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Entrevista a Robert Fisk

Bin Laden logró que dejáramos de creer que el mundo podía ser un lugar mejor

20/06/2006 - Autor: Agencias - Fuente: El Nacional
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Robert Fisk
Robert Fisk

El corresponsal británico más condecorado y conocido del mundo tiene una peculiar risa nerviosa. Cabe pensar que se trata de la risa de quienes saben que también la guerra tiene algo de realidad virtual. Quizá esto haya que explicarlo un poco. Por 23 años, Fisk ha vivido en el Medio Oriente desde donde ha reportado la guerra en su mayor crudeza, pero donde también ha visto a los gobiernos de los países en conflicto tergiversar la información para sus propios fines. Durante mucho tiempo, ha advertido sobre las masacres perpetradas por las fuerzas invasoras en Irak criticando a la vez la connivencia pasiva de los grandes medios de información con los gobiernos estadounidense y británico. Un tanto tardíamente, la historia le ha dado de nuevo la razón cuando hace pocos días el Primer Ministro de Irak Nuri Kamal al-Maliki denunció la violencia cotidiana de las tropas de ocupación contra los civiles y dijo que los invasores no respetan al pueblo iraquí.

-Después de tres años de ocupación por las fuerzas de la coalición comandada por Estados Unidos y Gran Bretaña, son muy escasos los avances hacia la paz. ¿Qué podemos esperar?

-Más bombardeos suicidas, más ataques contra los estadounidenses. La situación iraquí es mucho peor de lo que la gente piensa.. Desde Mosul, en el norte, hasta abajo, en Basora, el país está en un estado de anarquía armada. El país está en pánico. Para dar un ejemplo, en julio de 2005 la cifra de muertos en Bagdad fue 1200. En agosto fui a la ciudad donde conozco a muchas personas. Conté los cadáveres. 9 a las nueve de la mañana, 26 a las 12 del mediodía. Muchos habían sido torturados y ejecutados. ¿Qué vi? Hombres con tiros de gracia en la espalda, mujeres descuartizadas y niños con tiros en la cabeza. Las fuerzas de ocupación habían roto todas las reglas. Los estadounidenses y los británicos le dijeron al ministerio de salud que no le proporcionara los números de la víctimas de guarra a la prensa. El conteo oficial por muertes violentas del gobierno iraquí en julio de 2005 fue 52000. Eso es más de 50000 al año. Hay conclusiones que sacar. Ja, ja, ja… Bush dijo que eran 30 mil muertos “más o menos” refiriéndose al total de la guerra. “Más o menos”. Es decir, probablemente más: al menos 150.000 en menos tres años.

-¿Es la guerra civil una realidad actual en Irak?

-Algunos quieren que haya guerra civil.

-¿Quién quiere una guerra civil? ¿Quién se beneficia del caos?

-There you go! Los escuadrones de la muerte.

-¿Está usted sugiriendo que Estados Unidos quiere una guerra civil en Irak?

-No sé quién puede estar detrás de la idea de una guerra civil. Cada vez que voy a Irak trató de averiguarlo. Pero puedo decir que hay una institución que administra las fuerzas de seguridad que tortura personas y organiza los escuadrones de la muerte para asesinar selectivamente. ¿Quién les paga y los entrena? ¿Y para qué? Son entrenados y armados por los estadounidenses. Muchos visten de policías. ¿Quiénes son? La cobertura de la prensa internacional habla de facciones chiítas contra sunitas. Como siempre, culpamos a los iraquíes. Decimos que los iraquíes están provocando una guerra civil contra las “fuerzas de liberación”. Eso es basura. Lo único que puedo decir, como reportero, es que esto no tiene ningún sentido para mí. Algo está mal porque la historia no está siendo contada tal cual es. No me preguntes cómo es porque todavía estoy tratando de averiguarlo.

-¿Y para qué?

-Para renunciar a la idea de una identidad nacional y crear la noción de identidades separadas. Si vas a Irak y le preguntas a alguien en la calle de dónde es, va a decir que es iraquí. El primer comentario que escuché sobre la llamada “guerra civil” en Irak fue hecho por el vocero de la autoridad de ocupación en agosto de 2003. Yo estaba presente y me pregunté: “¿por qué estará hablando de guerra civil si nadie está pensando que aquí hay una guerra civil?” Si los periodistas habláramos de guerra civil con la misma ligereza nos llamarían irresponsables.

-¿Qué cree usted que hay atrás de toda la parafernalia de la guerra? A usted le gusta ironizar con una frase usada por un imperialista británico: “Venimos a liberarlos, no a conquistarlos”.

-Esa frase la usó un enviado británico en la zona. El año: 1917. Siempre hablamos de un ejército que viene a liberar a los árabes. Siempre usamos la narrativa de la liberación. Napoleón cuando fue a conquistar Egipto, a fines del siglo XVIII, le envió un manifiesto al pueblo del Cairo diciéndoles que él iba a liberarlos. Los franceses cuando invadieron Argelia dijeron que ellos llevaban la civilización y la libertad al pueblo argelino. Lo mismo dijeron los británicos a principios del siglo XX y lo repiten ahora, menos de 100 años después, a coro con los estadounidenses en el actual Irak. “Nosotros venimos a liberarlos” es una vieja canción. La libertad es nuestro regalo. Pero nunca se habla de llevar justicia. Si vas a crear un país tienes que construirlo sobre el fundamento de la justicia, no sobre pilares de arena. Pero justicia es una palabra que Bush y Blair nunca usan. De pronto la pueden usar hablando de los palestinos, pero nunca de los iraquíes. No uso Internet ni correo electrónico, pero poseo un archivo sobre la guerra bastante completo y he buscado en él referencias a la justicia por parte de Blair y Bush y la única referencia que hallé fue a una campaña militar llamada “Justicia Eterna”. Y justicia es justamente lo que los árabes quieren.

-¿Cree usted que el fondo hay algo más que intereses económicos implicados en esta guerra? Me refiero a antagonismos religioso o diferentes visiones de ver el mundo: una secular occidental y la otra islámica e integrista. ¿Choque de civilizaciones?

-Escucha: hay cualquier cantidad de explicaciones historicistas que son pura mierda. Lo que hay es cicatrices históricas. Puedes meterles una barra de metal para abrirlas como si tuvieras una herida ya sanada en el talón y yo vengo con una navaja a jurungártela. Te va a doler, tanto como solía hacerlo al principio, ¿no? Si vas hoy a Belfast puede ver que los católicos y los protestantes conviven sin problemas, pero si jurungas sus heridas verás un resurgir de la violencia. No sé pueden liberar los fantasmas de los muertos sin consecuencias. Ahí está el caso de Yugoslavia. Cuando el mariscal Tito llegó puso en el congelador las diferencias étnicas y religiosas que se disputaban en la guerra civil, pero cuando él murió el congelador se recalentó y todos los muertos salieron. ¿No es correcto?

-Usted no cree entonces que el Islam es una religión esencialmente violenta.

-Para nada es una religión violenta. Si lees el Hadith, que reúne los Proverbios del Profeta, encontrarás todos los argumentos necesarios para convencerte de ir a una misión suicida en nombre de Alá. Pero lo mismo sucede con el Viejo Testamento. Está lleno de destrucción, asesinatos de niños, odio en nombre de la pureza religiosa o la limpieza étnica. Lo que quiero decir es que siempre podrás encontrar entre tus congéneres provocaciones para ir a la guerra y justificarlas a través de todos los libros religiosos, incluso en los Hadith de Mahoma, si es que fue él quien realmente los escribió.

-Por supuesto que usted no puede decir eso en el Líbano donde vive actualmente porque sería una herejía.

-Oh, si puedo. Lo puedo decir entre los católicos y los chíitas. Lo que no puedo decir es que la guerra se debe a motivos religiosos. El problema con los conflictos religiosos es el interés económico implicado en ellos. Mira: El ex presidente Al Hawri del Líbano antes de terminar su mandato propuso la aprobación del matrimonio civil. En otras palabras, en aquel entonces si te querías casar debías hacerlo en una iglesia o en una mezquita. ¿Qué pasó? Los cardenales y los imanes se pusieron de acuerdo para oponerse a cualquier sanción de ley. La razón es que ellos hacen dinero a través de las bodas y mucho más todavía con los divorcios. De pronto tenías a dos comunidades separadas que se ponían de acuerdo como hermanos para conjurar el matrimonio civil. La razón que las unió no fue otra que el dinero. Así se puede ver que, en efecto, hay intereses ocultos en la religión.

-¿Pudo usted vislumbrar que algo semejante al 11 de septiembre sucedería?

-Si. Mientras escribía The Great War of Civilisation: The Conquest of the Middle East, mi asistente encontró un documental que hice para Discovery en 1993 con el título “De Kosovo a Palestina”. En un episodio me encontraba en Bosnia, en el pueblo de Sela, y me hallé de pronto frente a una mezquita en llamas. Mientras caminaba hacia ella el audio registró las siguientes palabras: “Cuando los musulmanes reaccionan violentamente los llamamos terroristas. Cuando veo cosas así me pregunto que nos ha hecho a nosotros el mundo musulmán. Quizás de ahora en adelante debería concluir cada uno de mis reportajes con una palabra: ¡Cuidado!”. El New York Times reseñó el documental llamándolo sensacionalista. En 1999, durante una entrevista, dije que venía una gran explosión. Yo no sabía que sería Al Qaeda, pero la última vez que estuve con Osama bin Laden en Afganistán me dijo: “Rezo a Alá para que me deje ver a los Estados Unidos hundirse en su sombra”. En mi libreta anoté: “¿Será una declaración retórica?”. No lo era.
-Según usted lo que había hecho Osama bin Laden había sido “poner a los inocentes en contra de los inocentes”.

-Cuando tu o cualquiera se monta en un autobús o en un avión nos infectamos de paranoia. En términos políticos ya no sentimos que podemos vivir seguros y tranquilos.

-Si ahora vivimos con el miedo.

-Pero ese no es el objetivo de Osama bin Laden, sino de Blair y Bush. Lo que logró bin Laden fue que dejáramos de creer en nosotros. Yo crecí creyendo que todo estaba mejorando.Y para mí, que vi las ruinas de Londres y la miseria de Francia, la situación del mundo, a pesar de los retrocesos en algunos lugares, debía y tenía que mejorar. Pero ahora no sé que va a pasar mañana. Miento. Como persona adulta que soy creo que las cosas van a mejorar, pero en realidad no sé qué va a pasar mañana. Bin Laden nos hizo que dejáramos de creer en nuestra posibilidad de mejorar; Bush nos dio el miedo.

-En efecto, ahora vivimos en un Estado de Sospecha Permanente.

-Si, exactamente.

-Los Talibanes están volviendo a la escena en Afganistán de un modo beligerante.

-¿Volviendo? ¿Como van a volver si nunca se han ido? Incluso hay un Talibán en la coalición gobernante. Así que, ¿por qué seguir hablando en estos términos occidentales? Los Talibanes son afganos, no son extraterrestres. Mi respuesta a tu pregunta es que los Talibanes han estado resurgiendo desde hace 100 años o quizás más.

-Finalmente, ¿qué cree usted que puede pasar con Irán? La situación no pinta nada bien allá.

-Irán no ha hecho nada ilegal. Escúchame bien. Hay un estado islámico extremista que está lleno de simpatizantes de los talibanes y de Al Qaeda, que posee armas nucleares y es llamado Pakistán, no Irán. Ese es el peligro real. Esa es la verdadera historia, pero nosotros nos empeñamos en hablar de Irán porque el agradable general Musharraf es un aliado de Estados Unidos y Gran Bretaña, pero Pakistán es el verdadero Estado peligroso, de donde vienen los científicos nucleares que venden conocimientos y tecnología en Irán y Libia. Pensamos que Pakistán es un país “leal”, pero en realidad ese país está posado sobre un terremoto. ¿Y nos preocupamos por Irán? Es ridículo.

-¿Cómo cree usted que hay que lidiar con este problema?

-En un mundo perfecto hablaríamos de justicia. Nosotros los Occidentales creemos en los derechos humanos, creemos en Amnistía Internacional y la ONU, pero si vas a cualquier sociedad que ha sido destruida, sea el Chile de los desaparecidos, la Palestina de los territorios ocupados o el Irak invadido de nuestros días, te darás cuenta de que lo que pide la gente de esos países es justicia. Quieren tener derechos y que se reconozca lo que ha pasado. Quieren que les digan, bueno, nosotros arrasamos con este pueblo y lo lamentamos. Pero no lo van a decir. Cuando se reconozca que la gente quiere justicia y no la democracia que ofrecen los supuestos libertadores, entonces el tema de las armas nucleares perderá importancia. En 1798 los irlandeses se levantaron contra los ingleses, con tubos y espadas. Los irlandeses fueron liquidados. Esos tubos y espadas que eran entonces considerados armas terroristas cuelgan ahora en los bares irlandeses. En la guerra civil inglesa se combatió con espadas que ahora cuelgan en los pubs ingleses. Estas armas ya no tienen sentido, son piezas de museo porque nadie las usaría. No digo que un día vamos a ver colgar las armas atómicas en los bares, sino que una vez que el propósito que hizo de estos instrumentos armas desaparece las armas mismas ya no tienen sentido.

“El periodismo debe formular las preguntas que desafíen el poder”

Fisk no tiene correo electrónico ni revisa Internet. Cuando sus colegas corresponsales lo llaman a las nueve de la mañana al Líbano para preguntarle si ya vio CNN y reviso los diarios, él se ríe. “A las nueve ya he hecho un par de entrevistas y me encuentro escribiendo. O bien leyendo un buen libro”. Aunque Internet ese invento que ha vuelto a las bibliotecas lugares más obsoletos de lo que ya eran, Fisk prefiere investigar a la vieja usanza: en archivos entre papeles y polillas. es poco dado a los consejos y fórmulas para enfrentar el mundo. Sin embargo, recomienda que cualquier aspirante a periodista lleve en un bolsillo del pantalón una libreta de notas y en el otro un libro de historia.

-En su charla usted dijo que el modelo de periodismo estadounidense estaba exhausto.

-Bueno, a mi me dijeron originalmente que el periodismo americano se basaba en la premisa de contar las cosas tal cual eran, cómo es la situación, en qué consiste y en decir sin rodeos quien era el malo de la película. Ahora los periodistas estadounidenses esperan a que el gobierno les informe quién es el malo de la película. Eso los lleva a desarrollar un reporteo apegado a la narrativa trazada por el gobierno: terrorismo, armas de destrucción masiva, etcétera. Eso sucede con el periodismo de los grandes medios con honrosas excepciones como Seymour Hirsch. Pero, ¿dónde están los periodistas que sacaron a la luz los papeles de Vietnam?

-¿Qué tal Jon Lee Anderson?

-Y John Burns. Están bien. Pero, son excepciones. Si a ver vamos, el periodismo estadounidense está hoy desvertebrado. A menos claro que suceda, como en la actualidad, que los numeritos de popularidad del presidente se van al suelo. Es muy fácil convertirse en un lobo cuando el presidente cuenta con una aprobación de solo 30%. Pero cuando estaba en el tope todos lo apoyaban. Fíjate en el New York Times. Ellos apoyaron la basura de la tesis de las armas de destrucción masiva. Yo estaba en la Organización de Naciones Unidas el 5 de febrero de 2003, cuando Colin Powell hizo su famoso alegato contra las armas de destrucción masiva de Irak. El problema es que el periodismo se basa en hechos y necesita pruebas. Esa noche di una charla en Harvard y me preguntaron mi opinión. Dije que no le creía y al día siguiente lo volví a decir en la primera plana de mi periódico, el Independent.

-Eso se debe a que su opinión tiene gran peso.

-¡No! Se debe a que observé los ejemplos que él ofrecía y sus ilustraciones. Cualquier científico de bata blanca podría haber dicho: “¡por favor, esto es un embuste!”. Al día siguiente, mis colegas estadounidenses estaban muy molestos por haber ido en contra de una presentación “tan valiente”.

-¿Estaban heridos en el sentimiento nacional?

-¡No! Estaban heridos porque yo no había seguido la línea de Washington, sino que había ido en contra. Los periodistas se sienten felices cuando todo el mundo cuenta la misma historia. Esto no importa cuando todos aciertan, pero hay veces que todos se equivocan y ahí si hay que preocuparse.

-¿Cuál es el desafío para el periodismo de hoy?

-Desafiar la autoridad. Recuerdo que el periodista estadounidense Amir Ahass dice que la misión central del periodismo es desafiar al poder, especialmente cuando va a la guerra, especialmente cuando va a matar gente y especialmente cuando va a usar vidas civiles para sus propósitos. Ese es nuestro trabajo y no lo estamos haciendo.

-¿Qué tal si el periodista no está en una situación tan extrema, sino en un ambiente de conflicto pero cotidiano?

-La gente que tiene poder lo usa para lo que quiere o para lo que piensa que debe o tiene que hacer. El papel del periodismo es cuestionar cómo ese poder es usado, sea yendo a la guerra o sea aprobando una nueva ley de impuestos. Hay que formular preguntas que desafíen el poder porque si no, el poder no te dará las respuestas. Si se trata de un gobierno, dirá: “por cierto, sobre ese asunto no te preocupes. Nosotros nos encargaremos. Muchas gracias”.

-Usted sostiene que el periodismo tiene que recuperar la pasión y el compromiso con la víctimas.

-Claro, de eso es lo que tenemos que escribir. Si fueras un corresponsal cubriendo el tráfico de esclavos en el siglo XVIII, no le vas a dar 50% del espacio de tu historia al capitán del barco esclavista. Te vas a dedicar a las víctimas. Lo mismo pasaría en un campo de concentración alemán que acabara de ser liberado. No vas a darle 50% a los al vocero de la SS y 50% a los presos. Cuando yo cubrí el atentado terrorista contra una pizzería en Jerusalén, en agosto de 2001, donde murieron varios niños, no le di el espacio al vocero de la Jihad islámica, sino a las víctimas. Eso es lo que no está haciendo el periodismo en Irak. Sabemos que todos los días vuela gente en pedazos, pero el gobierno estadounidense dice que las cosas están mejorando. Hubo un general estadounidense que dijo: “Las cosas están mejorando en Irak y si se ven peor es solo porque están mejorando y los insurgentes están tratando de hacerla lucir peor. De modo que mientras más desesperados estén los insurgentes significa que las cosas están mejorando”.

-Es un buen trabalenguas.

-Significa que mientras más gente esté muriendo será mejor porque los estadounidenses estarán ganando la guerra.

-Los periodistas estructuran su información de acuerdo con una serie de preguntas esenciales: las llamadas cinco W. Para usted, la más importante es Why, es decir, el porqué de las cosas.

-Cuando enfrentamos un enemigo…Si planteamos nuestras preguntas en una doble dirección abrimos caminos peligrosos: ¿Hay algo equivocado en lo que hacemos? ¿Hemos hecho algo mal en algún lado? ¿Por qué? Interrogarse sobre el por qué y descubrir la responsabilidad de nuestra parte no equivale a justificar bombardeos suicidas o que estrellen aviones contra edificios como el 11 de septiembre de 2001. Pero mientras no nos preguntemos por qué suceden estas cosas no seremos capaces de evitarlas. El siete de julio del año pasado, día de los atentados en metro de Londres, yo iba dos trenes adelante del tren que explotó. Esto es más o menos a 400 metros de distancia de la explosión. ¿Tu puedes creer que yo quiero ese tipo de vida? Pero no me queda más remedio que vivir con ella hasta el día en que pueda responder el porqué y lidiar con el problema. Como ya te dije, creo que la lucha de civilizaciones es una tontería, la verdad es que en el Medio Oriente ha habido una injusticia masiva por 80 años o más.

-Pero no podemos achacarle a Occidente toda la culpa de esa injusticia.

-Podemos en gran medida. Cada vez que doy una conferencia y digo que me sorprende lo contenidos que han estado los musulmanes hacia Occidente en los últimos treinta años, he visto entre el público la misma reacción de incomodidad. Obviamente, este no es un mensaje que caiga muy bien en Nueva York.

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