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Discurso del líder libio de la revolución, Muammar Al-Gadafi, conmemorando el aniversario 37 de la revolucion.

31 de agosto de 2006 en la Ciudad de Al-Baida (Libia)

05/09/2006 - Autor: Abdel Monaem Ellafi - Fuente: Webislam
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El líder libio Muammar Al-Gaddafi.
El líder libio Muammar Al-Gaddafi.

A diez dias del discurso de Gaddafi hijo. En él se reflejó y se adoptó la esperada posición conciliadora entre su hijo “Saif Al’Islam” (líder de la corriente reformista) y su primo “Ahmed Ibrahim” (cabeza visible de los Comités Revolucionarios y actual Secretario adjunto del Congreso General del Pueblo).

Su disposición al cambio de actitud es reflejada por la benévola alusión a la monarquía libia, a la que por primera vez no tacha de “objetivo principal” de su revolución y elige la ciudad de Al’Baida para su discurso, siendo ésta el símbolo del ex reino libio.

En alusión a los “gatos gordos” (peces gordos y la mafia) mencionados en el discurso del hijo del líder del 20 de agosto pasado, advirtió a la “vieja guardia” que dejen de robar y de manchar la castidad de la revolución si es que no quieren corroer el régimen y provocar un estallido producto de la ira de los pobres del pueblo.

Algunos planteos son poco pragmáticos, en especial los referentes a la eliminación de la pobreza vía entrega de compañías de servicios petroleros a la gente más necesitada. Al final del discurso, su primo Ahmed Ibrahim y los demás compañeros pronunciaron un breve discurso en el que quedó claro que harían caso al líder y adoptarían a pies juntillas lo recomendado en el programa reformista del hijo del líder Saif Al’Islam.

Los próximos 4 meses darán cuenta de la magnitud y veracidad de este nuevo compromiso. Los siguientes párrafos son un resumo de los aspectos más destacados del mencionado discurso:

En un discurso dado ante una multitud de seguidores y adeptos (entre Movimientos Revolucionarios y Oficiales Libres), el líder de la revolución libia llamó a conmemorar el aniversario de la revolución “con autocrítica como para aprender de los errores del proceso revolucionario desde sus comienzos a la fecha y corregir lo que hay que corregir y desechar lo que hay que desechar”.

El líder de la revolución reconoció los abusos cometidos por los compañeros “revolucionarios” (comités revolucionarios y oficiales libres y compañeros del líder, supuestamente enriquecidos en forma ilícita utilizando las inmunidades revolucionarias), otorgándoles el plazo de 4 meses para que confiesen “sus pecados” a la manera cristiana y dejen de robar del tesoro público, diciendo que él “quisiera que tanto el movimiento de los oficiales libres, los compañeros y los comités revolucionarios se consagraran como movimientos sagrados e históricos sin manchas ni actitudes deshonestas que puedan perjudicar el régimen y lo dejen mal parado”.

Agregó también que les sugiere “en estos 4 meses que nos separan de 2007” un verdadero arrepentimiento y que “no robemos, ni acosemos ni injuriemos, ni falsifiquemos, ni arrebatemos lo del otro, pues en 4 meses las cosas tienen que enderezarse si Dios quiere”. “En estos cuatro meses que quedan tenemos que sentarnos cual una persona que quiere confesarse con un cura según el mito cristiano, para declarar ante él en un cuarto separado donde no se te ve y confesar tus pecados; esto es si robaste si mentiste, etc. y así evitamos condenarnos unos a otros y empezamos a obrar en forma lícita..”

El líder había reconocido en su discurso que le hubiese gustado que los “revolucionarios” no cometieran lo que cometieron y que “no mancharan la imagen que el pueblo libio tiene de nosotros” y que él “hubiese querido que los revolucionarios fuéramos un modelo a seguir en vez de terminar en el banquillo de los acusados, tal y como ocurre ahora”.

Dijo que el objetivo de su revolución en el ‘69 no fue derrocar el rey Idris ni conseguir beneficios o cargos personales, sino terminar con la ocupación inglesa y norteamericana representadas por las bases militares que poseían sobre suelo libio.

También reveló que tanto él como sus compañeros de la revolución se les ocurrió antes de entrar al ejército la idea de formar un “movimiento de operaciones de fidaines” para lanzar ataques contra las bases militares norteamericanas y británicas en nombre de la “liberación de Libia” y agregó: “habíamos hecho la revolución porque Libia estaba bajo ocupación extranjera militar total” y no porque su régimen era monárquico o retrógrada.

Asimismo el líder libio rechazó en general la idea de los “golpes militares” que hacen uso de las armas otorgados para defender al país, considerándolo una suerte de “traición”. En cambió reconoció “el derecho del pueblo –y no del ejército- a rebelarse en cualquier momento”.

En lo que se refiere a “la oposición al régimen” (cuya parte de sus miembros en el exterior decidió regresar al país pacto mediante), el líder agradeció a las fuerzas revolucionarias por “defender la revolución de los opositores que buscaban entorpecer la marcha del pueblo libio” y que “aplastó a los enemigos en el interior del país”, dando el líder sus ordenes de “aplastar a la oposición si llegara a aparecer, ya que en su opinión “es natural que tu enemigo no te perdona, ni tú a él”.

Gaddafi cargó en particular contra aquellos opositores que “acudieron a los Estados Unidos creyendo que iban a entrar (a Libia) arriba de tanques norteamericanos (como pasó en Irak). “El fracaso de su proyecto les hizo recuperar la cordura y heles aquí hoy cayendo cual hojas otoñales”.

Por otro lado, el líder libio de la revolución urgió en su discurso a crear un fondo para los pobres compuesto por el dinero recaudado (4 mil millones) y el dinero recuperado de los bancos norteamericanos en cuentas libias antes congeladas (2,5 mil millones), ya que en su opinión al menos 1,1 millones de la población padece una “relativa pobreza” y también “crear un capital financiero para que los pobres dejen de serlo y pasen a ser ricos por medio de la creación de compañías de servicios petroleros que suelen estar en manos de extranjeros”.

En este mismo sentido valoró el proyecto de su hijo (Saif Al Islam) planteado en el polémico discurso del 20 de agosto pasado, instando el líder a pasar la propiedad de las compañías de petróleo estatales (como es el caso de Al’Bregha) a manos de los pobres también.

Resumen y interpretación: Lic. Abdel Monaem Ellafi
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