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Los magos de Oriente o la enfermedad del PP

22/07/2006 - Autor: Abdelhadi Conget Betoré - Fuente: Webislam
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Abdelhadi Conget Betoré
Abdelhadi Conget Betoré
Dice la canción: “Yo soy un moro judío que vive con los cristianos…”

Desciendo de judíos andalusíes, sefarditas, españoles al fin, por línea materna. De los que nunca se fueron y acabaron por convertirse al cristianismo para evitar en sus carnes, aquel otro genocidio y continuar viviendo de mala manera en su tierra, tierra en la que vivían muchísimos siglos antes de que lo hicieran los francos venidos a robar las tierras de la península a sus más antiguos moradores durante “la reconquista”.

El apellido de mi madre es Betoré (beth-toré), que quiere decir Casa de la Torá. Lo llevo con orgullo e intentaré que mi hija lo conserve. Amo la historia sagrada del pueblo de Israel que conocí a través del cristianismo. Y todavía hoy, a pesar de haber reconocido al Profeta del Islam como último y verdadero profeta, y el mensaje que Dios trajo a través de él como el final de toda la Revelación, leo con frecuencia la Torá (libros donde se recoge la ley hebraica), los Nebiim (libros de los profetas judíos) y los Kétubim, sobre todo los Kétubim, donde se recoge la Revelación al pueblo judío en forma poética. Nunca dejaré de hacerlo y nunca podré expresar suficientemente el disfrute que puede suponer para mí escuchar la Palabra de Dios en esta forma literaria especialmente judía y que son expresiones y sentimientos que reconozco como si saliesen de mi entraña más profunda.

Siempre he simpatizado con el pueblo judío. Nunca negaré el Holocausto que vivieron tantas personas (no todas judías) en la Europa Nazi, aunque nunca podré estar de acuerdo, de ninguna manera, con el uso “marketineizado” que se ha hecho de él. Especialmente cuando se trasluce que uno de los efectos de este genocidio ha sido producir, consentir y ahora legalizar otro genocidio, tan o más sangrante que aquel por su duración en el tiempo, la refinada crueldad con la que se está llevando a cabo y la aprobación y connivencia con la que participan en él casi todos los gobiernos del mundo, incluso los árabes y los países islámicos, cerrando los ojos y dando la espalda en el mejor de los casos.

Podemos admitir, podemos soñar, deberíamos poder soñar, con la utopía (íntimamente lo creo así) de la convivencia de dos estados, Israel y Palestina, en una cierta armonía. Como un mal menor, porque el pueblo palestino es, seguramente, quien menos culpa tuvo de que Hitler crease campos de exterminio masivo para hebreos, gitanos y otras “razas” mediterráneas, incluidos españoles y árabes, y Palestina no debería pagar los platos rotos por otros. Sin embargo, el sueño se rompe frecuentemente y si no son unos, son otros; siempre hay alguien que acaba convirtiéndolo en una horripilante pesadilla para la que nunca llega el despuntar de la mañana.

En estos días, justo en el momento en que mayor publicidad se le estaba dando a la Alianza de Civilizaciones, justo cuando en estos últimos meses los dirigentes musulmanes de todo el mundo se reúnen para contribuir al diálogo y a demostrar que la fe no tiene nada que ver con el terrorismo y sí, todo, con la paz y la integración de las personas en un mismo mundo… ellos, los de siempre, unos y otros (que vienen a ser el mismo) han desatado la provocación llevando al mundo al borde del espanto y ese uno y otro, ese mismo arrasa sin ningún tipo de medida y sin dar cuenta testificada de ello, la geografía y la población inocente del Líbano, niños y mujeres especialmente según testigos de las embajadas, sin acertar a descabezar un grupo terrorista de tanto bulto.

¿A lo mejor es que hay que empezar a dudar de la tecnología israelí que hasta ahora fulminaba en un suspiro, “casi sin intervención humana”, donde, cuando y como quería al líder palestino más pintao?

No, no caerá esa breva. Ellos saben dilatar muy bien las cosas y hacer que parezcan lo que no son realmente. Son magos, los israelíes son “los magos de oriente”. Y si no, fíjate si no es magia lo que han conseguido con la derecha española, que ya no se si llamarla española, porque la verdad están pulverizando toda la tradición histórica de lo que se entiende por España desde los Reyes Católicos y de la Sagrada Inquisición de la que la derecha de este país ha vivido hasta hace muy poco y que ha sido gloria y orgullo patrio el pertenecer a una “raza” inmaculada, pura de sangre, sobre todo de sangre judía. Judeo-masónica en el último delirio. Porque, bueno, los árabes… bah! casi éramos primos hermanos, ¡si hacíamos la mili en África! Mira, si hasta Franco nunca reconoció a Israel… y que orgulloso estaba todo el mundo en aquella España.

Pero no. Aquí ha pasado algo. Este no es mi Juan que me lo han cambiao…

Es como si una miasma fatal se hubiese apoderado de sus conciencias. Fíjate en el Arístegui ese, que color más mala tiene debajo de esas dos cejas… ¿y Aznar? Amenaza con reventar de oscuridad. Y Rajoy, el pobre… hasta él se está quedando gris. ¿Pero que le pasa a la derecha?, a nuestra derecha, a la derechona nuestra de toda la vida… ¡¡¡¿qué les pasa?!!!

Que están malitos, los pobres. Están malitos de traición que es una enfermedad contra la fidelidad y la lealtad. ¡Qué malos tienen que estar! Pobre gente. Parece como si se hubiesen propuesto que echásemos de menos a Falange Española, a Jose Antonio, a Girón, ¡al mismo Franco!... al inefable Blas Piñar… ¡socorro! ¡el cordero se come al lobo!

El otro día me quedé perplejo cuando oí a María San Gil comparar la reunión del PSE con Otegui con la de Franco y Hitler, poniéndolos a bajar de un burro a los cuatro. Y helado cuando oyes y ves a los responsables del PP defender a Israel a ultranza. ¡Israel, Israel!, oye, y que no ven otra cosa, y que no perciben otros sufrimientos esos corazones tan cristianos. ¿Donde está el Aznar del colegio del Pilar comandando las huestes febriles de Fuerza Nueva?

Es… magia. Es, que los hijos se comen a Saturno. Es el colmo del parricidio ¿Acaso Hitler y Franco, si vivieran hoy serían sionistas? ¿Qué difícil, eh? ¡Qué paradoja! ¡Es que no hay quién lo entienda! ¡Qué poder tiene esa magia!

En fin, Zapatero, resiste. Tú, en tus zapatos. Que no estás sólo, que somos muchos. Somos más que ellos, lo que pasa es que aún no nos hemos dado cuenta.

Lo del pañuelo palestino del otro día es un antídoto contra la miasma maléfica. Muchas gracias y que Allah (que es el mismo Dios de los del PP) te bendiga y te sostenga.

Ah! El número de identificación de Israel en los códigos de barras es el 729. Sumados sus dígitos da 18. Igual que 666
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