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La guerra de las declaraciones

16/08/2006 - Autor: Abel Samir - Fuente: Webislam
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Esta mañana escuchando las noticias del Oriente Medio meditaba de todo lo acontecido en ese sufrido territorio. En esos pueblos que han vivido durante los últimos 58 años de sus vidas en guerras casi ininterrrumpidas, con el consiguiente sufrimiento y el dolor causado a tantos hogares, a tantas familias, sobre todo, a los de menos recursos que tienen mayor dificultad de volver a vivir una vida normal. Una razón muy fuerte para emigrar hacia otras latitudes y reiniciar sus vidas en países con lenguas extrañas y culturas tan diferentes. En países con otra religión que aparentemente son más transigentes, pero que, en el fondo, no lo son ni nunca lo han sido.

Me remontaba un poco al pasado de esos pueblos buscando una explicación razonable al porqué de la guerra en esa zona del mundo, y no a la guerra en general, sino en particular esta última guerra. Me recordaba de la correspondencia sostenida entre dos grandes científicos que aportaron mucho al mundo de los hombres, dos judíos eminentes y humanistas: Albert Einstein y Sigmund Freud. Uno, el creador de la teoría de la relatividad y el otro, el creador del psicoanálisis. Ambos hombres pacifistas que se encontraban muy afectados por los sucesos de la Primera Guerra Mundial, la que fue una locura de la humanidad y una gran carnicería humana. Lo único que esa locura de los humanos ocurría más que nada en Europa, aunque también hubo lucha en Oriente Medio que era parte del Imperio Turco Otomano y aliado de Alemania y Austria. Y al final de esa guerra, los Estados Nacionales árabes surgieron poco a poco, luchando contra los europeos que una vez más habían ocupado esos territorios en un intento neocolonialista de dominar esa región del mundo.

Albert Einstein hacía un pequeño análisis entre el Poder y la Fuerza y Freud le contestó que desde los comienzos de la humanidad lo fundamental fue la fuerza y reconocía con ello que el Poder es sólo un resultado de ella. “Vemos pues ―decía Freud― que el derecho no es sino el poderío de una comunidad. Sigue siendo una fuerza dispuesta a dirigirse contra cualquier individuo que se oponga; recurre a los mismos medios, persigue los mismos fines; en el fondo, la diferencia sólo reside en que ya no es el poderío del individuo el que se impone, sino el de un grupo de individuos”. Aquí en esta guerra Israel-Hizbollá, el “derecho” de los israelitas es la gran fuerza militar de que dispone, el resto de las explicaciones, todo lo que se diga o sostenga es sólo para justificar lo injustificable. Israel no tiene ningún derecho para hacer lo que ha hecho. Agrega más adelante que “las leyes serán hechas por y para los dominantes y concederán escasos derechos a los subyugados”. Y así lo podemos constatar en el acuerdo del alto del fuego. Este acuerdo tomado por la ONU es increíblemente favorable al Estado de Israel, el principal causante de las guerras de hoy en el Oriente Medio, el verdadero lobo y no una caperucita roja como se le trata de representar.

Las razones que existen para darle más derechos a Israel están todas relacionadas con el importante papel que cumple ese Estado en la política hegemónica de USA en el mundo y en esa zona en particular. Freud le sugiere a Einstein (concordando ambos en eso) que los conflictos de intereses entre los pueblos podrían solucionarse mediante un Poder central en el mundo como era hasta ese entonces la Liga de las Naciones (Una organización parecida a la ONU) que había fracasado en evitar la guerra. Hoy vemos como la ONU sigue siendo tan inoperante como la Liga de las Naciones, a no ser en todo aquello que cuenta con el beneplácito de USA.

Pero el texto de Freud más importantes y que viene al caso con este artículo es “Consideraciones sobre la Guerra y la Muerte”, un análisis del comportamiento humano en esa Primera Guerra Mundial. En este texto hay un párrafo muy interesante en donde Freud expresa: “Dentro de cada una de estas naciones se habían prescrito al individuo elevadas normas morales, a las cuales debía ajustar su conducta si quería participar en la comunidad cultural. Tales preceptos, rigurosísimos, a veces, le planteaba cumplidas exigencias, una amplia autoeliminación y una acentuada renuncia a la satisfacción de sus instintos. Ante todo, le estaba prohibido servirse de las extraordinarias ventajas que la mentira y el engaño procuran en la competencia con los demás. Y en esta guerra contra El Líbano y en especial contra Palestina e Irak el uso de la mentira y el engaño están a la orden del día tanto o más que en aquella época en cuestión. Todas las razones dadas para atacar a Irak ―por parte de USA― o la de invadir El Líbano son razones que encubren la verdad que poco a poco se va trasluciendo de las propias declaraciones de sus altos personeros.

La razón esgrimida de autodefensa no es más sólida que la que esgrimió Hitler para invadir Polonia en 1939. Autodefensa que se caracterizó por atacar indiscriminadamente a la población civil libanesa y Palestina aprovechando el enorme poder de la fuerza militar sobre su contrincante que en ninguna forma podía poner en peligro al Estado judío. Más aún, bastaba que Israel liberase a los prisioneros libaneses y a una parte de los palestinos para que les fuese devueltos sus dos soldados y no verse envuelto en una guerra que ha costado más 1.000 vidas a los libaneses y más de 100 soldados y 50 civiles a Israel. Además que Israel no corría ningún peligro de ser invadida por El Líbano, cuya fuerza militar es muy débil y militarmente hablando, sin un potencial suficiente para defender su propio territorio. El bombardeo indiscriminado de la población civil y de la infraestructura de ese país demuestra que el Estado de Israel carece de la moral y de la ética que hablaba un tan prominente judío como era Freud. La causa dada, dos soldados prisioneros y un pequeño ataque, comparada con las cientos de muertes de palestinos y los casi 10.000 prisioneros de “guerra” en cárceles judías, es desproporcionada y sin razón valedera, para invadir un país y causar tantos daños en vidas y tantos daños materiales. Sobre todo, que el mayor causante de la inestabilidad de esa zona es precisamente Israel.

Decía el señor Bush ayer por la tarde frente a la prensa: “que las guerrillas de Hizbollá fueron derrotadas por Israel durante el mes de ataques dirigidos al sur de Líbano, desde donde antes este grupo extremista lanzaba sus proyectiles hacia el país vecino y donde ahora, va a prevalecer un nuevo poder”. Primero que nada, Hizbollá no ha sido derrotado, a pesar del empleo masivo del ejército israelí en una proporción de 12 contra 1 en hombres, de 100 a 0 en aviación y helicópteros, de 100 a 0 en buques de guerra, de 100 a 0 en tanques y artillería, en 100 a 1 en cohetería de corto alcance y sobre todo, en 100 a 0 en armas nucleares. Contra ese formidable poder militar, dueño del “derecho” establecido por la nueva política agresiva de Bush, una pequeña organización los mantuvo en jaque. Como lo dije una vez: vencido está aquel que así lo asume. Mientras se conserve el espíritu de lucha y una parte importante de las fuerzas no se está vencido. La guerra puede seguir más adelante y sabrán sacar experiencias de ésta.
A veces, es necesario leer entrelíneas lo que se dice y expresa. Los políticos de la altura de Bush no son precisamente los más veraces. Por esa razón, no se puede creer todo lo que dicen, pero, a veces, de lo que dicen se puede hilar delgado. Ese nuevo Poder que espera Bush en El Líbano ¿qué significa? ¿cuál es? ¿espera que dentro de ese país surja una fuerza favorable a Israel y a USA? No lo creo. Más bien, me parece que sus palabras van en otra dirección. Probablemente que Israel junto a las fuerzas de ONU ―hoy manejadas y sometidas a USA, y por ello indirectamente a Israel― aseguren la ocupación del sur de El Líbano por tiempo indefinido hasta lograr eliminar la fuerza emergente antisionista de Hizbollá.

Después agregó: “que la guerra en Líbano formó parte de la lucha entre la libertad y el terror y que esa lucha también juegan un papel importante los «estados patrocinadores» de Hizbollá y del terrorismo”. Primero que nada es importante demostrar si el Estado de Irán patrocina lo que Bush denomina terrorismo, o se trata de su propia tergiversación de este término. Hasta aquí, estemos o no de acuerdo con el gobierno o el sistema político de Irán, no existe ninguna prueba palpable de eso. Si ahora se trata de considerar a Hizbollá como una organización terrorista por su lucha libertaria y antisionista, tendríamos que considerar terroristas a Washington, que fue combatiente libertario de USA durante el dominio del Reino Unido y que más tarde fue presidente de su país, y a todos sus combatientes, que gracias a ellos, el señor Bush ocupa un lugar presidencial, de otra manera hoy, el señor Bush no sería más que uno entre millones de seres de bajos recursos y sometidos a la corona inglesa. USA tendría que cambiar sus libros de Historia y decir: “Y los terroristas norteamericanos dirigidos por su jefe Washington...”. ¿Acaso van los norteamericanos a renunciar a sus héroes libertarios que actuaron con métodos de lucha, muchas veces en contra de los derechos humanos hacia la población civil partidaria del Reino Unido?

En razón a la verdad, Irán es un país que ha vivido en paz con sus vecinos desde hace mucho. La guerra que sostuvo con Irak desde septiembre de 1980 a agosto de 1988, no fue provocada por Irán, sino por Sadam que era el “presidente” de Irak y que tenía ambiciones hegemónicas en esa región. Creía que mediante el uso de la fuerza podría aumentar su territorio, algo similar a lo que hasta aquí ha sido la política normal de Israel, desde que nació en 1948 en las tierras de los palestinos, como estado tumor en el gran cuerpo endeble del pueblo árabe. Este gran pueblo está recién despertando de su letargo gracias a Hizbollá.

El primer ministro israelí, Ehud Olmert, afirmó ayer que Israel perseguirá a Hizbollá "cuando sea y donde sea", horas después de la entrada en vigor del alto el fuego entre Israel y la organización libertaria libanesa. No se quiere dar por vencido, lo que no es difícil de entender. Recibió una dura lección por fuerzas muy inferiores, pero que lucharon con valor, tenacidad e inteligencia aprovechando el mayor conocimiento del terreno y el apoyo de la población. Y no es de ninguna forma condenable que tanto Siria como Irán apoyen y lo sigan haciendo en el futuro a Hizbollá y ojalá, también al movimiento palestino. Hizbollá nació como pequeña ola de lo que eran sus playas límpidas y tranquilas, hoy está un poco herido, pero cicatrizará sus heridas, se repondrá y con toda seguridad será mucho más fuerte en el futuro, además, un claro ejemplo a seguir para los otros pueblos que luchan desesperadamente contra USA, en especial, también para el pueblo palestino dividido entre las fuerzas del pasado, en descomposición, y las del presente y del futuro, el movimiento Hamás.

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