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Ayudando a la escuela para hablar de lo sagrado

Entrevista a Philippe Borgeaud, profesor de Historia de las religiones de la Universidad de Ginebra.

21/04/2006 - Autor: Abdullah Abenyusuf - Fuente: Le Temps
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Realizada por Sylvie Arsever. Traducción y adaptación propia.

-Le Temps:¿Qué se puede esperar de una enseñaza sobre las religiones en la escuela?

Philippe Borgeaud: Se esperan muchas cosas, a veces contradictorias. Históricamente, la primera demanda es de orden cultural. Cuando se comenzó a hablar de ese tipo de enseñanza en los años 1980, se trataba de luchar contra lo que se ha denominado el analfabetismo religioso. Ligar a los alumnos con un pasado que perdían de vista, devolverles los códigos para descifrar la literatura, las obras de arte, etc., que se inspiran en nuestra tradición religiosa.
Bastante pronto se añadió una segunda demanda: dar a los jóvenes las competencias críticas que les permitiesen resistir a las derivas sectarias. Hoy hay una tercera: facilitar la comprensión mutua en un mundo multicultural. Se trata pues de, simultáneamente, reforzar la identidad europea y de ponerla en diálogo con las otras culturas. No es algo sencillo.

Y, para arreglarlo todo, se distingue en palimsesto otra demanda más: frente a un déficit de moral, se espera de una enseñanza sobre las religiones que venga a recordar la necesidad de principios éticos.

- ¿Se puede conciliar todo eso?

- No. La última demanda no tiene su sitio en una perspectiva laica. Una enseñanza laica sobre las religiones no puede tener como objetivo la transmisión de una ética. Las religiones transmiten reglas éticas, pero esas reglas se imponen sólo a los fieles. Una ética laica debe poder imponerse a todos y debe, por lo tanto, elaborarse allende.
La aprehensión de ver las reglas religiosas entrar, de cierta manera, por la ventana, explica precisamente la resistencia de los medios laicos frente a la enseñanza de las religiones. Por su parte, los medios religiosos de todas las tendencias temen un relativismo que podría poner en peligro la fe de los alumnos creyentes.

- ¿La cuadratura de círculo, entonces?

- Es todo una cuestión de método, o, si usted prefiere, de mirada. Debemos conseguir conciliar dos aproximaciones. La primera consiste en examinar una religión desde el exterior, en sus dimensiones históricas, y eventualmente compararla con otras. La segunda consiste en intentar encontrar lo que se enlaza entre los hombres y lo que llamamos la religión.

El que inventó la historia de las religiones como disciplina ciéntifica en el siglo XIX, Max Müller, decía que so se comprende nada de la religión si tan sólo se conoce una. Tomaba el ejemplo de la lengua: hablar una lengua, incluso perfectamente, no le hace a uno lingüista. Fue a través del estudio de las diferentes lenguas cómo la lingüística iluminó los mecanismos del lenguaje. De la misma manera, si se quiere comprender lo que es, por ejemplo, un texto sagrado o un sacrificio, hay que estudiar varias religiones, si es posible muy diferentes.

En esta aproximación, la diversidad no es un problema que habría que superar, sino una condición indispensable para la comprensión. Las contradicciones que hemos evocado entre demanda identitaria y demanda de diálogo se borran, así como las que oponen exigencias de laicidad y de respeto por las creencias religiosas.

- Concretamente, ¿cómo se desarollaría una enseñanza así en el nivel de secundaria?

- En vez de estudiar, por ejemplo, los diez mandamientos, los cinco pilares del islam, etc., se interrogaría cómo las religiones son narradas. Se verría que la palabra religiosa puede adoptar formas muy diversas: discursos míticos, dogmas, comentarios, etc.; que no todas las religiones incluyen dogmas, pero que el hecho de no tener dogmas no significa que no existan reglas. Se estudiaría de la misma forma los ritos y las imágenes. Importante, las imágenes, en este momento sobre todo. Al examinar las reglas y las prohibiciones que rodean las imágenes, se comprendería tal vez que no hay una oposición tan fundamental entre la actitud que consiste en prohibir representar ciertas cosas y la que codifica esa representación.

- ¿Acaso no es una aproximación muy teórica y ardua para alumnos, pongamos, del nivel de secundaria?

- En absoluto. Se puede hacer de manera muy sencilla y muy intuitiva, sobre todo en una clase multiconfesional. Por ejemplo haciendo preguntas como: “¿cómo enterrais vuestros muertos?”, “¿qué os está permitido comer?”, “¿con quien podeis casaros?”, y, por qué no: “¿por qué vestís un pantalón que se os cae por la cintura y una gorra al revés?”. A través de este tipo de discusión, es posible llegar muy lejos en el estudio de los ritos, de su estructura y de su función. Pero, para eso, hace falta que los profesores estén formados en una aproximación antropológica. Eso es posible en el marco de la formación continua. . . ..

- Poner en el mismo plano la práctica religiosa y la vestimenta joven, ¿no es correr el riesgo de banalización?

- Por supuesto, hay que evitar mezclarlo todo. Pero hay que ser también conscientes de que la religión tal y como la entendemos nosotros no es una evidencia construida de todos los tiempos. Se trata de un concepto que nació tarde en la historia occidental y que carece prácticamente de cualquier sentido, por ejemplo, en el Extremo Oriente.
La palabra “religio” describe una manera de comportarse con respecto a los ritos y los dioses. En la Antigüedad, se admite que hay una gran variedad de esos comportamientos y que no son exclusivos. El cristianismo construye el concepto de “vera religio”, la buena manera de comportarse con lo divino. Pero, durante mucho tiempo, no opone la religión cristiana a otras religiones que le serían comparables. El islam, cuando aparece, no es percibido como una religión distinta sino como una manera falsa de ejercer la religión, que sigue siendo vista como un todo. Es precisamente de esa forma cómo el islam percibe aún las otras creencias cuando habla de “infieles”. No fue sino después de las guerras de religión cuando se comenzó a hablar de religiones en plural, concebidas como conjuntos bien distinguidos que se desea clasificar y comparar. Occidente ha impuesto esta visión al mundo: él es quien por ejemplo ha clasificado las creencias y los ritos del continente indio bajo el nombre de hinduísmo. Para un indio, un chino o un japonés, esta manera de concebir las religiones como frascos bien cerrados que podemos ordenar en fila en una estantería es absurda. No ve, por ejemplo, ninguna antinomía entre el hecho de ser taoísta ( o sintoísta) y budista.

- Más que las religiones, al final, se trata de estudiar el hecho religioso...

- No me gusta la noción de hecho religioso. Supone una homogeneidad que no existe. Ciertas religiones, por ejemplo, no tienen dios. Pero no por ello participan menos en el fenómeno religioso. El núcleo duro es lo sagrado. Es decir, una evidencia incontestable que da sentido al mundo. Alrededor, mucha variedad es posible. Y ninguna civilización puede vivir de forma exclusivamente racional, sin recurrir a lo simbólico. Tenemos la costumbre de oponer pensamiento mágico, pensamiento religioso y pensamiento racional. Pero, ahí tampoco, no se trata de conjuntos distintos, herméticos. Se superponen, coexisten. Para hablar honradamente de las religiones, la laicidad debe también preguntarse sobre sus propios rituales.

- La enseñanza que propone, ¿es posible a partir del estudio de sólo las religiones monoteístas?

- No, estas religiones se parecen demasiado. Vistas con un poco de distancia, son casi idénticas. Hay que abrir imperativamente el campo. Interesarse un poco en lo que sucede en China, por ejemplo, no sería inútil. Más de mil millones de individuos que piensan diferentemente de nosotros, no es poca cosa.

Esta apertura puede también pasar por el estudio de la Antigüedad. Con eso reencontramos una competencia cultural que nos ayuda a comprender nuestro patrimonio. Y la conciencia de que nuestra herencia es compleja: el monoteísmo nació en los politeísmos grecolatinos y medio-orientales y de ellos conserva numerosas huellas.

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