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El sheij y las pruebas

02/05/2006 - Autor: Abdul Kadir Baba al Halveti al Yerrahi - Fuente: Jerrahi.org.ar
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pruebas
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Bismillah Al Rahman I Rahim

Muchos derviches me dicen que si bien entienden intelectualmente lo que se dice, muchas de estas cosas no les llegan al corazón, no toca sus sentimientos.
Evidentemente, el hombre se mueve por emociones, no por ideas. Ideas tenemos muchas, pero hasta que algo no nos conmociona, parece que no podemos actuar. Parece entonces, que nuestro actuar en el mundo depende de la emoción, no de los pensamientos.

¿Qué es lo que nos toca el corazón?

Lo que tiene un profundo significado para nosotros.

Una cosa, por ejemplo, es que una enfermedad grave le toque al vecino y otra cosa es que me toque a mí o a mis hijos. La enfermedad es la misma pero no tiene el mismo significado para mí, no me conmueve en la misma medida si le afecta a un vecino o a mí directamente; hasta le diría que tengo que hacer un esfuerzo para ponerme en el lugar del vecino.

El derviche me dice: “Estoy metido en un pozo emocional, lo que me pasa me conmueve profundamente porque tiene un significado muy grande para mí... y las palabras se las lleva el viento.”

Pero por algún lado tenemos que empezar, y tenemos que hacerlo hablando, con la idea que esas palabras toquen el corazón de quien las escucha.

La literatura esotérica en todas sus formas está plagada de relatos sobre pruebas; todos los que han seguido un maestro y un camino hablan de las pruebas a las que somete el maestro a sus discípulos y nos hemos deleitado imaginando además que porqué no nos ocurrirán a nosotros esas pruebas y con ese maestro.

Esto forma parte de nuestra fantasía.

Cuando la vida nos pone a prueba en algo, protestamos, nos asustamos, no nos gusta, nos hundimos y no sabemos como salir adelante.

Imaginación, fantasía, ya me lo habían contado, pero ahora puedo observarlo: cuando los derviches están sometidos a alguna prueba, lo primero que hacen es tratar de no venir, como si venir aquí significara aumentarles la prueba!

Por un mecanismo misterioso psicológico, el derviche cuando tiene alguna prueba en serio, tiende a no venir. Esto ya me lo había advertido Tosun Baba.

He llegado sobre este tema a algunas conclusiones, producto de la observación en mis derviches y en mi mismo.

Todas las pruebas, grandes y pequeñas, lo que realmente ponen a prueba es a nuestra imagen, nuestro nafs, no a nuestra alma. Ponen a prueba, lo que nosotros creemos que somos y el valor que nosotros le damos a nuestra vida frente al entorno y frente a nosotros mismos. Esto es puesto a prueba, por una enfermedad, por un desengaño amoroso, etc. Esto toca al ego, porque el alma no puede ser tocada por ello, el alma no se enferma ni se muere, ni tiene conflictos psicológicos, ni cuentas bancarias, ni esposa ni esposo... siempre y cuando creamos que existe un alma.

Si realmente nosotros creemos que lo único que existe somos nosotros como personajes, es inútil que sigamos cualquier camino espiritual.

Cuando el ego es tocado por la prueba, puede ocurrir que el ego crea que si sigue concurriendo al Dergah, le hagan ver que eso que le pasa no es real, mientras que él quiere seguir manteniendo el sufrimiento, que cuando el Sheij le diga que es una ilusión y que forma parte del sueño, sienta como que le están arrancando la piel. El que tiene el problema, lo que quiere es que le tengan lástima porque él mismo se tiene lástima. En el Dergah, el Sheij no le va a tener lástima porque sino sería cómplice del ego, y eso es lo que motiva su ausencia. El individuo también se justifica a si mismo con miles de excusas para no venir: Estoy cansado, no tengo ganas, estoy deprimido, ya se lo que me van a decir, etc. Ese ego, esa imagen que está pasando la prueba, quiere seguir sufriendo en silencio, en su casa, como un animal herido.

El animal herido no dejan que le ayude.

Este tema de las pruebas y el Sheij, me involucra a mí también, yo no estoy fuera, me involucra hasta la coronilla, estoy sumergido.

A los Sheijs, antiguamente se los llamaba Murshids, porque Sheij significa “anciano sabio” y Murshid es guía espiritual. Al Murshid se le hace caso en todo, porque se estima que no se puede equivocar, por eso yo soy Sheij y no Murshid.

Cada individuo, sea un Imám o un asesino serial, cada ser humano tiene en su corazón, el espíritu divino. El espíritu divino no tiene nada que ver con la moral y las buenas costumbres, es lo que anima al ser humano y el que hace que el ser humano sea un ser humano. Sin espíritu divino, no hay ser humano.

El ser humano más bajo hasta el santo más grande tiene el espíritu divino en su corazón, sino no podrían ni pensar, ni hablar, ni respirar, ni mirar. Lo que pone en movimiento “toda la pensadora del cerebro” es el espíritu. Cuando éste se retira, el cerebro deja de funcionar y se termina ahí mismo el ser humano. El Ruh de Allah, el espíritu divino es la fuerza que está instalada en el hombre y que le da vida.

Allah hizo al hombre de los cuatro elementos, como relata el Génesis, y después les sopló el espíritu, y ahí es que Adam se convierte en un hombre, sino era una estatua de arcilla, un golem. El Profeta Muhammad (saws) dijo que en el cuarto mes de embarazo, baja el Ángel Gabriel con el Ruh de Allah y se lo sopla al feto, en el corazón, y no al feto concebido por las mujeres musulmanas, sino a todas las mujeres.

Entonces, no es el Ruh de Allah el que está puesto a prueba, no tiene que pasar ninguna prueba, el Ruh es algo perfecto, inmortal, es el ego el que está puesto a prueba.

¿Y porqué es puesto a prueba? ¿Y porqué a mí me ponen a prueba?

Normalmente nos decimos: ¿Qué culpa tengo yo de los que me está pasando?

La culpa la tiene el mundo, la tiene él, la tienen mis padres, la tiene el vecino, la tiene mi mujer.

La prueba no viene de fuera, surge de nosotros. Somos nosotros los que nos ponemos a prueba.

Esta idea es inaceptable, ¿no? Decir que el hombre es el que se pone a prueba a si mismo.¿Pero, no es ésta una idea maravillosa, la más maravillosa que se les puede ofrecer?

Dice el Sagrado Corán que ninguna alma será cargada con un peso mayor al que pueda soportar. Es la misma alma la que convoca la prueba para su nafs.

Ningún ser humano se puede plantear una pregunta que no tenga respuesta.

Ningún ser humano se puede dar una prueba que no pueda resolver.

El que convoca la prueba es el famoso “rasgo principal”, que es el defecto principal que cada uno de nosotros tiene. Pero no cualquier pruebita, estamos hablando de La Prueba, la que nos conmueve, la que nos tira en un pozo negro, la que nos pone patas para arriba, la que nos hace decir que Dios no existe... la prueba que nos pone en un estado de animal herido.

Hasta que no llega este tipo de prueba, no estamos pasando ninguna prueba de verdad. No hablamos aquí de las pruebitas de todos los días, que me caigo, que me enfermo, no, hablamos de La Prueba.

En otras palabras, tenemos el Ruh, el Alma y el nafs.

El Ruh es el aliento de Dios, el Alma es la que tiene un cuerpo como soporte. El alma convoca la prueba y usa como soporte la máquina que tiene a su disposición, que es una biocomputadora con su defecto principal. Todas las computadoras “se enganchan o se cuelgan” en algún punto, cada una tiene un rasgo dominante, que siempre se repite. La prueba se canaliza a través del defecto principal del nafs, pero la que convoca la prueba es el Alma. El alma se tiene que probar a si misma, no puede perfeccionarse si no es fraguándose en la prueba, a través del defecto principal del nafs. La prueba es una prueba “a medida”. Lo que para una constituye una prueba, a otro le causa cosquillas.
Todo esto, les reitero, no lo tomen literalmente, el alma, el nafs, son fuerzas muy difíciles de comprender, pero de alguna manera tenemos que intentar explicarlo.

Cuando el alma convoca una prueba “a medida”, está convocando toda la fuerza del universo disponible en ese momento y en ese lugar, para ella y tiene una configuración exacta a lo que le corresponde.

La crisis que soporta la persona como consecuencia de la prueba, no es porque esa persona sea mala y tenga que padecer, sino simplemente porque es lo que le corresponde para forjarse, para aprender de su nafs, de su rasgo principal, de su destino. Si se sobrepasa la prueba, viene otro estadío, otro escalón espiritual; si no se sobrepasa porque nos tenemos lástima y nos deshacemos en un mar de lágrimas, la prueba no sirvió para nada y es muy probable que se vuelva a presentar bajo otro ropaje, más adelante. Me atrevería a decir que si el alma en cuestión tiene algún grado de evolución, las pruebas cada vez serán más duras.

Si la prueba es comprendida, ésta ya no se repite. Cuando Allah acepta el arrepentimiento, éste no se vuelve a repetir.

(Le hacen una pregunta a Baba)

A mí, me vienen algunos derviches y me dicen “yo estoy bien”, a manera de estandarte, del tipo “A mí nada me toca, yo estoy bien, me la banco, soy un santo” Yo creo que eso no es bueno. Hay que tocar fondo. Todas las tradiciones hablan de que para ir al cielo, hay que ir primero al infierno.

(Otra pregunta)

El perfeccionamiento del alma se produce cuando puede ser sobrepasada la prueba, uando nos podemos enfrentar a nuestro nafs como un animal.

Un libro que acabo de leer, hablaba que en el camino espiritual de un individuo, éste se enfrenta a su ego como si el ego fuera un animal, se miran cara a cara, si el ego vence, no sirvió nada la prueba, pero si lo puede enfrentar, no para matarlo, porque el nafs no puede ser muerto, sino “compasionado”, comprendido e integrado, se pasa la prueba.

¿Y en todo esto, que papel juega el Sheij?

Mi nombre es Abdul Kader, el siervo del Destino, en una acepción de este nombre, atributo de Allah; para algunos de ustedes, yo represento el destino y no por mi elección. Esto hay que vivirlo, no lo puedo explicar.

Los derviches que se enfrentan conmigo a su destino, no la pasan bien y yo también la paso mal, Alhamdulillah.

No existe el Sheij externo. Como nosotros no podemos conectarnos con el Sheij que todos tenemos en el corazón, proyectamos afuera la imagen del Sheij interno en alguien, que en éste caso soy yo. El otro misterio es que todo está en el corazón del hombre. El Sheij que ven afuera, no es cualquier figurita, es el Sheij que está en resonancia con su Sheij interno. Cuando el Sheij interno está en resonancia con el de afuera, se produce La Prueba y ahí aparece Abdul Kader, el siervo del destino.

Esto tampoco constituye un mérito del derviche, forma parte del destino, que no tiene nada que ver ni con el derviche ni conmigo. Pero hay que estar alerta para reconocer el momento en que ese milagro se produce, donde Sheij y derviche están pasando JUNTOS la prueba. Ahí es donde el derviche tiene que estar más próximo a su Sheij y no reaccionar como un animal herido; no se comprende el fenómeno milagroso que se está produciendo.

“Cuando el discípulo está listo, aparece el Maestro.” Es el derviche el que atrae al Sheij, así como él atrae a la prueba.

Es muy difícil hacer Faná con el Sheij. Esto va más allá de los sentimientos humanos que puede tener el Sheij, de atracciones y repulsiones, esto está más allá de él. Es una fuerza que está más allá de nuestros egos. El destino, Al Kader está provocando esta situación, después vendrán las explicaciones, las excusas, pero acá estamos.

El derviche convoca a su propia prueba y a su propio Sheij en un punto del Destino.

(Baba responde una pregunta)

Cuando un individuo no está en un camino espiritual, su Sheij es su propia vida.
Va acumulando experiencia, solucionando situaciones, sin ninguna guía espiritual y llega a viejo, sabio. En la India se le dice Upagurú, la existencia: cualquier cosa puede ser su maestro, un perro, un árbol, un estafador, una enfermedad; la persona va aprendiendo, tomando nota, sin ningún Maestro que lo dirija.

Hemos sido convocados por el Destino, mis derviches y yo, en algún punto donde nos hemos encontrado y ahí nos encontramos trabajando: Ruego a Allah que les permitan verlo. Yo estoy más cerca de esos derviches, más cerca que lo que ellos mismos imaginan.

As Salam Aleikum.

Sojbet del Sheij Abdul Kadir Baba al Halveti al Yerrahi en el dergah de Buenos Aires Argentina el 13 de Sha´ban de 1426 acorde al 17 de Septiembre de 2005.

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