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Teología feminista y las mujeres en el mundo musulmán: una entrevista de Riffat Hassan por Betty Milstead

12/01/2006 - Autor: Betty Milstead
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Riffat Hassan
Riffat Hassan
Riffat Hassan, de origen Pakistaní, obtuvo su doctorado en Filosofía islámica en la Universidad de Durham (Inglaterra). Enseña Estudios Religiosos desde 1976 en la Universidad de Louisville (Kentucky, USA). Actualmente, es maestra de conferencias invitada en la Universidad de Harvard (Divinity School Harvard University) donde trabaja en su próximo libro titulado “Equal Before Allah” (Iguales ante Al-lâh).
M: En pocas palabras, ¿qué significa ser una mujer en la sociedad musulmana?
H: Es difícil responder a esa pregunta de manera simple. Las mujeres musulmanas atraviesan el mismo tipo de cambio que las mujeres en general en todo el mundo. En la mayoría de sociedades, existe una nueva definición de los papeles de cada sexo. Pero pienso que se debe insistir en el hecho de que la gran mayoría de mujeres musulmanas es analfabeta. Soy de origen pakistaní, y en Pakistán la tasa de alfabetización de las mujeres rurales es del 3% aproximadamente. Y creo que en los centros urbanos, esa tasa es del 15% aproximadamente, lo que representa una cifra realmente baja. Este analfabetismo significa que las mujeres están apartadas de todos los progresos realizados en el mundo porque no pueden leer ni escribir. No obstante los medios de comunicación, la televisión, la radio, etc. hacen que el mundo sea más accesible, de manera que los cambios se efectúan entre las mujeres analfabetas. En su conjunto, el período actual es muy difícil para las mujeres musulmanas, ya que los musulmanes desean obtener por un lado los frutos del mundo moderno como la tecnología, la ciencia y la industria, pero por otro lado, quieren preservar celosamente sus propias tradiciones y por muchos motivos son muy conservadores.
Existe pues una tensión muy fuerte entre ese deseo de modernidad y la voluntad por mantener la tradición. De hecho, las mujeres se encuentran atrapadas de diferentes maneras en esa lucha puesto que el hogar musulmán es en realidad el último bastión de los hombres musulmanes y les desagrada mucho pensar que deben permitir cualquier cambio en su casa. En mi opinión, es en este lugar, en el hogar, donde se lleva a cabo la principal batalla con respecto a la condición de la mujer.
M: Tradicionalmente, ¿Cuál era el papel de la mujer en la sociedad musulmana?
H: Todo depende de la época en la que se sitúe, pues sabemos que en la primera fase de la historia islámica, cuando se creó esta religión (entre 622 y 632), tanto el Islam como el Profeta del Islam llevaron a cabo un gran esfuerzo para emancipar a las mujeres. Poco después de este período, las mujeres sufrieron de nuevo fuertes presiones desde todos los ámbitos que fueron heredadas de las tradiciones. Tengo la impresión de que la tradición islámica ha heredado el prejuicio antifeminista que se encuentra por un lado en las tradiciones judías y cristianas, y por otro en las tradiciones griegas helenísticas, así como los prejuicios culturales árabes paganos contra las mujeres, todo ello conforma una mezcla.
M: ¿Las mujeres tradicionales oprimidas en el Islam son pues, en realidad, víctimas de la tradición preislámica?
H: Así es. Pienso que el Islam intentó liberarlas, y el Corán, si está correctamente interpretado es un documento muy humano: pero la intención del Corán fue desviada debido a la existencia de todas las tradiciones heredadas y por el hecho de que los musulmanes no saben reconocer ni siquiera lo que es islámico de lo que es preislámico. De manera que cuando usted quiere saber cuál es el papel tradicional de la mujer, debe indicar el período correspondiente a su pregunta. Y ese papel de la mujer está influido por muchos otros factores -políticos, sociológicos, culturales- aparte del papel que juega la religión en cualquier período de la historia.
Todo el mundo habla del resurgimiento del Islam y del hecho de que en estos momentos, las discusiones religiosas están a la orden del día. Lo que pasa es que estas discusiones siempre han existido pero no siempre han sido utilizadas con tanta fuerza como hoy en día. En cierto modo, pienso que es algo bueno a pesar de la opresión religiosa que existe en el mundo musulmán y por el hecho de que las mujeres estén oprimidas en el nombre de Dios. Sin embargo, estoy convencida de que el mismo hecho de que las discusiones religiosas se hagan en público, está sensibilizando a la población sobre el sentido de esas declaraciones. Por ejemplo, se ha adoptado recientemente una nueva ley en Pakistán. Se llama “la Ley de la Prueba” y está basada en un versículo del Corán y sobre una lectura particular de este versículo. Es sorprendente ver cuánta gente en este país ha leído este versículo, y cuán numerosas son las interpretaciones que se pueden hacer. Evidentemente, las mujeres son las afectadas y están amenazadas por algunas de estas discusiones religiosas y por consiguiente, las agrupaciones de mujeres deben prestarle una relativa atención. El nivel de conciencia es mucho más elevado ahora que en muchos cientos de años, pienso.
M: Piensa pues que incluso si parece que las mujeres retroceden en cierta manera con la islamización, eso no es algo malo a largo plazo.
H: Pienso que es algo excelente. En Islam, hay un proverbio que dice: cada vez que hay un faraón, hay un Moisés. Por eso, cada vez que hay represión hay rebelión, y esa rebelión puede ser creativa. Evidentemente, los tradicionalistas afirmarán que la rebelión es destructiva ya que tiene como objetivo destruir lo que se percibe como los papeles y valores tradicionales. El Islam es rígidamente monoteísta y afirma que sólo Dios debe ser divinizado. ¿Qué ocurre cuando divinizamos la tradición? Esta época es muy interesante y pienso que la islamización ha sido positiva, aunque sólo sea en cuanto a la sensibilización. 
Pienso que en realidad muchas feministas occidentales deben saber una cosa: a menudo las mujeres musulmanas ni siquiera son conscientes de lo que quieren decir los derechos humanos. Estoy convencida de que uno tiene que alcanzar un nivel de conciencia humana antes de poder comprender lo que significan los derechos de la persona humana. Y las mujeres que han nacido en ciertos ambientes están privadas de diferentes formas de la oportunidad de convertirse en lo que llamaríamos un ser humano de pleno derecho. Desde el día de su nacimiento hasta el día de su muerte, están encerradas en papeles definidos de manera muy rígida: no hay ninguna manera de escapar, de eludirlos o de cuestionarlos... Así que estas mujeres no saben cuáles son sus derechos, y no pueden expresarlos aún menos. Puedes estar en una jaula y no darte cuenta de que eres prisionera. Y las otras mujeres que están fuera de esa jaula, ven evidentemente que eres víctima de una opresión y de una esclavitud. No puedes saber lo que significa estar en una jaula, excepto si puedes salir de alguna manera. Esta es pues la situación y pienso que necesitamos realmente a una generación o dos de mujeres musulmanas que puedan ser conscientes de sus derechos humanos.
M: ¿Piensa que la educación es la clave de esa concienciación?
H: En mi opinión, la educación tiene una importancia fundamental, y no hablo solamente de la educación escolar. Las mujeres deben saber que existen otras posibilidades y que la palabra y la voluntad de Dios pueden ser interpretadas de maneras diferentes. También han de saber que esa interpretación no es propiedad de nadie, y en mayor medida porque el Islam no tiene Iglesia.
M: ¿Existe lo que usted llamaría un fuerte movimiento feminista en otros países musulmanes?
H: Sé que ha habido fuertes movimientos feministas en el mundo árabe. Por ejemplo, se sabe mucho sobre el movimiento feminista egipcio, y se ha oído hablar del movimiento feminista iraní antes y durante la revolución. Y en otros países donde también ha habido una revolución, como Túnez y Marruecos –es decir, la parte norte del cinturón musulmán africano-, también se oye hablar de movimientos feministas musulmanes. Todos estos movimientos son diferentes, puesto que el mundo islámico consta de 22 países, y las situaciones políticas y culturales de estos países son diferentes entre ellos. En consecuencia, no se puede generalizar, pero diría que la cuestión de la mujer se está imponiendo en la mentalidad de la gente. Recuerdo haber participado a una conferencia hace diez años en la que hice una intervención sobre el problema de las mujeres en el mundo islámico. Uno de los eruditos en Islam se levantó y me dijo: “¡Las mujeres no tienen ningún problema en Islam! ¿De qué habla entonces?” Ve usted, ahí aparecía la negación completa del hecho de que existiera cualquier problema.
Pero creo que hoy en día, esa negación no es tan directa ya que a lo largo de los dos o tres últimos años, el movimiento feminista en Pakistán ha llegado a ser uno de los movimientos más fuertes. Aunque no han sido muy numerosas, esas mujeres han salido a la calle y han hecho todo tipo de acciones atrevidas. Han organizado reuniones, manifestaciones, han creado redes de apoyo. Sin ellas, la situación de las mujeres habría sido mucho peor. Han conseguido que el gobierno forme una comisión nacional para estudiar la situación de las mujeres. Uno de esos grupos de mujeres, el Women’s Action Forum, que era el grupo más elocuente, ha logrado que lo escuchen de diferentes maneras como la voz de la oposición, y espero que siga siendo así.
M: ¿Puede explicar la declaración que ha hecho anteriormente, según la cual el débil estatuto de la mujer en Islam tiene un fundamento teológico?
H: Mi teoría es que detrás de todas las causas más evidentes del débil estatuto de las mujeres -sociológicas, históricas, económicas-, existe una causa que tiene sus raíces teológicas. La mayoría de los musulmanes, ya sean practicantes o no, cree que Dios ha hecho a los hombres superiores a las mujeres. Y las tres hipótesis que creo que han obsesionado a las tradiciones judías, cristianas e islámicas en lo que se refiere a la manera en que la mujer fue creada, han jugado un papel fundamental en el establecimiento de actitudes y de ideas sobre las mujeres en estas sociedades. Estas hipótesis son el relato de la creación de Eva a partir de una costilla de Adán, lo que hace de ella un ser secundario y subalterno; la afirmación de que por su culpa, Adán fue expulsado del Jardín del Edén; y por último, el hecho de que fuera creada para ser su compañera y su asistenta, lo que hace que el hombre sea una creación primaria y ella una creación secundaria. Debemos hacer frente a estos mitos e imágenes para crear algo diferente. Y para ello, debemos hacer un análisis textual del Corán.
El Corán no dice absolutamente nada de Eva, y no habla de la creación de la mujer a partir del hombre. Habla de la creación del ser humano con términos completamente igualitarios, y sin embargo, la mayoría de los musulmanes cree en el relato del Génesis. Pienso pues que las cuestiones teológicas son hoy en día muy importantes y una vez que las hayamos superado, una vez que podamos establecer que Dios no tenía ninguna intención de crear una desigualdad entre el hombre y la mujer, será mucho más fácil resolver los otros problemas. No obstante, estoy convencida de que si no tratamos los fundamentos teológicos de estas actitudes negativas, no podremos liberar a las mujeres del peso de la culpabilidad y del miedo ya que la religión tiene mucha fuerza y va muy lejos. E incluso las mujeres que son libres hasta cierto punto, porque han recibido una educación, trabajan, y son autónomas, sufren debido a la sensación de culpabilidad a causa de esas creencias o teorías religiosas. Pienso que la religión puede ser muy importante para aportar consuelo a las poblaciones, pero también puede ser muy destructiva. Todo depende de la manera en que se utiliza, y pienso que hasta ahora, ha sido utilizada contra las mujeres.
M: Me gustaría saber si podría dar algunos ejemplos.
H: Un ejemplo es la palabra “Adam” que para la mayoría de la gente significa “hombre” o el primer hombre. De hecho, se equivocan. Es una palabra hebrea cooptada por el árabe, y es un nombre común que quiere decir “humanidad”. “Adam” quiere decir más concretamente “de la tierra” y viene de la palabra “adama”. Entonces, esta palabra tiene como significado la raza humana. Si analizamos los diferentes pasajes del Corán en los que aparece “Adam”, todo el sentido de la lectura cambia.
Otra palabra muy importante que aparece en el Corán en el capítulo 4 (llamada el capítulo de la mujer) en el versículo 34, es la palabra “qawwamun”. Es una forma plural de una palabra que en general se traduce por “señor”, “maestro”, “dirigente”, “gobernador”, “director”. Una vez que haces que el hombre sea el dirigente, es evidente que haces que la mujer sea la dirigida. Así has establecido una relación jerárquica. De hecho, esta palabra no significa en absoluto “dirigente”. Existen numerosas obras de referencia en las que me baso para decir que significa “responsable del mantenimiento de la familia” y que es un término económico. Si traducimos esta palabra utilizando “responsable del mantenimiento de la familia”, cambia toda la interpretación del versículo. Este habla de la división del trabajo: mientras que las mujeres tienen la responsabilidad principal de “llevar en su seno” a los hijos, durante el período en el que cumplen con esta función, no tendrían que tener la obligación de ser el responsable de familia, y por consiguiente, los hombres deberían jugar ese papel durante todo ese período. Este versículo se dirige a la comunidad islámica en general, y no a los maridos. Sin embargo, ha sido tan malinterpretado y tan mal leído que el resultado de ello ha otorgado un control virtual sobre la vida de las mujeres. Si usted entabla una discusión con un hombre musulmán y le empieza a hablar de igualdad, no hará más que citar las cuatro primeras palabras de ese versículo que dice que los hombre son qawwamun con respecto a las mujeres, y se acabó la discusión. Posiblemente el futuro de las mujeres dependa así de la tradición, de la manera en la que traducimos una sola palabra. Es realmente tremendo pero eso demuestra también hasta qué punto es importante trabajar con las palabras.
El año pasado mientras participaba en una conferencia fue aprobada la Ley de la Prueba y las mujeres se vieron muy afectadas. Se organizó un gran seminario en el que los participantes, en su mayoría hombres, hablaron en apoyo a la causa de las mujeres. Uno de ellos, un famoso peridodista que intervino después de mí, declaró: “No veo qué interés tiene traducir palabra por palabra el Corán, ¿qué ganamos con ello? Deberíamos hablar únicamente del espíritu del Corán y decir que esto es justo y que esto es igualitario”. ¿Pero sabe usted? no se puede establecer el espíritu del Corán si no se trabaja con el texto del Corán. No se puede separar el texto del espíritu. Pienso que un análisis textual del Corán es necesario en este sentido, pues el espíritu debe ser reconstruido utilizando las palabras. Evidentemente, podemos ser generalmente literales en nuestra comprensión de las palabras, pero por otro lado, si traducimos mal las palabras, podemos perjudicar en verdad el espíritu traduciendo los conceptos complejos de manera demasiado simplista. La mayoría de traductores ha sido hombres evidentemente, pero incluso las traductoras padecen los prejuicios antifeministas y hacen que perviva la tradición. 
M: ¿Usted piensa que si el Corán se interpretara correctamente y que este conocimiento fuera ampliamente difundido, se obtendría automáticamente la mejora de la condición de la mujer?
H: Pienso que eso tendría un gran impacto ya que el Corán está considerado como la fuente principal del Islam y por eso, si se puede mostrar a través de la educación que un concepto se encuentra en el Corán, es muy difícil que los musulmanes creyentes no lo tengan en cuenta. Además, los movimientos de mujeres en el Islam necesitan seguir una dirección y ésta puede volverse totalmente laica. Personalmente, pienso que eso sería trágico ya que estoy convencida de que realmente no se puede defender un concepto de los derechos humanos que no esté basado en un tipo de visión trascendental, sea cual sea la manera en la que se define. Este concepto ha de definirse como algo más elevado que la realidad terrenal a través de la cual definimos este mundo, y en estos momentos solamente podrá llegar a ser un ideal. Para mí, hoy en día significa creer que Dios es justo. Me gustaría que los movimientos feministan tuvieran raíces religiosas y para ello, debemos presentar el contenido positivo del Corán que se ha perdido a causa de varios siglos de interpretación chauvinista hecha por los hombres.
M: ¿Cuál es la amplitud del movimiento teológico feminista y éste trasciende el Islam?
H: Pues bien, el movimiento apenas acaba de nacer. Digamos que está a punto de emerger. La teología feminista en sí misma es una disciplina relativamente nueva que pienso que va a tener un gran impacto en las próximas décadas.
M: ¿Cómo reaccionan las mujeres ante vuestro trabajo?
H: Pienso que la mayoría de las mujeres son muy felices al oír lo que tengo que decir. Muchas miradas se iluminan con un brillo de esperanza y es como si, quizás por primera vez en sus vidas, piensen que existe una posibilidad de liberación.
M: ¿Y esa liberación no sería un error?
H: Exactamente. Por otro lado, evidentemente también me encuentro, incluso muy a menudo, con muchas reacciones hostiles que provienen de dos tipos de mujeres. Primero están las mujeres que se sienten muy conservadoras y que creen que mi trabajo está totalmente fuera de lugar, que es peligroso y destructivo. Las otras mujeres, tienen miedo de las consecuencias que conlleva aceptar mi discurso. En cierto modo, les interesa mucho mi trabajo pero, por otro lado, están aterrorizadas ya que si una empieza a creer realmente que es igual que el hombre, pues bien, ¿cómo va a influir eso en su modo de vida? ¿Una va a continuar siendo una esclava o va a reivindicar sus derechos? Pienso que ahí reside el verdadero desafío puesto que el saber siempre conlleva ciertas responsabilidades. Si una empieza a adquirir realmente un saber, una debe llevar a cabo ciertos cambios, y es respecto a esos cambios donde surgen las verdaderas dificultades. El precio que hay que pagar para transformar su modo de vida es muy alto en la sociedad musulmana, y no hay muchas mujeres que estén dispuestas a pagarlo.
Una mujer que no quiere adaptarse al esquema tradicional de la vida se la ve como a una mujer que se desvía del camino recto y a la que se debe apartar de la sociedad. El Islam no tiene iglesias y por consiguiente, la excomunión no existe en nuestra religión. No obstante, el hecho de no someterse al esquema tradicional significa ser apartada, esto puede llevarse a cabo de diferentes maneras: tus padres ya no te reconocen o si estás casada, el matrimonio puede ser destruido. El matrimonio no se destruye necesariamente, pero existen muy pocos hombres liberados en las sociedades musulmanas que no se sientan amenazados por una mujer liberada. En la sociedad islámica, el concepto de la mujer sola no existe realmente. Igual que al hablar de los derechos humanos siempre se hace en términos de matrimonio, de los derechos de la mujer casada, de derechos de la madre. ¿Qué les pasa a todas las demás mujeres? Es un problema del que las feministas deberán ocuparse.
Antes nunca había sido testigo de esta situación, pero he podido observar a lo largo de estos dos años que existen grupos de mujeres en Pakistán que están dispuestas a afirmar “de acuerdo, si eso significa que debemos satisfacer nuestras necesidades solas, perfecto, lo aceptamos”. Antes no existía ese estado de ánimo y pienso que cuando las mujeres están dispuestas a pagar el precio de su libertad para que la siguiente generación pueda ser libre, entonces existe realmente una esperanza puesto que ya no se trata de retórica. Si creemos en esa libertad, entonces, debemos vivirla. El cambio va a llevar tiempo y va a exigir muchos esfuerzos. Mientras las mujeres no hayan cambiado sus papeles no pasará nada, lo que obligará a los hombres a cambiar los suyos. Quien se encuentra en una posición dominante, en una posición de poder, nunca quiere dejar sus privilegios excepto si él o ella se ve obligado (obligada) o si su propia comprensión cambia. Parece ser que se trata sencillamente de la ley de la naturaleza.
Traducido por Ndeye Andujar del original en inglés “Feminist Theology and Women in the Muslim World: an interview with Riffat Hassan” in The Commitee on South Asian Women’s Bulletin, Vol. 4 (4), 1986, pp. 16-20/ISSN 0885-4319.
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