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Derechos Humanos y lucha contra el Terror: El difícil equilibrio

21/03/2006 - Autor: Maribel Ortega Fuentenebro - Fuente: Webislam
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“Es imprescindible considerar el conjunto de la humanidad como un solo organismo, y un pueblo como uno de sus miembros. Un dolor que afecta a la punta de un dedo hace padecer a todo el sistema. Si hay desorden en cualquier parte del mundo, hay que remediarlo como si hubiera surgido en medio de nosotros” (Kemal Pasha Atatürk)

Primera Parte

1º Derechos Humanos de 1ª y 2ª y 3ª generación

“… la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos…” (Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano - 26 de agosto de 1789)

A finales del siglo XVIII, en zonas tan alejadas una de otra como EE.UU. y Francia tuvieron lugar innumerables conflictos, incluso violentos, debido a la exclusión del orden social tanto de la incipiente burguesía como del pueblo llano. En ultramar como consecuencia de lo arduo del sistema colonial impuesto por la Corona Británica, en Francia por la políticas de dominio de la Monarquía absoluta. Tal estado de confrontación hizo posible la formulación de procedimientos para evitar abusos de poder, otorgar legitimidad a los ciudadanos y mejorar la vida de los más desfavorecidos, de esta forma se consolidaron los que iban a ser estimados como primera generación de derechos humanos, que se hicieron posibles gracias al inconformismo de grupos de individuos a quienes se negaban ser sujetos de derechos. Así en 1776 ve la luz la Declaración del Buen Pueblo de Virginia y un mes más tarde la declaración de Independencia de EE.UU. El 26 de Agosto de 1789 nace la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, con tal proyección, que se incluyó en el preámbulo de la Constitución Francesa de 1791. A ambos se les denomina derechos civiles y políticos, hacen relación al principio de libertad, son individuales y han sido considerados la primera generación de Derechos Humanos. En ambas normas se incluyen garantías como:

El derecho a la vida, propiedad, igualdad, resistencia a la opresión, seguridad e integridad física, a la participación en el gobierno; a no ser detenido sin motivo legal, a tener nacionalidad, a casarse y fundar una familia; protección contra la tortura, y ante la ley; dan derecho a presunción de inocencia, libertad de pensamiento, conciencia y religión; resguardan a las personas contra abusos de las autoridades y afirman que el poder reside en el pueblo y deriva de el, a lo que añaden que los gobiernos están instituidos para el bien común y que los poderes ejecutivo y legislativo deben ser independientes respecto al poder judicial.

La denominada segunda generación de derechos humano emerge a principios del siglo XIX como resultado de la industrialización; es el momento en que hace su aparición el proletariado, o lo que es lo mismo obreros sin bienes que eran obligados a trabajar en condiciones extremadamente penosas con salarios de miseria y jornadas interminables que les impedían la vida familiar y el descanso Situación de injusticia desmesurada de los grandes acaudalados e incluso de los gobiernos, hacía los más débiles. Marx y Engels denuncian las condiciones a que están sometidos estos colectivos y afloran, como no podía ser de otro modo, conflictos de intereses llevados a cabo por movimientos de trabajadores alentados por socialistas y nacionalistas. Las protestas se dirigen contra los centros de poder y pretenden superar las tremendas desigualdades que separan a los ricos y explotadores de los trabajadores explotados, adquieren una fuerza tal, que consiguen reemplazar el estado policial por una forma de vida más digna y más humana.
 
El cambio que se produce es sustancial, se exige al estado el cumplimiento de contratos, que frecuentemente se vulneraba, y se reivindica del mismo estado, un comportamiento que garantice la salvaguarda de los derechos de primera generación. Estas nuevas libertades se asocian, a procesos de modernización social, económica, política y cultural. En 1917 quedaron recogidos en la Constitución de México; en 1918 en la Declaración de los Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado de Rusia, elaborado por Lenin, y encuentran un fuerte impulso en 1919 cuando, por el Tratado de Versalles, se crea junto a la Sociedad de Naciones, la Organización Internacional de Trabajo (OIT), organismo destinado a fomentar la justicia social. De aquí se trasladan a normativas nacionales e internacionales. En 1919, es recogido en la Constitución de la Republica de Weimar que fija, como garantía indiscutible, la protección a la familia “la vida económica debe organizarse conforme a principios de justicia y debe asegurar a todos una existencia digna de hombre: en caso de que no pueda ser dada una ocupación conveniente se le debe asegurar medios necesarios para la subsistencia” (Art. 153 Declaración de Weimar). Fue considerado un ejemplo a seguir, de tal forma que Francia los incorpora en la Constitución de 1946, España en la Constitución de la República Española de 1931, Italia en la Constitución de 1948. Quedan registrados como económicos, sociales y culturales, se extienden a toda la colectividad y se estiman como derechos humanos de segunda generación. Con pocas diferencias, en cuanto a la forma y el momento de asegurar la totalidad de las proposiciones en normativas ulteriores, avalan los siguientes derechos. 

Derecho al trabajo y a la seguridad social, a fundar sindicatos, al descanso y tiempo libre, a seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez o vejez; derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria conforme a la dignidad humana; derecho a la vivienda, protección a la maternidad y a la infancia; derecho a la asistencia médica y la educación, a participar en la vida cultural de la comunidad, derecho a la investigación científica y literaria, a los derechos de autor; potenciación del desarrollo integral de la persona, y mejora de las condiciones laborales. La Constitución de México recoge, explícitamente, el derecho de la futura madre a disfrutar de un mes de permiso después del parto. 

En 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos, si bien trata de recoger algunos de los derechos de segunda generación, no establece los mecanismos necesarios para su consecución, habrá que esperar a 1951 cuando la Asamblea General de Naciones Unidas, a través nuevos pactos, conformaría la Carta Internacional de los Derechos Humanos que proclama la indivisibilidad e unidad de todos. Por su importancia en el largo camino, quiero hacer mención expresa al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; pacto de Derechos Civiles y Políticos, Declaración de Viena aprobada por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos donde se dice: 

“Todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre si. La comunidad internacional debe tratar los derechos humanos de forma global, de manera justa y equitativa en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso… los estados tiene el deber, cualquiera que sean sus sistemas políticos, sociales y culturales, de promover y proteger todos los derechos humanos y libertades fundamentales” (parte I, párrafo 5º Declaración de Viena 1993).

Los derechos humanos de tercera generación, llamados igualmente de solidaridad o de los pueblos, son aquellos que no se habían considerado específicamente en las normativas anteriores, suponen un gran avance frente a los civiles y políticos nacidos gracias al constitucionalismo liberal y a los económicos, sociales y culturales originados a partir del constitucionalismo social, vienen a constituir una toma de conciencia que incide directamente en la necesidad de poner las bases para el desarrollo y la vida en paz. Si bien es cierto que las legislaciones nacionales los recogen e incluso quedan bastante perfilados en la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 4 de Diciembre de 1986 (Resolución 41/128), en la Carta Africana de los Derechos Humanos y de los Pueblos 1986, y con bastante concreción en el Art. 28 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, en la actualidad se encuentra en proceso de elaboración y no sin ciertas dificultades, ya que para consolidarse se hace necesaria la democratización de todos los países y que se establezcan políticas de solidaridad a nivel internacional. Todo el conjunto de la población, organizaciones sociales, instituciones, entidades públicas o privadas, ciudadanos en general deben exigir al estado cree las condiciones para su puesta en práctica. La Declaración contempla garantías tales como: 

Progreso y desarrollo económico, social, cultural y político de todos los pueblos y de todos los seres humanos, para ello los estados tiene que eliminar los obstáculos que lo impidan, sobre todo los que afectan al desarrollo integral del hombre como requisito imprescindible para realizar plenamente todos los derechos humanos; la persona aparece como sujeto central del desarrollo y participante activo; reconoce la norma, una naturaleza humana por el hecho de nacer; los individuos tiene la responsabilidad de proteger el orden apropiado para el desarrollo. Como obligaciones de los Estados se señalan: deber de velar por el bienestar de la población y la obligación de distribuir la renta con equidad; promover un orden económico basado en la igualdad; respeto a los principios de derecho internacional, y en esta materia, cooperación entre estados; arbitrar medidas para eliminar las violaciones masivas derechos humanos y hacer frente enérgicamente al racismo, la injerencia extranjera y las amenazas contra la soberanía nacional; deben fomentar el respeto de todos los derechos humanos y de las libertades fundamentales sin exclusión por motivos de raza, sexo, lengua o religión; impulsar la paz y seguridad internacionales, fomentar la igualdad de oportunidades de los ciudadanos por medio de la educación, salud, alimentos, vivienda o empleo; se deben erradicar injusticias sociales, respetar el patrimonio común de la humanidad y propiciar la participación de la mujer en todos los ámbitos de la realidad. 

Quedaría incompleta está sucinta exposición sobre los Derechos humanos sin una breve mención a la Declaración Universal de los Derechos del Niño de 1959. Los niños son total y absolutamente seres indefensos, por ello la protección se extiende más allá y reclama para ellos algo tan sencillo como el derecho a la vida, al nombre y nacionalidad, a vivir libre de hambre, miseria, abandono y malos tratos, a un ambiente seguro, a la educación … tremenda y cruel paradoja cuando miles de niños mueren diariamente por inanición, viven en ambientes de guerras en los que la infancia son las víctimas más vulnerables, y en muchas zonas del mundo es una quimera la construcción de escuelas. Mencionar el Convenio de Ginebra que prohíbe la tortura y los malos tratos a los presos, cualesquiera sean los motivos por los que se encuentren recluidos. 

2º La Declaración Universal de Derechos Humanos 

“Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos (Art. 1); no pueden ser objeto de discriminación por razón de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, posición económica o nacimiento (Art.2) 

El día 10 de diciembre de 1948 vio la luz la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 30 artículos basados en los principios de libertad, igualdad y solidaridad destinados a proteger la dignidad de los seres humanos y la integridad de los pueblos. Son derechos universales e indivisibles, aplicables a todos los seres humanos individual y colectivamente. Los gobiernos son los responsable, dentro de cada país, de cumplir y hacer se cumplan todas su garantías, aunque tristemente, en muchas ocasiones la vulneración se produce desde los propios estados a través de sus representantes legales que en muchas ocasiones no los respetan o permiten se incumplan, aunque los hechos aparezcan disfrazados de incorruptibilidad y ello independientemente de que sean estados desarrollados, en proceso de desarrollo, países empobrecidos o estados débiles. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 significa un paso ideológico definitivo al recoger los derechos de primera y segunda generación, darles prioridad y protección judicial y, sobre todo el hecho de introducir una nueva variable: la voluntad de los estados de promulgar un catálogo de derechos y libertades colectivos. Establece, asimismo, recomendaciones para que se respeten en todos los países y que ellos sean la base para la paz. Introduce límites a las arbitrariedades e injusticias que pueden perpetrar los gobiernos en el ejercicio del poder y les somete a una ética que les obliga a satisfacer las necesidades de los individuos a quienes representan. Las garantías se podían resumir en: 

Libertad, igualdad y dignidad de todos los seres humanos, que tiene además todos los derechos y libertades proclamados en la declaración, sin distinción jurídica, política o internacional: los individuos tiene derecho a su vida. Prohíbe la esclavitud, la tortura, los tratos degradantes, la trata de esclavos; igualdad y protección ante la ley; a no ser detenido arbitrariamente y a que se garanticen juicios justos; derecho a la libertad de opinión, de reunión, a participar en el gobierno del propio país; derecho a la seguridad social, al trabajo a asociarse; garantiza a los niños protección social; protege el derecho a la vida cultural y política, a fundar sindicatos, a no sufrir la injerencia de los poderes en el ámbito privado ni la correspondencia; derecho a buscar asilo en caso de persecución y el derecho a la educación como base fundamental para que se reconozcan y respeten todos los Derechos humanos. 

Segunda Parte 

1º Dificultades para una definición consensuada de terrorismo.
 

“El terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, dondequiera que se produzca, quienquiera que lo practique, no puede justificarse jamás, en ningún caso, ni siquiera como medida para promover y proteger los derechos humanos” (Comisión de Derechos Humanos de la ONU) 

Políticamente, no existe una definición de terrorismo capaz de unificar criterios, es por ello que cada país se ve obligado a tratarlo según lo que tipifica su derecho. Desde 1972 la Organización de Naciones Unidas ha hecho toda clase de esfuerzos para tratar de elaborar una definición, aceptada por todos los países miembros, que sirva como instrumento para enfrentarse con criterios comunes a un fenómeno tan demoledor. En la actualidad la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas determina que “todo acto de terrorismo internacional es una amenaza para la paz y la seguridad mundial”; la Resolución 1269 precisa que los actos terroristas “ponen en peligro la vida y el bienestar de las personas”, y que “la represión de actos de terrorismo internacional es una contribución indispensable para el mantenimiento de la paz”. El sociólogo español Fernando Reinares califica el terrorismo de “violencia cuyos efectos psíquicos producen reacciones emocionales de ansiedad” el Diccionario de la Real Academia española de la Lengua lo define, como “dominación por medio del terror” o “sucesión de actos de violencia perpetrados para infundir terror”. Jurídicamente se contempla como “actos de violencia en contra de las personas, la propiedad, la seguridad, los poderes públicos y el orden constitucional o contra la administración pública” Francia lo tiene recogido en su código penal (Art. 421) en el que se afirma que el terrorismo “son atentados voluntarios contra la vida humana y su integridad” considera asimismo como tal, el secuestro, posesión de aparatos mortíferos, financiación a grupos de terror, y el blanqueo de dinero. El código de enjuiciamiento penal de EE.UU. (título 18) dice que “los actos de terror implican una acción violenta o peligrosa para la vida humana, tienen por fin intimidar, coaccionar a la población e influir en la política”. 

Autores como Jonathan R.White clasifica el terrorismo en diversos tipos, y da para cada uno distinta definición. El primero, al que denomina simple, se distingue por que “utiliza la violencia o la amenaza de violencia con el ánimo de producir temor”; el segundo o analítico tiene como misión “cambios políticos o sociales tras actos terroristas individuales”, el último hace referencia al de tipo estatal, y dice que está “ejercido por algunos gobiernos con el fin de aterrorizar a la población para someterla”. Bruce Hoffman, opina que “el terrorismo es, sobre todo, violencia intelectual, porque cualquier acción terrorista primero es pensada para luego, a través de la fuerza bruta, conseguir los objetivos que ambiciona”, afirma que el terrorismo es político en sus objetivos y motivaciones, y que la violencia que practica tiene repercusiones psicológicas muy graves, para las víctimas y más allá de ellas. Si cualesquiera de estas aserciones se analiza con detenimiento, se observa que contienen solamente los factores que lo caracteriza, o bien recogen el impacto que causan en la población, sin embargo sería necesario se definiese de tal forma, que junto al aspecto descriptivo se incluyera como terrorista, a inspiradores, a quienes lo financian o protegen, lo que sin duda desembocaría en una visión unitaria a nivel internacional como medio para dar mayor efectividad a la lucha antiterrorista. Pero no es tan sencillo. 

Personalmente creo que el terrorismo son los actos premeditados de terror producidos por organizaciones tremendamente complejas: el terrorismo transnacional, utiliza las creencias como paraguas ideológico para reclutar a sus adeptos, así, lo religioso, no sería otra cosa más que la manipulación del lenguaje, porque esos grupos con capacidad global, posiblemente, pretenden objetivos políticos; para su consecución utilizan como herramienta la acción terrorista por sorpresa, que causa un daño irreversible a personas inocentes a las que sumen en el sufrimiento; provocan, un gran caos en las sociedades atacadas con lo que intentan hacer cambiar el rumbo de los gobiernos o desestabilizarlos. Cualquier lugar del mundo puede ser blanco de sus ataques, que les sirve al tiempo de propaganda, -la coartada se la suministran los medios de comunicación social destinados a informar- que principalmente va destinada a sus grupos ante los que se presentan como luchadores por la libertad. Las víctimas, según su sinrazón, son culpables, para ello, precedentemente, las han embrutecido y condenado. El terrorismo de base ideológica nacionalista, es absolutamente político, sin máscara, siembra el terror de la misma forma actuando dentro del territorio nacional. Cuando el terrorismo lo es de estado, el problema se torna sumamente vago, porque a falta de una definición política como tal, es muy complicado localizarlo y aislarlo ya que recurre a todo el poder que le confiere el ejercicio de gobernar y sus acciones aparecen como luchas legales.

La Asamblea General del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el día 6 de Agosto de 2002 aconsejaba que para buscar una definición global habrían de tenerse en cuenta los siguientes elementos: los actos de terror lo son de carácter político pero también de delincuencia organizada, infinitamente más complicados y enrevesados; cada grupo tiene que ser abordado según sus propias causas y motivaciones; es necesario comprender su carácter político, criminal y su psicología ya que lo producen grupos ilegítimos pero también gobiernos legales a través de acciones directas o por medio de grupos especializados que de forma clandestina se infiltran en zonas en contienda e incluso crean conflictos donde no existían; en otros casos es utilizado dentro de la propia nación por grupos legales, como instrumentos de control dedicados a eliminar adversarios políticos, para ello se sirven de programas encubiertos que tienen como objetivo quitar legitimidad a los antagonistas al calificarlos de seres malignos.

2º La crueldad como protagonista 

El 11 de Septiembre causo una terrible conmoción, en todos aquellos que lo observamos a través de TV, las imágenes de unos aviones comerciales empotrándose en Word Tarde Center en New York y como consecuencia del impacto, la visión apocalíptica del desplome, sobre si mismas, de las dos grandes torres. Se había cometido el más cruel atentado de la historia. Aquel enloquecedor suceso supuso, para muchos, la toma de conciencia del peligro terrorista transnacional. La acción estaba cargada de fuerte simbolismo ya que se había destruido el centro financiero más importante de EE.UU. y en el edificio colindante, que quedo igualmente devastado, un centro de información del FBI ¿Qué estaba pasando? El atentado del 11-M volvió a despertar a la cruda realidad: Madrid símbolo de una capital moderna y tolerante y por ello mismo más vulnerable, había sufrido el zarpazo más cruel que el terrorismo había cometido nunca en España, las víctimas, una vez más, eran ciudadanos anónimos, trabajadores, estudiantes, funcionarios o empleados de un Madrid progresista y multicultural acogedor, abierto, trabajador y alegre. El 11-S fueron cuatro aviones, el 11-M cuatro trenes, ambos por la mañana poco antes de comenzar el trabajo, ambos un día 11. Aunque no acierto a comprender que esconden tales similitudes creo deben encerrar algún significado. Algunas personas que viajaban en los ferrocarriles eran inmigrantes, habían abandonado su país en busca de una vida mejor y aquí encontraron la muerte. 

No se trata en este trabajo de relacionar todos los atentados que se han sucedido desde entonces; pero quiero hacer memoria del que destruyó la discoteca de Bali, los ocurridos en la ciudad turca de Estambul cuando sendas bombas estallaron en dos sinagogas y en el consulado británico; Nairobi, Riad, Beslan, Bombay, Tel Aviv; los sucedidos en el verano de 2003 en Casablanca, que afecto a intereses españoles en Marruecos; el 7-J en Londres, en vagones de metro, también contra gentes trabajadora o estudiantes y como no, el acaecido en hoteles de Amman en Jordania. Todos, ocurran donde ocurran, son deplorables sin paliativos, todos absolutamente todos son condenables, reprobables y nunca y de ninguna manera pueden justificarse.

3º Causas del terrorismo

“Condenamos enérgicamente el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, independientemente de quién lo cometa de dónde y con qué propósitos, puesto que constituye una de las amenazas más graves para la paz y la seguridad internacionales”. (Art. 81 de la Cumbre Mundial 2005- ONU) 

Existen graves riesgos para la humanidad comenzado el siglo XXI. Los expertos de la ONU, los clasifican en seis apartados. 1º) Pobreza, enfermedades infecciosas y degradación medio ambiental; 2º) conflictos entre estados; 3º) genocidios; 4º) armas nucleares, radiológicas, químicas y biológicas. 5º) terrorismo, 6º) delincuencia organizada transnacional. Estudiándolas paso a paso, se concluyen que todas son extremadamente graves, pueden adelantar la muerte de grandes núcleos de población y si no se abordan a tiempo, reducir, muy drásticamente, la esperanza de vida; todas sin exclusión, suponen una grave complicación para los estados, ya que ponen en situación de riesgo su estabilidad y orden interior. Por eso obviando las demás voy a centrar los siguientes apartados en analizar que causas, con muchas probabilidades, pueden desencadenar el terrorismo internacional y la necesidad de defender los derechos humanos en la lucha para erradicarlo. 

Todo fenómeno del terror es sucio, oscuro, enrevesado y de riesgo, en muchos casos se pierde en una nebulosa que impide conocer autores y motivaciones. Y dicho esto hay que apuntar que no todos los terrorismos son iguales, aunque las organizaciones que los sustentan ejerzan, igualmente, ataques feroces contra inocentes. El terrorismo religioso basa toda su estrategia y se justifica dentro de la propia religión, que quieren extender y de esta forma imponer sus dogmas de forma generalizada. Todas las religiones, tiene como principal misión suministrar a los hombres valores morales y su destino, en este sentido, debería ser la esperanza individual y la paz; pero desafortunadamente, pueden convertirse en violentas cuando se dogmatizan y se radicalizan respectó a otras confesiones. Históricamente ha existido un vínculo, extremadamente incomprensible y peligroso, de religión-violencia. Por lo que respecta a la tradición bíblica, la violencia sagrada esta recogida en numerosos versículos del Antiguo Testamento, común a judíos y cristianos y el vocablo Islam que significa paz y sumisión a Dios, permite y justifica en algunos casos el uso de la fuerza. En todas hay una exigencia vital: no mataras, no te suicidarás porque la vida es sagrada. Desafortunadamente en virtud de su literalidad, que no de su interpretación, todas pueden deslizarse hacia el fanatismo en nombre de su única verdad. En defensa de este preciso supuesto, todas de hecho, han consumado atentados y luchas de extrema crueldad. Muy conocidas las masacres realizadas por grupos cristianos contra las clínicas abortistas en EE.UU., las luchas entre cristianos y protestantes en Belfast o los perpetrados en 1994 por un grupo de judíos contra musulmanes cuando estaban orando en la tumba de los patriarcas en Hebrón; el asesinato de lideres políticos israelíes o los llevados a efectos por terrorista suicidas palestinos, o el cometido por una rama del budismo japonés cuando depositaron en el metro de Tokio gas sarin. 

Con el fin de evitar equivocaciones, es necesario advertir que el terrorismo islamista supone una minoría dentro del mundo musulmán. De 1500 millones de personas que profesan el Islam, 2000, aproximadamente, pertenecen a Al Qaeda y entre todos los grupos yihadistas, no siempre violentos, suman un total de 200.000 individuos. El porcentaje es francamente minoritario, lo que pone de manifiesto una diferencia fundamental: una cosa es Islam, y otra totalmente distinta es terrorismo, algo que conviene no confundir. 

Las acciones de los grupos de terrorismo yihadista internacional, frente a la opinión comúnmente aceptada, van dirigidas, principalmente, contra sus propios gobiernos, a los que consideran corruptos, les acusan de aliarse con occidente, enriquecerse a costa de la mayoría de sus ciudadanos que están empobrecidos y ser incapaces de emprender reformas sociales en sus propias naciones. Consideran a occidente y principalmente a EE.UU. como enemigos, que a través de la globalización de la economía, quieren imponerles sus propias formas de vida. Esto lo perciben como una amenaza a su cultura, a su religión, a sus costumbres, y en general a todo su modus vivendi. En otros casos es odio a quienes colonizan e invaden sus países, les declaran guerras preventivas y les quieren imponer la democracia por decreto que no conocen y de la que desconfían. Con carácter general el terrorismo se hace más visible allí donde se dan más violaciones de los Derechos Humanos, grandes tensiones internas, desigualdades e injusticia social, negación de libertades políticas o confrontación religiosa. Pobreza y marginación, pueden incitar a futuros terroristas, pero no con carácter general, es bien conocido que los terroristas que atentaron y derribaron las torres gemelas, si bien provenían del mundo musulmán, eran gentes de clase media-alta, educados en universidades occidentales, pilotaban aviones, bebían vino, alternaban en clubes nocturnos y jugaban en bolsa, sus costumbres eran muy distintas a las formas de vida de los países de origen. No es por tanto la pobreza per se la que causa el terrorismo, pero si pueden serlo algunas situaciones extremas de marginación tal como la que padece el pueblo palestino, en que la cuarta generación de individuos se ve recluida en campos de refugiados, sin esperanza, sin futuro y sin estado. 

4º Salvaguarda de derechos

El propósito de las medidas antiterroristas es proteger los derechos humanos y la democracia, y no debilitar esos valores fundamentales" (Mary Robinsón, Walter Schwimmer y Gerard Stoudmann).

El terrorismo es un fenómeno con muchas caras, muy complejo y consistente, es una amenaza asimétrica y al tiempo un fenómeno cultural, social, económico, de ahí la complejidad para su erradicación. Por el momento, y lo digo con una enorme tristeza, parece ser que tenemos que acostumbrarnos a vivir con ese peligro. La cuestión es desalentadora pero real, la lucha es difícil, larga y complicada: primero porque no todos los países se enfrentan al problema con los mismos criterios, después porque es sumamente embarazoso detectarlo y aislarlo. En el primer caso y por inaudito que parezca, ciudadanos insospechados pueden comprometerse en tan nefasta tarea. Todavía recordamos que el 7-J en Londres, uno de los terroristas que se inmoló era profesor con buen nombre, preocupado por los niños a quienes impartía enseñanzas y del que nadie hubiera desconfiado; por otra parte, mientras exista alguien dispuesto a sacrificarse por conseguir su objetivo macabro, difícilmente existirá seguridad, porque estas actitudes de sacrificio personal son tremendamente complejas a la hora de desentrañarlas. La guerra preventiva, o guerra convencional, ha demostrado su ineficacia para luchar contra ese enemigo invisible y muy en contra de los pronósticos de sus valedores, ha hecho aumentar el número de atentados terroristas en el mundo entero, como explícitamente lo reconocía un informe emitido en 2005 por el departamento de la administración americana que dirige Condoleeza Rice publicado en el periódico estadounidense The Washington Post; posteriormente Richard A. Clarke, experto norteamericano en terrorismo, se lamentaba, de que la actuación de EE.UU. en Irak, había desviado grandes cantidades de dinero necesarias para la eficacia de la lucha y además les había alejado de aliados fundamentales. 

El Secretario General de la ONU Kofi Annann advierte continuamente de que la esencia de la Naciones Unidas es el respeto a los Derechos Humanos, los estados, tienen la obligación de observarlos en cuantas medidas tomen en la lucha contra del terrorismo. “La preservación de los Derechos Humanos es compatible con una estrategia eficaz en la lucha contra el terrorismo y un elemento esencial de estrategia” (Kofi Annann), la exigencia estaría sobre todo, en la eficacia de los estados para prevenir el terrorismo y garantizar a los ciudadanos la seguridad y defensa de los valores democráticos, porque el estado que sacrifica principios favorece el retroceso y se coloca en una situación de debilidad frente al terrorismo; por el contrario el hecho de afianzar los valores democráticos y asegurar las libertades civiles hace fuerte al estado frente los violentos. La lucha contra el terrorismo que no respete esos derechos inalienables, podría ser interpretada por los terroristas como signo de claudicación ante sus ataques y de alguna forma, conseguirían el logro de parte de los objetivos que persiguen, cual es la desestabilización, o por lo menos la alteración del orden en las sociedades masacradas. No se puede ceder derechos ni principios en la lucha contra el terror, porque puede destruir la propia democracia, que es la mejor herramienta para la paz (Documentos ONU).

La amenaza global que representa el terrorismo exige una respuesta y una cooperación globales, las naciones tienen la obligación inexcusable de colaborar juntas contra ese enemigo común fortaleciendo el consenso internacional, y estableciendo una colaboración fluida de los cuerpos y fuerzas de seguridad internacionales; solidaridad con las víctimas, a las que se debe ayudar, guardar memoria, respeto y consideración; es indispensable la lucha contra la intolerancia y el extremismo, establecer relaciones con las comunidades musulmanes e integrarlas en las sociedades de acogida. No puede excluirse los medios de comunicación social que deben actuar con ética y responsabilidad ante la magnitud del problema, ya que con la palabra, llegan a grandes capas de población e influyen o forman la opinión pública, incluso fijan conductas, tienen por ello la obligación moral de ser rigurosos en sus análisis y no confundir, a quienes les escuchan o leen, con opiniones que no se ajustan a la verdad o la transforman de acuerdo con intereses personales o de grupo; hay que disuadir a las naciones que apoyan el terrorismo, de que su postura no es aceptable porque el terrorismo nunca puede ser apoyado. Las fronteras no suponen ningún obstáculo para las armas nucleares, biológicas o químicas; afortunadamente hasta la fecha no se ha perpetrado atentados de estas características, y según la opinión de Richard A.Clarke es difícil que se produzcan, pero aún así los gobiernos tienen la obligación, de vigilar el acceso de los grupos violentos a estos materiales por muy caros que sean los medios. Las consecuencias de un atentado de estas características tendrían consecuencias catastróficas. Las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, hace más de sesenta años, mataron a miles de almas, unas cien mil en el momento de la explosión en cada una de las ciudades, otras se salvaron milagrosamente pero sufrieron secuelas importantes; muchos más, como consecuencia de la duración de la radioactividad, nacieron con malformaciones que arrastran a nuestros días.

Arabia Saudita en Marzo de 2005 dio un paso importante en la lucha antiterrorista al convocar en Riad una Conferencia Internacional con el lema “Hagamos Frente al Terrorismo”, a la que asistieron delegaciones de más de 50 países de Europa, América, África, Asia, del mundo árabe y organizaciones internacionales de pensamiento político y derechos humanos. En el manifiesto palabras como las siguientes “El terrorismo no pertenecen a ninguna cultura, religión o sistema político. Es un delito en todo el mundo que llevan a cabo personas malvadas movidas por el odio hacia el resto de la humanidad… esta conferencia representa la voluntad de la comunidad internacional de combatir este delito en todos sus aspectos” (Príncipe Heredero Abdullah bin Abdulaziz). El entonces príncipe, hoy rey de Arabia, propuso la Creación de un Centro Internacional para combatir el terrorismo y propuso líneas de acción dirigidas a controlar los capitales procedentes del contrabando de armas, drogas y blanqueo de dinero, que en muchas ocasiones se destina a la financiación del terrorismo.

Conclusión

La lucha contra el terrorismo no debe menoscabar algo que ha costado tiempo, esfuerzos, luchas, conflictos y víctimas, para conseguir que el hombre salga de cualquier esclavitud. Hay que estar avisado sobre la recomendaciones que emiten los organismos internacionales, hay que oír a la al recién creado Consejo de Derechos Humanos que sustituye a la Comisión que tenía su sede en Ginebra. El Consejo tiene más poder ejecutivo porque establece que serán marginados los países que violen, asiduamente, los Derechos Humanos; hay que oír al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos que realiza estudios sobre la situación interna de los países y elabora disposiciones que remite a Naciones Unidas y a los mismos estados. Un destacado papel tienen las Organizaciones no Gubernamentales, sociedad civil activa, o toda clase de asociaciones de carácter humanitario, que están al margen de aspiraciones políticas y económicas, y que actúan como grupos de presión para poner en evidencia los incumplimientos de las naciones, sacando a la luz pública las barbaries de tipo político, social, económico y violaciones de Derechos Humanos. 

Tenemos los instrumentos para avanzar en el camino de la dignidad humana, pero nada conseguiremos si debido a un visceralismo ausente de razón, se pone en riesgo la vida con guerras o terrorismos, o se permite la muerte de muchos seres por hambre o enfermedades en unas partes del mundo, mientras que en las grandes metrópolis, alimentos y medicinas acaban en los basureros; es preciso que todos los países suscriban las normas de Naciones Unidas y las respeten, no podemos permitirnos herir los sentimientos más nobles de muchos miles de personas en nombre de una mal entendida libertad. No debemos seguir permitiendo torturas, matanzas de inocentes, malos tratos, violencias verbales o gráficas; no puede admitirse que intelectualmente, consideremos una civilización superior a otra, porque no es verdad, el hecho de pertenecer a distinta cultura no nos hace tan diferentes porque las metas a alcanzar son idénticas para unos y para otros, ya que vivimos en el mismo mundo, y en la misma época y tenemos por ello la obligación moral, tanto estados, gobiernos e individuos, de eliminar la civilización de la confrontación y el odio y construir la de la justicia, y solidaridad. Debemos respetar los Derechos Humanos y entablar un diálogo sincero y humilde que busque las cosas que unen y cuando no se encuentre, se acepten las diferencias, no con tolerancia que en si misma es condescendencia piadosa desde la superioridad del propio razonamiento, sino en plano de igualdad y reconocimiento de que el otro tiene los mismos derechos y razones que yo, si de verdad queremos transformar el mundo, si de verdad queremos construir la civilización de la fraternidad y la paz. El reto está en nuestras manos.

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