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El jardín místico

12/04/2006 - Autor: Centro Virtual Cervantes - Fuente: Centro Virtual Cervantes
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La luz espiritual

La idea del jardín, a lo largo de la Historia, siempre ha estado vinculada a la visión de un lugar idílico y rebosante de paz, generalmente localizado en el Más Allá, en el que fluyen ríos y arroyos, y en el que crecen abundantes flores y árboles. El Paraíso persa del Avesta, el Edén bíblico del Génesis, el Paraíso, o Cielo evangélico, todos conforman un concepto de Jardín Espiritual.

En el mundo islámico el Paraíso espiritual accesible al creyente en la otra vida, se compartimenta en siete Paraísos, o Jardines (Yannat) en escala. La ascensión del alma del piadoso musulmán, por esas diversas etapas, configura la máxima purificación y perfección del espíritu, y sólo los místicos de almas selectas, se encumbran con su esfuerzo espiritual hasta alcanzar el Último Jardín.

La Luz, o Nur de Alá aludida en el Corán, incide de forma especial en estos Jardines, otorgándoles forma y relieve y derramando sobre ellos su bendición:

Alá es la luz de los Cielos y de la Tierra.

Los Jardines del Paraíso en el Corán

El libro sagrado de los musulmanes contiene abundantes referencias a los Jardines del Más Allá:

Quienes obedezcan a Alá y a Su Enviado,
Él les introducirá en Jardines
regados por aguas vivas,
en los que morarán eternamente.
Corán (sura 4, aleya 13)

Así, en los Siete Jardines espirituales hay multitud de ríos y fuentes, y gran cantidad de árboles con cien variedades distintas de frutas en cada uno. Entre ellos aparecen la palmera y el granado, «tan grandes y hermosos que nadie los podría describir». Un caballo al galope tardaría cien años en salir de la sombra del banano, mientras que la hoja del azufaifo podría cobijar a toda la comunidad de los creyentes.

De acuerdo con la tradición islámica, al probar uno de los frutos del Paraíso se degustará el sabor de todos los más deliciosos de este mundo.

El Primer Paraíso de la espiritualidad islámica es el Jardín de Adán (Yannat ‘Adan), o Jardín del Edén, donde según la escatología musulmana fue creado Adán. En esta primera etapa de bienaventuranza hay un pleno disfrute del alma en relación a la naturaleza, pues, de acuerdo con la tradición islámica, la parte oriental de este Jardín está completamente repleta de árboles, que ofrecen una frondosa sombra. Por este Jardín fluyen cuatro grandes ríos caudalosos: el Nilo, el Éufrates, el Tigris y el Amu-Darya.

El Jardín del Edén islámico es el homónimo del Paraíso Terrenal, o Edén bíblico. En hebreo, edén significa ‘delicia’, por ello se ha traducido el Gan- Eden que rememora el Génesis, como Jardín de las Delicias.

De estos cuatro ríos del Jardín del Edén (Yannat `Adan), nacieron, según la tradición, los que, con igual nombre, fluyen por la Tierra. El Nilo, mientras discurre por el Jardín, es de miel y se sitúa en Oriente. El Éufrates es de leche y fluye por el Oeste del Edén, mientras que el Tigris (al-Diyla) es de agua y se sitúa en el Norte. Y por último el Yayhun, es de vino y discurre por el Sur. En la Tierra este río recibe el nombre de Amu-Darya y atraviesa Afganistán y la región de Turkmenistán. La miel, la leche, el agua y el vino de los que están formados, son de naturaleza diferente a los conocidos en la Tierra.

Estos ríos paradisíacos, según la tradición islámica, son «hermosos, transparentes, claros y de una amplitud maravillosa». En cada una de sus orillas se elevan las montañas del Paraíso, todas ellas de zafiro. Están destinados a producir el bienestar de las almas de los bienaventurados.

En el centro del Séptimo Paraíso islámico o Jardín (Yannat al-na`im) crece el árbol celestial Tubà, cuyas ramas recitan constantemente las suras del Corán, según la mística sufí. Es árbol de gran envergadura, «árbol de la alegría y del deleite». El pie del árbol es de rubí; la tierra donde está plantado, de almizcle y ámbar; las ramas, de esmeralda; las hojas son de brocado; las flores, de oro, y sus frutos, «más blancos que la nieve», son como perlas. La hierba en torno a él exhala un gratísimo perfume.

Es éste el Árbol de la Vida espiritual, que sólo alcanzan a ver los Elegidos que logran ascender al Séptimo Jardín, en la antesala de la contemplación mística de Alá.

El Jardín del Edén en la Biblia

Anteriormente al Corán, el Génesis ya recogía la tradición bíblica del Jardín del Edén, que se corresponde al Primer Paraíso musulmán. Su descripción es similar a la islámica:

Plantó Dios un jardín en Edén, al Oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Salía del Edén un río que regaba el jardín y de allí se partía en cuatro brazos. El primero se llamaba Pisón... el segundo se llamaba Guijón... el tercero Tigris... el cuarto Éufrates.
Génesis (2, 8 a 14)

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