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Fascistas con nuevo ropaje

10/05/2006 - Autor: Jesús Curbelo García - Fuente: El Habanero
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El mundo debe conmemorar con júbilo el aniversario 61 de la victoria sobre el fascismo. La Segunda Guerra Mundial es el conflicto armado más importante que la humanidad ha conocido, costó la vida de alrededor del dos por ciento de la población mundial (unos 56 millones de personasen aquella época), la mayoría de ellas civiles.

La guerra resulta tristemente célebre por la suma de sufrimiento a la que se vio sometida la humanidad (deportación a campos de concentración y de trabajo, masacres masivas de población y de combatientes, el exterminio de judíos, homosexuales, eslavos, discapacitados, gitanos, entre otras categorías), además, por primera vez, la bomba atómica fue arrojada por Estados Unidos, las que explotaron con tres días de intervalo, en Hiroshima y Nagasaki.

La humanidad debe recordar lo que significó el dominio fascista sobre el mundo simplemente para sacar lecciones, que tan útiles y necesarias resultan en los momentos actuales, pues como nunca debemos seguir el mandato del Apóstol: "Andar en cuadro apretado" frente a la ferocidad imperial.

Aquella beligerancia, que llevó al mundo a conocer horrores que no habían sido vistos hasta entonces fue, sobre todo, un conflicto ideológico entre el fascismo, por un lado, y la democracia y el socialismo, por el otro.

La derrota de Hitler no fue sólo la del nazismo germano, sino la de la totalidad de los movimientos fascistas del continente europeo, que participaron en el conflicto alimentando las filas de las Waffen-SS, la parte del Ejército alemán más ideologizada, y colaborando voluntariamente con las fuerzas de ocupación en gran parte del continente europeo.

El principal mérito de la victoria sobre la Alemania nazi recae en la antigua Unión Soviética, que destruyó al 80 por ciento del ejército alemán en batallas épicas como la de Moscú, Stalingrado, Kursk, Bielorrusia o Berlín, aunque al precio de más de 20 millones de muertos, incluyendo a civiles.

En aquellas batallas se decidió el destino del mundo. La participación de EEUU y el Reino Unido fue secundaria y tuvo lugar fundamentalmente a partir del desembarco en Normandía de junio de 1944, en un momento en el que Alemania ya estaba derrotada tras perder a millones de sus efectivos y de toneladas de equipos y material bélico en suelo ruso.

La victoria de la Unión Soviética y Norteamérica, dos fuerzas que se mostraban contrarias al colonialismo europeo en el Tercer Mundo, aunque por distintas razones, abrió la puerta a la descolonización e independencia de las naciones de Asia y África, que comenzaron a afianzarse como una nueva fuerza a tener en cuenta en el panorama mundial.

La derrota del fascismo, trajo como uno de sus mejores frutos, la creación de la Organización de las Naciones Unidas, que sin ser un órgano perfecto, ha sido la tribuna y la más alta magistratura que ha tenido la humanidad y jugó un papel importante, especialmente para el mundo que surgía de las desechas cadenas coloniales. Estableció como principio la plena igualdad de todas las naciones, sin importar su tamaño ni su potencia y proclamó que todos los países tenían el derecho a su soberanía y autodeterminación

Eslabones fundamentales en este camino fueron la aparición de la India independiente, de la República Popular China, del Egipto de Nasser, la Revolución cubana en América y el surgimiento de nuevos estados transformó el mundo para siempre.

La derrota del nazismo permitió en Europa el desarrollo de las luchas sociales, que llevaron a un fortalecimiento de los derechos de los trabajadores a partir de los años cuarenta y la aparición de una creciente oposición de la población a las guerras imperialistas europeas, entre ellas las de Argelia, Indochina, Suez y más recientemente, la de Iraq.

Por otro lado, el fin del fascismo europeo supuso un golpe para las ideologías de tipo racista, lo que favoreció la llegada e integración de millones de trabajadores inmigrantes procedentes de diversas partes del mundo que eran necesarios para la reconstrucción del continente tras la guerra.

Esta llegada de millones de inmigrantes ha supuesto un enriquecimiento multicultural del viejo continente y un cambio fundamental en el rostro de Europa, que ha dejado de ser un continente blanco y cristiano para convertirse en una sociedad multirracial, multicultural y multirreligiosa, proceso éste que se debe acentuar en los próximos años.

Vencido, el fascismo no ha desaparecido su amenaza. El dramaturgo alemán Bertold Brecht advirtió que "el vientre que concibió a la bestia es aún fecundo." Hoy en día, algunas fuerzas de extrema derecha en Europa y América pugnan por aumentar su fuerza política y electoral utilizando como arma el racismo y la xenofobia, y muy en particular el odio al Islam.

Con diferente nombre y etiquetas, incluyendo la de "liberales", estas fuerzas son esencialmente las mismas que llevaron al mundo a las guerras mundiales y basan sus esperanzas en que los pueblos olvidarán las lecciones del pasado.

Frente a esto, es necesario recordar el desastre que supuso la guerra para millones de personas de todo el mundo y permanecer vigilantes ante el desarrollo de este nuevo fascismo. La humanidad no puede permitirse el lujo de vivir de nuevo un horror semejante al de la Segunda Guerra Mundial.

La actual administración norteamericana pisotea todos los preceptos del derecho internacional, que hacen del mundo un planeta habitable para todos. Las guerras preventivas de Afganistán e Iraq constituyen un verdadero genocidio. Pero la víctima mayor en el ámbito mundial es la ONU, a la que tenemos que seguir apoyando y trabajando por su democratización, de forma tal que pueda jugar realmente el papel para la que fue creada.

En este empeño tenebroso de implantar un régimen nazi fascista para el mundo, Bush tiene el camino más expedito que Hitler. Hay que cercar y detener al gigante de las siete leguas. Va en ello el futuro de los pueblos, la existencia misma de la raza humana.

El peligro del resurgimiento del fascismo resulta hoy también posible en EEUU, donde las fuerzas ultra conservadoras y de la Derecha Cristiana que apoyan a Bush (muy similares a las fuerzas fascistas europeas), están consiguiendo un poder cada vez más extenso en el país.

Los ataques sin precedentes de la Administración Bush contra las libertades y derechos democráticos en el país y los amplios poderes concedidos a las agencias de seguridad y espionaje ponen de manifiesto la existencia de un peligro real de que fuerzas hostiles a la democracia tomen en el poder.

La reacción del pueblo estadounidense y su amplia movilización contra la Administración Bush en las elecciones presidenciales de 2004, pasando por las manifestaciones estudiantiles en Francia, y más recientemente el movimiento de emigrantes durante primero de mayo, constituyen un motivo de esperanza. Demuestran que las fuerzas opuestas al fascismo en el mundo son conscientes del peligro y están dispuestas a reaccionar.

Para las personas que defienden un modelo democrático, libre y multicultural el aniversario 61 de la derrota del fascismo es motivo de celebración, desde luego, sin dejar de extraer las oportunas conclusiones.

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