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Iraq, tres años después

07/04/2006 - Autor: Yusuf Fernández
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El 21 de marzo de este año, el mundo conmemoró el tercer aniversario de la invasión de Iraq. El aniversario fue acompañado por protestas en todo el mundo y por la publicación en el New York Times de un nuevo memorando confidencial británico, escrito por el antiguo asesor en temas de política exterior de Blair, David Manning, que fue filtrado al periódico. El memorando deja claro que el presidente estadounidense, George W. Bush, estaba determinado a invadir Iraq dos meses antes de que la guerra comenzara, incluso aunque no lograra conseguir una resolución de la ONU que respaldara su ataque o aunque los inspectores de armas de la ONU no encontraran armas de destrucción masiva en Iraq. El Times señaló que Bush comunicó su decisión a Blair durante un encuentro de dos horas entre ambos líderes que tuvo lugar en el Despacho Oval el 31 de enero de 2003.

El memorando señala que Bush dijo que EEUU “apoyaría con todas sus fuerzas los esfuerzos encaminados a lograr una resolución de la ONU,” pero si “fracasamos en última instancia, la acción militar se llevará a cabo de todos modos.” Más significativamente, el memorando afirma que ambos líderes reconocieron que era posible que no fueran halladas armas de destrucción masiva en Iraq antes de la invasión. Esto significa que el tema de dichas armas era tan sólo un pretexto para ocultar los objetivos reales de la guerra: el apoderarse del petróleo iraquí, expandir la influencia de las corporaciones de EEUU en Oriente Medio y, por encima de todo, servir a los intereses de Israel. Iraq era el país árabe más poderoso en Oriente Medio y podía bloquear los intentos israelíes de imponer su economía en la región.

Bush sugirió cínicamente algunas ideas para provocar a Saddam Hussein con el fin de facilitar el estallido de una confrontación. La primera era enviar aviones de reconocimiento U2 pintados con los colores de la ONU y con una escolta de cazas a Iraq. Si los iraquíes disparaban sobre los aparatos, Iraq estaría violando entonces las resoluciones de la ONU, señaló. Bush dijo también que EEUU podría buscar a un desertor iraquí para que hablara acerca de las armas de destrucción masiva. Él incluso esbozó una propuesta para asesinar al líder iraquí.

El memorando demuestra que todas las reuniones que tuvieron lugar en la ONU en los primeros tres meses de 2003 con el fin de buscar una solución pacífica al tema de las “armas de destrucción masiva” iraquíes fueron inútiles, porque el gobierno de EEUU ya había tomado su decisión de invadir Iraq, un país que no había amenazado a EEUU ni quería una guerra con este último. De este modo, Bush lanzó una invasión ilegal, que puede ser considerada un “crimen contra la paz,” que consiste en iniciar o promover el inicio de una guerra en contra de la integridad territorial, la independencia política o la soberanía de un estado. Cabe señalar que el Tribunal de Nüremberg condenó a muerte a algunos líderes nazis por cometer este crimen. Ellos fueron encontrados culpables de iniciar la Segunda Guerra Mundial. Así pues, Bush, Rumsfeld, Blair y los otros líderes deberían ser arrestados y sometidos a un juicio por sus crímenes en contra de la paz y sus crímenes de guerra si hubiera un sistema de justicia internacional efectivo.

La historia vinculará la guerra de Bush con el asesinato de más de 30.000 civiles iraquíes, con las torturas de la prisión de Abu Graib, con los escuadrones de la muerte que siembran el terror en las calles de Iraq, y con la pobreza y dificultades que la mayoría de los iraquíes sufren en este momento. La infraestructura del país se halla en ruinas. Decenas de miles de viviendas han sido destruidas. Unas 36.000 de las 50.000 casas de la ciudad de Faluya han sido demolidas por el ejército de EEUU. Las promesas de seguridad se han evaporado y la ocupación militar norteamericana ha sido incapaz de restaurar los servicios más básicos hasta el nivel que existía con anterioridad a la guerra, incluyendo el suministro de agua potable, electricidad y gasóleo para calefacción. Una reciente encuesta conjunta de USA Today y la CNN ha mostrado que el 57% de los iraquíes quiere que las tropas norteamericanas se retiren inmediatamente. Las atrocidades norteamericanas en Iraq han creado también un clima de simpatía y apoyo hacia la resistencia iraquí.

Cabe señalar que la invasión estadounidense no sólo ha sido cruel y brutal, sino también inútil. EEUU ha sido incapaz de alcanzar sus principales objetivos en Iraq. En primer lugar, no ha podido imponer un gobierno pro-norteamericano. De hecho, los principales ganadores del actual proceso político en Iraq son las organizaciones shiíes pro-iraníes, tales como el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq (CSRII) y el Partido Dawa. Significativamente, los miembros de estas organizaciones lucharon junto con el ejército iraní durante la guerra irano-iraquí (1980-88). Algunas de las organizaciones shiíes de Iraq han advertido que atacarán a las fuerzas norteamericanas si Washington lanza una agresión militar contra Irán. Ahmed Chalabi, el protegido de los neoconservadores, a quien EEUU quería imponer al pueblo iraquí como nuevo líder del “Iraq liberado” al principio de la guerra, no consiguió ni un solo escaño en las recientes elecciones parlamentarias.

Además, la Administración estadounidense subestimó en gran medida la fuerza que iba a tener la insurgencia. Los norteamericanos han tenido más de 2.313 muertos y más de 20.000 soldados han resultado heridos o han quedado tullidos o incapacitados. La insurgencia iraquí disfruta del apoyo de la mayoría de la población iraquí y está incrementando su poder. De este modo, los militares estadounidenses han perdido toda esperanza de lograr una victoria militar y han fracasado también al no lograr llevar a la población iraquí a una situación de sumisión. De hecho, mientras el mundo estaba conmemorando el tercer aniversario del inicio de la guerra, un grupo de insurgentes asaltó una prisión en Bagdad, matando a 19 oficiales de policía y liberando a docenas de prisioneros. Las operaciones de la insurgencia han dañado también la industria petrolífera. Las exportaciones de petróleo cayeron hasta una media de tan sólo 1,8 millones de barriles al día en el año 2005-2006. Cabe señalar que durante el período de Saddam, ellas eran de 2,8 millones de barriles. En los últimos meses, las exportaciones registraron un nuevo récord a la baja cayendo hasta los 1,1 millones.

Muchos norteamericanos tienen ahora también sus dudas. Un 60% de ellos afirma ahora, según las encuestas más recientes, que fue un error el enviar tropas a Iraq. Más de la mitad, incluyendo tres cuartas partes de los soldados que luchan en Iraq, quiere que las tropas sean retiradas en el plazo máximo de un año. Durante el pasado año, el porcentaje de estadounidenses que cree que EEUU va a “ganar con toda seguridad” la guerra ha caído desde el 79% hasta el 22%; aquellos que están seguros que EEUU no ganará o creen que es improbable que gane han aumentado desde el 1% hasta el 41%. En realidad, la mayoría de los norteamericanos sabe ya que cuanto más tiempo permanezca EEUU en Iraq, más crecerán los sentimientos antiamericanos entre la población iraquí, y considera que los tres pasados años de guerra han mostrado también que el militarismo unilateralista sólo lleva al aislamiento y el fracaso
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