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El Islam y el socialismo

03/05/2006 - Autor: Alex De Jong y Paul Mepschen - Fuente: Rebelión
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Tariq Ali
Tariq Ali

La siguiente entrevista con Tariq Ali fue conducida por Alex De Jong y Paul Mepschen, en el Simposio Ernest Mandel celebrado en Bruselas en Noviembre de 2005. Fue publicada en la edición de Marzo-Abril 2006 de la revista holandesa Grenzeloos (www.grenzeloos.org), y reproducida en International Viewpoint (www.internationalviewpoint.org).

Grenzeloos: Sin lugar a dudas, los hechos que más claramente han llamado la atención en Holanda con respecto al mundo islámico son el asesinato del cineasta Theo van Gogh y las amenazas recibidas por parte de la parlamentaria liberal Ayaan Hirsi Ali. Al igual que ésta, usted es no creyente y procede del mundo musulmán. ¿Se ha sentido alguna vez amenazado?

Tariq Ali: No, nunca. Viajo mucho, tanto al mundo musulmán como al resto del mundo, y hasta la fecha no me he sentido para nada amenazado. ¿Por qué? Sin lugar a dudas, ello se debe al hecho de que la gente que no está de acuerdo conmigo con respecto a la religión sabe que soy un enemigo del imperialismo. Critico el imperialismo, en todas sus dimensiones, de forma incesante, incluso en mayor medida que los creyentes. En cambio, Hirsi Ali y otra gente como ella, en Estados Unidos y en Europa, hacen de sus ataques al Islam una auténtica profesión de fe.

En el mundo hay otras muchas cuestiones importantes. ¿Por qué, pues, estas personas se concentran sin tregua en el Islam? De hecho, el modo en que atacan el Islam muestra que participan de prejuicios existentes. Y es por ello por lo que son odiadas. No hay excusa o justificación alguna para actos de violencia contra esta gente. Es necesario entablar una discusión con ellos. Pero estos actos violentos son un signo de desesperación: las gentes se sienten con la soga en el cuello hasta tal punto, que recurren a la violencia.

¿No cree usted que la violencia y las amenazas dirigidas hacia estas personas representan también una amenaza para todas las gentes de origen musulmán que no respetan las normas, como los no creyentes, las feministas o los homosexuales?

Cierto. Pero tienen ustedes que entender que la comunidad musulmana es muy diversa. La gente está muy desinformada con respecto al mundo musulmán. La imagen que se tiene de él nace, en buena medida, de las comunidades de inmigrantes en Europa, las cuales, además, son muy diferentes entre sí. La vida en el mundo musulmán no es monolítica: hay creyentes, no creyentes y también ateos.

Obviamente, el que los no creyentes puedan expresarse libremente o no es una cuestión aparte. A menudo no pueden, pero el hecho de que no puedan no significa que no existan. Tal y como ocurre aquí, la religión no es el elemento central de la vida de los musulmanes. La gente trabaja, come, hace el amor, construye familias. Algunos van a la mezquita; otros no. Exactamente igual que en otras partes del mundo. La diferencia radica solamente en el hecho de que, en ciertos países, está prohibido criticar el Islam. Pero éste no es el caso, por ejemplo, de Turquía. Y en otros países en los que antes era posible, hoy se ha hecho más difícil.

La religión está adquiriendo cada vez mayor importancia. Para los musulmanes jóvenes que viven en Occidente, el Islam constituye, en gran medida, una cuestión identitaria.

Así lo creo yo también. Se trata del resultado de distintos factores, pero, sobre todo, ello responde al vacío que genera el capitalismo actual: no hay alternativa real alguna. Mucha gente, musulmanes o no, lo siente así y se aferra a la religión. A lo largo de los últimos 20 o 30 años, gentes que no se habrían adscrito a ninguna religión particular se han aproximado al Islam, al Cristianismo, al Budismo, etc. ¿Por qué? Porque el capitalismo lo aplasta todo como una apisonadora, y los seres humanos necesitan hallar un refugio para sí mismos. Las gentes se aferran a la religión porque ya no ven ningún tipo de alternativa socioeconómica. Esta es la razón por la que, en las comunidades de inmigrantes, hay gente que concibe su identidad desde un punto de vista estrictamente religioso, y no creo que quepa esperar algo bueno procedente de esta realidad. Pero creo también que todo esto cambiará con las generaciones venideras. Hoy la gente no se muestra religiosa con la misma intensidad, y de hecho podemos observar ya distintas religiosidades de formas bien diversas. No creo que el retorno a la religión sea universal.

Uno de los rasgos de la caracterización de los musulmanes que predomina en la actualidad es el que los define como gente que sólo es capaz de actuar de forma acrítica y dogmática con respecto al Corán, mientras que otros creyentes –los cristianos, sobre todo- se consideran capaces de producir interpretaciones modernas de su libro sagrado.

Se trata de una representación que, si bien ha sido muy difundida, es a todas luces errónea. Esta es la razón por la que insisto en la diversidad del mundo musulmán. En Polonia, la Iglesia jugó en su día un papel muy significativo en la lucha contra el régimen estalinista. Dicho papel fue acogido en Occidente con gran entusiasmo. ¿Por qué juzgamos las cosas con esta doble vara de medir?

Mucha gente en el mundo musulmán considera cualquier ataque contra el Islam como algo inaceptable. Muchas personas, aun sin ser religiosas –y conozco a varias de éstas- dicen: “Sí, soy musulmán”. Esto es el resultado del hecho de que los Estados Unidos, en cierto sentido, hayan convertido el mero hecho de ser musulmán en algo inaceptable. Ustedes viven en un país, Holanda, en el que la religión ocupó una posición extremamente dominante. El fundamentalismo protestante es una de las peores formas de fundamentalismo. El fundamentalismo protestante, de origen inglés o neerlandés, fue el responsable de un auténtico genocidio en Norteamérica: exterminó a la población indígena en nombre del progreso. Esto es algo que los musulmanes todavía no han hecho.

Dondequiera que se observe este revival de las religiones del que habla –por parte de musulmanes en la Europa Occidental, por parte de los cristianos en los Estados Unidos, etc.-, se descubre también que representaciones de la sexualidad de tipo conservador juegan un papel importante.

Esto siempre ha sido así. Yo no creo que el capitalismo trate por todos los medios de que los seres humanos hagan representaciones conservadores de la sexualidad; pero sí pienso que el capitalismo quiere confinar a las personas en familias nucleares aisladas las unas con respecto a las otras. Y, cuando en este contexto, la religión ocupa un lugar central en la conformación de las identidades de las personas, entonces éstas tratan de diferenciarse con respecto a los demás, razón por la que se adhieren a ciertos códigos morales y toman posición en contra de la homosexualidad, a la vez que afirman que las mujeres poseen un valor inferior al suyo.

La cuestión de la sexualidad juega un papel central en la conformación de la identidad de cada persona. Los seres humanos buscan constantemente diferenciarse, y lo logran de forma muy sencilla en los preceptos religiosos.

¿Cree usted que el movimiento feminista en el mundo musulmán y en las sociedades musulmanas occidentales tiene futuro?

Por supuesto que sí. Por ejemplo, en Pakistán se desarrolló un eficaz movimiento contrario a la legislación islámica que se introdujo durante la dictadura, en 1977. En todo el país las mujeres se organizaron, se manifestaron y criticaron la Sharia. Asimismo, países como Egipto, Marruecos, Nigeria o Túnez han visto florecer movimientos feministas. Las autoridades estatales reaccionaron ante este reto, en unos casos, creando movimientos fundamentalistas –éste es el caso de Pakistán-; y, en otros, colaborando con ellos –así sucedió en Egipto-. A cambio de estas políticas conservadoras y hostiles hacia las mujeres por parte de las autoridades, los fundamentalistas se comprometieron a dejar de atacar el estado.

En Occidente, los movimientos feministas deberían explicitar posiciones claramente antiimperialistas. Sólo así será posible que, en el futuro, puedan ganarse a los jóvenes musulmanes para su causa. Por desgracia, en Occidente el feminismo ocupa un espacio reducido en tanto que corriente política.

En el marco de su insistencia acerca de las diferencias, habla usted, en El choque de fundamentalismos (Cruzadas, yihads y modernidad), de la existencia de un multiculturalismo oficial.

Sí, de ahí arranca la búsqueda de las diferencias. Cuando uno echa un vistazo a la realidad británica, se da cuenta de hasta qué punto la religión ha sido sostenida por parte del gobierno –sobre todo, por parte de Blair-. Incluso tras el 11 de Septiembre, la fundación de instituciones religiosas, que reúne, por ejemplo, a las escuelas religiosas, fue apoyada. Bajo el prisma del multiculturalismo oficial, las diferencias entre las personas son consideradas una buena cosa. En parte es así: la gente es diferente. Pero como socialista soy consciente también de lo difícil que resulta fraguar unidades. Y soy de la opinión de que, entre la gente joven, hay más puntos de convergencia que diferencias. En cualquier caso, soy optimista: en Europa, la importancia de las religiones como fuente de divisiones no durará mucho tiempo más: quizás 30 o 40 años.

¿Por qué?

Déjenme decirlo con ciertas dosis de cinismo: porque el capitalismo es ciego en lo que concierne al sexo, al color de la piel o a la religión. En la medida en que expande y extiende todas y cada una de las particularidades de los seres humanos, las va dejando de lado, las va desechando. Así ha ocurrido siempre.

¿Cree usted que la izquierda es capaz de mostrar que existe una alternativa?

En la actualidad la izquierda es muy débil. En lo que respecta a la izquierda radical soy poco optimista. No milito en el Respect británico. No estoy de acuerdo con ellos en varios puntos. De hecho, creo que el modo en que los acontecimientos van sucediéndose en Respect es totalmente oportunista. Por supuesto, soy partidario de trabajar con grupos musulmanes, pero creo que el objetivo de los socialistas debería ser atraer a simpatizantes de grupos religiosos a la causa del socialismo en lugar de dejarlos atrapados en sus intrincados puntos de vista.

Así, ¿debemos trabajar juntos en un sentido menos acrítico?

Claro. El modo en que Respect está actuando no conduce a parte alguna. Hemos de encontrar un terreno neutral que ofrezca un espacio para la discusión. No cebemos encubrir nuestro propio punto de vista escondiéndolo debajo de la manta. Varios de los grupos (musulmanes) con los que Respect ha colaborado tienen raíces muy conservadoras y reaccionarias. En los países de los que proceden, como Egipto o Indonesia, por ejemplo, siempre han sido los enemigos de la izquierda.

Este es uno de los problemas ante los que los antirracistas y los socialistas se encuentran. Por un lado, queremos extender la solidaridad para con minorías que sufren discriminaciones. Por el otro, hemos de mantener una posición crítica con respecto a las conservadoras formas de razonar que, en parte, predominan en el seno de tales minorías.
Para los socialistas la tarea es clara. Las comunidades musulmanas deben ser protegidas de la tendencia a convertirlas en chivos expiatorios, así como de la represión que sufren y de la representación de las mismas, ampliamente difundida, como comunidades próximas al terrorismo. Es preciso luchar enérgicamente en esta dirección. Pero, al mismo tiempo, debemos mantener los ojos bien abiertos afín de detectar el conservadurismo social que reina en el seno de estas comunidades y, en ningún caso, encubrirlo. Debemos tratar de atraer a estas gentes a nuestra causa.

Me gustaría poner un ejemplo de ello. El último capítulo de mi libro es una carta abierta a un joven musulmán. Casi un año después de haber escrito esta carta, recibí una respuesta de varios jóvenes musulmanes. Decían que mi carta hablaba de ellos porque hallaron en ella planteamientos que ellos mismos se habían formulado y habían discutido. Estaban sorprendidos de ser tomados tan en serio. El resultado fue que dos de ellos se unieron al Partido Socialista Escocés.

Nuestro objetivo debe ser fortalecer la posición de los más jóvenes, quienes están haciendo un giro hacia una perspectiva progresista y secular. Esto es algo muy importante. En las comunidades musulmanas pueden encontrarse muchas personas progresistas que, debido a la atmósfera que reina en dichas comunidades, no pueden afirmar sus posiciones abiertamente. Estas personas, las que poseen recursos que las habilitan para construir fuerzas seculares, deben recibir nuestro apoyo. Las mujeres jóvenes tienen aquí un importante papel que jugar.

Tenemos un largo camino que recorrer con estos grupos sociales si, a diferencia de lo que tiende a hacer la extrema izquierda francesa, no los ignoramos. De hecho, la extrema izquierda francesa constituye el reverso del oportunismo británico. Prácticamente no tiene contacto alguno con la comunidad musulmana, y no considera que tender puentes hacia ésta sea una prioridad. Ambas actitudes son erróneas: debemos, pues, encontrar un camino intermedio.

Tariq Ali, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es autor de un libro reimpreso recientemente Street Fighting Years (Años de lucha callejera) y, en colaboración con David Barsamian, Speaking of Empires & Resistance (Diálogo sobre Imperios y Resistencia).

Traducción para www.sinpermiso.info: David Casassas

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