webislam

Sabado 4 Julio 2020 | As-Sabat 13 Dhul-Qaadah 1441
2940 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=10307

La homosexualidad del sultán

Resumen del ensayo de historia política El imperio de las pasiones. La arbitrariedad política en el islam

09/03/2006 - Autor: Juan Asis Palao Gómez - Fuente: Curso Islam Cátedra Toledo
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

 

El ensayo de Dakhlia es una brillante exposición de los mecanismos de fortuna política en la historia del islam clásico. “El imperio de las pasiones. La arbitrariedad política en el islam” brilla por su oportunidad, su rigor, su interés y, además, por su atractivo. En efecto, el título remite a un ámbito fascinante, el del poder y el erotismo. Su temática desarolla aspectos fundamentales de la homosexualidad entre el detentor de la legitimidad política y su ministro, razón por la cual he decidido dar como título a este resumen “La homosexualidad del Sultán”.

Consideremos ante todo la cierta sorpresa que produce el contraste entre la imagen que transmiten los medios de comunicación, divulgativos o especializados, sobre la generalidad de la homofobia contemporánea en el conjunto de las sociedades islámicas y el retrato de un pasado histórico de esas sociedades donde la homosexualidad es vivida sin demasiados complejos por los hombres más poderosos, y, sobre todo, dicho comportamiento sexual es eminentemente significativo y político. Es cierto que la autora no pretende tanto analizar este fenómeno como reflexionar sobre los modos de elección, ascenso y caída de figuras políticas, en concreto primeros visires o máximos consejeros.

Así, el ensayo constituye un buen repaso de paradigmas que se repiten en diferentes cortes, ya sea la abbassí, la zirí de Granada, la otomana u otra, y una revisión consecuente del concepto de despotismo oriental, estrechamente ligado, y quizás de forma abusiva, al islam. Sin embargo, la característica virilidad como atributo de poder concede al análisis de este tipo de homosexualidad un lugar preferente en el ensayo.

La pasión del soberano por un favorito al que otorga el poder efectivo tiene dos importantes vertientes. La primera asienta la indiscutible voluntad del poderoso, que decide distinguir a su amado por encima de todos los demás cortesanos, y compartir de facto su autoridad con alguien inferior jerárquicamente. Pero la segunda manifiesta la confirmación de esa misma jerarquía al decretar la desgracia del favorito, que puede ser eliminado sin explicaciones, en un revés ineludible de la fortuna, y que permite al soberano limpiar su figura de una mala gestión, de la impopularidad de su gobierno o, más sencillamente, de la sospecha de estar manipulado por su primer servidor.

El ejemplo principal que propone Dakhlia es el de la pareja del califa abbasí Harún al-Rashid y el visir Ya’far al-Barmakí y la ejecución del segundo, a pricipios del siglo IX. Las razones para tal énfasis sobre ese episodio son la cristalización de una complementariedad en la cima del poder, en la época de esplendor de la dinastía abbasí, la tensión entre ortodoxia islámica y eclecticismo, la ostensiva pasión del califa por el visir ante la sociedad y la corte, con lo que la pasión es asumida públicamente como un asunto de Estado, la presión del califa sobre su visir abriéndole y prohibiéndole simultáneamente su harén y por la tanto la unión de las familias de ambos y, finalmente, la decapitación fulminante, sin escrúpulos, probablemente sin motivo y sin aviso, del Barmakí. Otras razones desarolladas tampoco nos dejan indiferentes, como un análisis pertinaz de la evolución historiográfica en los siguientes siglos de la narración y explicación del episodio y del papel de la hermana de Al-Rashid, Abbasa, casada con el Barmakí en un simulacro de honor, porque en ciertas versiones se narra que Harún prohibe el consumo del matrimonio. O como la simbólica desde bíblica hasta islámica del nombre Harún, Arón, hermano de Moisés, el buen gobernante.

Este último aspecto, el de los prototipos proféticos, se expone también con mucha soltura a propósito de Yúsuf. Yúsuf, sobre todo en la variante coránica, es un modelo de fidelidad, de buen gobierno, de prueba ante la injusticia, y, sin duda, de belleza física y perfección moral. Su contención ante la bella Zulayka, superior y prohibida, anuncia la contención y dominio de la pasión de Ya´far al-Barmakí, figura que concentra la simpatía de los historiadores árabes, a menudo ellos mismos ministros.

Retomando una tensión citada, a saber, la dialéctica entre el califa garante de la ortodoxia islámica y la política del Barmakí ecléctica y heterodoxa, complicada por la oposición árabe-cliente, la autora nos lleva a la corte de Fes, donde el benimerí Abd al-Haqq ibn Abi Sa’id fomenta las prédicas contra su propio visir y favorito, el judío Harún b. Battash, que acaba asesinado. De nuevo, los historiadores reconocen las virtudes del ministro, pero desaparece la simpatía. La institución del ministerio judío, muy impopular, demuestra ya síntomas del agotamiento del concepto y virtualidad del favorito. Notemos ya que aprovecha una destacable bibliografía española. Como en el caso de Al-Rashid y Ya’far, la relación entre el benimerí y su ministro battashí empeora cuando el pueblo y los observadores que servirán de fuente para los historiadores constatan unanimemente una transgresión flagrante por parte del visir: ostentación osada de símbolos de poder que apelan a una legitimidad islámica y distribución de cargos a sus familiares. En ese sentido, Dakhlia rastrea los precedentes y se detiene en la corte zirí de la Taifa de Granada y el episodio de la fortuna y desgracia brutal de los Banú Nagrela y de los judíos granadinos. Qué duda cabe de que el enfoque actualiza así una temática fundamental, a saber, las relaciones entre judíos y musulmanes, con dominio e inteligencia.

La inteligencia de la autora destaca aún más, si cabe, cuando critica con pertinencia ensayos feministas de autoras tan reconocidas como Fátima Mernissi, con respecto a la mujer y el poder en las dinastías. El ejemplo que analiza Dakhlia es otro paradigma de ascenso triunfal de un favorito, esta vez a través de una mujer, el caso de Almanzor, hayib del califa omeya Hisham II, hijo de Subh. Esta mujer consigue precipitar el éxito de Almanzor, llegando éste a remplazar claramente al marido de Subh, el propio califa Al-Hakam II. Dakhlia no acepta el intento de Mernissi de presentar a Subh como una esposa sin ambición personal y que actúa guiada por la fidelidad a su marido:

“Tal moralización del personaje es sintomática de esa tendencia que demasiado frecuentemente tiene la historiografía feminista de los países del Islam consistente en desapasionar la historia del harén, vaciarla en primera instancia de su dimensión sexual y erótica.” (p. 141)

Subh, más probablemente, es la prueba de la evolución de un personaje que de esclava cantante pasa a regente, consiguiendo adquirir fama, prestigio (gracias a una política de grandes obras caritativas) y la fortuna del hombre más poderoso. La autora también insiste en matizar la visión del harén político como ámbito del secreto y lo femenino, para reconocer que la permeabilidad entre sexos y la opinión pública también pasan por cierta ambigüedad del espacio cotado: “El teatro del harén es también un teatro de calle” (p. 154).

El modelo de poder basado en el favorito llega a su apogeo en la corte otomana, con Solimán el Magnífico y su visir Ibrahim Pacha. La compenetración intelectual, la educación común y la pasión garantizan la excelencia y triunfo provisional del modelo mamluk sobre la ‘asabiyya, fuerza de cohesión tribal. Es sin embargo digno de destacar que después de la muerte del gran visir Ibrahim, Solimán decide no reproducir el esquema y su pasión con otro favorito. En cualquier caso, el sistema otomano multiplica el modelo, que se extiende de forma generalizada por el Magreb. Todo ello da pie a que se formulen interesantes reflexiones sobre personajes como Barabaroja, y los fenómenos de los renegados y conversos. La mirada europea, se nos explica, que comienza con la modernidad a entender las sociedades magrebíes desde la atalaya de las cortes y delegaciones diplomáticas, contribuye al proceso de cristalización del axioma de la arbitrariedad regulada, de tal forma que hasta las tiendas de los bazares parecen reproducir la relación homosexual, esta vez entre el adulto dominante y niños favoritos adyacentes. A su vez, los extranjeros cristianos son reclutados en puestos clave de la administración cada vez más por el mero hecho objetivo de que son extranjeros, sin que destaquen por sus destacables competencias. Asistimos pues a una progresiva banalización del esquema del favorito elegido. Sólo los complejos de inferioridad, con la llegada del puritanismo colonial, producirán un repudio generalizado de la homosexualidad social específica del poder en el islam.

Los últimos capítulos analizan la perennidad intrínseca al islam del despotismo, lamentando que el conocimiento de la historia no haya dado pie en las construcciones nacionales contemporáneas a una versión más conciliadora con la historia europea, aprovechando los precedentes de déspotas ilustrados para recusar desde dentro la fatalidad de la arbitrariedad desde y como poder. El voluntarismo es explícito en ciertas apreciaciones, valiendo este ejemplo:

“Cuando reducimos el hecho político en el Islam a la única lógica del afecto, es decir, a la ausencia de lógica, importa que se recuerde que el modelo del favorito podía entenderse también, inicialmente, en una acepción positiva.” (p. 259)

La negociación de los límites del déspota mediante mecanismos aún poco estudiados, cuya huella es una constante historiográfica reivindicada en este brillante ensayo por la profesora Dakhlia, es la brecha y el cauce por donde reconocer el pasado y desde donde se podrán desarollar las políticas de consenso sobre la justicia objetiva que precedan una democratización en las sociedades islámicas, basándose, y es lo importante, en criterios no sólo religiosos.

Este libro merece la atención que exige, y es deseable que se convierta en una referencia general de historiadores y arabistas, así como una buena introducción al estudio de la política en el mundo islámico.

Referencia completa: Jocelyne Dakhlia: L’empire des passions. L’arbitraire politique en Islam.
Éditions Flammarion, département Aubier. Collection historique. París. 2005. 304 pág.
Anuncios
Relacionados

El Islam estaba en Ámerica desde el siglo XI

Artículos - 15/03/2012

Política e islam en Egipto

Artículos - 20/11/1997

Hipótesis, exégesis y certezas

Artículos - 25/03/2004



play
play
play
play
play
play
play
play

 

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/28631-la_homosexualidad_del_sultan.html