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Solidaridad y diferencia

21/01/2006 - Autor: Manuel Cruz - Fuente: Babelia
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El pensador estadounidense Richard Rorty. (SIJMEN HENDRIKS)
El pensador estadounidense Richard Rorty. (SIJMEN HENDRIKS)
Acierta Eduardo Mendieta, editor del presente volumen de entrevistas con Richard Rorty, cuando coloca como cita pórtico de su introducción la siguiente frase del filósofo neoyorquino: "Cuida la libertad y la verdad se cuidará a sí misma", frase que proporciona asimismo la clave del título (Cuidar la libertad) bajo el que se han subsumido estas conversaciones.

En efecto, la afirmación rortyana condensa, con la sencilla brillantez que le caracteriza, el núcleo esencial de su ideario en lo tocante a la política y al compromiso del filósofo en la esfera pública. Al lector demasiado influido por los tópicos sin duda le habrá de sorprender la imagen de Rorty que va emergiendo a lo largo de estos diálogos. Frente al lugar común -todo hay que decirlo: en parte alimentado por el propio autor al calificarse en un momento a sí mismo como "liberal burgués posmoderno", designación que luego ha considerado "un oxímoron gracioso"-, según el cual podía establecerse una línea de continuidad entre su pensamiento y las propuestas presentadas por algunos posmodernos, las afirmaciones que aquí se desgranan parecen más bien cargar de razón a Habermas, quien preguntado en cierta ocasión acerca del "posmodernismo" rortyano declaró que para él no puede ser considerado posmoderno alguien a quien le preocupan, por encima de todos los demás temas, la justicia y la solidaridad.

Y es que la inicial exhortación a cuidar la libertad significa dar prioridad a la política entendida como horizonte de solidaridad. Nada hay en esto de frivolidad posmoderna ni -otro tópico antirrortyano que ha hecho fortuna- de perspectiva exageradamente localista. Antes bien al contrario, su reproche a las preocupaciones de ciertos intelectuales de izquierda en Estados Unidos no puede resultar de mayor actualidad entre nosotros. Porque parecen pensadas para nuestra realidad observaciones como la de que dichos sectores "deben equilibrar su interés por las minorías con la vieja pregunta de cómo impedir que los ricos desvalijen a los pobres". Hoy, cuando con tanta frecuencia por estas latitudes se pretenden disolver en un magma indistinguible las reivindicaciones de inmigrantes, mujeres, grupos culturales minoritarios y comunidades que reclaman mayores cotas de autogobierno, o en que -¡cosas veredes, Sancho!- sectores presuntamente progresistas consideran prioritario defender la OPA de Gas Natural sobre Endesa antes que a los obreros de la Seat, el recordatorio de que "los pobres son la gran mayoría" constituye lo más parecido a una bocanada de aire fresco.

En todo caso, los amantes de las emociones fuertes en materia de pensamiento no saldrán defraudados de la lectura de este libro. Rorty nunca decepciona, y en esta ocasión tampoco podía ser menos. No faltan sus proverbiales mandobles a diestro y siniestro (en este caso en sentido literal: conservadores e izquierdistas no se van de vacío en estas conversaciones), que harán las delicias de sus incondicionales. Aunque éstos debieran preocuparse por alguna de las afirmaciones que, con el proverbial desparpajo teórico, deja caer su autor favorito. Así, el convencimiento rortyano de que los filósofos tienen la obligación moral de intentar que el mundo sea diferente parece deudora de una concepción ingenuamente progresista de la historia que necesita de matices. La amenaza de retroceso en muchos terrenos es demasiado grande para seguir manteniendo -como si todavía permaneciéramos en aquellos momentos en los que todo parecía posible (tanto, que lo realista era pedir lo imposible)- que se trata de transformar a toda costa lo existente. Para nuestra desgracia, nos toca asistir a demasiadas situaciones en las que resulta difícil sustraerse a la idea de que tal vez lo que había hasta ahora constituía un mal menor.

El libro -que se abre con una útil, solvente y oportuna introducción- se cierra con una "nota del editor" en la que Eduardo Mendieta no duda en considerar a Rorty como "el filósofo vivo más importante de Estados Unidos". Al terminar de leer este ramillete de entrevistas, al lector no le quedarán muchas dudas de ello. Por cierto: no se pierdan Contra los jefes, contra las oligarquías. Además de interesante, es divertida (he aquí una de sus perlas: "Yo quise con desesperación ser un platónico: hacerme uno con el Uno, fusionarme con Cristo o con Dios o con la forma platónica del Bien, o algo parecido").
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