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La libertad en la concepción islámica de los derechos humanos

09/07/2006 - Autor: Saied Wahid Akhtar - Fuente: Cultura Islámica
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En especial alusión a Nahjul Balaghah

En Nahyul Balagah el Imam Ali (r.a) reiteradamente recalcó que Allah creó al hombre como un ser libre con razón y sano juicio, y lo condujo con Su bendición hacia el sendero recto, pero que fue el hombre el que se encadenó a sí mismo con deseos falsos y ambiciones desenfrenadas. El pone énfasis en este punto haciendo referencia a la estructura natural del hombre y a su habilidad para ejercitar su libertad en el sendero recto.

El famoso aforismo de Rousseau: “El hombre nació libre pero está encadenado por todas partes”, se hace eco de las palabras de Imam Ali (r.a) expresadas repetidas veces durante su infatigable lucha por la libertad humana en una época en que ella estaba amenazada por los servidores de los deseos mundanales e invadida por aquellos que querían reducir una sociedad musulmana libre a una monarquía tiránica.

La libertad, un deseo vivo en lo recóndito de la existencia del hombre, ha sido expresada de diversas maneras a lo largo de la historia humana. Adán y Eva, según lo expone Iqbal, fueron compelidos por este instinto a dejar el Paraíso. Se supone que la acción está basada en la libertad. El Islam no acepta la opinión del Cristianismo sobre el pecado original, como un castigo por el cual el hombre fue expulsado del Paraíso. Lo que se denomina “la caída del hombre” en la tradición semítica pre-islámica puede ser interpretado, desde el punto de vista islámico, como una ascensión del hombre a una vida de libertad. La llegada del hombre a la Tierra fue un acto de su libre elección, y él debe ganarse la libertad eterna y aprovechar la oportunidad, a través de sus continuos y permisibles actos en este mundo, lo que pone a prueba su instinto de libertad en cada etapa de su vida.

La historia de la humanidad es una incesante búsqueda de la libertad. Es una búsqueda multilateral: derecho a no sufrir indigencia, librarse del temor, de las fuerzas de la naturaleza, de la tiranía de sus semejantes, de la injusticia, de la superstición, del prejuicio, de la lealtad tribal y racial, y, finalmente, de su propia existencia egocéntrica. El hombre atravesó gradualmente varias fases para obtener todas estas libertades, cada una de las cuales tuvo tanto un aspecto material como uno espiritual.

La libertad material y la espiritual son complementarias entre sí y son inseparables. La búsqueda de la libertad sufrió reveses y percances cada vez que una de las dos fue descuidada. La civilización moderna sufre de la enfermedad de exagerar la importancia de la dimensión material de la libertad, descuidando la relevancia de la libertad espiritual sobre la existencia humana. La religión ha procurado la libertad espiritual del hombre, mientras que la filosofía se ha ocupado de la libertad intelectual. El arte y la literatura han estado interesados en hacerse cargo en un plano diferente. La búsqueda de la ciencia y la tecnología ha sido siempre dirigida a lograr la libertad material. Todas las actividades humanas son una búsqueda de la libertad, y toda la evolución humana representa un curso de realización gradual de diversas libertades.

La evolución humana es creativa en el sentido de que en cada fase suya una forma más elevada de libertad emerge como resultado de la creatividad del hombre. La evolución humana es diferente de la evolución biológica, puesto que la segunda es mecánica y determinista comparada a la primera en la cual la aspiración del hombre por la libertad encarna un papel vital y decisivo.

En el curso de la evolución creativa del hombre, el Islam emergió como una materialización de toda clase de libertades en un período en el que la humanidad estaba necesitada de una síntesis equilibrada de libertades materiales y espirituales. En un período en que el progreso material del hombre todavía era incipiente, el Islam anticipó raudos desarrollos futuros en la esfera material, lo que requería de la guía Divina para seguir el camino recto y para aspirar al futuro desarrollo de la sociedad y política humanas. Esto es también en el sentido de que el Islam asegura la guía eterna, ya que mantiene de paso todas las libertades pasadas logradas por el hombre y sienta las bases de un plan para la evolución futura.

En ese período, la mente del hombre era incapaz de aprovecharse de las infinitas posibilidades futuras de la creatividad humana, ya que todavía no se habían desarrollado los medios intelectuales y empíricos del inadvertido futuro. El Corán, la última de las revelaciones Divinas, incluyó los principios orientadores hacia la inducción científica, como así también un código de moral que bastó para el desarrollo socio-político y económico del hombre, asegurando la máxima libertad de acción humana en todas las esferas de la búsqueda multilateral del hombre por la libertad. La declaración del Corán de que Allah ha completado el Din (camino del Islam) y ha conferido al hombre la mejor de Sus recompensas, indica el hecho de que a través del Islam el hombre consiguió el máximo potencial para obtener su libertad.

A fin de tener una opinión comprensiva de la libertad otorgada al hombre por el Islam, uno debe entender la concepción islámica de la libertad conjuntamente con todas sus implicaciones y consecuencias prácticas relacionadas a la sociedad humana, al estado, y a la actividad económica, tanto en los aspectos individuales como en los colectivos.

La libertad puede ser entendida de dos maneras: teóricamente, desde un punto de vista ontológico, y prácticamente, desde el ángulo social. Esta división es por motivos de estudio, pues en realidad el segundo aspecto lógicamente sucede al primero.

Como se señaló anteriormente con referencia a Iqbal, el instinto de libertad es inherente a la naturaleza del hombre. Puede ser denominado un regalo o un destello de luz, pero yo preferiría remitirme a lo expresado por Ibn ‘Arabi a este respecto, quien dijo que nada fue impuesto sobre el hombre desde afuera: “Lo que el ‘ayn (esencia) de uno requirió de Allah le fue conferido”. En estos términos, la libertad fue conferida al hombre no como un regalo, sino que la recibió a través de su propia capacidad. Por tomar prestado una frase filosófica contemporánea, la libertad está en la esencia del hombre y su existencia está basada en la libertad. Puede considerarse que esta opinión está en conformidad con el Corán, en el cual un gran número de versículos aluden a la libertad humana tanto en voluntad como en acción.

El Corán además admite la existencia de diversos grados de libertad en los seres humanos; o sea que todos los hombres no son igualmente capaces de poseer o ejercitar la libertad. Ello significa que se le da libertad a cada hombre en proporción a su habilidad para recibirla. La doctrina de Mulla Hadi Sabzawari sobre “el ser graduado”, puede ser interpretada de la siguiente manera: Cada clase de ser tiene su correspondiente habilidad para la libertad. Los hombres difieren unos de otros en relación con su capacidad para la libertad. Los seres más débiles tienen un instinto más desmedrado por la libertad, en tanto que los más fuertes tienen un instinto más vigoroso hacia ella. Es a causa de esta diferencia que lo que es obligatorio para los individuos superiores tales como los profetas, imames, awliiá, ‘urafa’, no se espera que lo sea para los hombres ordinarios.

«Allah no impone a ningún ser una carga superior a sus fuerzas...»
(Corán; 2:286).

Este principio se aplica a diferentes individuos en diferentes niveles. La obligación (taklif) implica la capacidad de cumplirla, siempre que un hombre pueda hacerse responsable de ella. Todos los mandatos y prohibiciones Divinas suponen que el hombre tiene la capacidad de seguirlas y que algunos de ellos deben obedecer, mientras que otros no. La posibilidad de obedecer o desobedecer se origina fuera de la libertad humana. Como cada uno actúa de acuerdo con su propia voluntad, sin ninguna coacción desde afuera, él está expuesto a recompensas o castigos de acuerdo con sus obras. Nosotros debemos aceptar que Allah nunca impuso una naturaleza fija ni predeterminada sobre ningún individuo, y es el hombre mismo el que elige y moldea su propio carácter y por consiguiente su destino, con completa libertad. El Sagrado Corán es bastante explícito a este respecto. Sin la libertad de elección y acción del hombre nunca podría haber surgido la cuestión de la recompensa y el castigo; por otra parte, eso habría significado arbitrariedad, es decir, injusticia por parte de Allah.

En este contexto, todas las controversias en “kalam” parecen ser inútiles e irrelevantes. La doctrina de completa libertad de los Qadaritas (sostenedores del Tafwid) y Mu’tazilitas también ignora la relatividad de esa libertad en relación a los diferentes individuos. La teoría de los Yabritas (sostenedores del Yabr) sobre el determinismo va en contra de las enseñanzas islámicas y se pueden comprender a la luz de las conveniencias socio-políticas de la época. Iqbal ha analizado y explicado correctamente las razones que condujeron al rechazo de la libertad humana:

El materialismo práctico de los gobernantes oportunistas Omeyas de Damasco necesitaba un chivo expiatorio a quien endilgar sus delitos en Karbalá, y proteger los logros de la revuelta de Mu’awiia de las posibilidades de una rebelión popular. Se narra que Ma’bad dijo a Hasan Al-Basri que los Omeyas asesinaron a los Musulmanes, y atribuyeron sus actos a los decretos de Allah. “Estos enemigos de Allah”, respondió Hasan, “son unos mentirosos”. Así se originó, a pesar de las protestas abiertas de los estudiosos musulmanes, un fatalismo moralmente degradante, y la teoría constitucional conocida como “la realidad consumada ”, a fin de apoyar intereses establecidos y consumados. Estaría fuera de lugar examinar aquí en detalle el tema de yabr y qadar (determinismo y libertad absoluta). La libertad absoluta pertenece sólo a Allah, y El le ha otorgado este poder al hombre en diversos grados de acuerdo con las capacidades individuales humanas. Es en este sentido que la libertad absoluta fue llamada, por el Imam Ya’far As-Sadiq (r.a) y el Imam Ali Ar-Rida (r.a), como tafwid, es decir, libertad delegada. Cuando se le pidió al Imam Ali (r.a) que explicara la diferencia entre qada’ (yabr) y qadar (tafwid), dijo: “El primero significa obediencia a los Mandatos de Allah y abstinencia del error; el segundo, la capacidad de vivir una vida sagrada y hacer aquello que lo lleva a uno más cerca de Allah... No decir que el hombre está compelido, ya que ello es atribuir tiranía a Allah”. El Imam Ya’far As-Sadiq (r.a) hizo la observación: “La doctrina de Yabr (determinismo) convierte a Dios en un Señor injusto”. No obstante, estas narraciones no pueden ser interpretadas como defensoras de la absoluta libertad para el hombre. Los últimos estudios científicos del problema de la libertad, tanto en los términos metafísicos como en los políticos o sociales, llegan a la conclusión de que la libertad es siempre relativa. Ninguna sociedad o estado puede dar una libertad absoluta al hombre a fin de asegurar la armonía y el respeto recíproco de todos los miembros. Este respeto mutuo impone ciertos deberes sobre el hombre los cuales abogan por otorgar la misma libertad a todos.

El dicho del Imam Ya’far As-Sadiq (r.a): “No hay ni yabr ni qadar o tafwid, sino una situación intermedia entre los dos”, puede ser interpretado tanto metafísica como socialmente. Metafísicamente, o más bien, teológicamente, significa que la libertad absoluta es sólo de Allah; al hombre sólo se le otorgó una libertad limitada.

Social y políticamente la libertad está delimitada por deberes, y no es completa o absoluta. El Imam ‘Ali ibn Musa Ar-Rida (r.a) resume el tema en las siguientes palabras: “Tú eres libre de tomar uno u otro camino,... pero el hombre no tiene la capacidad de transformar lo malo en bueno, o los errores en virtud”. De este modo podemos concluir que el hombre es libre, pero su propia libertad requiere de él cumplir con ciertas obligaciones hacia él mismo, hacia sus semejantes, y, por último, hacia Allah. La libertad no tiene sentido si uno no cumple con estas obligaciones. Los derechos humanos en su totalidad llegan a ser tales cuando el ser humano ejercita su libertad para asumir los deberes que se espera que realice para su Creador, sus semejantes y su propio ser.

No obstante, cualquiera sea el grado y la medida de la libertad concedida al hombre, él es libre y, consecuentemente, responsable de sus actos. La tentativa de los Omeyas de justificar el fatalismo, como lo describió Iqbal, fue una atrocidad contra el Islam y las enseñanzas del Corán. Todas las formas de gobierno y sociedad que niegan la libertad de los individuos representan una violación aberrante del Islam.

Las siguientes son posibilidades de la libertad humana:

1- Cada hombre puede realizar un acto que él determine y opte por hacer.

2- Cada hombre que realiza un acto puede realizar lo opuesto también.

3- Cada hombre que se ve obligado a realizar un cierto acto se le concede el poder de hacerlo.

4- Incluso a aquellos que no obedecen el mandato Divino se les concede el poder para hacerlo, y también son libres de hacer o no lo que se les ordena.

El lado práctico de la libertad concierne tanto a los deberes individuales como sociales del hombre. Cada deber requiere como condición previa la libertad y el poder para cumplirlo, lo cual se denomina “derecho” en términos legales. Así como el derecho a tener la libertad y el poder de realizar actos deseados se llama derecho natural, la libertad y el poder para realizar deberes sociales se llama derecho civil, la libertad para actuar en relación al Estado se llama derecho político, y la libertad para defender los propios derechos en las cortes se llama derecho legal. El derecho está basado en la libertad, ya que él apela a que los hombres cumplan con ciertos deberes. Los derechos no tienen sentido sin la libertad y la libertad sigue siendo un concepto vacío sin el derecho a actuar dentro de un sistema. La libertad adopta un significado determinado en cada ideología de acuerdo a su concepción y práctica de los derechos humanos.

Traducción de Sumaia Younes

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