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El Islam y la doctrina de la trinidad

Todo lo que imagines que es Allah eso no es El

24/04/2006 - Autor: Centro de Altos Estudios Islámicos - Fuente: Senderoislam.net
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Introducción

Cuando los Profetas del Antiguo Testamento, como Isaías, Jeremías y Ezequiel, con todos ellos sean la Bendición y a Paz, mencionaban al Señor, no dudaban que estaban recordando al Uno, Único y Absoluto, del que no es posible figurarse nada, no siendo Él una criatura procreada, ni procreando de Sí Mismo hijos, como creían los idólatras de sus falsos dioses. Los Profetas creían con firmeza que Él no se identifica ni se compara con los dioses paganos, que no tiene semejante, ni adversario, ni delegado por incapacidad, que Él está presente en todas las cosas, sin que sea ninguna de ellas en particular, que no se Le señala con el dedo, porque no es un objeto externo, del mundo, y en fin que no se Le conoce como al resto de las cosas al alcance del entendimiento humano, sino que está más allá de todas las cosas, sin que deje de ser superlativamente Real, con una Realidad superior a todas las cosas. Entonces, ¿cómo es posible conocerle?: Porque Él se revela por Sí Mismo, y es tal como Él quiere revelarse.

Ahora bien, con posterioridad a la misión de Jesús (P) aparece una gran innovación en la doctrina de los que dicen seguir las Escrituras, especialmente los evangelios, y es la doctrina de la trinidad. La doctrina de la trinidad debe considerarse como el resultado de varias creencias juntas, por un lado la creencia en el “pecado original”, por otro en la “encarnación”, en la eucaristía o comunión que implica la “presencia real” de Dios en la ostia y el vino, gracias a la cual el que participa de esa comunión participa del sacrificio divino, y es perdonado entonces del pecado original, gracias al sacrificio del crucificado. Adhiriendo a estas creencias hay otras, como que la muerte es un castigo, que no existe salvación ni verdad posible fuera de la iglesia, que hasta que Jesús vino ni Abraham (P) pudo entrar en el Paraíso porque no se había concretado la salvación de la humanidad, que Jesús vendrá el Día Final para recompensa de los justos cristianos, y para castigo de los que no lo aceptaron, etc.

En realidad, fue Pablo de Tarso quien formuló la doctrina de la trinidad, del pecado, de la salvación por el sacrificio de la cruz, y reinterpretó el Mensaje de Jesús (P). Y procedió así con prescindencia de la autoridad espiritual de Pedro, y por propia opinión. Inclusive en sus trece epístolas no menciona textualmente ni una sola palabra ni dicha por Jesús, sino que reinterpreta al Mesías como "dios en persona". Esto ya constituyó cierta teología, no la Revelación divina. Si Jesús (P) fue uno de los Profetas, como dice el Islam, e inclusive el Antiguo Testamento cuando anuncia al Mesías, su mensaje no puede haber sido muy diferente al del resto de los Profetas. Lo único diferente lo constituyó el anuncio del Reino de Dios muy cercano.

Todas las creencias antes mencionadas tienen por eje la concepción del hombre como una criatura caída en el pecado y la desobediencia después de haber sido creado. Es decir, la antropología cristiana determina su teología. Además con posterioridad se formuló una teología en apoyo de aquellas creencias, y al margen de las Escrituras, y en mmuchos aspectos en contradicción con ellas. La teología se sirvió de la filosofía griega de entonces, por ejemplo, del concepto de substancia, que se utilizó para desarrollar la idea de la “consubstanciación” de las tres personas divinas, y de la misma idea de persona”, ambos conceptos no presentes así ni en el antiguo ni el nuevo testamentos.1

De todos modos, y con una mirada más indulgente, teniendo en cuenta que el ser humano “fue constituido sobre la ignorancia”, como dijo el Profeta (BPDyC), y que por más que nos elevemos en el conocimiento nunca podremos conocer a Allah en Sí Mismo, citamos a continuación lo que dice Muhieddin Ibn Arabi en su obra Al-Má´rifah (La Sabiduría): “Sabe que es ineludible para cada individuo tener una creencia acerca de su Señor, con la cual se remite a Él y Le requiere. Y si el Real se manifestara, exaltado sea, bajo la forma de su convicción la del individuo Le reconocería y Le confirmaría, pero si se le manifestara de otra forma Le negaría y se ampararía de Él, y debido a lo mismo no Le brindaría respeto, pero en su intimidad creería haber cumplido con lo debido. Así pues, nadie que tenga una creencia de la Divinidad lo hace más que con lo que tiene en su interior según la visión que de Él tenga. Por eso la Divinidad es según lo pro-puesto lo que se tiene adentro, por lo cual nadie ve en su fe sino su propia interioridad y lo que en ella puso...” Y más adelante agrega: “Y sabe que sobre el Real, exaltado sea, ni el corazón ni el ojo nunca serán testigos más que de la forma de su convicción, por lo que la visión del ojo no verá más que al Real de la convicción. Pero no se oculta la diversidad de las creencias, por lo que el que limita a Allah, como sucede con la doctrina de la trinidad Le niega en otra cosa que aquella a lo que Le restringe, y Le confirma en aquello a lo que Lo limitó, según lo que se le manifiesta. Pero el que Lo aparta de toda limitación como en el Tauhíd o doctrina de la Unidad divina absoluta no Lo niega, y Le confirma en toda forma en la que Él se manifiesta. Y las formas de Su manifestación no tienen conclusión a la que el cognoscente deba restringirse, así es el conocimiento de Allah Exaltado no tiene término en el que los cognoscentes deban detenerse, sino más bien que el sapiente en todo momento requiere el aumento de conocimiento: Ordena Allah en el Sagrado Corán que el Profeta (BPDyC) suplique: ¡Señor mío, auméntame en conocimiento!”2

Sin embargo es necesario reconocer que la forma en que el ser humano concibe a su Señor es la forma más elevada en que ese ser humano se concibe a sí mismo, y que la realización completa de su realidad verdadera está en la unidad, y no en la diversidad, pues como dijo el Profeta (BPDyC): “Allah está en la opinión que Su siervo tiene de Él”, y “el que se conoce a sí mismo conoce a su Señor”.

Posteriormente, la teología cristiana hizo más o menos lo mismo, y presentó un “dios- padre” (anciano venerable), una madre, el Espíritu Santo (“espíritu” es femenino en hebreo), y un hijo, Jesús. Así aparece la trinidad. Para la metafísica islámica el grave error está en haber pensado a la Divinidad como “sustancia” o “naturaleza”. No es posible decir de la Divinidad que tiene cierta “naturaleza”, no puede definirse a Allah Exaltado, ya que Le degradaríamos, pues Él no es parte de nada, ni siquiera está en la parte más alta del ser, como “ser supremo” que también se dice erróneamente. La Realidad Divina es lo No-manifestado, y está Presente en la Manifestación, o como dice el Sagrado Corán Zháhir (Manifiesto) y Bátin (Oculto): Son impíos quienes dicen que Allah es un tercero en una terna. (5:73). No digáis: Trinidad. ¡Absteneos (de ello), será mejor para vosotros!. (4:171). Allah Exaltado es Uno, Único y Absoluto, no depende de nada, ni tiene ninguna necesidad, y no tiene relación con nada externo a Sí Mismo.

1. "En los textos sagrados"

Históricamente nunca la enseñanza de la trinidad fue mencionada por los Profetas anteriores a Jesús, con todos ellos sean la Bendición y la Paz, por lo que no figura en los libros sagrados de la Biblia. E inclusive, no es mencionada por los evangelios explícitamente. Con posterioridad, en éstos últimos se han introducido algunas correcciones, tratando de registrar tardíamente la doctrina mencionada. Paralelamente, surgieron interpretaciones teológicas de los textos evangélicos tratando de justificar aquella doctrina.

La más antigua mención, preparatoria de la doctrina de la trinidad, se encuentra en las cartas de Pablo, quien asimila tres términos o categorías a la Divinidad: “Señor (Kirios en griego)”, “Espíritu”, y “Dios”. Otra cita que se menciona al respecto es la de Mateo, cuando dice: “¡Marchad, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, utizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo!” (28,19). Es la única vez en que esto es puesto en boca de Jesús (P), y se pretende fundar en dicho texto la doctrina trinitaria. Pero resulta que el pasaje en cuestión apareció misteriosamente mucho después de la elevación de Jesús (P) a los cielos, y según algunos dicen, después del Concilio de Nicea del año 325. Otros ven en la fórmula de bautismo antes citada algo completamente aislado en el evangelio, que no tiene correspondencia con ninguna otra parte de él. Se sabe, además, que la comunidad cristiana primitiva no bautizaba “en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”, y si esto es cierto, queda descartado que Jesús (BP) haya ordenado esa fórmula. Primitivamente se bautizaba “en el nombre de Jesucristo”, y esto está asentado en Hechos 2:38, 10:48, y 19:5. En conclusión, la citada orden bautismal del evangelio de Mateo resulta ser una interpolación, muy posterior a Jesús (BP).

Por último, hay una frase llamada “comma joánico”, o sea “el cómo de Juan evangelista”, de la primera epístola de Juan (5:7), que dice: “Porque tres son los que dan testimonio, en el cielo el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo, y estos tres son una sola cosa. Y tres dan testimonio en la tierra...”. Se sabe que este pasaje fue interpolado en el siglo octavo, y el primero que lo comentó fue Prisciliano, un teólogo español que sostenía ciertas teorías teológicas muy particulares.

Se concluye de todo ello que en los evangelios no existe ningún tipo de mención sostenible referente a la trinidad, y que las que alegan no son la auténtica prédica de Jesús (P). Menos aún en el resto de la Biblia podríamos encontrar algo al respecto. Esto es por lo que hace a los textos sagrados.

2. "Según la interpretación teológica racional"

En cuanto a la interpretación sabia, veamos por qué es rechazable esta doctrina. La teología de la trinidad tiene dos alternativas de interpretación posible: O bien que cuando dice que “Dios” es uno y tres a la vez, afirma algo objetivo, concreto, real; o bien que es una afirmación metafórica, simbólica, sin intención de sostener realmente que “Dios” “uno” pueda transformarse en “tres” concretamente, o viceversa.

Si la afirmación de la doctrina de la trinidad fuera real, se refiere entonces a la distinción real en Dios de tres hipóstasis o personas; pero si fuera metafórica, esa distinción sería simbólica, y realmente sólo hay un Único Divino, sin iguales, pares, o sucedáneos. Ahora bien, el problema es que la doctrina de la trinidad mezcla ambas modalidades de la afirmación, tanto sostiene que lo que dice es real, como que es simbólico o metafórico, es decir que “Dios” es tres realmente, y que ello se dice también simbólicamente. Esto es absurdo, pues una alternativa excluye a la otra. Concibe a la trinidad como real cuando afirma que hay verdaderamente tres hipóstasis o personas, “Padre”, “Hijo”, y “Espíritu Santo”, y que las tres son una independiente a la otra; y como simbólica cuando afirma que, en definitiva, esos tres son uno, o simbolizan al Uno, por lo cual no son autónomos entre sí. El resultado es completamente contradictorio.

Además, deberíamos justificar por qué “Dios” necesitaría distinguirse en tres, en tanto El, exaltado sea, no hace nada en vano: O bien es por necesidad de cumplir tres roles o funciones distintas; o bien es para exaltar o glorificar junto a Sí a otros aspectos propios Suyos, pues en última instancia todo lo que de Él surge es Él mismo.

Ahora bien, si fuera por la necesidad de cumplir ciertos roles o funciones, limitar a tres esos roles es absurdo, pues la Realidad divina todo lo abarca, y nada puede subsistir fuera de Él, exaltado sea. Se deduce de esto que Sus funciones o roles deberían ser tantos como seres existen, pues Él en todo tiene un acto que cumplir, de lo contrario las cosas dejarían de ser.

Si por el contrario se interpreta que la “esencia divina” se distingue en tres para exaltar o glorificar un aspecto de Sí sobre otro, por ejemplo, al “Padre” sobre el “Hijo”, esto sería aún más absurdo, porque “todo” Él es de Suyo exaltado y glorificado, no una parte más que otra. Pero además, tal distinción acarrearía la necesidad de distinguir en “Dios”, como lo hace la doctrina trinitaria, tres partes o aspectos, lo cual supone que es una naturaleza o esencia capaz de ser conocida por el hombre, como éste conoce al resto de las naturalezas o esencias, y que por lo tanto se podría definir a “Dios”. Por eso el trinitarismo necesita recurrir a la idea de “hipóstasis”, es decir de persona o personificación de “Dios”, lo cual le permite “definirlo”. El “Dios Padre” es una hipóstasis o persona divina, lo mismo que el “Dios Hijo”, y el Espíritu Santo, y gracias a esta idea pueden atribuir una categoría y función a cada una de las tres “personas”.

En definitiva, el error trinitario consiste en personificar a Dios, atribuirle una naturaleza o esencia, y pretender conocerlo en Sí Mismo, exaltado sea.

3. "Derivaciones indebidas de la teología de la trinidad"

Los absurdos a que conduce el error de las “hipóstasis”, o concebir a Dios como persona, son los siguientes: Primero, o bien cada persona es real y distinta a la otra, o bien es la misma, porque sería absurdo que a la vez sea distinta e idéntica. Si concretamente fueran distintas, no tendrían ya una misma esencia racional, por lo que no se puede decir que son esencialmente idénticas, sean dos, o tres, o tantas personas como se quiera, porque cada una debe representar una sola esencia racional, y no más.

Los seres no-racionales pueden presentar múltiples formas externas, siendo ellos esencialmente lo mismo, como sucede con las piedras, los minerales, y los vegetales, pero el ser racional se entiende como un individuo autónomo por cada conciencia o persona que exista. En consecuencia, si una esencia racional es idéntica, no es posible que sean distintas las personas, y lo distinto y al mismo tiempo idéntico es algo imposible y absurdo. A Él no se Le conoce de este último modo, pues lo imposible y absurdo no concierne en nada a Allah, exaltado sea.

El conocimiento de Allah no es misterioso, ni inefable, es decir, imposible de ser expresado en palabras, ya que de ser así sería innecesario, y por lo tanto no-obligatorio para el ser humano, ya que alcanzarlo sería imposible. Si Su conocimiento fuera imposible de alcanzar, Allah no obligaría a nadie a conocerle. Pero, por el contrario, a través de todas las Revelaciones habidas Allah nos impone conocerlo, por lo cual, el conocimiento a Su respecto no puede ser ni un misterio, ni imposible, ni absurdo, ni inefable, sino distinto al resto de los conocimientos.

Segundo. Si Él se distinguiera en Sí Mismo en tres personas, y ello fuera para glorificar y exaltar a una sobre otra, en Él habría un aspecto inferior al otro, sea en razón de que ese aspecto es naturalmente inferior, o bien lo es la función que cumple dicho aspecto. Si suponemos que “Dios” tiene por naturaleza una parte inferior, o menos noble que otra, Él sería una cosa semejante al resto de las cosas, compuesto de partes superiores e inferiores, acopladas entre sí para formar una unidad armónica. En tal caso, necesitaríamos saber cómo surgió, cómo se compuso de ese modo, para qué existe, cuál fue su nacimiento, y cuál será su final, tal como nos planteamos del resto de las cosas naturales compuestas de partes. En consecuencia, Él ya no sería “Dios” sino un ser más entre el resto de los seres. Y sería posible, además, que haya otros seres iguales a Él, como los hay de todos los seres, es decir, que sea generado por otro, y que a su vez genere a otros, exaltado sea por sobre toda indigencia.

Pero si sus aspectos diferentes, cualquiera fuera su número, fueran en razón de su función o rol, es decir de sus actos, ello no implicaría su naturaleza o ser personal, pues la función o rol normalmente son externos al que los ejerce, no parte de su naturaleza. Desde este punto de vista, es imposible afirmar que sea necesario que Dios se distinga en Sí Mismo para ejercer un rol o función determinados (como el de la vida, por ejemplo, que según sostienen ejerce el “Padre”, o el del conocimiento, que cumple el “Hijo”), como no se distingue esencialmente un ser humano cuando ejerce cierta función distinta de otra.

Pero aun suponiendo que la función o rol sea parte de su naturaleza (como el pensamiento es parte del cerebro, o la contracción es parte del corazón, exaltado sea Allah sobre todas las cosas), en tal caso no podríamos distinguir a “Dios” respecto de su propia función, pues ésta sería interna a Él, no habría nada externo. En consecuencia, Él se multiplicaría en Sí Mismo tanto como funciones o roles ejerce, tanto como es múltiple el cuerpo humano, que tiene una función circulatoria, otra muscular, otra nerviosa, etc. Y siendo sus funciones o roles en número grandísimo, imposible de ser calculado, Él sería entonces todo eso, pues nada se produciría que se pudiera diferenciar de Él. Todo, sea lo que fuera, sería sólo una función o rol Suyo, exaltado sea sobre todas las cosas. En tal caso, como se deduce naturalmente, ya resultaría absurdo hablar de “trinidad”, y debería hablarse mejor de “multiplicidad infinita”. Cada cosa sería “Dios”.

Tercero. Si Él se personificara en “Padre”, “Hijo”, y Espíritu Santo, deberíamos justificar la existencia del resto de las cosas, fuera de estos tres: O bien diríamos de ellas que son “personas”, como las tres “personas divinas”, o bien que son ficciones, pues sólo aquellas tres tendrían divinidad, o lo que es lo mismo, realidad verdadera. Si, por el contrario, el resto de las cosas derivaran del “Padre”, como derivó el “Hijo”, serían todas ellas también divinas como éste último, lo mismo que si derivaran a la vez del “Padre” y del “Hijo”, como, según una de las interpretaciones trinitarias, derivó el Espíritu Santo. De lo contrario, habría por un lado “naturaleza divina”, y por el otro “naturaleza no-divina”, derivada esta de la misma Divinidad, lo cual es absurdo.

A todos estos absurdos conduce la errónea doctrina de la personificación de Dios, sea en una, dos, tres, o más personas, o en todas las cosas que existen.

4. "La doctrina de la Unidad divina absoluta o Al-Tauhíd"

La conclusión es que no se debe personificar a Allah Exaltado; ni se Le describe como una “naturaleza”; ni como una cosa común, junto al resto de todas las otras cosas.

Ni se dice de Él que genera o que fue generado; ni se dicen de Él, sea de modo real o metafórico, cualquiera de los errores mencionados anteriormente.

Tampoco se dice que conocerlo, exaltado sea, sea un misterio, ni que ello resulta inefable, imposible de ser expresado. Ni que tiene partes, unas superiores a otras; ni que necesita distinguirse en Sí Mismo para actuar; ni que la Creación es Él mismo, o bien que está fuera de Él, ninguna de ambas cosas. Por el contrario, debe decirse que Él se manifiesta en todo, pero no es algo ubicable en nada; no se personifica, ni en una, ni en dos, ni en tres, o en múltiples personas. Él no es múltiple sino Uno, Único, Absoluto, Oculto y Manifiesto; no procrea ni fue (o es) procreado; y no tiene semejantes. Él no tiene cuerpo, ni extensión, ni se ve o contacta por los sentidos. Es Real, con una Realidad mayor al resto de las cosas, y si bien se dice de Él que es una “cosa”, sólo es para afirmar Su Realidad, no para compararlo con las cosas creadas.

No se Le conoce del mismo modo que al resto de las cosas: Sus Nombres y Atributos son símbolos de Él mismo, no calificativos que lo limiten o definan; su Sí Mismo es Oculto, y está más allá del Ser. No se dice de Él, “el Ser Supremo”, o “el Primer ser”, o “la Causa primera”, porque Él en Sí Mismo no se encuentra en el primer escalón de la escala de los seres, a la que Él establece, estando en Sí Mismo más allá del ser. Sus Nombres y Atributos constituyen nuestro modo de conocerlo, no divisiones reales en Él mismo. No se dice de Él “Uno” en un sentido numérico, como “el primero de los iguales”, ni en el sentido de la multiplicidad, como “uno entre varios”. Él es Uno en el sentido de Absoluto, la única Realidad realmente Real. Por eso el versículo 5:73 del Sagrado Corán dice: ...no habiendo por el contrario ningún Divino, sino un Divino Único, es decir, no hay en la Creación nada Divino, excepto que Allah es el Único Divino, sin iguales, ni pares, ni sucedáneos.

5. "Causas históricas del desvío trinitario"

Los cristianos se desviaron históricamente de la doctrina del Tauhíd o Unidad divina, la doctrina abrahámica pura, debido a la interpretación de la palabra “Señor”, Kirios en griego. La cultura griega predominaba por ese entonces en el imperio romano oriental, parte del cual era Siria-Palestina, y de acuerdo a su idiosincrasia “señor” representaba lo Divino, y “siervo” era signo de esclavitud y degradación. De modo que si Jesús (P) era descripto como “siervo” de Dios, como hacen los libros de la Biblia con el resto de los Profetas (P), y cómo él mismo se califica a sí mismo en los evangelios (confirmado por el Sagrado Corán), entonces no era verdaderamente Divino, sino un esclavo despreciable. Debido a ello Pablo introduce en su interpretación el término “Kirios” o “Señor”, y posteriormente se introduce la denominación de “padre” para Dios en Sí Mismo, porque el padre de una familia era el verdadero “kirios”, señor y dueño de los bienes y de las vidas de las personas. Pablo yuxtapone o asimila “Kirios” a otros dos términos, al de “espíritu”, que para los griegos era lo más importante, porque indicaba lo superior, el intelecto, y en segundo lugar al término “Dios” (Theos). De manera que el “Señor Jesús” fue Dios, como una emanación del Dios “Padre”, y el “Espíritu” quedó al servicio de ambos. Así se originó la teología de la trinidad, y por eso el Sagrado Corán indica primero, como desvío inicial, la idea de “Señor”, y se puede comprobar que históricamente así fue. Dice al respecto el versículo 5:72 del Sagrado Corán: Por cierto que cometen impiedad quienes afirman: “Allah es realmente el Mesías, hijo de María”, habiendo dicho el Mesías: “¡Descendientes de Israel Jacob!, ¡adorad a Allah, mi Señor, y vuestro Señor yo no soy más que un siervo!”.

El versículo 5:73 agrega: Por cierto que cometen impiedad quienes afirman: “Allah es realmente un tercero en una terna divina”..., refiriéndose no ya al Señorío, sino a la Divinidad. Pero el error en cuanto a la Divinidad, por ignorancia, exime de condena por parte de Allah, exaltado sea, porque, lógicamente, la Divinidad en Sí Misma es imposible de ser concebida. Existe, pues, cierto atenuante para la persona que no puede alcanzar una idea exacta de la Divinidad. Es por ello que el Profeta (BPDyC) aconsejó no reflexionar sobre Allah en Sí Mismo, sino sobre Su Creación, como prueba de Él.

El versículo 5:73 no dice: “no habiendo ningún Divino sino Allah (Dios)”, pues ello no descarta la doctrina trinitaria. Esta reconoce a “Dios” como Divino, pero le atribuyen tres aspectos distintos. Para Al-Tauhíd, o doctrina de la Unidad divina absoluta, es imposible que haya nada Divino sino el Divino mismo, sin iguales, pares o sucedáneos. Por eso dice el versículo: ...no habiendo por el contrario ningún Divino, sino un Divino Único..., es decir, “Dios” es Divino, pero además es el Único Divino.

Si no cesaran de lo que afirman, seguramente sacudirá a los que son impíos de entre ellos un castigo penosísimo exceptuando a los arrepentidos (5:73 Sagrado Corán). Hace aquí una diferenciación entre los que cometen impiedad, sin determinar si esto los lleva indefectiblemente al castigo, y los que ya son obstinadamente impíos, que debido a su obstinación obtendrán un castigo penosísimo. Destaca así entre los cristianos a dos grupos, uno que no comprende bien la doctrina de la trinidad, ni la asume de verdad, pero que la sigue por ignorancia. Y otro grupo, muy reducido, entre los cuales se encuentran sin duda los teólogos, que son impíos, por cuanto asumen la doctrina con conocimiento. Al primer grupo Allah les promete la disculpa, si se arrepiente y piden perdón, diciendo: ¿Es que no se arrepentirán a Allah de su idolatría, y pedirán Indulgencia afirmando únicamente Su Unidad, siendo Allah Indulgentísimo,
Misericordiosísimo? (5:74).

6. "Las tradiciones islámicas sobre la Unidad divina absoluta"

Exponemos algunas tradiciones sobre Tauhíd, la Unidad divina, del Emir de los creyentes, Alí Ibn Abi Tálib, con él sea la Paz. En Al-Tauhíd y en Al-Jisál, dos fuentes imamitas, se cita: “Un beduino vino el día de la batalla del camello a ver al Emir de los Creyentes Alí (P), preguntando: ‘¡Emir de los Creyentes!, ¿tú afirmas que Allah es Uno?’. Entonces la gente lo atacó diciendo: ‘¡Beduino!, ¿no ves la crisis que en su corazón sufre el Emir de los Creyentes?’. Pero Alí (P), ordenó: ‘¡Dejadlo!, porque lo que desea el beduino es lo que nosotros deseamos ver en la gente’ que se preocupe por el conocimiento de Allah. Luego agregó Alí (P): ‘¡Beduino!, la afirmación de que Allah es Uno es de cuatro tipos, dos de ellos no admisibles en Allah, Poderoso y Majestuoso, y dos de ellos que se confirman en él. En cuanto a los dos tipos inadmisibles acerca Suyo, es que alguien afirme ‘Uno’ en el sentido de cantidad, lo cual es incorrecto, porque Quien no tiene segundo, no está incluido en el dominio de la cantidad. ¿Es que no ves que quien afirma que El es un tercero en una terna, cae en impiedad? También, si alguien afirma que El es ‘Uno de entre los seres un ser más’, con la intención de referirse a la especie de un género, esto tampoco es algo admisible, porque constituye asimilación (asemejamiento). Nuestro Señor sea magnificado y exaltado de ello! En cuanto a los dos tipos de afirmación que son correctas al respecto, es que alguien diga: ‘Es Uno sin que tenga semejante entre las cosas Singular y Absoluto’. O bien el dicho de alguien: ‘El, Poderoso y Majestuoso, es Unitario en significado Impar, heterogéneo’, refiriéndose a que no puede ser analizado en cuanto a ser, ni por intelecto, ni por imaginación, tal es Nuestro Señor Poderoso y Majestuoso’”. (T, VI, pp. 91-92).

Varias tradiciones registradas en la obra Náhyu Al-Balágah (Sendero de la elocuencia), que recopila los dichos de Alí (P), son prólogos a las disertaciones que él daba en la saláh de al-yumú´ah, la oración del viernes. Una de ellas dice lo siguiente: “Lo primero de la fe y práctica (al-Din) es conocerlo a Allah, y la perfección del conocimiento de Él es reconocerlo (confirmarlo), y la perfección del reconocimiento de Él es unificarlo (declarar Su Unidad), y la perfección de Su unificación es someterse a Él, y la perfección del sometimiento a Él es excluir los atributos a Su respecto, por la verificación de que cada atributo es distinto al que le es atribuido, y la corroboración de que cada atribuido es distinto al atributo que se le aplica: Por lo cual, el que califica a Allah Lo relaciona a otro, y el que Lo relaciona a otro, Lo ha duplicado, y el que Lo duplica, Lo ha fraccionado (dividido), y el que Lo divide, Lo ha ignorado, y el que lo ignora, Lo ha señalado (situado), y el que Lo indica (o señala), Lo ha ubicado, y el que Lo ubica, Lo ha numerado (cuantificado)”. (T, VI, p. 92).

Todo lo relacionado aI conocimiento de Al-Tauhíd, o ciencia de la Unidad divina, es teología, y por lo tanto, de difícil comprensión. No es fácil comprender el contenido de estos dichos, en los cuales se encierra mucha meditación, imposible de captarla en un solo instante. Aunque podemos, como síntesis, decir: Que Al-Tauhíd es la doctrina y creencia en la Unidad divina absoluta, que no procrea, ni fue procreado, ni se Le parangona con nada, pues no hay nada semejante a Él, ni se Lo representa a través de nada. La perfección de esta doctrina es no atribuirle ninguna cualidad, a pesar de que el Sagrado Corán menciona numerosos Atributos de Allah. La Sabiduría de Al-Tauhíd es que los Atributos de Allah son símbolos de Él, no Él en Sí Mismo. Aunque conozcamos Atributos Suyos no Le conocemos a Él, como dice Alí (P), ya que el calificativo y el que es calificado por dicha cualidad, son dos cosas distintas. El color de la rosa es diferente la rosa, pues ella puede ser blanca, rosada, roja, o amarilla. Por lo tanto, la cualidad o atributo, y el que lo porta o tiene, son dos cosas distintas.

En otra disertación dijo Alí (P): “La Alabanza sea con Allah, en Quien ningún estado nunca precede a otro, para que Él sea Primero antes que Ultimo, o que sea Manifiesto antes que Oculto. Todo el que sea designado con la unidad, excepto Él, es escaso (ínfimo, insignificante), y todo poderoso, excepto Él, es despreciable (mísero), y todo fuerte, excepto Él, es débil (endeble), y todo soberano, excepto Él, es servil, y todo sabio, excepto Él, es aprendiz, y todo capaz, excepto Él, puede obrar y es a su vez impotente, y todo oyente, excepto Él, es sordo respecto de los sonidos sutiles, y lo ensordecen sus estridencias, y se le escapan algunos de ellos, y todo vidente, excepto Él, es ciego respecto de los colores recónditos, y de los volúmenes (cuerpos) minúsculos, y todo manifiesto, no es oculto simultáneamente como Él, y todo oculto no es manifiesto”. (T, VI, p. 94).

La primera tradición hacía referencia a algo más abstracto, como que entre la cualidad, y el calificado por ella, se produce una duplicidad, indebida en Allah. Ahora Alí (P) se refiere a ejemplos concretos, y dice, por ejemplo, que en Allah ningún estado precede a otro, como en nosotros la ignorancia precede al conocimiento, el olvido a la memoria, la salud a la enfermedad, el estar dormido al estar despierto, o viceversa. Son estados alternativos, que en Allah no existen: Él es Primero y Ultimo a la vez, Manifiesto y Oculto, el único Uno verdadero, el único Poderoso, Soberano, Sabio, Potente, Oyente, Videntísimo, etc.

En otra disertación expresó: “La Alabanza sea con Allah, Quien señala Su Realidad a través de Sus criaturas, y con la perecidad de Su Creación, Su Eternidad sin comienzo (ázal), y con sus semejanzas entre los seres creados que Él no es semejante a nada. No Le contactan los sentidos, ni Le velan los mantos, debido a la distancia que existe entre el Hacedor y la obra o el Creador y la criatura, entre Quien determina (restringe) y lo determinado (restringido), y entre el Señor y el siervo. Él es Único, no por interpretación y cuenta, Creador, no en el sentido del movimiento y la posterior
paralización (inacción), Oyentísimo, no con conducto alguno, Videntísimo, no por separación de elementos, Testigo, no por contacto, Distinto (Apartado), no por extensión de distancia, Manifiesto, no por visión, Oculto, no por exigüidad insignificancia). Él se distingue de las cosas debido a cohersionarlas y por Su Poder sobre ellas, y las cosas se distinguen de Él por estar a Él sometidas, y depender totalmente de Él. Quien Lo califica lo restringe, y el que Lo restringe Lo cuantifica, y el que Lo cuantifica anula Su Eternidad sin comienzo (ázal)”. (T, VI, p. 96).

Allah Exaltado se distingue de Sus criaturas debido a la distancia que existe entre el determinado en todos sus aspectos por Allah, como siervo dependiente en absoluto, y su Señor y Hacedor. Porque el siervo no puede darse a sí mismo el ser, o la riqueza, o la subsistencia, las mercedes que le otorga su Providente. Que Él es “Único, no por interpretación y cuenta”, significa que no lo es por compararlo con otra cosa, ni como un número, sino que es Único en Sí Mismo. Destaca el hecho de que de Él dependen y a Él están sometidas todas las cosas, y en esto se distingue como Señor. Quien lo califica con cualquier calificativo, lo restringe, porque cualquier palabra limita y define a las cosas, y el que Lo restringe Lo cuantifica, porque pasa a ser uno más entre otros, y el que Lo cuantifica, anula su Eternidad sin comienzo, porque sería como un primero al que suceden otros. Por el contrario, Él está afuera de toda sucesión, exaltado sea.

De estas tradiciones sacamos como conclusión que debemos tener preparación para comprenderlas. Por otra parte, ellas son la base de la teología islámica, o Al-Tauhíd, que no constituye una teología creada por los hombres, sino revelada por el Sagrado Corán, y descubierta a los corazones de los seres, de los purificados, sobre todo de los Imames (BP). Lógicamente, el Profeta (BPDyC) precede a todos en esta enseñanza.

Se destaca que el conocimiento de Allah es algo intelectual, no material (los sentidos no tienen nada que ver con ello), que Él no tiene semejantes, porque no hay nada material ni intelectual que se Le parezca. Él es algo que el intelecto capta, pero como una cosa totalmente impar, trascendente, heterogénea, distinta a todo el resto de las cosas. Y por último, Él es absoluto en Sí, no tiene límites algunos. Por el contrario, Él abarca a todas las cosas, es decir les da límites, exaltado sea sobre todas ellas.

Notas:

1 El concepto de substancia ha variado con el tiempo, antiguamente significaba esencia”. Lo que en griego era “esencia” en latín era “substancia”, significando en este último: “lo que está abajo”, sustentando a la cosa, el mismo sentido de “esencia”, como una estructura fija que mantiene la continuidad de la cosa. “Substancia” viene del concepto griego hipokaimenon, que es todo el haber del hombre (casa, familia, prestigio, etc.). La teología de la iglesia cristiana utilizó la idea de sustancia para hablar de “la naturaleza divina”, como una sustancia o naturaleza simple de la Divinidad, y se refirió a los Atributos de la Divinidad como “las personas divinas”. La “consubstanciación” del Padre, con el Hijo, y del Hijo, con el Espíritu Santo, supone que los tres tienen la misma esencia, en el sentido antiguo de la palabra, es decir, la misma “naturaleza”, según la filosofía griega, que aparece ahora justificando la “naturaleza divina” de la trinidad. Los paganos distinguían tres partes en la “naturaleza divina”: padre, madre e hijo, porque así se desarrolla la naturaleza humana.

2 Al-Má´rifah (La Sabiduría), cuestión 27, p. 46. Ed. Daru –l-Mutanabbi, París-Bairut, obra revisada y prologada por Sa´íd ´Abd –l-Fattáh, primera edición, 1993.

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