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Las ominosas consecuencias de la complicidad de EEUU

21/07/2006 - Autor: Max J. Castro - Fuente: El Progreso Semanal
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“En represalia por ataques con cohetes, Israel hoy hizo estallar una bomba nuclear táctica en Gaza. Se espera que las bajas civiles estén en el rango de los miles. En respuesta a la amplia indignación mundial, motines en varias capitales árabes y una propuesta de resolución de la ONU que condena la acción israelí, el Presidente George W. Bush culpó a los terroristas por provocar la respuesta israelí y dijo: ‘Aunque deploramos la pérdida de vidas, es evidente que Israel tiene derecho a defenderse.’ La Secretaria de Estado Condoleezza Rice pidió moderación a todas las partes. El embajador en la ONU John Bolton dijo que Estados Unidos vetaría cualquier resolución de condena a Israel por considerarla “desbalanceada.”

Afortunadamente la noticia anterior es de ficción. Sin embargo, no es descabellada a la luz de la respuesta de EEUU a la brutalmente desproporcionada represalia israelí a los ataques por Hamas y Hezbollah que tuvieron como resultado la muerte de una docena de soldados israelíes y la captura de otros tres.

Más que nunca, mucha gente en el mundo se está preguntando si hay algún límite al apoyo de la administración Bush a todas y cualesquier acciones del gobierno de Israel. La lluvia de fuego lanzada por los israelíes en Gaza después de la captura de un solo soldado israelí mató e hirió a decenas de civiles y destruyó la única planta generadora de energía de la región, así como muchos puentes, oficinas gubernamentales y otras instalaciones. Significó un cruel asalto no solo al gobierno de Hamas, sino a toda la población palestina, una forma de castigo colectivo por el apoyo palestino a Hamas y por la audacia demostrada por Hamas en su ataque contra los soldados israelíes en la frontera Gaza-Israel.

El Consejo de Seguridad de la ONU discutió una solución que condena los ataques israelíes por desproporcionados. Solo un país se opuso a la resolución, Estados Unidos. Como resultado, y a pesar de los diez votos a favor (con cuatro abstenciones), la resolución fracasó. Aparentemente, cuando se trata de Israel, Estados Unidos considera que la política de un número infinito de cadáveres y ojos por un solo ojo es una forma proporcional y legítima de legítima defensa. La destrucción de Gaza continuó.

Por tanto, es en el contexto del salvaje ataque en curso en contra de la indefensa franja de Gaza, posibilitado por el apoyo político de Estados Unidos y en gran medida sin objeción por parte de los gobiernos árabes, que Hezbollah lanza su ataque en la frontera de Israel, mata a varios soldados israelíes y captura a tres más. Muchos árabes, incluyendo aquellos a quienes desagrada la ideología islamista de Hezbollah y que están en desacuerdo con las tácticas del grupo, vieron el ataque de Hezbollah a Israel como una expresión de solidaridad con los atribulados palestinos y un legítimo intento por adquirir alguna ventaja para obtener la libertad de cientos de palestinos y libaneses que llevan décadas languideciendo en cárceles israelíes.

Era inevitable que el gobierno israelí considerara el ataque como una provocación y respondiera con la fuerza. Sin embargo, hubiera sido otra cosa si los israelíes hubieran limitado sus ataques en represalia a golpear objetivos clave de Hezbollah. En su lugar, Israel lanzó un masivo asalto en Líbano, la perpetración de una guerra no declarada a un estado miembro de Naciones Unidas cuyo gobierno no había atacado a Israel. El ataque incluye todos los elementos de una guerra total, tales como un bloqueo naval a Líbano, la destrucción de los aeropuertos y carreteras del país, y masivos ataques de artillería y aéreos a cientos de objetivos, muchos de ellos áreas urbanas densamente pobladas. Para el fin de semana, los ataques habían matado a más de cien civiles libaneses y herido a muchos más, mientras la cifra de bajas seguía subiendo rápidamente.

Las crecientes bajas civiles evidencian cuáles serán las consecuencias de la complicidad de EEUU en la guerra de Israel contra Líbano: la muerte de cientos de inocentes civiles libaneses. Mientras que para el consumo público la administración Bush intenta mantener una semblanza de preocupación humanitaria al pedir a Israel que “muestre moderación”, su verdadera política es permitir a Israel realizar su salvaje guerra contra Líbano sin que sea restringido por la posibilidad inconveniente de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que ordene un total cese al fuego.

Estados Unidos, como patrocinador económico, militar y político de Israel, tiene gran responsabilidad en la actual carnicería en Gaza y Líbano. La realidad desmiente la declaración de ataques de precisión dirigidos a objetivos terroristas. El pasado fin de semana, entre las víctimas de los golpes aéreos israelíes, había ocho miembros de una familia canadiense que murieron en un ataque a una residencia privada. Otros seis canadienses fueron heridos de gravedad en el mismo ataque. El número de libaneses anónimos e inocentes que morirán como resultado de la exagerada reacción agresiva de Israel y de la infinita indulgencia de la administración Bush será infinito.

Esas muertes tendrán consecuencias. Las acciones de Estados Unidos en este conflicto pudieran significar el golpe de gracia a cualquier esperanza de que se recupere incluso la menor cuota de buena voluntad entre las masas árabes e islámicas en el Medio Oriente. Encuestas recientes demuestran que la gente en esa parte del mundo ya tiene una visión muy negativa de este país. La invasión de Irak, la primera guerra en televisión de la historia del Medio Oriente, fue responsable de eso en gran medida. La gente de la región vio en vivo por la televisión Al Jazeera y otras emisoras árabes por cable el costo humano de la invasión de EEUU. Fue un duro golpe para la imagen de EEUU en la región. Ahora la destrucción del Líbano ante los ojos de todo el mundo puede resultar definitorio en contra de Estados Unidos a los ojos de los árabes, y reforzará la idea de que Irak no fue una anomalía y que Estados Unidos está en guerra no con los terroristas, sino con el pueblo jarabe.

Esto sería un resultado trágico, uno provocado por el hecho de que esta vez no hay un sangriento dictador, no hay un “coco”. Líbano era una democracia naciente que el gobierno de EEUU aseguraba que estaba apoyando en contra de las amenazas de Siria. ¿Pueden los árabes sacar otra conclusión a partir de las acciones de EEUU que no sea que Estados Unidos da muy poca importancia a las vidas árabes y un apoyo infinito a las prerrogativas israelíes? Por ejemplo, ¿qué estaría diciendo y haciendo Estados Unidos si Siria estuviera perpetrando este tipo de desastre en Líbano? Desde Estados Unidos saldrían los gritos de angustia por las víctimas, las denuncias en la ONU y las amenazas en contra de los perpetradores de la guerra.

Por el contrario, mientras Israel golpea a Líbano en un vano intento de herir mortalmente a Hezbollah u obligar al casi impotente gobierno libanés a que ataque a Hezbollah, lo cual provocaría una guerra civil, ¿qué hace Estados Unidos? Hace algo peor que cruzarse de brazos. Impide que otros intenten detener a Israel. Es más, algunas de los comentarios improvisados dichos por el Presidente Bush el lunes en San Petersburgo, Rusia, son reveladores. El escenario era la Cumbre del Grupo de los Ocho, y los comentarios del Presidente sucedieron en una conversación informal con el Primer Ministro británico Tony Blair, que se suponía que era privada, pero que terminó siendo transmitida por televisión.

En el curso de la conversación, Bush expresó intensa irritación por el llamado a todas las partes de un cese al fuego hecho por el Secretario General de la ONU Kofi Annan. Lo que el Sr. Bush desea fue dejado bien en claro por la Secretaria de Estado Condoleezza Rica en una declaración que reportaron el 16 de julio The Internacional Herald Tribune y The Washington Post: “Puede que Israel necesite extender su ofensiva en Líbano para reducir aún más la amenaza proveniente de Hezbollah, dijo hoy la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, mientras algunos demócratas le pedían que viajara inmediatamente a la región para ayudar a solucionar la crisis”.

El retraso de los planes de viaje de la Srta. Rice para “solucionar la crisis” evidentemente no es casual. Está claro que Israel, con el apoyo de Estados Unidos, está utilizando la captura de sus soldados como pretexto para golpear duramente a dos de sus enemigos más odiados, Hamas y Hezbollah. Los ataques de Hezbollah con cohetes a ciudades israelíes, que han provocado algunas bajas civiles, aunque mucho menos que las producidas por los ataques israelíes en Gaza y Líbano, dan la apariencia de que lo que sucede es una guerra por parte de ambos. Lo que está sucediendo realmente es otra cosa: un ataque unilateral a un país indefenso por parte de una de las mayores potencias militares del mundo apoyada políticamente por la única superpotencia global.

Mientras más tiempo se permita que continúe la campaña antes de que sea absolutamente necesario “solucionar la crisis”, más completa será la destrucción de Hamas y Hezbollah, dos temibles adversarios de Israel y Estados Unidos. Esa, evidentemente, es la teoría que subyace tras los comentarios de Rice y las acciones (o inacción) de EEUU. Según lo publicado en The International Herald Tribune y en The Washington Post, “Rice parecía apoyar un esfuerzo israelí a más largo plazo para infligir un daño decisivo a la presencia de Hezbollah en Líbano. También dijo que estaba considerando realizar un viaje a la región. ‘El cese de la violencia es crucial, pero si ese cese de la violencia depende de la próxima decisión de Hezbollah de lanzar misiles contra Israel o la próxima decisión de Hezbollah de secuestrar a un ciudadano israelí, entonces no habremos llegado a ningún lugar’.”

Esta sorprendente declaración nos lleva a la ineludible conclusión de que, para Estados Unidos, detener la muerte y la destrucción en Líbano es menos importante que el objetivo de neutralizar por completo a Hamas y Hezbollah. Un paréntesis en este momento: La lógica usada por Israel y aceptada por Estados Unidos para el ataque a Líbano es increíble, puesto que la misma lógica hubiera justificado que Cuba atacara objetivos en EEUU en represalia por los miles de incursiones realizadas por exiliados desde territorio de Estados Unidos y por la incapacidad o indisposición del gobierno de EEUU de hacer algo para impedirlos.

Más allá de la escalofriante lógica que racionaliza el asesinato de civiles al por mayor en aras de un supuesto objetivo mayor, la estrategia fracasará. Hamas y Hezbollah están profundamente arraigadas respectivamente en las poblaciones chiíes de Palestina y Líbano y cohabitan con ellas en áreas urbanas densamente habitadas. Cualquier intento por desalojarlas con fuego de artillería y bombardeos aéreos fracasará a fin de cuentas, y solo logrará matar y mutilar a muchas personas inocentes.

Aunque para Israel y Estados Unidos estas bajas significarán daño colateral –la consecuencia no intencionada y desafortunada por verse forzado a atacar preventivamente a terroristas en legítima defensa–, la opinión del resto del mundo, y especialmente en los países árabes, será radicalmente diferente.

La patética imagen del Primer Ministro libanés, impotente para defender a su pueblo, prácticamente implorando a Estados Unidos a que intervenga con Israel para detener la destrucción de su país, debe ser profundamente humillante e indignante para los árabes no solo de la región, sino en las comunidades de inmigrantes en todo el mundo. En medio de las bombas que caen desde aviones usados por la fuerza aérea israelí y fabricados por Estados Unidos, y las imágenes televisadas de los niños y mujeres muertos y heridos que son sacados de entre los escombros de sus casas y apartamentos, los intentos de EEUU por culpar a Siria e Irán provocarán el desprecio.

Esta guerra en Líbano augura un ominoso futuro para la región y más allá. La población chií de Irak y las milicias chiíes, ya irritadas por la ocupación de EEUU, no es probable que acepten con agrado la carnicería de los chiíes en Líbano. Esto significa más problemas para las tropas norteamericanas allí.

Más allá de Irak, en vez de lanzar un golpe decisivo contra el Islam militante, el ataque israelí en Líbano probablemente resulte un salto cualitativo en el proceso de la radicalización islámica/árabe y la alienación de Estados Unidos y Occidente que ya provocó el 11/9, Madrid y Londres.

Dos de los objetivos en el Medio Oriente confesados por Estados Unidos, los que sirvieron como justificaciones tardías para la guerra de Irak, fue alentar la democracia en el Medio Oriente e investir de poder a los moderados en el mundo árabe. Hasta ahora, a juzgar por la guerra de Irak y las elecciones allí, así como en Palestina y Egipto, los resultados han sido muy diferentes a las expectativas de EEUU: las elecciones, donde han tenido lugar, han dado el poder a los radicales.

Pero nada de lo que ha tenido lugar hasta ahora ha socavado tanto la posición de moderados y demócratas en el mundo árabe como lo hará la complicidad de Estados Unidos en la devastación de una emergente democracia árabe dirigida por moderados deseosos de llevar al país a algo parecido a la paz y la prosperidad. Para Israel y Estados Unidos, la destrucción de Líbano, que según un líder libanés ha retrasado al país en cincuenta años, puede parecer un precio necesario para mantener el apoyo político a electores nacionales clave y para promover la “guerra al terror”. En realidad, esta desvergonzada agresión contra un pequeño país y un pueblo indefenso puede que llegue a ser el mejor regalo posible para los Osama bin Laden de este mundo, presente y futuro
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