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Los nombres del bendito profeta Muhammad (saws)

En carácter y conducta fue el más perfecto de los seres humanos. Todos los grandes Profetas fueron físicamente perfectos y de bello rostro, pero el bienamado de Allah fue el más bello de todos.

18/04/2006 - Autor: Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti - Fuente: Orden Sufi Yerrahi al Halveti (Buenos Aires – Argentina)
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Bismillahir Rahmanir Rahim

En el Nombre de Allah Clemente Misericordioso

Los nombres del bendito Mensajero son dos mil veinte. De ellos, doscientos uno son bien conocidos. Su nombre y sus nobles atributos se mencionan en todas las escrituras celestiales. El bendito Jesús habla de él en los Evangelios:

“Y cuando dijo Isa, hijo de Maryam: ¡Hijos de Israel! Yo soy el mensajero de Allah para vosotros, para confirmar la Torá que existió antes de mí y para anunciar a un mensajero que ha de venir después de mí cuyo nombre es Ahmad. Pero cuando fue a ellos con las pruebas evidentes, dijeron: Esto es pura magia” 61:6

Cuando el bendito Muhammad llegó a su debido momento, desecharon sus obvios milagros como hechicería. No creyeron en él, aun cuando sus propios Mensajeros habían anunciado y predicho su venida.

Su noble nombre se encuentra en los Salmos, así como en la Torá y otras escrituras.

Cuando por alguna razón conocida sólo por Allah, Adán comió del árbol prohibido, fue desterrado del Paraíso y pasó trescientos años arrepintiéndose e implorando el perdón, llorando y lamentándose todo el tiempo.

“Dijeron: ¡Señor nuestro! Hemos sido injustos con nosotros mismos y si no nos perdonas y no tienes misericordia de nosotros, estaremos entre los perdidos” 7:22

Un día, mientras suplicaba llorando: “Mi Señor, perdónanos por la Luz-de-Muhammad que yo llevo en mí”.

Entonces la Compasión divina desbordó en estas palabras: “Adán, te he perdonado a ti y a tu esposa a causa de Muhammad. ¿Cómo has sabido del prestigio de Muhammad ante mis ojos?”

Adán respondió: “Mi Señor, en cuanto abrí los ojos, cuando Tú me creaste y me diste la vida, contemplé el nombre de Muhammad junto con Tu noble Nombre en cada rincón del Paraíso. Supe que el universo había sido creado debido a él, y que los pecadores serían perdonados por amor a él”.

Entonces el Señor dijo: “Aunque el pecado de una persona sea tan profundo como el océano, tan vasto como el sol, lo perdonaré si pide Mi perdón por amor a Muhammad. Te exilié a ti del Paraíso, Oh Adán, pero cuando haya instalado a su Comunidad allí, jamás los volveré a exiliar. Si alguien Me adora, pero no tiene amor por Mi bienamado Muhammad, no acepto su adoración aunque llegue de la tierra al cielo”

Un pecado debería dejarnos suspirando durante mil días. ¡Señor, he pecado mil veces, y ni un solo día he suspirado!

El nombre Muhammad significa “sumamente ensalzado y alabado”. Y dado que el Exaltado ha unido ese nombre al Suyo, éste resuena en las lenguas de los ángeles así como en las lenguas de los Profetas, Mensajeros y Santos desde Adán a la Gloria del Universo. ¡La paz sea con todos ellos!

Éstos son algunos de los nobles nombres del Profeta Muhammadi:

Muhammad (saws) Alabado

Ahmad (saws) Sumamente Alabado

Mahmûd (saws) Digno de Alabanza

Hamid (saws) El que alaba

Ahyad (saws) Su nombre en la Torá

Wahid (saws) Único

Mahin (saws) El que Borra

Hashirin (saws)) El que Reúne

Akibun (saws) El Sucesor

Taha (saws) Título de la Sura 20

Yasin (saws) Título de la Sura 36

Tahir (saws) El Puro

El León de Allah, el venerable Ali ibn Abî Tâlib, y quince de los Compañeros, han transmitido esta descripción del Mensajero Elegido, Muhammad Mustafá (Allah lo bendiga y le de paz):

En carácter y conducta fue el más perfecto de los seres humanos. Todos los grandes Profetas fueron físicamente perfectos y de bello rostro, pero el bienamado de Allah fue el más bello de todos.

Su casto cuerpo era hermoso, sus miembros bien proporcionados, y su figura sumamente atractiva, su frente ancha y su pecho amplio, así como sus palmas y el espacio entre sus hombros. Su cuello, largo y grácil, era como la plata pura. Sus hombros y brazos, así como las pantorrillas de sus piernas, eran robustos y macizos, mientras que sus muñecas eran estilizadas . Sus dedos eran bastante largos, y más bien gruesos como también sus manos. Su vientre bendito no era gordo, y no sobresalía debajo de su pecho. Sus empeines eran arqueados, no aplanados.

De altura mediana, estaba bien formado, poderoso y fuerte. No era demasiado delgado, ni tenía sobrepeso, sino un buen peso mediano. En cuanto a su piel bendita, era más suave que la seda. La gran cabeza, la frente arqueada y la nariz derecha estaban en perfecto equilibrio. Su rostro era más oval que circular, ni demasiado gordo ni demasiado redondo en las mejillas.

Sus cejas estaban juntas pero no se tocaban en el medio. No era cejijunto. Entre sus dos cejas había una vena que solía hincharse y sobresalir cuando se enojaba. Sus pestañas eran largas y los ojos negros, hermosos y muy grandes. En el blanco de sus ojos había un tinte rojo. Su coloración era clara, ni tan blanca como la tiza ni tan oscura como para ser moreno. El resplandor que brillaba en su rostro bendito era de un blanco rosado suave, brillante y reluciente. Sus dientes eran brillantes como perlas; los frontales centelleaban mientras hablaba, y cuando sonreía su boca bendita irradiaba destellos como de un exquisito relampagueo.

Cuando dejó crecer sus cabellos, crecieron hasta sobrepasar los lóbulos de las orejas. Su barba era espesa y abundante. No era larga, pero lo suficiente para aferrarla con su mano. Cuando partió hacia el mundo de la Eternidad, sus cabellos y su barba recién habían empezado a tornarse grises; tenía alrededor de veinte pelos grises en su cabeza y unos cuantos en la barba.

Su cuerpo estaba siempre limpio y tenía un dulce perfume. Ya sea que se perfumara o no, su piel olía mejor que el más fino de los perfumes. Cualquiera que le diera la mano podía percibir su agradable fragancia durante el día entero. Si le acariciaba la cabeza a un niño con su mano bendita, se podía distinguir a ese niño de los demás por su deliciosa fragancia.

En el momento mismo de su nacimiento vino al mundo limpio e impecable y naturalmente circuncidado. Nació con el cordón umbilical ya cortado, y sus sentidos eran inusualmente agudos. Podía oír a una gran distancia, y podía ver más lejos que cualquier otro. Todos sus movimientos eran suaves. Cuando iba a alguna parte, lo hacía serena y pausadamente, sin desviarse ni a derecha ni a izquierda, con paso enérgico y llano. Podía parecer como que estaba paseando, pero aquellos que se le acercaban quedaban rezagados, aun cuando caminaran rápido. Había luz y dulzura en su rostro bendito, fluidez y encanto en su habla.

Su lenguaje era claro y elocuente, y se expresaba con extraordinaria lucidez. Nunca hablaba innecesariamente y en todo lo que decía había sabiduría y buen criterio. Siempre se dirigía a la gente en el nivel de su comprensión. Su rostro sonreía, y sus palabras eran dulces. Nunca le dijo una mala palabra a nadie, ni trató mal a nadie. Jamás interrumpía a nadie. Era afable y humilde. Ni tenía mal carácter ni era grosero. Pero era serio e imponente. Su risa era una sonrisa. Una persona que lo veía imprevistamente quedaba llena de admiración y temor reverente.

Cualquiera que disfrutaba de su compañía y amistad llegaba a amarlo con toda su alma y su corazón. Respetaba a los virtuosos de acuerdo a sus rangos. Trataba también a sus familiares con gran respeto, no obstante jamás los prefería por sobre aquellos más honorables que ellos. Así como trataba con bondad a los miembros de su grupo familiar y a sus compañeros, trataba con la misma gracia y gentileza a otra gente también.

Era muy bueno con sus sirvientes. Les ofrecía lo mismo que comía él, y compartía sus mismas ropas . Era generoso, amable, tierno y compasivo, valiente y tolerante. Inamovible en el compromiso y la promesa, era fiel a su palabra, superior a todos en bondad de carácter y excelencia mental, digno de toda clase de elogio y encomio. Toda alabanza se la daba a Dios.

Resumiendo, tenía una forma bella, un carácter perfecto, un ser feliz y bendito, como igual jamás ningún otro ha sido ni será creado, que Allah lo bendiga y le de paz.

i Para los otros nobles nombres del profeta Muhammad, consultar Dalail al-Khayrat de Sulayman al-Jazuli. Los nobles nombres están explicados y analizados en Delail Sherhi, de Kara Davud.


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