo, están alabando a Al láh el Más Alto, Quien conoce íntimamente la oración y alabanza instintivas, a través de las más mínimas acciones de todo ser.” (Meditación en el Sagrado Corán, 24:41-45)

El exaltado Creador no es simplemente una fuente impersonal del universo, sino que conoce íntimamente —directamente, desde dentro de cada forma de conciencia— la oración y alabanza que surgen, no sólo de seres humanos conscientemente agradecidos, sino también de cada aliento y hasta de cada movimiento de Su Creación. “Todos los seres en el universo, ya sea que se dirijan o no a su propia Fuente Verdadera, se están inclinando ante Al láh el Más Sublime con todo su ser a través de cada pensamiento y acción.” (Meditación en el Sagrado Corán 13:12-15) El universo revelado por el Corán es un Reino Divino, no una desastrosa caída desde la Existencia Divina; no el dominio exclusivamente material que existe en la oscuridad fuera de la Luz Divina. “La Fuente Suprema es la Única Luz que ilumina todo reino terrenal y celestial... Al-láh es la Única Conciencia Abarcadora.” (24:35) El universo no es, en ningún sentido, algo negativo o trágico. Los seres humanos tienen el honor y la responsabilidad de sumarse conscientemente a la mística y majestuosa procesión de retorno a Dios. Este proceso no es una total absorción en Dios, sino un continuo volver a casa de un inmenso gozo y afecto mutuos. “Sólo de Al-láh irradia la gran afirmación que es el cielo y la tierra, y sólo a Al-láh, la Fuente y el Destino del Ser, todo este reino de Ser está retornando a casa.” (24: 41-45)

Una y otra vez Al láh el Más Alto, hablando claramente a través de Su Sagrado Corán, le pide a la humanidad que contemple Su Creación —tanto en los más mínimos detalles como en su alcance cósmico— como una forma de desarrollar una conciencia espiritual. “Enséñales a concebir el universo en su estado original como una expansión de Luz sin bordes ni límites, que la Fuente de Poder transforma en mundos poseedores de vida... Al contemplar este proceso de creación con ojos de verdadero entendimiento, cómo puede uno no ver al Ser manifiesto como una vasta demostración de Amor?”(21:30-33) La revelación coránica nunca habla de un modelo mecánico, ni siquiera de un modelo orgánico de creación. Dios nunca tiene que luchar contra la resistencia, o buscar la cooperación de algún campo de materia inerte, o de algún campo dinámico de energía. Dios crea de la nada, Él simplemente crea con saber y desear, sin ningún esfuerzo. La creación que resulta de ello, que aparece ante nosotros en forma de procesos naturales, expresa la riqueza y el valor, el inmenso significado de la Realidad Divina Original. “Todo lo que sea la voluntad de La Fuente del Ser se convierte espontáneamente en ser, y contiene un profundo significado.”(24: 41-45)

La Creación es una balanceada ecología de vida orgánica y significado espiritual. Los seres humanos han sido elegidos, por designio divino, para cuidar el reino planetario de Dios, el cual no está fuera de Dios, sino que constituye una dimensión íntima de Su existencia. Sin embargo, la humanidad nunca puede declararse dueña o ejercer control sobre ningún aspecto de la Creación Divina, a la que percibimos en formas limitadas a través de nuestras mentes y sentidos limitados. “La Fuente de Vida genera innumerables formas de vida orgánica, cada una en preciso balance con las otras... los seres humanos no son los propietarios y tampoco controlan estos tesoros naturales... todo ser manifiesto pertenece solamente a la Fuente y Destino del Ser.”(15:16-25)

El propósito de la Creación es radicalmente espiritual. El recorrido temporal del alma eterna no es un fenómeno menor en el drama universal de la manifestación. La educación del alma es la razón central por la que existe el universo. “Toda su Creación existe simplemente como una prueba y una enseñanza para el alma.”(11:7-11) De esta manera, el alma —es decir, el rayo de conciencia eterna que se expresa a través de avanzadas formas de vida, en los planetas portadores de vida en el universo— está en el mismísimo centro del drama de la Creación de Dios. El alma no es una chispa de vida insignificante en una expansión desconocida de galaxias, como el científico moderno lo imagina. Al conocernos verdaderamente a nosotros mismos, conocemos directamente la esencia y el propósito de la Creación entera. No estamos tambaleando en la oscuridad.

Este conocimiento espiritual supremamente humano y avanzado, mucho más allá del alcance que pueda tener la ciencia o la filosofía, no puede ser alcanzado sin el proceso de Revelación Divina. La verdad revelada, sin embargo, no le es impuesta al ser humano desde afuera, sino que es parte integral de la vida misma del alma, y así es inmediatamente reconocida por las profundidades de la conciencia humana. La Revelación es bienvenida por el alma y nunca es considerada extraña o ajena a la conciencia totalmente despierta del ser humano, que es, como revela el Sagrado Corán, la Corona de la Creación de Dios. Estos niveles de dignidad humana y calmada certeza no pueden ser imaginados o alcanzados sin la revelación.

La visión profética no percibe la Creación como algo plano —sonreímos de los cartógrafos europeos medievales que dibujaban la Tierra plana—; la percibe más bien como una estructura jerárquica de planos o esferas. Se usa la terminología de “abajo” y “arriba”, pero no en un sentido espacial. Por sobre el plano planetario, que incluye a los planetas contenedores de vida, se extienden siete planos sutiles del Ser, ricamente poblados por seres conscientes, que expresan órdenes de realidad. Por encima de los planos sutiles existe el más sublime reino creado, que en la visión coránica contiene tanto a la eternidad, que es la morada de los ángeles, como al Paraíso, la morada de las almas. “El cuerpo en el Paraíso emanará de la misma Fuente de Luz que ha proyectado este cuerpo terrenal, y que conscientemente irradia todos los vastos niveles y reinos de la Creación.”(36:77-83) Por sobre el Paraíso subsiste el Jardín de la Esencia, al cual los amantes y conocedores místicos aspiran, que no es Creación, ni tiempo, ni eternidad, sino Dios Mismo.

No existe, sin embargo, una jerarquía de Presencia Divina, ya que la Creación de Dios no se encuentra de ninguna manera alienada o distante de su exaltado Creador. “Durante los seis primeros Días de Poder sin medida, la Fuente Suprema irradió la estructura luminosa del reino planetario y los siete reinos celestiales como planos del Ser tangibles e intangibles. La Fuente del Ser está místicamente establecida sobre este vasto Trono de Manifestación. La Presencia Divina completa puede entonces experimentarse en toda la Creación.”(7:54-56)

La visión coránica de la Creación no debería pensarse como abstracta o metafísica. Ésta permanece directa, existencial e íntimamente relacionada con nuestra experiencia diaria. “Vuélvete incesantemente a Al láh el Más Alto, cuyo Poder te presenta este verde planeta como un lugar de descanso y esta brillante red de estrellas como inspiración, Cuya Misericordia desciende como dulce lluvia para crear los frutos terrestres que necesitas para abastecerte.”(2:21-25) De todas maneras, no deberíamos leer el Sagrado Corán con una percepción primitiva del mundo que iguale, por ejemplo, los reinos celestiales con el cielo nocturno estrellado. “El espacio cósmico no es sino el reflejo del más bajo y menos sutil de los siete cielos y es una reserva de energía, para la preservación del plano terrestre del Ser.”(41:9-12)

La estructura jerárquica del Ser existe, no a partir de una necesidad metafísica o impersonal, sino precisamente para la elevación espiritual del alma, que es un proceso de una gran delicadeza, que el Sagrado Corán compara con el desarrollo del feto en el vientre materno. Los más altos niveles del Ser, así como el plano planetario de existencia, son nada menos que la expresión perfecta de la infinita Misericordia Divina. “Así, la Fuente de Poder creó siete planos de conciencia y existencia progresivamente más sutiles, revelando en cada plano un nivel nuevo de amor y conocimiento para las almas que retornarán por este camino de ascensión mística hacia la Fuente de Paz.”(41:9-12)

Los místicos del Islam encuentran en estos textos coránicos la confirmación de su propia experiencia íntima y directa de los siete niveles de conciencia, cada cual más refinado y más extenso, que culminan en la experiencia última de unión mística. Esta culminación espiritual, expresada por los poetas sufis y descrita de un modo figurativo por Dios el Más Alto en Su Sagrado Corán, permanece esencialmente más allá de toda concepción o descripción como Dios Mismo, ya que esta iluminación suprema es simplemente Dios.
Aquellos seres humanos verdaderamente maduros en cualquier cultura, que de hecho conciban al universo de esta forma —no que sólo lean un mapa metafísico o sigan con fe ciega, sino que lo conciban como una visión directa a través de ojos proféticos— están descritos en esta meditación sobre las palabras reveladas del sagrado Corán: “Aquellos cuyo ser completo se oriente hacia la Fuente del Ser, no perciben la mínima imperfección o injusticia en el reino ilimitado del Todo Misericordioso.”(67:1-4) Lo que la humanidad con sus propios conceptos limitados percibe falsamente como un campo caótico de energía física, como un mundo de probabilidades y conflictos, se percibe con los ojos de la revelación como un reino realmente perfecto. La conciencia profética consideraría la moderna concepción científica del mundo no como un avance en conocimiento, sino como una regresión en la sensibilidad y profundidad del conocimiento. Esta regresión no es, sin embargo, sólo una característica de la edad contemporánea. A lo largo de las eras, los Profetas se han encontrado y opuesto, en sus diversas culturas natales, a similares construcciones de la convención humana.

El antídoto contra esta forma de pensar convencional, contra esta percepción estrecha o selectiva, no es darle la espalda al universo visible para dedicarse a especulaciones metafísicas o a la autoestimulación de experiencias visionarias. La forma coránica es contemplar nuevamente el universo creado con una visión expandida. “Al percibir la maravillosa creación del cuerpo material, cómo puede dudar la inteligencia de la humanidad de que la Fuente de Poder pueda recrear después de la muerte a los seres humanos, o a los planos inmateriales de existencia.”(75:34-40)

Un aspecto esencial de esta visión revelada del universo es la comprensión vívida de que la creación física o temporal no va a existir infinitamente, como tampoco ha existido sin un principio. Cuando la educación y el ascenso de las almas se haya completado de acuerdo con la compasión y sabiduría impenetrables de Dios, el reino planetario entero y las esferas sutiles serán retornados al reino supremo del Paraíso. La Creación no desaparecerá, ya que el Paraíso es la Creación Divina consumada, pero la obra dramática de separación entre Dios y Su Creación llegará a su fin. La contemplación del Final de los Tiempos, que despierta e intensifica las profundidades de la conciencia humana, es una de las prácticas espirituales básicas, en la que Dios instruye a la humanidad a través de los versos revelados del Sagrado Corán. “Cuando de pronto el tiempo desaparece, en el momento eterno de iluminación, la brillantez de los orbes celestiales se extinguirá por el mismo Esplendor Divino, y el universo se abrirá y se disolverá en luz transparente. Esta total revelación de la Fuente de Luz hará estallar como simples partículas de polvo a las montañas primordiales, estructuras cósmicas sobre las cuales este plano terrenal descansa con tanta seguridad.”(77:8-15)

Este pasaje es la descripción figurativa de la experiencia personal en el momento de la muerte física. También es la descripción del retorno de todo Ser manifiesto a la Fuente del Ser al final del tiempo, cuando el proceso de Creación Divina esté totalmente maduro y alcance su culminación espiritual. Ninguna estructura de vida, ningún valor realmente vivo, personal o universal, se pierde durante la transición suprema de la vida limitada a la Vida Divina.

La contemplación inspiradora del universo creado visto a la luz de la revelación lleva en última instancia a la contemplación de nuestra propia humanidad como la Corona de la Creación, no proviniendo de una forma de autocongratulación o de la satisfacción de un deseo, sino de una apertura genuina a la perplejidad, la maravilla y la verdadera alabanza.

El camino de conocimiento profético es extático, en el sentido etimológico de ponerse afuera del yo limitado, fuera de las fronteras personales y culturales cuya existencia hemos proclamado, inocente o arrogantemente, fuera de estos límites que sofocan la naturaleza ilimitada del alma eterna. Con los ojos proféticos abiertos podemos, por primera vez, entrar conscientemente al hermoso reino de la Creación Divina, bailando con alegría como lo hizo el hombre ciego de nacimiento curado por Jesús, el Mesías.

Al láh el Más Alto

En la tradición coránica hay noventa y nueve Nombres Divinos principales que se refieren a la Única Fuente del Universo. Estos no son términos humanos tentativos o especulativos referidos a Dios, sino hermosos Nombres Divinos en sí mismos, que fueron revelados por Dios a través de su Corán árabe y que dan cuenta de la misteriosa diversidad de atributos dentro de la sola Esencia. La forma y sonido árabes de estos nombres contiene el poder sacramental de la Presencia Divina —el poder de curar, proteger e iluminar a la persona que los invoca. Pero otros nombres de Dios han sido revelados a través de otras dispensas proféticas que deben ser igualmente respetadas.
A través de estos nombres místicos, nuestro ser consciente se pone en contacto directo con la energía esencial del Uno. Esta sola Realidad no es objeto de la filosofía, es la auto-revelación del Viviente al profeta Moisés desde las llamas del arbusto: “La Verdad más elevada es que sólo Yo Soy.” (20:9-39) Así, cuando hablamos con humildad y respeto de Al láh el Más Alto, no nos estamos refiriendo a alguna deidad, que mora en algún cielo, circunscrita por alguna teología. Estamos invocando al único “Yo Soy”, a la única Conciencia, que compone todo lo que existe, y que es aun más infinitamente comprehensiva que la existencia misma. Entonces no podemos mantener conceptos teológicos o filosóficos sobre Al láh, mucho menos nos podemos dejar llevar por descripciones poéticas de Dios, o limitarlo de alguna manera tal como confinarlo a una revelación en particular.

Sin embargo, Dios tiene la iniciativa de revelarse a la humanidad —por completo y de una forma adecuada— a través de los Profetas y los preciosos libros de revelación que Él ha transmitido a lo largo de la historia de la humanidad. De hecho, el proceso de revelación es constante y se extiende más allá de los mensajes traídos por los Profetas, pues la Creación misma se conoce como el Corán Cósmico. La mente humana no puede confinar, sistematizar o reclamar como propia, ninguna dimensión de esta revelación digna de asombro, que es todo inclusiva y todo trascendente.

Cuando invocamos sinceramente cualquiera de los Nombres Divinos de Al láh el Más Alto por medio de la guía de Su tradición profética, entramos en una inexplicable relación directa, en la unión existencial, con la Única Realidad. “Aquellos que invocan a Al láh el Más Misericordioso con intensa oración sienten inmediatamente la Presencia inequívoca de la Verdad Viviente, mientras que aquellos que adoran a las varias fuerzas elementales o seres etéreos no experimentan el mismo torrente de abarcadora Presencia Sagrada.”(13:12-15) Los nombres místicos de Dios liberan un torrente de experiencia espiritual, de intensa conciencia de la presencia sagrada, que ha sido otorgada a la humanidad a través de todas las tradiciones reveladas. Los Nombres Divinos no son palabras en un diccionario, tampoco están separados del Uno que es nombrado. No puede haber distancia entre nosotros y la sola Realidad, porque aparte de esa sola Realidad, nada existe. Esta cercanía con Dios, descrita en términos coránicos, como más cerca que cerca, es una expresión de Misericordia Divina. “Ningún ser se puede mover ni siquiera a una distancia pequeña de la Fuente del Ser. La Voluntad totalmente misericordiosa de Al láh va más allá de toda comprensión.”(14:24-27)

La añoranza del amante místico o la sed del conocedor místico por la Esencia de Dios encuentra su base y confirmación coránicas en el relato de la experiencia de iluminación del profeta Abraham. “Su adoración a los Atributos Divinos desapareció por completo, y él despertó místicamente en la sola Esencia Divina.”(6:74-83)

Esta realización suprema no implica, sin embargo, que la Misericordia, Belleza y Majestad de Dios el Más Alto desaparecen, o que Su Creación desaparece. Después de pasar por esta experiencia de unión mística, el profeta Abraham retorna a su gente y asume la responsabilidad de su misión profética. Despertar a la Esencia significa darse cuenta por completo —no por medio de nuestros propios esfuerzos limitados, sino por el supremamente agraciado regalo del Todo Misericordioso— que sólo Dios el Más Alto existe. No hay separación entre Su Esencia y la expresión bendita de esa Esencia. La ilusión de dualidad o separación es todo lo que desaparece, dejando brillar al total espectro de la Creación, en términos coránicos, como luz dentro de la Luz. Ahora, la educación consciente de nuestras almas puede comenzar verdaderamente. “La Única Fuente detrás de todos los seres y hechos, proyecta este vasto drama de vida y muerte como un proceso de educación de las almas, que aprenden a expresar los Hermosos Atributos de Al láh a través de la contemplación y acción dentro del reino temporal.”(67:1-4)

Este nivel exaltado de experiencia mística, la unión consciente con la Esencia, no está confinado al profeta Abraham, o a unas pocas almas particulares en las órdenes contemplativas de las grandes tradiciones religiosas. Una amistad directa e íntima con la Esencia Divina es la característica de toda profecía auténtica, y la comparte, hasta cierto punto, toda alma devota que recibe el permiso de Dios para ver con los ojos de los sagrados Profetas. Dios el Más Alto no se revela parcialmente, sino que lo hace por completo, ya que Él es la plenitud en sí misma, que no puede ser dividida de forma alguna. El Sagrado Corán aconseja, no sólo a los Profetas sino a todo ser humano sin excepción, dirigirse directamente a la Realidad Última, sin intermediación o jerarquía, sin vacilación o auto menosprecio de ningún tipo. “Nunca recurran a fuerzas mágicas o cósmicas que instintivamente saben son secundarias, en cambio, refúgiense en la sola Fuente Original para su fortaleza espiritual.” (2:21-25) Toda alma bajo el cuidado de la revelación coránica entra conscientemente a la Esencia Divina, a Al láh el Más Alto, con las poderosas palabras reveladas precisamente para ese propósito por la Esencia misma: “Me refugio sólo en Al láh, el Guía Supremo de la Humanidad. Me refugio sólo en Al láh, el misterioso Rey de la Humanidad. Me refugio sólo el Al láh, la Fuente Verdadera de la Humanidad.”(114:1-6)

El Sagrado Corán

La voz de Dios, que habla a través del corazón, la mente y los labios del profeta Mujámmad aclara los varios niveles de revelación. El Corán Cósmico es la Creación misma, colmada de enseñanzas de la más alta sabiduría.

Toda criatura que fluye como Agua de Vida desde la Fuente de Vida es una parábola,
pronunciada por el Corán Cósmico, que enseña a la Humanidad
a contemplar con ojos de sabiduría todas Mis creaciones.(24: 41-45)

El Corán Trascendente, en contraste, es la mismísima Conciencia de Dios.

No hay siquiera un solo grano de arena en las oscuras profundidades de la tierra,
ni una planta que florece o se marchita,
que no se halle registrado en el Corán Trascendente,
que es la Conciencia claramente perfecta de Al láh.
Mis preciados seres humanos,
esta abarcadora Conciencia Divina los recibe en el sueño cada noche
y sabe íntimamente lo que ustedes experimentan cada día.(6: 59-62)

Todo ha sido registrado desde la eternidad en el Libro Ilimitado de la Realidad,
la Conciencia abarcadora de Al láh el Más Alto. (22: 67-70)

Toda acción alguna vez realizada por seres humanos hasta el fin de los tiempos,
incluyendo cada pensamiento, significativo o no,
está ya inscrita en el Corán Trascendente,
la Conciencia abarcadora de Al láh.(54:41-55)

El Corán árabe, es el libro histórico que podemos tomar en nuestras manos con profunda reverencia, es un reflejo perfecto del Corán Trascendente en la experiencia humana temporal. De igual forma, el Corán de la Creación misma es un reflejo perfecto, en escala cósmica, del Corán de la Conciencia todo abarcadora de Dios. El Corán árabe histórico participa de lleno en el esplendor y poder tanto del Corán Cósmico como del Corán Trascendente. El Corán árabe no es esencialmente un trabajo de producción humana, sino una puerta abierta por Dios entre las dimensiones de Su sola Realidad para que la humanidad pueda entrar a la casa del tesoro de Sus hermosos Nombres Divinos.

Entonces, debemos dirigirnos al Corán con un intenso respeto y reverencia, ya sea en su forma manuscrita o impresa, que es netamente un símbolo del Corán Viviente, que se compone de la resonancia y el significado de estos 6,666 versos, guardados en la memoria y entonados, con un poder conmovedor, generación tras generación.

Las mismas formas y sonidos de las letras árabes del Corán se consideran un modo de acceso al reino espiritual del Corán Viviente, a su resplandor y resonancia, y a la unión que hay entre el sonido que despierta el corazón y su significado eterno. “La Fuente Siempre Presente revela así el significado eterno a través del medio que es el tiempo, como el canto resonante del Corán árabe, para que la humanidad pueda despertar y comprender verdaderamente.”(12:1-6) El profeta Mujámmad oyó interiormente los versos árabes del Corán. Él no se encontró con el Significado Divino y simplemente compuso sus propias palabras para expresarlo. Así, ninguna traducción del Corán árabe a otra lengua puede ser el Sagrado Corán, sino simplemente una interpretación humana, que puede ser inspirada, pero que no existe en el nivel supremo de revelación.

Tampoco el Corán, en un sentido estricto, está expresado en una forma antigua de la lengua árabe. La configuración particular del árabe que es el Corán, es una revelación que participa en el sentido y misericordia infinitos de Dios, y que puede ser verdaderamente entendida y asimilada sólo por permiso divino. Entonces, saber árabe desde la infancia o estudiarlo, no es lo que le da a uno acceso espiritual al Sagrado Corán. Uno se sintoniza con el Corán con pureza de corazón, de la misma forma en que los Profetas recibieron la revelación.

Tampoco el Corán se considera una sola revelación en particular, sino que es una reserva y una protección para todas las revelaciones enviadas por Dios a los Profetas anteriores.
El Sagrado Corán indica la existencia de dos niveles principales de interpretación. Ambos niveles o esferas de significado son igualmente verdaderos y se complementan mutuamente. La total comunicación del Significado Divino se hace posible sólo por las Palabras Divinas que, a pesar de estar vestidas de árabe histórico, retienen su poderosa naturaleza infinita y transforman el lenguaje humano en una corriente de poder y verdad. “Las Palabras de Verdad que tienen el poder de expresar la Verdad son como árboles florecientes cuyas raíces, o significados directos, están establecidas profundamente en la tierra del corazón, y cuyas ramas, o significados sutiles, alcanzan las alturas del cielo de conocimiento místico.”(14:24-27) Tanto los significados directos como los sutiles, y sus únicos modos de interpretación sensible, deben ser empleados por aquellos que han sido elevados a una amistad espiritual íntima con el Sagrado Corán.

La interpretación coránica no es un simple método académico que puede enseñarse de forma académica neutral. La verdadera comprensión del Corán es un regalo de Dios, recibido a través de una vida de oración, por medio del poderoso estudio de los escritos de sabios maduros de la tradición islámica, y a través del contacto directo con personas que encarnen la belleza y sabiduría de la visión coránica. Lo que resulta de una lectura subjetiva o estrecha del Corán es a menudo un desequilibrio serio de comprensión; como por ejemplo, el despiadado fanatismo de algunas personas dentro de la comunidad islámica, o el rechazo del Corán de otras que no pertenecen a esta antigua comunidad de fe. “Mi amado, la Fuente de Sabiduría te envía estas parábolas vivientes para iluminar a la Humanidad, pero nadie que no haya recibido el Regalo Divino de la interpretación mística puede entenderlas a profundidad.”(29:41-44) Al láh advierte una y otra vez que Su Sagrado Corán no es simplemente un libro a ser interpretado de forma literal a la luz de conceptos y actitudes limitados, ya sea personales o culturales. A pesar de aparecer en forma escrita o impresa, el Corán es como la zarza en llamas que Moisés admiró con asombro y respeto en el Valle de la Revelación. “Esta Revelación es un Libro de Luz misteriosamente velado, que desciende directamente de la Fuente de Luz, que contiene Palabras de Verdad cuyos significados secretos no pueden ser alcanzados excepto con mentes y corazones completamente purificados por Al láh el Más Alto.”(56:63-80)

Dios le recuerda a la Humanidad que Su Sagrado Corán no es un libro de poesía inspirada, capaz de sólo insinuar el Significado Divino; tampoco la inmensa atracción espiritual del Corán, cuando éste se canta, es un despliegue de algún poder mágico o psíquico.(69:38-51) Al láh deja en claro que Su Sagrado Corán nunca podría haber emanado de alguno de los poderes auto-asignados en los planos sutiles de existencia, quienes están ellos mismos totalmente confundidos o intentando conscientemente atraer a los seres humanos hacia el despertar de su propia ambición espiritual. (81:22-29)

Dios el Más Alto enseña a Su profeta Mujámmad a hablar de una forma verdaderamente humilde y hasta común, muy en contraste con las pretensiones, acciones extravagantes, y promesas tanto de los charlatanes como de las figuras religiosas francamente desviadas que aparecen en todos los contextos culturales. Escuchen el silencioso balance y ternura del modo de hablar dictado por Dios, el Más Alto, al corazón de Su profeta Mujámmad.

Amigos, por favor no sientan que soy un extraño,
ya que soy un ser humano común no diferente a ustedes mismos.
Humildemente he recibido, renovada, la antigua Revelación
de que todo Ser manifiesto surge y retorna a la Única Fuente y Destino del Ser,
Quien se refiere a Sí Misma como Al láh,
y por otros incontables hermosísimos Nombres Divinos (41:2-8)

El drama de la Revelación

El Sagrado Corán nunca pretende añadir o sustraer del núcleo esencial de las enseñanzas proféticas que pertenecen a toda la Humanidad. Respetar y aceptar el Corán significa afirmar también todas las revelaciones de Dios a través de la historia, que comparten precisamente la misma esencia. Las varias revelaciones divinas, que históricamente han evolucionado hasta convertirse en las tradiciones reveladas como las conocemos hoy en día, son formas de vida santas únicas y autolegitimadas, no sólo un conjunto de doctrinas. Aunque la historia presente un panorama de gran diversidad religiosa, Dios asegura a la Humanidad en Su Sagrado Corán que tal diversidad no debería ser vista como la desviación de la Verdad de una u otra tradición, sino como el Misterio Divino que Dios Mismo explicará e iluminará en un contexto de conciencia que trasciende a la historia. “La Fuente Siempre Presente ha revelado una vía sagrada singularmente auténtica a cada nación, verdaderas disciplinas espirituales que deben practicarse con cuidado y constancia... En el Día Místico, cuando ustedes despierten del sueño de la existencia finita, Al láh el Más Sabio les explicará claramente la diversidad que ahora parece dividir Sus varias Revelaciones.”(22:67-70)

Este aspecto de la visión coránica, la armonía de religiones, representa mucho más que la generosidad, tolerancia y espíritu ecuménico humanos. Sólo Dios puede ofrecer tal absoluta seguridad con respecto a la unidad intacta e inquebrantable entre todas las tradiciones reveladas. Esta unidad religiosa no es un simple deseo, ni una especulación intelectual, ni siquiera es un alto ideal moral que puede o no cumplirse. La enseñanza esencial transmitida a través de todos los Profetas está establecida claramente por Dios una y otra vez en el Corán como una verdad revelada. Es sorprendente y directa, llena de poder curativo e iluminador para la transformación de nuestra forma básica de experimentar el mundo. El sentimiento instintivo de separación entre los miembros de los diferentes cuerpos religiosos y culturales sólo se puede disolver al contemplar la Verdad revelada, y no a través de procesos racionales y diplomáticos que permiten a nuestras motivaciones egocéntricas y divisorias continuar funcionando. “A lo largo del curso de la historia la Fuente de Sabiduría ha enviado Mensajeros santos para llevar un solo mensaje esencial: ‘No hay seres conscientes separados del infinito Yo Soy que Soy. Entonces, entreguen su mismísimo ser a la Fuente y Destino del Ser.’”(21:19-25)

La coherencia e inclusividad de este único mensaje, en el centro del drama de la revelación, es evidente en sí mismo no sólo porque ha sido afirmado tan claramente por el Sagrado Corán, sino porque realmente es el punto esencial de todas las revelaciones a lo largo de la historia. Este mensaje es autoevidente porque nuestra conciencia es creada para estar en armonía con la Verdad de que no hay separación fundamental dentro de la sola Realidad.

La revelación no sólo se compone de principios generales, también se caracteriza por una particularidad y exclusividad de una gran riqueza. Ninguna de las situaciones históricas que se han transformado en vehículos para la Revelación Divina se pueden desechar en favor de una teoría general de la revelación. Y tampoco se supone que una revelación anterior sea reemplazada por una más reciente. El hecho de que exista una diversidad religiosa radical crea tensiones entre las tradiciones históricas, aunque de acuerdo con la visión coránica estos sentimientos de tensión o de extrañamiento entre los pueblos de las distintas revelaciones deben ser descartados, y debe esperarse humildemente la propia explicación de Dios. De todas maneras, una vez que la Verdad se revela a sí misma a través de una figura histórica única, irrepetible, esa persona permanece como el portador de bendiciones supremas para la Humanidad, para todas las generaciones futuras. Así la voz de la Verdad le asegura a la Virgen María en el Sagrado Corán:

Desde antes de la eternidad, Al láh el Más Misericordioso
ha ordenado este nacimiento espontáneo
como una demostración única de Su Amor y Compasión
para que los seres humanos lo contemplen a lo largo de la historia.(19:16-36)

La estatura de un santo Profeta es extremamente exaltada. La tradición islámica reconoce que las almas son eternas por naturaleza, lo cual significa que Dios creó incluso desde antes de la eternidad a todas las almas que descenderían al reino espacial y temporal de la historia. Entre estas almas humanas radiantes —cada una de las cuales recibió como su vida eterna el mismo aliento de Dios, y cada una de las cuales es irreemplazable— las almas de los Profetas aparecen como soles entre llamas de velas, tan transparentes son a la ilimitada Luz Divina. Mientras contemplamos la vida y enseñanzas de cualquiera de los exaltados Profetas de Dios, la sensación de respeto, la sensación de estar contemplando a un magnífico sol naciente, debería penetrar nuestra conciencia. Esta intuición avasalladora de magnificencia profética, que es en última instancia la magnificencia de la Humanidad verdaderamente despierta, es un aspecto esencial de la visión coránica. “La Fuente de Sabiduría puso en el alma de Mi Amado Abraham esta penetrante comprensión espiritual desde antes de la eternidad, para que él fuera el líder de aquellos que se tornan con perfecta claridad sólo hacia Al láh.”(6:74-83)

El hecho que todos, judíos, cristianos y musulmanes, hayan surgido del linaje del profeta Abraham, da cuenta de la estatura inconmensurable de esta alma profética. En el drama de la revelación, sin embargo, la vida de un santo Profeta —no importa cuán glorificada sea su alma— no está exenta de terrible pugna y sufrimiento, nunca es una fantasía de poder y adulación mundanos. Tal como Dios consuela a Su profeta Mujámmad: “Los santos Mensajeros antes de ti también fueron acusados de impostores. Ellos aceptaron esta calumnia profundamente entristecidos, con el corazón paciente y sin vacilar, hasta que la misma Fuente de Amor, Quien se manifiesta a través de ti, los inundó de paz y poder.”(6:33-34)

Las diversas revelaciones proféticas, lejos de estar entre sí en alguna competencia fundamental o atávica, se confirman, expanden y salvaguardan unas a otras. Una vez más esta profunda percepción de armonía está basada en la Verdad revelada, no es sólo una teoría racional o empírica aducida por eruditos o reformadores bienintencionados. Como revelación, esta armonía universal de las religiones, debe ser profundamente contemplada y devotamente asimilada, más que debatirse en las dimensiones intelectuales o políticas de nuestra conciencia superficial. “A través del profeta Jesús, la Fuente de la Sabiduría transmitió el Radiante Evangelio, colmado de la misma luz de Verdad que mana a través de la Torá Viviente... la Fuente Eterna revela ahora a través de ti, Mi amado Mujámmad, este sublime Libro de Verdad, que confirma y salvaguarda la enseñanza esencial de la Torá, del Evangelio, y de todas las demás escrituras auténticas que existieron antes que ellas.”(5:49-52) Podríamos preguntarnos por qué Dios permite que la diversidad religiosa e incluso la franca contradicción doctrinal se desarrollen alrededor del mensaje esencial de participación consciente en la Unicidad de la Realidad.

Esto es similar a otra pregunta fundamental: ¿por qué Dios generó tal diversidad de seres creados, algunos incluso en conflicto de muerte entre sí, dentro de la Paz Perfecta de la Unidad Divina? La respuesta es la misma: para la educación espiritual y el florecimiento de las almas. “La Fuente del Poder podría haber unido a todos los pueblos en una sola nación, pero Al láh el más Misericordioso ha elegido manifestar Su Verdad a través de diversas tradiciones sagradas como enseñanza y prueba para los seres humanos. Si cada nación espiritual practica fielmente la senda revelada a través de sus propios Profetas, entonces toda la humanidad retornará junta a la Fuente del Amor.”(5:49 52)

Esta visión coránica de la unidad de la revelación puede traer un gozo y prosperidad inconmensurables a la vida humana en la Tierra. Esta armonía interna de todos los caminos revelados hacia Dios —armonía de toda la existencia, ya que la Creación misma es también revelación— es el ámbito natural del alma, no una visión del futuro posible o imposible. Todos los Profetas y escrituras han generado este profundo sentido de armonía última, sin la cual el ser humano no puede respirar espiritualmente y se sofoca en los conflictos superficiales de intereses personales y colectivos, incluyendo los conflictos de religión. Este aire fresco de revelación siempre ha existido como la atmósfera espiritual respirable de la humanidad. “Tantos de estos luminosos Mensajeros han surgido de la familia humana que no puede existir ninguna impresión de que Al láh el Más Misericordioso no ha hablado a todas las naciones.”(4:163-166) A través del Sagrado Corán, la voz de la Verdad invita a la Humanidad de una forma clara y nada ambigua a la armonía global. El profeta Mujámmad fue el apoderado de Dios para hacer un profundo llamado a la reconciliación universal. Este llamado no representa simplemente su propia amplitud mental o su sentido de diplomacia pacífica, que fueron definitivamente parte de la forma personal de ser del Profeta, sino que representa la Iniciativa Divina revelada a través de él. Estas palabras de Verdad se dicen a todos los pueblos a través del profeta Mujámmad. “Yo afirmo la Verdad de toda Revelación que ha descendido como un Libro Sagrado proveniente de la Fuente de la Verdad, y he sido instruido por esta Fuente para ser imparcial ante los Pueblos de la Revelación. La Fuente siempre Presente, Quien se llama a Sí misma por incontables Nombres Divinos, es la Fuente de nuestra nación espiritual y sus naciones espirituales. Nosotros tenemos nuestra práctica integral de la forma de vida santa como ustedes tienen la suya. No es necesario que haya un desacuerdo fundamental entre nosotros. Al láh el Más Alto nos juntará cuando volvamos a casa, a la Fuente del Amor.”(42:13-18)

Se enfatiza la naturaleza integral de cada tradición revelada porque los seres humanos necesitan de un rico suelo histórico en el cual puedan echar raíces. Las almas no pueden vivir y crecer con fuerza si flotan en un espacio abstracto de principios generales. Eso sería filosofía, no revelación. Dios desea proteger la ecología balanceada de cada ámbito viviente de Su Revelación. “Así, las tradiciones judía y cristiana deberían aceptarse con respeto a la luz del Glorioso Corán... Pero ustedes no deberían aceptar, mis amados, ninguna enseñanza o práctica de tradiciones más tempranas que han surgido de concepciones humanas limitadas o que contradicen los claros Principios de Verdad revelados a través del Corán Viviente.”(5: 49-52) No se supone que esta Advertencia Divina genere una actitud de división, sino que simplemente agudice nuestro reconocimiento realista de que el proceso histórico puede producir distorsiones sutiles u obvias en cualquier cuerpo de revelación, que de todas formas permanece esencialmente auténtico, puro en su núcleo, y digno de nuestra aceptación reverente. La decisión acerca de qué aspectos de una tradición dada han sido distorsionados se complica por la superficie caótica de diferencias culturales así como por serios problemas de comunicación. Seguir esta Instrucción Divina no es criticar agresivamente a otras grandes tradiciones, sino existir humildemente en el asombro y respeto ante la Unidad Divina mientras se permanece, integrado por completo, con la transmisión del cuerpo particular de revelación en el cual uno de hecho vive y respira.

Sin embargo, el alma nunca debe identificarse esencialmente con una corriente histórica de revelación como si fuera opuesta a otra, pues hemos visto que la revelación es una, igual que Dios es Uno. El Sagrado Corán nos permite tener una valiosa visión de la revelación única, la religión más allá de las religiones que de todas maneras constituye el núcleo viviente de cada religión, la religión que no se le impone a la Humanidad, sino que es la naturaleza misma de la Humanidad como fue creada por Dios. “La misma instrucción espiritual desde la Fuente de Sabiduría se da a todas las naciones. La Voz de la Verdad llama a todos los seres humanos a volverse completamente hacia su propia Fuente Verdadera, para sumergirse incondicionalmente en oración cada día, y a ofrecer ternura y ayuda constantes a aquellos que lo necesiten. Esta es la sola religión de la Verdad, natural al alma humana, que trasciende todas las facciones religiosas con su perfecta claridad y rectitud.”(98:1-5)



La vida de amor y compasión

Para concluir esta breve exploración de la visión del mundo de acuerdo al Islam, debemos observar el modo de vida de las personas que ven la Creación con ojos proféticos. Estas son personas principalmente de paz, paz que surge de conocer íntimamente la Unidad Divina como misericordiosamente todoinclusiva. “Cuando ellos se encuentran con una charla vacía o con la burla, ellos la ignoran con una tranquila dignidad... respondiendo humildemente a palabras estúpidas o incluso agresivas, con un saludo digno: La Paz esté con ustedes.”(25:63-76) Estas personas de amor nunca se sienten individuos aislados que deben defender algún interés personal, religioso o cultural, propio. En todo momento ellos sienten la Acción Divina a través de sus órganos y miembros. “Aquellos cuyas vidas enteras se vuelven íntimamente a la Fuente de Vida nunca se cansan de ser canales para el Poder Divino y nunca están demasiado orgullosos de servir como instrumentos humildes de la Misericordia Divina, hasta en los más pequeños detalles de la vida diaria.”(21:19-25)

La única motivación real para llevar este modo de vida pacífica, armoniosa y servicial, esta vida de oración revelada a la Humanidad a través de todos los Profetas, es encontrarse con Dios íntima y completamente. “Por favor alienta a aquellos que aspiran al Islam a ser gentiles y desinteresados, a volverse con todo su corazón hacia la Fuente del Ser y a clamar a Al láh el Más Misericordioso cada mañana y cada noche, anhelando solamente admirar directamente el Rostro del Amor.”(18:27-31) Con la desaparición de todo sentido de separación, que es la vida de verdadera oración, el ser humano se vuelve una expresión consciente de la misma Fuente del Amor que es adorada como la Realidad todo abarcadora y que todo lo constituye. El fruto de esta unión mística es la más sensible y hermosa vida ética sin ser la respuesta a un imperativo ético, sino la expresión espontánea del despertar espiritual, la afirmación constante de la Única Realidad con cada pensamiento y con cada aliento. La revelación coránica no es una devoción convencional y abstracta, que adora un Ser Supremo aislado, sino la afirmación amorosa de todas las vidas dentro de la única Vida Divina. “La profunda respuesta humana, a la que Al láh el Más Misericordioso llama, es el compromiso con la justicia que trasforma la vida diaria en continuos actos de amabilidad y generosidad hacia todas las personas, viéndolas como una familia íntima... Advierte compasivamente a tu gente que se alejan de la Fuente del Amor al llevar a cabo acciones insensibles para con la dignidad de cualquier ser, y que sólo la remembranza constante de la Fuente del Ser puede desarrollar una verdadera sensibilidad.”(16: 89-91)

Las personas cuyos ojos de sabiduría han sido abiertos por la luz de la revelación para ver a Dios constantemente, están movidas a compartir con los otros toda la abundancia que hayan recibido de la Fuente de la Creación. Estas personas maduras nunca asumen el resultado particular de una situación, ya que aceptan lo que pase como una profundización de su fe y comprensión, y de esta forma nunca son agresivas en ningún sentido. “Estos son mis auténticos amantes y amigos, cuyas vidas son vividas como alabanza y oración, cuyos actos se dirigen a compartir compasivamente la abundancia, ya sea terrenal o celestial, que la Fuente Última les ha provisto... quienes contemplan todos los eventos sin excepción como generosos regalos y enseñanzas de la Fuente de Sabiduría.” (8:2-4) Este modo de vida transformado es verdaderamente humano, no super humano. Provee la base para las leyes morales de la cultura, aunque en sí no esté motivada por cuestiones de legalidad y moralidad, sino más bien por la veracidad instintiva de todo el ser de la persona que experimenta a Dios como supremamente cercano a todas las vidas. “Al láh el Más Alto es la Verdad Viviente, y ustedes deberían siempre atestiguar la Verdad a todo nivel, aun cuando sus intereses personales o los de su familia y amigos tengan que sacrificarse. Ya sean ricas o pobres, todas las personas deben recibir igual justicia, pues Al láh el Más Misericordioso está igualmente presente para todos.” (4:131-135)

Este modo de experimentar o vivir directamente el Amor Divino en la Tierra no es primordialmente ético o racional, sino místico. Desde esta perspectiva supremamente amorosa, que es realmente la perspectiva del Paraíso, el mundo aparece en una luz que asombra, trascendiendo con mucho cualquier visión utópica, ya que las utopías son pura especulación humana, no verdad revelada. “El hombre o la mujer que vive la vida completamente vuelto hacia la Fuente del Amor, afirmando el Amor con cada aliento, encontrará el Paraíso en todas partes y comenzará a entender la justicia dada a todos los seres por Al láh el Más Alto, una justicia tan perfecta que ningún alma es agraviada ni siquiera en tanto como la punta de un hueso de dátil.” (4:116 125) La vida de servicio constante y devoto a los compañeros, que es la forma de vida revelada universalmente a través de todos los Profetas, no es un programa de acción social sino una forma de meditación sobre el Amor Divino. Esta forma de vida santa es la integración de actos espontáneos de generosidad inspirados por una constante conciencia interior de la Generosidad Divina. Los versos del Sagrado Corán son las Palabras de Dios, no una filosofía secular de reforma social. Sin embargo, el servicio sinceramente dedicado a la sociedad puede y debe llevarse a cabo con la visión profética. “Estos humildes siervos, movidos puramente por el amor a la Fuente del Amor, dan comida y otras provisiones a los pobres, los huérfanos y los prisioneros. ‘Nosotros traemos estos regalos para ustedes espontáneamente, sólo anhelando contemplar el Rostro del Amor. No es necesario que ustedes nos retribuyan la ayuda, tampoco es necesario que nos estén agradecidos. Nosotros hemos sido inspirados a dar a través de nuestra constante contemplación de la misericordia universal de Al láh.’”(76:2 22)

Hay una revolución mística de conciencia en este acto de alabanza suprema, en este dar desinteresado de todo nuestro ser a Dios a través del servicio amoroso a otros seres humanos. Los pobres, los huérfanos y los prisioneros —y la mayoría de los seres humanos existen bajo estas condiciones abyectas, ya sea en un sentido literal o figurativo— son de hecho los portadores secretos de la Esencia Divina. Al ofrecer amor a la Humanidad, los servidores de Dios verdaderamente despiertos están alabando a la Fuente del Amor y contemplando íntimamente el Rostro del Amor. El reconocimiento espiritual de la Humanidad de su propia unicidad con la Realidad Divina es el objetivo del camino profético. “Esta misión es el despertar progresivo de la Humanidad a su perfección esencial iniciada a través del Adán Trascendental, ante quien incluso los ángeles se inclinaron con todo su ser... la esencia secreta del alma humana es la Conciencia abarcadora y la completa Sabiduría de Al láh.”(12:1 6)

La descripción coránica de los verdaderos místicos, personas que han experimentado auténticamente la unión con Dios, se expresa en función de transformarse en canales de la Misericordia Divina. La generosidad sin titubeos es la función de la madurez espiritual. Cada alma humana es capaz de crecer hasta alcanzar dicha madurez. Los Profetas no presentan una doctrina mística abierta sólo para un puñado de individuos especialmente motivados o calificados. Este llamado a la compasión y a la unión es la invitación universal de Dios, que resuena claramente a través de todos los reverenciados Profetas de Dios, y que trasciende por completo tanto las formas externas de la religión como las disputas doctrinales entre religiones. “Aquellos que hacen un despliegue de piedad, pero que no han comprometido enteramente sus vidas con la acción compasiva, son como aquellos que hacen sus oraciones diarias como un hábito o una convención, sin temor reverente, humildad y anhelo verdaderos. Ya que su religión permanece como una pretensión, el recipiente de su ser no ha sido llenado por la Fuente del Amor con bondad activa.”(107:1 7)

Esta vida de total compasión no es una enorme responsabilidad difícil de portar, tampoco es un sentido de deber orgulloso que hace que una persona se sienta inmensamente importante frente a la sociedad. Esta vida de Amor Divino en la Tierra, que es el perfecto conocimiento de la Unidad, es primeramente una expresión de verdadero gozo espiritual, que surge espontáneamente de la afirmación de Dios con cada célula de nuestro cuerpo, con cada hebra de nuestra conciencia. El gozo espiritual no es una enseñanza secreta, sino la experiencia del Amor Divino transmitida a través de los Profetas auténticos. El Sagrado Corán revela la última y tal vez la única pregunta que Dios le hace al alma: “Mi querida Humanidad, al amanecer del Día Eterno, se les preguntará a las almas si éstas han experimentado sólo placer egocéntrico o si conocen la naturaleza del gozo verdaderamente espiritual. Consideren profundamente cuál será su respuesta.”(102:1 8)

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/29981-la_vision_coranica_vision_del_mundo_del_islam_ii.html