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Abu Al-Ala Al-Maarri y Dante Alighieri

15/09/2006 - Autor: Imam M. Husain - Fuente: Senderoislam.net
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Hemos conocido hace muchos años aquel libro de Asín Palacios, La escatología musulmana en la Divina Comedia, en el que Asín desarrolla su tesis, muy importante y comentada, pero también combatida en ciertos medios. Toda esa reacción contra la tesis de Asín Palacios mostraba algo que estaba oculto, pero que siempre existió, la reacción de una cultura que ha imaginado sus fundamentos, la cultura occidental, contra otra cultura que a través de los siglos se ha ido cimentando, fundamentando, desarrollando, plenificando, como es la cultura del Medio Oriente, y no digo islámica solamente, sino de Medio Oriente en general. Asín Palacios sacaba a la luz el nexo que la cultura occidental tenía con la cultura islámica, y que se quería ocultar sobre la base de una mitología acerca del origen de la cultura occidental. Recordemos que los romanos fueron especialistas en mitos, y que atribuyeron la fundación de Roma a la loba y a Rómulo y Remo, lo cual fue investigado por siglos para determinar la veracidad de los mismos.

La cultura islámica bajo sus diversas formas estuvo siempre presente en el mundo mediterráneo, donde surge la obra del Dante. Actuaba y tenía nexos muy fuertes con la cultura occidental, que se encontraba en un momento cercano al Renacimiento, desplegando sus fundamentos, buscando su propia identidad. En Dante y el Islam2 se cita a la islamóloga portorriqueña Luce López Baralt: “Europa atravesó un periodo de intenso contacto intelectual con el Islam después del fracaso de las Cruzadas. La espiritualidad europea cambia de táctica política y se lanza entonces, por usar las palabras de José Muñoz Cendiño, al nuevo intento de conquistar el Islam a base de conocerlo. Pero esta inteligente labor evangelizadora que impulsa en buena medida las traducciones en masa de los libros de religión y sabiduría musulmana, y la fundación y enclave en tierras de sarracenos para aprender mejor el árabe, tiene un resultado secundario probablemente inesperado: La ‘islamización’ de Europa, dicho esto claro en un sentido muy amplio. La inteligencia cristiana europea, aun la más militante, no se puede sustraer a la poderosa influencia intelectual del Islam, a la que admira en más de un sentido”.

Esta era la situación en que nace la obra del Dante. Explica la autora que el polo cultural y espiritual del Islam atrae fuertemente a Occidente y lo va transformando aún con el rechazo. Ustedes saben que muchas veces un enemigo imita algo por reacción y necesidad de dar respuestas, y desarrolla sus propios argumentos. Desde el punto de vista del Islam occidente no es más que un ala de una cultura que se desarrolla en el Mediterráneo, la cultura mediterránea, de ningún modo un enemigo. Desde el punto de vista del occidente militante, del siglo XIII, época que estamos tratando, el Islam es un enemigo. Ese resabio de enemistad todavía inunda a muchos espíritus hasta el siglo XX, espíritus que creen en la mitología del surgimiento de la cultura occidental, en la cual es fundamental el Dante, como posteriormente lo es el Renacimiento. Creen que deben limpiar todo eso de cualquier nexo o influencia del Islam.

Asin Palacios expresa lo siguiente: “En la misma corte de Federico de Sicilia -un hombre que hablaba árabe- nació la escuela poética siciliana, la primera que usó la lengua vulgar, y de la que arranca la tradición de la literatura nacional de Italia, imitando la moda de la brillante corte musulmana de España. Federico se rodeó de poetas árabes, espléndidamente pagados, que en su propia lengua arábiga cantasen el elogio de las empresas imperiales y deleitasen su espíritu con amorosas rimas. Y es un hecho muy sugestivo para la historia, el hecho del contagio de ambas literaturas, cristiana e islámica, la convivencia de estos trovadores árabes con otros trovadores cristianos que en la lengua vulgar naciente trataban de emular las habilidades artísticas de sus colegas infieles. Aunque solo se admita el contagio externo de la moda, sin influjo interno alguno en la técnica de los trovadores sicilianos, bastaría este hecho como síntoma de otras imitaciones literales”.3

Esto significa que el arte de occidente, que ocupa un lugar privilegiado dentro de la mitología occidental de la cultura, que define a la humanidad y al hombre en su concepción, ese arte desde sus orígenes está impreso por su vínculo con el Islam. “Si bien este foco de cultura islámica fomentando por la dinastía normanda de Sicilia debió influir notablemente en la difusión de las letras y ciencias árabes por la Europa cristiana, su importancia palidece ante la España medieval, la cual nos ofrece los mismos fenómenos de Sicilia pero con intensidad y extensión incomparables. Tres siglos antes que los normandos arribasen a Sicilia, ya la España islámica estaba irradiando su cultura sobre occidente. El país de Europa cristiana que primero entró en contacto con el Islam, fue nuestra patria”, dice Asín Palacios.

No olvidemos los intercambios de personas entre ambos mundos, sobre todo a partir de las ciudades independientes de Italia, pero ya antes con la España islámica. Había comercio entre las tierras islámicas y Europa, y el comercio lleva cultura, y asentamientos mutuos, tanto del Islam a occidente, como de occidente hacia el Islam, intercambios de personas, de ideas. San Francisco de Asís, un ejemplo de la cristiandad de la época, se enroló de joven en las cruzadas, para luchar por el Santo Sepulcro, reconquistar Tierra Santa, etc., pero cuando llegó a Palestina tuvo una visión diferente de las cosas, que esa cultura a la que él iba a combatir podría ofrecer muchos beneficios a su propio pueblo. Pero él se limitó, y quizás fue el primero importante en hacerlo, a evangelizar a los musulmanes. Pidió al Emir de una de las ciudades de Palestina un salvoconducto para viajar por Palestina y hablar con los musulmanes acerca de la superioridad del evangelio sobre el Sagrado Corán, y el Emir le dio esa licencia. Es gracias a ese contacto con el pueblo islámico que adquiere una idea distinta de lo espiritual. La espiritualidad viva del Islam florece en el corazón cristiano de San Francisco de Asís, ¡y cuántos cristianos han retomado la fe y han vitalizado su propio cristianismo gracias al Islam!

Otro caso de esa misma época es el de Marco Polo, quien viajó al mundo islámico, aunque para despistar contó que llegó a la China, pero resulta que no menciona ni el té, ni la muralla china, y otros datos muy importantes de la cultura china. Aunque existe una relación íntima de Marco Polo con el mundo islámico, quizás especialmente con Irán. Era un comerciante que temía decir que había vivido mucho tiempo en tierras islámicas y que se había enriquecido con esa cultura, porque seguramente alguna afilada navaja le cortaría el cuello. El problema era cultural, por entonces la ciencia, la sabiduría, era un secreto, y resultaba peligroso mencionar su fuente, el Islam.

Con el Renacimiento se crea la mitología de la recuperación de la cultura grecorromana. Pero en realidad esa recuperación se produce gracias al Islam. Aristóteles se conoce por el Islam, los traductores de la ciencia de la antigüedad trasladan al árabe ese legado. Dante tuvo como maestro a un tal Joaquín Difiore. René Guenón menciona a Joaquín Difiore, o de Fiore en El esoterismo de Dante, personaje que transmite a Dante muchos conocimientos sobre el sufismo, donde pareciera que Dante abreva. El mismo Joaquín Difiore parece haber adoptado el Islam, habiendo vivido en el Cercano Oriente y conocido las obras de Mohieddin Ibn Arabi, que impregna la obra de Dante.

Mencionaré también otros dos personajes: Raimundo Lulio y Raimundo Martín, dos franciscanos como San Francisco de Asís, que viven en contacto con la cultura islámica. Juan de la Cruz es otro de esos personajes (y estoy mencionando solo nombres, pues no podemos entrar ni siquiera a detallar la influencia del Islam sobre ellos). De la Cruz era un converso al cristianismo, quizás su padre o abuelo fueran judíos, pero él conoce la Sabiduría del sufismo en España, la cual también investigó Asín Palacios. Mencionaremos a Alberto Magno, un franciscano alemán influido fuertemente tanto por la metafísica de los musulmanes, como por la filosofía de sus principales filósofos, como Avicena. Y de Alberto Magno pasa esa influencia a su discípulo Tomas de Aquino, que constituye la piedra fundamental de la iglesia escolástica que llega hasta el día de hoy.

Detrás de todos estos personajes está seguramente la obra de alguien como Muhieddin Ibn Arabi, un murciano que había viajado por todo el mundo islámico, y compuso varias obras, entre otras Aperturas de Meca (Futuhát Al-Makkíah) y Engarces de la Sabiduría (Fusús Al-Híkam). Así comprendemos que Dante no es una excepción dentro de ese movimiento cultural del Mediterráneo, que se produce entre el mundo occidental cristiano y el mundo islámico, y que el Renacimiento ya tenía sus raíces en estas primeras manifestaciones de la cultura común.

Quiero ahora presentar a alguien que le ofrece al Dante un modelo para su La divina comedia, en el libro, que se llamó Abu Al-`Alá` Al-Ma’arri, fallecido en el 1058, mientras que Dante nació en 1265, prácticamente doscientos años después. Al-Ma`arri nació en Siria, en la localidad de Ma`arratu -n-Nu`mán, y a los tres o cuatro años perdió la vista debido a una viruela. Aprendió los principios del conocimiento primero de su padre, y después viajando por todo el mundo islámico. Partió a Halab (Alepo) visitando allí la biblioteca, informándose con los sabios del lugar; luego fue a Antioquía, a Lataquia, y a Trípoli, todas ciudades sirias por entonces, en procura de conocimientos. Por fin se dirigió a Bagdad, y participó en las asambleas de los sabios y de los literatos. En esa ciudad recibió la noticia de la enfermedad de su madre, y volvió entonces a su pueblo natal, pero cuando llegó su madre ya había fallecido. Debido a ello se encerró en un aislamiento que duró hasta su muerte. Durante ese periodo escribió la mayor parte de su obra. Allí era visitado por los sabios del Islam y los buscadores de conocimiento. Falleció en el 1058 a los 65 años.

Su obra es muy importante en la cultura árabe. Abu Al-`Alá` era un espíritu amplio, ávido de conocimiento, y una enciclopedia de su tiempo. No hacía discriminación entre conocer el Islam u otra religión, aunque era un musulmán practicante. Algunos lo acusan de escéptico o pesimista, y esto último lo era, pero no escéptico sobre la Realidad divina. Él, por el contrario, rezaba, ayunaba, y cumplía todos los deberes de la fe, no por conveniencia sino porque realmente estaba convencido. Vivió un año y medio dentro de un convento o de un monasterio, para recibir conocimiento de la teología cristiana, de tal manera que era una mente universal y lúcida, sin prejuicios, los que después lamentablemente se introdujeron entre los musulmanes. Estos han apergaminado el conocimiento, la libertad de conciencia, las libertades políticas, se han esquematizado una serie de asuntos que no eran así al principio, se han puestos barreras e ha impedido el libre conocimiento mediante la creación de una cultura que no responde a la esencia del Islam.

Abu Al-`Alá` protestó contra esta situación que él ya percibía en su época. Era un poeta fino, exquisito, un lingüista profundo y analítico, conocía la lengua árabe en profundidad, y es así que sus libros son de difícil lectura en árabe, y es frecuente que cite al pie de página una explicación de lo que muchas de las palabras que él usa quieren decir. Erudito en materia de religión, era partidario de Ahlu Al-Bait, con ellos sea la Paz, y conocía a fondo las tradiciones del Profeta y el Fiqh, la jurisprudencia. Además fue un gran conocedor de la historia, pero especialmente de las tendencias, al-milal, del Islam.

La epístola del perdón (Risalatu Al-Gufrán), es lo más parecido a lo que Dante concibió después en La divina comedia. Es una obra fundamental dentro de la literatura árabe que Abu Al-`Alá` escribió para un amigo suyo, Alí Ibn Masur Al-Hálabi, apodado Ibn Al-Qárih, en forma de respuesta a una carta de este último, sobre cuestiones de literatura, filosofía, historia, religión, jurisprudencia, gramática y lingüística. La obra tiene dos partes, en la primera imagina Abu Al-`Alá` un viaje al cielo de Ibn Al-Qárih, su amigo, en el que visita el Paraíso, contempla el Día del Juicio, el infierno de los genios, el Paraíso y el Ardentísimo infierno. Es la parte propiamente imaginativa de Abu Al-`Alá`, en la cual se observa un gran paralelismo con La divina comedia. La segunda parte versa sobre la respuesta que Abu Al-`Alá` ofrece a las preguntas de Ibn Al-Qárih sobre el Din, la Fe, las tendencias del Islam, la filosofía, la teología o Kalám, etc. Pero no solamente contesta a sus preguntas sino que las replantea y se plantea otras nuevas interrogantes.

Debido a la fama tanto del autor como de la obra, y por haber sido tomada esta última como modelo de creación literaria en lengua árabe, es posible que llegara al conocimiento de Dante Alighieri, autor de La divina comedia, pues utiliza el mismo argumento literario de un viaje a las dimensiones del Paraíso y del Infierno. El primero que imaginó este modelo, doscientos años antes, fue Abu Al-`Alá`.

La obra de Abu Al-`Alá` imagina a Ibn Al-Qárih dando un paseo por el más allá, habiéndose encontrado con un camello majestuoso de los que hay en el Paraíso, cuyo cuerpo estaba formado por esmeraldas y perlas. Marchó por el Paraíso sin rumbo alguno observando las delicias que allí había, contempló el Día del Juicio y a la humanidad reunida allí de pie, viendo las calamidades de los castigos de los castigados, y el perdón y la intercesión a favor de los bienaventurados. Luego de seis meses se ve obligado a abandonar el Paraíso, debido a que lo afecta el calor y la sed. El no podía tomar nada del Paraíso. Pero estaba seguro de retornar allí porque había conseguido el título de perdonado, pues quien entra en el Paraíso queda perdonado. Cuando debe abandonar la delicia, piensa sobornar con su poesía a los guardianes del Paraíso, para quedarse allí, como sobornaba en el mundo a los gobernantes, o a los ricos, algo muy sintomático de los poetas árabes de la antigüedad, el elogio de los gobernantes y demás opresores para obtener ventajas. Finalmente se beneficia de la intercesión del Profeta (BPDyC) y logra su anhelo volviendo, a las delicias del Paraíso.

Luego se dirige a visitar el Ardentísimo, Yahánnam, para observar a los que allí se encuentran, y monta algunos animales del Paraíso, pasando por el lugar de la recompensa de los genios. Estos genios son musulmanes, y tienen un paraíso propio, como en este mundo tienen un lugar separado de los hombres y de los otros genios. Llega al Ardentísimo y observa a Iblís, el diablo, desasosegado con las cadenas y los grillos. Durante su periplo pasa delante de un gran número de poetas y literatos, esto tiene mucho que ver con Dante, viendo en el Paraíso a cierto número de estas personas, que creía que deberían estar en el infierno, y se pregunta: “¿Cómo es posible que este hombre esté en el Paraíso...?”, pero también ve en el fuego a cierto número de personas que él esperaba ver en el Paraíso. Pregunta a los bienaventurados por la causa del perdón que recibieron, y a los desventurados por la causa de habérseles negado el perdón, y todos ellos responden detallando su situación. De allí que el libro se llame: La epístola del Perdón, porque destaca ese don divino de los bienaventurados, negado a los que no lo son.

A veces nosotros mismos nos imaginamos quienes de nuestros contemporáneos deberían estar en el infierno, pero la Misericordia de Allah es mucho más grande que la justicia del hombre. Muchas gracias. Espero poder ampliarlo en otro momento.

1 Conferencia dada por el Imam M. Husain en la Feria del Libro en la presentación del libro Dante y el Islam del autor Shamsuddín Elías

2 O.c., p. 6.

3 O.c. p. 11.

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