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Los cinco pilares del Islam

19/08/2006 - Autor: Sheija Fáriha Fátima al-Yerraji - Fuente: Masyid al Faráh de Nueva York
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Sheija Fárija Fátima
Sheija Fárija Fátima

Tengo que empezar diciendo que no me siento capaz de describir o presentar la Sharíah, porque es algo que está más allá… es algo que se le ha otorgado a la humanidad desde el inicio, como un don, de manera que cada uno de nosotros, personifica, encarna o puede entender sólo algunos de sus aspectos. Pero, esencialmente, es el camino de regreso a la Fuente.

Hay una tradición mística mencionada en el sagrado Corán, en la pre-eternidad anterior a la creación y todos los reinos, cuando Al-láh El Altísimo se dirige a todas las almas — “almas” no es la mejor palabra, pero al decir almas, me refiero a la primera forma de la creación, a la primera forma creada—, y Al-láh se dirige a ellas diciendo: ¿NO SOY TU SEÑOR? (Alastu bi Rabbikum) Y todas las almas sin excepción afirman, y dicen: Sí, Tú eres nuestro Señor. Todas las almas, sin excepción, dicen, Sí a Al-láh, y en esta alianza está contenida la relación completa del Señor y el alma humana. Así cada cosa que fluya, del alma forma parte del contenido de esta relación. Es decir el alma no solo está en un lugar de añoranza, —el cual es un buen lugar y seguro para sentir que simplemente somos siervos—, sino en una posición de servicio por ser manifiestos, por haber llegado a ser creación, por ser espejos; somos buques de atributos divinos, y por ello, servimos.

Algunos poetas sufíes han expresado que somos el espejo del Amado, es decir, que la Esencia divina se ve a Sí Misma reflejada en el ser humano; se mira a Sí Misma, se conoce, se ama a Sí Misma, en la forma humana. Por ello, toda la creación y los seres humanos son la corona, somos una encarnación completa de la creación. El ser humano es un espejo perfecto del Amado.

Este es el inicio del camino de retorno, porque así como existe un camino para emerger como manifestación, hay uno para regresar; así como hay un camino para que la Esencia se manifieste, existe el retorno de la manifestación a la Esencia. La gran Sharíah, podríamos decir que es la creación, la manifestación desde la nada, y luego, el regreso de todo ello a la Fuente. Podríamos decir que la Sharíah es la totalidad, porque sin el vínculo no habría regreso, simplemente estaríamos ahí manifestados, de la misma forma como los científicos ven cuerpos de luz que se detectan cada vez más y más lejos en todo el universo, e incluso ellos especulan que en algún lugar debe existir un enorme punto de regreso, de colapso de la creación del universo… Es interesante que incluso la ciencia también reflexione acerca de este tipo de principios básicos de la vida espiritual. Nada puede encontrar la verdad más allá de la Verdad misma… La Sharíah es en realidad este vínculo de Amor, es el movimiento del amor, el movimiento puro del amor, hacia afuera, y luego de regreso nuevamente. Por eso se dice que de los cinco pilares de la Sharíah el primero es La ilaha ilaláh —y es algo que es muy fácilmente olvidado, en la consideración del mundo Islámico por lo general de la Sharíah, se asume algo así como que la ilaha ilaláh es, que Dios está aquí, y pasan de inmediato al segundo, tercero, cuarto y quinto pilar—mientras los maestros místicos señalan al primero, porque el primero es siempre el más importante, y el primero es: la ilaha ilaláh; Muhammad ar Rasulaláh.

Este es el fundamento de la Sharíah, —no solo como algo dado, como por ejemplo decimos estos son los principios científicos de la gravedad y vivimos de acuerdo a ellos—, sino como decir: este es el principio, entonces entendamos lo que significa, encarnémoslo completamente, y esta es la plenitud de la Sharíah.

Pero hay una evolución, una evolución en nuestro retorno. Podemos decir místicamente que estamos regresando momento a momento, respiración tras respiración. Nunca cesamos en la manifestación y en el retorno y cada momento de retorno y manifestación en el vocabulario sufí se llama waqt, el momento, la más pequeña medida de tiempo en la creación, el instante, eso es el waqt, y es por ello que los místicos dicen que el sufi es el hijo del waqt, del momento; somos renovados a cada instante por la Fuente, momento a momento.

Pero en un sentido general, en términos de nuestra vida, hay una progresión, nacemos como nubes tintineantes de gloria como dijo ese gran poeta romántico inglés, y luego poco a poco la gloria se empaña y olvidamos, olvidamos de dónde venimos y comenzamos a cuestionar; pues no todos los seres humanos olvidan pero la gran mayoría lo hace… Y luego en un cierto punto, hay un punto de retorno , donde Al-láh realmente nos llama de regreso, y puede ser a cualquier edad, y ese punto de retorno descorre los velos de nuestro corazón. Puede venir a través de dificultades, de tragedias, algunos en una forma más fácil, de forma natural, algunos crecerán en familias religiosas por lo que se forman en la religión, pero que no se darán cuenta de lo que realmente significa… hay muchas posibilidades…

Pero en general, olvidamos y luego, el retorno y el retorno depende de cada individuo, puede ocurrir como una repentina iluminación, o puede pasar con tan solo darse cuenta de: No tengo poder, y este es el camino del retorno que les es dado a los adictos o alcohólicos, son caminos verdaderos revelados como caminos de retorno, para alguien que no tiene otro camino, ni forma. Pero hay siempre algún camino posible. Al-láh en su gran Misericordia, siempre nos da algún camino, que se envía básicamente como un verdadero camino de guía, pero su punto de inicio es reconocer: “no tengo poder y existe alguien que es el Todo Poderoso”, éste es el Señor, es Dios, y es Bueno, y nuevamente, es aquí es donde las religiones empiezan a discrepar, en cómo entienden a ese Uno, pero en general, se entiende que Lo Uno es Misericordioso y es Amor, y ese Uno es Bueno.

Podemos decir que este es el inicio de la Sharíah en la evolución de nuestra vida, es darnos cuenta de ello: de que toda vida viene de Lo Uno, y que dependemos absolutamente de ese Uno, y que en verdad no podemos hacer nada sin ese Uno. Ahora, dependiendo de cuánto permanezcamos en ese momento de realización pura de que dependemos completamente del Uno que todo lo abarca, del Amado, se desprenderá el tipo de vida que vivamos, porque también eso podemos olvidar. Algunas experiencias cruciales del despertar pueden volverse confusas o palidecer con el paso del tiempo; pero básicamente este es el despertar del alma, dentro de la creación que pertenece a Dios, o al Ser Todo Poderoso; esto es realmente la Sharíah: la ilaha ilaláh; Muhammad ar Rasulaláh. Hay un lugar para el ser humano en la creación, y puedes decir que todo está incluido ahí, todo está ahí; pero nuevamente, dependiendo de la fuerza de esa revelación en nuestro propio corazón, se revelará en qué nivel estamos, y eso muy poderoso y todo no se nos puede revelar de una sola vez, en esencia, todo el camino. Podríamos decir que esto ocurrió a los profetas al recibir la revelación por primera vez. Cuando el Profeta Muhammad (que la paz este con él), estaba en la cueva y, el Arcángel Gabriel vino a él, lo abrazó y le dijo: ¡Recita!, “Iqra”, él recibió todo, su corazón explotó, por así decirlo, y todos los límites y conceptos que podía haber tenido en aquel tiempo, se disolvieron en ese abrazo, en esa iluminación, en esa transmisión divina; pero generalmente para la mayoría de nosotros es algo gradual.

Y aun así, lo que está pasando hoy día, es más parecido a lo que pasaba en aquellos tiempos, ese tipo de revelación, y con la propagación del camino místico, en este primer abrazo recibimos el camino místico. Toda la Sharíah se posiciona en el camino místico, y no a la inversa, como debe ser, porque es como en realidad ocurre. El corazón abierto recibe toda la misericordia divina y amor, y luz, y todos esos niveles ahí; pero aun así, tenemos que recorrer el viaje a través de nuestra propia vida. Toda nuestra vida está en nosotros, —y no solo nuestra vida sino también la vida de nuestros ancestros, todas están encarnadas en este contenedor— y tomamos esa luz y hacemos el viaje con ella a través de todos los paisajes de nuestro propio yo, y esa luz nos ayuda a ver todos esos paisajes.

Nuestro camino espiritual es eso, constituye la luz de Al-láh brillando en los paisajes de la experiencia humana, y algunas veces es fácil y gozoso, y maravilloso y algunas veces puede ser muy difícil y doloroso, y derramamos lágrimas y sentimos dureza en el corazón. Habrá momentos en que pensamos que todo esta velado, habrán tiempos en que sentimos que estamos perdidos, esto es a lo que llamamos la taríqa.

La taríqa es en sí el viaje en el tiempo, la experiencia única y personal, la revelación de la luz dentro de nuestro corazón. De cierta forma esto es muy diferente a lo que normalmente consideramos la relación entre la sharíah y la taríqa y todo esto. Es en verdad la ilaha ilaláh, que es el principio básico de todos los niveles que nunca cesa.

Después de viajar a través de estos paisajes en una comunidad mística con un guía ayudándonos, el guía no es solo esa persona, el guía es el empoderamiento proveniente de todos los sheijs y pilares de ese linaje, con todos esos guías ayudándonos a poder afrontar esto, que solo los seres humanos tienen el poder de afrontar, para ser tanto lo perecedero y lo no perecedero, y ser, tanto lo más bajo de lo más bajo, como lo más exaltado, ésta es la paradoja humana.

La taríqa es realmente ese viaje. Y la Sharíah es el conjunto de los otros 4 principios, es lo que nos ayuda en el viaje y lo apoya, pero sólo si no es impuesta. Particularmente en el Occidente, tenemos una especie de alergia; nuestro sistema inmunológico no podría tolerar la coerción, es una cosa muy interesante, pareciera ser parte de nuestro ADN, pero claro, esa es la parte luminosa del asunto, pero la sombra es que estamos tan condicionados por nuestro yo limitado, y tenemos que darnos cuenta, de dónde es que en realidad proviene la coerción. La tiranía está dentro de nosotros.

Entonces, la sharía es la ilaha ilaláh; Muhammad ar Rasulaláh, es la verdad absoluta, la verdad viviente: Dios es Lo único que existe, La Única Realidad y la humanidad es lo principal y el contenedor de esta manifestación. Y esto no es algo que podamos practicar, no podemos practicar la verdad, la verdad es algo que es.

Sin embargo, podemos poner en nuestras lenguas estas bellas palabras de verdad, y que ese a sonido de la verdad resuene a través de nosotros y clarifique nuestro ser de manera que nuestra ser resuene en ese nivel al la ilaha ilaláh, de manera que no existen dos coros con distinto sonido, sino un sonido primoroso, cuando todo nuestro ser está completamente abierto y lleno de la existencia divina, y es simplemente el escuchar, el mirar, el vivir y la respiración del Úno.

Esto es un tipo de combinación entre la sharíah y la taríqa. No se pueden realmente separar, a pesar de esto han sido separadas, pero si se las separa entonces es mejor estar del lado de la ilaha ilaláh, en vez que del otro lado, en el que se hacen ciertas cosas, se practica la religión pero sin embargo, los corazones no están abiertos. Eso no es válido. Pero realmente ambos son uno, y se nutren el uno al otro, y tanto como practiquemos los otros pilares, que han sido llamados los soportes de nuestros corazones, realmente depende de nosotros a nivel individual, y podemos usar los que nos ayudan y simplemente son algo que se nos ofrece.

Lo que sabemos es que si no ofrecemos el dhikr, nuestro corazón se duerme otra vez, la llamada parte exterior, nos dormimos, por ello el dhikr es la luz, para no quedarnos dormidos, y una vez que lo probamos solo queremos estar en la luz, es decir el dhikr es esencial en nuestro camino. El dhikr es absolutamente esencial.

El Salat es magnífico, el segundo pilar es magnificente, pero esto realmente toma tiempo, viene con la madurez, y algunos puede que nunca lleguen completamente a desarrollar el gusto, y otros parecen unirse a esto inmediatamente, y encuentran una gran fuente, una gran fuente para crecer, una gran fuente para llegar al éxtasis es realmente una forma muy madura. También puedes decir que el salat, la postración, está al inicio de la revelación, pero hacer la postración es algo natural, las inclinaciones son naturales, una forma natural de inclinarse para adorar, para dar gracias, para ser tan humildes, por lo que se nos da, no existe una mejor forma de expresar eso, que poner nuestras manos en el suelo, y no existe mejor forma que hacerlo que postrándonos, y reverenciando, y extinguiéndonos a nosotros mismos. Lo que en verdad es el salat, es un tipo de… lo podríamos llamar es realmente el gran circulo para manifestarnos y nuevamente desaparecer, porque en la postración realmente desaparecemos, cuando tenemos la frente en el suelo. Y luego cuando nos levantamos es como un tipo de resurrección, como la primera creación y es cuando recitamos el sagrado Corán, la palabra revelada, palabras de poder, el poder de la manifestación en sí mismo, y es por ello que recitamos cuando estamos de pie, en la figura del Alif, la primera letra del alfabeto árabe, la primera letra del Poder del Creador, y luego, nuevamente viene la reverencia y luego, la desaparición.

El salat es una forma magnifica, es poderosa. Algunas veces nosotros la resistimos, pero diré que es un ingrediente clave en la tradición islámica, pero definitivamente, sin el tasbi, sin un corazón ardiendo, no es nada, y esto lo quiero decir muy claro, y esta es la razón por la cual el hadiz nos dice —y esto solo lo digo sobre la base de las enseñanzas sagradas— que cuando Al-láh el Altísimo se dirige al alma y le pregunta “¿Qué has estado haciendo? y el alma responde: “Recité el Corán”, y podemos extenderlo diciendo ofrecí el salat… Entonces Al-láh le responde a esa alma: “No, estás mintiendo”. Esta es una enseñanza muy poderosa, y es una gran misericordia que tengamos esta enseñanza; es un hadiz que aborda la hipocresía en nuestro ser.

Al-láh llama y pregunta al alma, ¿qué es lo que has hecho en tu vida?, —bajo la misma luz que la parábola de Jesús, de aquel amo que dio una moneda a cada uno de sus sirvientes y, uno de ellos la hizo crecer y florecer, y otro la guardó y no hizo nada—, y el alma responde: “Recité el Corán, propagué tu palabra, hice esto y aquello de bueno, y Al-láh dice: “Mientes, no lo has hecho por Mí; lo has hecho para congraciarte con la gente, para que otros digan que eres un buen musulmán, eres virtuoso… Y cuando Al-láh dice: “Mientes”, todos los Ángeles repiten después de Al-láh: “Mientes”. Este es un coro divino hermoso, ¡pero es aterrador!, es cirugía pura…porque cuando nos detenemos en esta enseñanza, y la enseñanza se nos dado en verdad para que no experimentemos esto; para no darnos cuenta eventualmente del horror de haber vivido nuestra vida en la mentira. ¡Qué terrible! Y esto es la religión convencional, puede que no todo, pero la religión convencional tiende a apoyar la hipocresía porque todo mundo tiene que aparentar ser bueno, todos deben aparentar que son perfectos. Pero puedes llegar a tener lo mismo en la taríqa, puedes tener los mismos convencionalismos y la misma hipocresía, aunque pensemos que somos derviches y que actuamos como derviches.

Cualquier cosa que nos haga sentirnos orgullosos, y nos lleve a pensar que tenemos algo de ante nuestro Señor es erróneo, porque no hay nada propio en lo que podamos sostenernos, no hay suelo en el que podamos pararnos por nosotros mismos, sólo la Misericordia de Al-láh y Su perdón son la única verdad.

Por ello cualquier cosa que hagamos de bien, dejémosla pasar, no tenemos crédito en el banco, no importa cuántos Ramadánes hayamos hecho, no importa cuantos salat, ni oraciones, ni recitaciones del Corán, ni caridad… Cualquier cosa de esa índole que podamos imaginar, no nos va a proteger; pero sólo el corazón, solo el estado del corazón, como Al-láh dice: Yo solo Me fijo en el corazón. Lo que sea que nos ayude a que nuestro corazón se ilumine, esto es lo que buscamos: todo aquello que trae luz a nuestros corazones, porque eso es lo único que Al-láh ve.

La taríqa no es alejarse del gran camino que se le dio a nuestro Profeta (que la paz este con él), en forma seminal en la cueva, en el primer abrazo. Es más bien para vivirlo completa y honestamente, al grado que uno pueda. El Profeta dijo, mi sunna, y al decir mi sunna, se refiere al camino, es un océano vasto, refiriéndose a toda la Sharíah, la Taríqa, la Haqiqa y todo esta ahí; toma lo que puedas, según sea fácil para ti, porque sólo lo que es fácil para nosotros será la medicina correcta para nosotros. Cualquier otra cosa nos volverá amargados y ranciaremos la leche. La leche es el conocimiento natural innato en nuestro corazón, y si nos oprimimos a nosotros mismos ya sea por nuestros nafs, o por un súper ego, o cualquier otra cosa, ranciaremos la leche, y perderemos su forma natural, por ello el camino es volvernos concientes, volvernos la ilaha ilaláh; Muhammad ar Rasulaláh. Este es nuestro camino y este es el camino de la sharíah, en su forma natural.
Esta gran ley de la Sharíah ayuda a mantener a la sociedad humana en un estado de moral, no matamos, ni hacemos daño a la gente, no robamos todo esto fue originalmente revelación divina y ahora se ha convertido en ley civil. De alguna manera en las tradiciones religiosas se entiende que se trata de una ley revelada. Es decir, las grandes leyes pueden preservar la vida humana en la tierra, y permiten que la vida del ser humano florezca, y ahí hay un nivel más profundo al que le siguen niveles más y más profundos. Aquellos que añoran y arden por Dios, por la verdad, por supuesto que han de ir más allá de la ley, ir hacia el Espíritu, y van a ir guiados por el espíritu, y no lo harán por las leyes, sino por amor. Ellos viven su vida por el amor divino, por ese amor.

Y el tercer pilar es el dar, la caridad, esto incluso en algunos sentidos es más importante que el segundo, más importante que el Salat, si somos realmente generosos, no generosos para que nos vean, sino desarrollar y cultivar la generosidad, generosidad del alma y de la mente. La generosidad de la mente significa que no pensamos mal de otros ni de nosotros mismos. La generosidad del alma y del espíritu significa que nosotros vemos que nuestro Señor es Lo más Misericordioso de los misericordiosos; eso es mucho más importante que cualquier obligación ritual de oración. Sin embargo, es muy interesante saber que la oración, el dhikr, sustenta el estado generoso del corazón, porque si no estamos conectados con la verdad, si la conexión no se nos revela, entonces no podemos ser generosos, nos vamos a tensar, vamos a ser temerosos, vamos a detenernos, y ver que las cosas eventualmente se vuelven más y más oscuras.

Todo el camino sagrado es un tapiz, no hay algo que podamos extraer de él, pero sabemos, sin embargo, cuando lo vivimos, naturalmente sentimos que estamos quedándonos cortos aquí y allá y… ¡eso es bueno! Yo siempre siento que estoy quedándome corta, y ¿saben? Es horrible porque siempre siento que me quedo corta, y luego lo encuentro gracioso y me digo que quizás así sea esto, que está bien así, porque ¿cómo podemos sentir que no lo estamos, que no nos quedamos cortos? ¿Cómo sentir que estamos haciendo lo suficiente? Es así como dependemos más y más de la Misericordia de Al-láh, y mientras más nos damos cuenta de nuestras limitaciones, más dependemos de la misericordia de Al-láh, y mientras más dependemos de la Misericordia de Al-láh, más Misericordia se nos infunde, y cuanto más dependemos de ello, —no sólo por nosotros mismos sino también por los otros— y mientras menos juzgamos, entonces todo se vuelve misericordioso y pura misericordia.

El ayuno es el cuarto pilar, el ayuno y la observancia del Ramadán. Se dice que el ayuno en el Ramadán es una muestra de gratitud por la Revelación del Sagrado Corán, por la Revelación de vínculo entre el alma y su Señor, por la oportunidad y la invitación a retornar a nuestro Señor, a nuestra fuente, a nuestro ser mismo.
Este es el ayuno en Ramadán, pero nuevamente, Al-láh no mira lo que no hacemos si no somos generosos, si no recitamos sus sagrados nombres, si no somos generosos, no todos somos iguales al respecto de todo ello, pero el ayuno es una ofrenda muy poderosa, es una poderosa limpieza, que llega cada año, así como la tierra tiene estaciones, existen también las estaciones espirituales, que son importantes, y el vaciarse que acompaña el ayuno, y el arrepentimiento que lo acompaña, porque cuando siempre estamos comiendo constantemente, no vemos. No podemos ver claramente, pero cuando ayunamos es como si unos lentes magnificaran lo que vemos y decimos: “Oh Señor, estoy tan lleno de faltas…”, cualquier cosa que encontramos en ese momento, que acompaña a nuestro ayuno, es de gran ayuda y sabemos que al final del Ramadán es como si hubiéramos permanecido en un estado de deslave, sentimos como si se nos hubiera sacado brillo por dentro… esa plenitud, es como la luna llena en nuestro pecho.

Y claro, no solo se ayuna durante el Ramadán, existe un ayuno constante del derviche así como del creyente, —de todas maneras no vamos hablar más allá del estado del creyente—, por ello ayunamos de aquello que no es apropiado, de aquello que no nos está ayudando, es por ello que decimos que festejamos con la Única Verdad. ¡Que alegría que existe algo con lo que podemos constantemente festejar, mientras ayunamos por cosas que realmente no son tan importantes! No me refiero a que el alimento no es importante, sino al hecho de dejarla por 8 horas o 10, en fin por ese tiempo, eso no es tan importante, es un esfuerzo pero se nos regresa y podemos festejarlo siempre en los nombres divinos, festejarlo en la luz, la luz divina, festejarlo en el Corán, los hadices, el amor del Profeta, de los santos, la contemplación de la verdad, están ahí todo el tiempo para nosotros, en una mesa servida, alhámdulilah, ¡que nuestro apetito por la verdad se vuelva mucho mayor cada día!, amin.

Y ahora llegamos al quinto pilar que es el hajj, y aquí decimos que nuestra vida es realmente un peregrinaje, y nos damos cuenta que estamos aquí solo por un momento, es un pestañeo en la noche de la eternidad, eso es el Hajj de nuestras vidas. Y no tomamos nada de aquí excepto este corazón, este amor, eso es lo que tomamos, de esta peregrinación, dirigiéndonos a la mística Kabba en la esencia de nuestros corazones, y luego regresamos regocijados, descendiendo de Arafat, habiendo conocido a nuestro Señor en esta vida. Pero de todas maneras, estamos invitados a realizar el Hajj una vez en la vida, y nuevamente existen diferentes opiniones acerca de lo crucial que es. Al-láh sabe más, y quizá puede que sea diferente para cada persona, es una experiencia muy poderosa, es como morir. Cuando estás en el Hajj, es extraordinario, no ocurre en la tierra, no se siente como la Tierra que conocemos, es más bien como la Tierra de la resurrección, es por ello que se dice que el Hajj es experimentar la Resurrección antes del día de la resurrección. Y también esto tiene sus elementos, pues quien sabe el día de la resurrección puede ser diferente para todos.

Sojbet dado en la Masyid al Faráh de Nueva York
Traducción Fátima al Amina; Lima- Perú


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