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De la Esencia (adh-dhât)

14/06/2006 - Autor: Abd al Karim al Yili - Fuente: El Hombre universal
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esencia(1)
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Sabe que por "esencia" (adh-dhât) se entiende, de manera general, aquello a lo cual los nombres (al-asmâ) y las cualidades (aç-çîfât) se vinculan por su principio (fî ‘aynihâ), y no por su existencia contingente (fî wujûdihâ). Todo nombre y toda cualidad se une a una realidad subyacente, que es su esencia…

En cuanto a la existencia (al-wujûd) (1), implica dos grados: es el Ser puro, en tanto que Esencia del Creador (al-bâril), o bien la existencia alcanzada de la nada, en tanto que esencia relativa de las criaturas.

Por "Esencia de Dios" (dâth Allâh) -¡exaltado sea!- se entiende a Dios mismo, es decir, Aquello por lo cual Él es; en efecto, Dios subsiste por Sí mismo, y a esta Aseidad (al-huwiyah) divina pertenecen esencialmente los Nombres de perfección y las Cualidades universales. Concíbese entonces la Esencia a través de toda forma ideal que lógicamente se deriva de uno de los significados implícitos en Ella; entiendo por ello que toda propiedad que resulta de uno de Sus atributos Le pertenece realmente; a la Esencia -a su Ser- se refiere todo nombre que implique una idea de perfección (kamâl); ahora bien, la suma de las perfecciones implica su infinidad, y en consecuencia la imposibilidad de alcanzarla mediante la inteligencia, de donde resulta, por una parte, que Ella es incognoscible, y, por otra, que puede ser conocida, ya que es imposible ignorarla:

¿Acaso lo he aprendido todo, global e indistintamente,
De Tu Esencia, oh Tú, en Quien se unen las Cualidades?
¿O más bien Tu Faz es demasiado sublime como para que Su naturaleza pueda ser alcanzada?
Comprendo entonces que su Esencia no puede ser comprendida.
Lejos de Ti que alguien Te sondee, y lejos de Ti
Que alguien Te ignore, ¡oh perplejidad!

Sabe que la Esencia de Dios el Supremo es el misterio (ghayb) de la Unidad (al-ahadiyah) que todo símbolo expresa en un cierto aspecto, sin que en muchos otros pueda expresarlo. No se La concibe, pues, mediante alguna idea racional, así como tampoco se La comprende por ninguna ilusión (ishârah) convencional; pues no se comprende algo sino en virtud de una relación, que le asigna un lugar, o por una negación, luego por su contrario; ahora bien, no hay, en toda la existencia, ninguna relación que "sitúe" a la Esencia, ni ninguna asignación que se aplique a Ella, luego nada que pueda negarla y nada que Le sea contrario. Ella es, para el lenguaje, como si no existiera, y bajo este aspecto Ella escapa al entendimiento humano. Aquel que habla se queda mudo ante la Esencia divina, y quien se agita se queda inmóvil (2); quien ve es deslumbrado. Ella es demasiado noble para ser concebida por las inteligencias… demasiado elevada para que los pensamientos La alcancen. Su fondo primordial (kunh) no es captado por sentencia alguna de la ciencia, ni por silencio que La acalle; ningún límite, por fino e inconmensurable que sea, La contiene…

El pájaro santo (3) volaba en la ilimitada extensión de esta atmósfera vacía (4), exaltando a Dios por su totalidad (5) en el aire de la suprema esfera (6); entonces fue arrebatado fuera de las existencias (7) y atravesó los Nombres y las Cualidades (8) por realización (tahqîq) y visión directa (‘yân) (9). Después planeó alrededor del zenit de la no-existencia (al-‘adam) (10), tras haber atravesado las extensiones del devenir y de lo que precede a los tiempos (al-hudûth wa-l-qidam); entonces necesariamente encontró a Aquel cuya existencia (11) no está sujeta a la duda y cuya ausencia no está oculta. Y cuando quiso regresar al mundo creado, pidió que le fuera dado un signo de reconocimiento; y sobre su ala fue escrito: "En verdad, oh Tu, talismán (12), que no eres ni quididad ni nombre, ni sombra ni contorno, ni espíritu ni cuerpo, ni cualidad ni designación ni signo, a Ti pertenece la existencia y la no-existencia (al-wujûd wa-l-‘adam), y a Ti el devenir y lo que precede a los tiempos; Tú eres no-existente como Esencia, existente en Tu Persona (an-nafs) (13), conocido por Tu gracia, ausente según el género (14); Tú eres como si no hubieras creado más que metáforas, y como si Tú no fueras sino como por una manera de hablar; Tú eres la evidencia de Ti mismo por la espontaneidad de Tu lenguaje; Te acabo de encontrar Viviente, Conocedor, Queriente, Potente, Hablante, Oyente y Vidente (15); he abarcado la Belleza (al-jamâl) y he sido atravesado por la Majestad (al-jalâl); he sondeado por Ti mismo los modos de la infinidad (al-kamâl); en cuanto a la imagen de la que Tú eres modelo, afirmando la existencia de un otro aparte de Ti, ya no está, pues Tu Belleza resplandeciente es perfecta; ¿y a quién están dirigidas estas palabras? ¿a Ti ? ¿a Mí? ¡Oh, Tú, ausente allá, Te hemos encontrado aquí!" (16).

Después, fue escrito sobre el ala del pájaro verde con la pluma de tinta de azufre rojo (al-kibrît al-ahmar) (17): "En verdad, la Grandeza (al-‘azamah) es fuego, y la Ciencia (al-‘ilm) es agua, y la Fuerza (al-quwwah) es aire, y la Sabiduría (al-hikmah) es tierra (18), elementos por los cuales se realiza nuestra esencia única (al-lawhar al-fard) (19). Hay para esta esencia dos dimensiones, de las cuales la primera es el no-comienzo (al-aral) y la segunda el no-fin (al-abad), y dos designaciones: la primera es Dios (al-haqq) y la segunda la criatura (al-khalq), y dos atribuciones: la primera es la eternidad (al-qidam) y la segunda el devenir (al-hudûth), y dos nombres: el primero es el Señor (ar-rabb) y el segundo el servidor (al-‘abd). Ella tiene dos rostros: el primero es aparente (zâhir), es el mundo (ad-dunya), y el segundo es interior (bâtin), es el más allá (al-ukhrâ); tiene dos principios (hukm): el primero es la necesidad (al-wujûb) y el segundo la posibilidad (al-imkân) (20); y tiene dos aspectos o relaciones: según el primero, es ausente para sí misma y existente para lo que es otro que sí misma, y según el segundo es ausente para lo que es otro que sí misma y existente para sí misma (21). Hay de ella dos conocimientos (m’arifah); el primero concierne a su afirmación necesaria, y después a su negación; el segundo a su negación, y después a su afirmación necesaria (22). Su concepción implica un punto de error, pues hay en los símbolos desviaciones, y en las alusiones hay desviaciones de su sentido: sé prudente, oh pájaro, y guarda este escrito de los ojos de todos".

Y el pájaro no dejó de planear en estas esferas, viviendo en la muerte, imperecedero en la extinción; finalmente, desplegando sus alas, paseó su mirada, una y otra vez, pero no la vio salir de sí mismo, ni llegar a naturaleza alguna extraña a la suya; ya se sumergiera en el océano, ya alzara el vuelo, ya tropezara, se embriagara o deseara más y más, nada le hablaba y nada estaba ausente de él. "Perfección absoluta" es la expresión más real que puede aplicarse a sí mismo, pues no alcanza los límites de ninguna de sus cualidades; los Nombres de la Esencia y las Cualidades divinas le pertenecen en virtud de una asimilación real; no hay bridas que le dominen por la ley de la adecuación y la contradicción, cumple plenamente las posibilidades inherentes a sus cualidades, y sin embargo no hay nada que le pertenezca enteramente en su forma individual; posee toda la libertad para desenvolverse en su lugar y en su mundo, y al mismo tiempo está limitado por sus estaciones (23). Ve la perfección de su luna llena realmente en su alma, y a la vez es mentalmente incapaz de ello a causa del eclipse de su sol (24); ignora las cosas conociéndolas, y se desplaza sin moverse de su lugar; el mundo más íntimamente contenido en su conocimiento es aquel que menos puede probar (25); las gentes más alejadas de su ruta son los más próximos a él; su carta (harf) no se lee, y su significado no se comprende, no se alcanza…

Notas

(1). Al-wujûd significa a la vez existencia y Ser; al-wujûd al-mahd es "el Ser puro". La raíz WJD implica el sentido de "encontrar", lo que da en la forma pasiva "ser hallado", "existir"; indica pues la identidad principial entre el Ser y el Conocimiento.

(2). Es decir, que cesan sus operaciones mentales, pues éstas no asimilan la realidad de la Esencia.

(3). El Pájaro santo es el Espíritu que, permaneciendo en el hombre, trasciende la forma. "El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios" (san Pablo, I Cor., II, 10). "Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza" (Sabiduría, 7, 24).

(4). Vacía de las manifestaciones formales.

(5). Y no tan sólo por una facultad aislada.

(6). La esfera de la Unidad.

(7). Fuera de toda manifestación.

(8). Las distinciones inherentes a la Realidad principial, es decir, el Ser.

(9). Son los dos polos, "ontológico" e "intelectivo", del conocimiento total.

(10). La no-existencia (al-‘adam) metacósmica no debe ser confundida con la nada, pues está más allá de todas las condiciones, de las cuales la más general es la existencia. Al-‘adam puede significar también el No-Ser, luego lo que es absolutamente indeterminable, siendo precisamente el Ser la primera de todas las determinaciones posibles.

(11). O más bien cuya "realidad".

(12). Este discurso se dirige a Dios, con quien el Espíritu se identifica, lo que precisamente expresa la escritura en el ala.

(13). Es decir, que la Esencia está más allá de la existencia e incluso más allá del Ser en tanto que determinación; Ella es a la vez Ser y No-Ser, mientras que la Persona divina, que es descrita por las Cualidades perfectas, "existe", pues está enfrente de la manifestación. Se trata aquí de la misma distinción que la existente entre Brahma nirguna (Brahman no-cualificado) y Brahma saguna (Brahman cualificado) según la doctrina hindú. Debe comprenderse que la Esencia "posee" las Cualidades universales, pero que no puede ser "descrita" por ellas.

(14). Puesto que el género engloba siempre una multitud de elementos análogos, la Esencia única escapa necesariamente a toda definición genérica: "no hay divinidad si no es la Divinidad" (Lâ ilaha ill-Allâh).

(15). Son las conocidas como las siete cualidades de la Persona divina, que desempeñan un importante papel en las formulaciones más explícitas del credo islámico; según ‘Abd al-Karîm al-Jîlî, están simbolizadas por las siete letras que constituyen el nombre divino "El Clemente" (ar-rahmân), correspondiendo el alif a la Vida, el lam a la Ciencia (o Conocimiento), el râ a la Potencia, el hâ a la Voluntad, el mîm al Oído, el alif entre el mîm y el nûn -alif que nunca se escribe- a la Visión, y el nûn a la Palabra.

(16). Aquí se inserta una larga poesía que omitimos a causa de su lenguaje elíptico, pues exigiría muchos comentarios.

(17). El verde es el color del conocimiento, así como el del Profeta; los bienaventurados del Paraíso están vestidos de seda verde. El Profeta dijo de algunos de sus compañeros muertos en guerra santa que sus almas se encuentran en los cuellos de los pájaros verdes del Paraíso. El Azufre rojo es un símbolo alquímico del Espíritu en acto permanente.

(18). Los elementos representan aquí cualidades fácilmente discernibles en las realidades a las que se refieren.

(19). Al-jawhar al-fard, literalmente: "la joya singular", significa la esencia del ser; es también el Intelecto en tanto que une el ser individual con su principio eterno. Al-jawhar (del persa gawhar) designa una perla o una piedra preciosa, y en lenguaje filosófico la esencia o la substancia; el carácter incorruptible de la piedra preciosa simboliza la inmutabilidad de la esencia. Recuérdese la expresión búdica "joya en el loto" (mani padmê).

(20). Es decir, que en nuestra Esencia divina todos los contrastes o complementarios se unen. La necesidad y la posibilidad -o la realidad y la posibilidad- representan en un cierto sentido los dos polos ontológicos extremos. En la Esencia divina, lo posible (al-mumkin) es necesario (wajîb) porque tiene su "razón de ser" en la Esencia misma, mientras que lo "necesario" -o lo "real"- está en Ella contenido como posibilidad pura.

(21). Estas dos relaciones corresponden a los polos respectivos "objeto" y "sujeto", según el significado principial -y no solamente psicológico- que puede atribuirse a ambos términos.

(22). El modelo de ambos conocimientos es la fórmula fundamental del Islam: Lâ ilaha ill-Allâh ("no hay divinidad si no es La Divinidad"), fórmula cuya parte negativa, "no hay divinidad", y cuya parte positiva: "si no es La Divinidad", son lógicamente recíprocas.

(23). El espíritu del hombre que ha realizado la Unidad lo conoce todo en principio y globalmente, pero el aspecto individual de las cosas sigue como tal, es decir, fragmentario y dotado de una inagotable variedad. Ver a este respecto Du Soufisme, cap. "de l’Union".

(24). Visto del lado de la razón discursiva, el Espíritu supraformal es oscuro. Recordemos que san Dionisio Areopagita habla en un sentido análogo de una "oscuridad transluminosa". A la inversa, el mundo individual es tinieblas con respecto a la Luz del Espíritu.

(25). En la Unión, el espíritu conoce las cosas por sus esencias permanentes (al-a’yân ath-thâbitah), pero ignora sus aspectos efímeros, pues, en ese estado, el espíritu participa en cierto modo de la riqueza divina, que se basta a sí misma.

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