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El ejemplo supremo del auto sacrificio: Abraham e Ismael

09/01/2006 - Autor: Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti - Fuente: Orden Yerrahi al-Halveti
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Bismil-lâhir Rahmânir Rahîm
Para continuar la Interpretación del versículo: “El camino para reconocer esta riqueza, esta divina generosidad, es realizando la plegaria ritual y entregándote tú mismo. Ofrécete a Mi con sincera devoción en cuerpo, alma y todo lo que posees. Yo soy tu Señor y el de tu Comunidad. Tú eres mi amigo querido. Eres mi amado. ¡Haz sacrificio! La plegaria, el ayuno y el sacrificio te acercan a mi. Mi fiel amigo, Ibrahim, ofreció su vida por amor a Mi. Mi enemigo, Nimrod, lo arrojó al feroz horno. Pero convertimos el fuego en un jardín de rosas.
Para los que caen en el fuego por Nuestra causa, el fuego se vuelve luz. El fuego no quema salvo con Nuestro consentimiento. Aquellos que adoran formas externas suponen que el fuego quema por sí solo. Esto fue lo que creía Nimrod. Pero el fuego sólo es una causa secundaria del quemar. Yo soy la Primera Causa verdadera. El agua no ahoga, ni un cuchillo corta. El agua, los cuchillos, todas las cosas de este mundo y el Próximo son solamente causas secundarias. Yo soy la Primera Causa verdadera. Lo que digo existe. Con respecto a los que están ciegos, que no ven ni Me conocen, son concientes de las causas secundarias, pero no conocen la Primera Causa.
“Estas personas son como perros; si le tiras una piedra a un perro, este se irá y no morderá, al que la arroja, sino a la piedra que se arrojó. Por lo tanto es el sabio, en quien la mirada del corazón está abierta, el que Me conoce. Tengan buena o mala fortuna, saben que son mías, ellos dicen: ‘la buena parte y la mala son igualmente de Al-lâh, Exaltado sea.’1Cualquier bien que se haga, se hace con Mi ayuda. Cuando ocurre el mal, el pecador lleva la carga de esto y, aunque sabe que es Mío, dice: ‘Merecía tener este pecado, esta ofensa, que me ocurrió.’
“El idólatra Nimrod, desconociendo estos secretos, arrojó a Mi amigo al fuego. Mi amigo vio esto como una bendición disfrazada. En verdad era una prueba total, un divino modelo para los que reclaman ser amigos de Alá. A través de esta prueba, Alá le enseñó a Su amado la medida de su amistad hacia su amigo y al mismo tiempo le mostró al descuidado un ejemplo de los secretos que yacen entre dos amigos.”
Ni la vida y las posesiones sacrificadas en la causa de Alá, por el amor del amigo, pasan sin recompensa, como lo hace evidente el siguiente Versículo glorioso:
Has cumplido con el propósito del sueño. Ve cómo recompensamos a los que hacen el bien. 37:105
El venerable Abraham fue puesto a una prueba final y la pasó. Cuando esta terminó, sacrificó por amor a Al-lâh mil carneros, trescientos bueyes y cien camellos. La gente se sorprendió por esto, los mismos ángeles se asombraron, pero el venerable Abraham dijo: “¿Qué hay en esto para sorprenderse? Hemos ofrecido nuestra vida y posesiones. ¿A quién le pertenece la vida y las posesiones? Si Al-lâh me diera un hijo, también los sacrificaría, por amor a la verdad.” Ustedes se llaman creyentes, aunque no veneran la verdad y son desobedientes a Al-lâh.
¿Podrían sacrificar por Su amor tanto como un dedo, sin hablar de su vida? ¿Podrían sacrificar por su amor un solo pollo, sin hablar de las miles bestias matadas por el amigo de Dios, el Profeta Abraham? Buscan unas cien referencias y tratan de obtener una opinión legal para justificar el hecho de no hacer el sacrificio. Mientras que dan cientos de dólares a las ordenes de Satanás, cuando llega el momento de dar la limosna van a chequearlo con los maestros religiosos y los abogados para ver si pueden hacer esto.
Incluso si no pueden seguir el ejemplo de Abraham, el amigo especial de Al-lâh, que juró sacrificar a su propio hijo por amor a Al-lâh, ¿no podrían Darle algo de la riqueza que Él les ha dado? Cualquier cosa que hagan por amor a Al-lâh, lo recuperarán en una proporción de diez a uno en la Vida Futura que está muy cerca. Quizás el radio sea incluso más elevado que ese...
Pueden encontrar la recompensa para esto no sólo en la Vida Futura, sino también en este mundo. Como dijo el bendito Profeta (saws): “La caridad disipa la aflicción y prolonga la vida.”
Cuando la gente se sorprendió de que Abraham había sacrificado mil carneros, trescientos bueyes y cien camellos replicó: “No hay nada sorprendente con esto. Nosotros estamos sacrificando nuestras mercancías por nuestro Señor, por quien sacrificamos nuestras vidas. La vida es más valiosa que las mercancías. Además, ¿de quién son las mercancías que sacrificamos? ¿Me pertenecen, tus mercancías te pertenecen? Seguramente el único dueño de ellas y las pertenencias es Alá. También esto es así, no ocasionaría sorpresa si sacrifico por su dueño real las mercancías que nos confió para nuestra provisión. Dejemos las mercancías y las pertenencias, por amor a mi Generoso Señor sacrificaría incluso a mi propio hijo, si Al-lâh me concediera uno.”
El verdadero creyente debería notar cuidadosamente esto. Alguien puede reclamar ser el amigo de Al-lâh, ¿pero es capaz de hacer estos sacrificios por Su amor? Si es así, es tan bueno como su palabra. Incluso si esa persona no está al nivel del Profeta Abraham, que no podía sacrificar su vida y su propio hijo, debería, al menos, gastar en la causa de Alá la riqueza que realmente no le pertenece en absoluto. Es decir, que debería pagar el zakat. Debería traer alegría a los necesitados haciendo la matanza del sacrificio y dar limosna. Debería realizar actos caritativos que enjuguen las lágrimas de los ojos de los huérfanos y curen las heridas de los solitarios y los pobres. Cualquiera que no sólo no realice estos actos, sino que llame insignificativos y ridículos a los creyentes que llevan a cabo fielmente estas ordenes divinas, esa persona ni siquiera es humana, sin hablar de que sea amiga de Al-lâh.
El Profeta Abraham seguramente llevó a cabo el voto que le hizo su Señor. Para demostrarnos, como ejemplo, la estatura de Su amigo, el Exaltado lo sometieron a una nueva prueba. Verificar su promesa: “Si tuviera un hijo lo sacrificaría incluso por amor a la verdad.” Él le dio un hijo varón. Al-lâh nos dice:
“Mi amigo Abraham Nos rezó:
‘Mi Señor, concédeme (un hijo), uno de los honrados,’ (37:100)
y Respondimos:
‘Te daremos las buenas noticias de un niño apacible.’” (37:101)
Unos pocos años después, un hijo radiante le nació al venerable Abraham de la Señora Hagar. Este niño fue el venerable Ismael. 
El adjetivo Árabe halim (traducido “apacible” en el versículo Coránico de arriba) no se aplica generalmente a los niños. Sin embargo, como veremos, el uso de Dios de este adjetivo para describir al venerable Ismael indicaba que no se rebelaría contra su padre cuando llegara la divina orden, sino que mostraría docilidad y obediencia. Ismael fue un Profeta. Además, como de ser un gran ser humano, fue un erudito maduro y perfecto. Sin embargo no usamos la palabra erudito, con el sentido de alguien que leer pilas de libros incluso cuando es muy joven. Un erudito en el verdadero sentido es una persona conciente de los divinos misterios, que es capaz de distinguir lo bueno de lo malo y que sabe que el camino de Al-lâh es el único que conduce a la humanidad hacia la salvación. Nadie se merece que lo describan como un erudito salvo que perciba y entienda totalmente que no puede lograr la verdadera salvación excepto consintiendo incondicionalmente y sin calificación todo lo que le ordena Al-lâh, el Señor y Amo de todas las cosas , el Todopoderoso y el Auto subsistente, como así también evitando incondicionalmente y sin calificación, es decir, con total sumisión, todo lo que Ha prohibido.
Incluso de niño, el Profeta Ismael, el hijo del Profeta Abraham, era precisamente un erudito. Una persona versada no es definitivamente una erudita si carece del conocimiento que discutimos arriba, es decir, el conocimiento de Al-lâh, incluso si ha leído o escrito todos los libros del mundo y usado tanta tinta como para llenar el océano. En verdad, no lo beneficia en nada haber leído o escrito todos estos libros. Como se explica en el Corán, no hay diferencia entre estas personas y un burro con una pila de libros cargados en su lomo. En realidad están incluso en un nivel inferior.
El pobre burro es una criatura útil para la humanidad, mientras que la existencia de ese infiel que se considera un erudito es peor que inútil, en vista del gran daño que puede causar al llevar a la gente por el mal camino.
Un apacible y erudito niño, el Profeta Ismael finalmente llegó a los siete años. El Profeta Abraham ahora era inseparable de su hijo. Lo llevaba a cualquier parte que viajara, alaba al Señor incesantemente y experimentaba todas las alegrías de la paternidad mientras observaba el buen carácter de su hijo, la buena conducta y la piedad filial, lo oía discutir cuestiones importantes como un gran erudito, y veía que realmente era un hijo honrado y un niño apacible con una naturaleza dócil.
Luego una noche en un sueño el venerable Abraham recibió esta divina orden del Señor Todopoderoso que es el Dueño y Poseedor del cielo y la tierra y todo lo que está en el medio: “¡Abraham, cumple con tu juramento!” Cuando dijo: “Mi Señor, ¿cuál es mi juramento?” oyó las palabras: “Una vez dijiste: ‘Si tuviera un hijo lo sacrificaría incluso por amor a Al-lâh.’ Se te ha dado un hijo y ha crecido. ¡Ahora ha llegado el momento que cumplas con tu promesa!”
La noche de este sueño fue la octava de Dhul Hijjah. El día que le sigue se llama yawm al-tarwiya  (el día de la contemplación), pues en este día el Profeta Abraham se hundió en una profunda contemplación y recordó que en verdad había dichos estas mismas palabras y había hecho esta promesa. Indudablemente llevaría a cabo su juramento sin vacilar, es decir, sacrificaría a su pequeño hijo Ismael, la luz de sus ojos, la delicia de su corazón. Precisamente había estado esperando la divina orden.
Se preguntaba si la orden que había recibido: “Sacrifica a tu hijo,” tenía la intención figurativamente o si le ordenaba literalmente cortarle la garganta a Ismael. Él quería entender. Si estaba absolutamente bajo las ordenes de asesinar a Ismael, esto era algo que ningún Profeta anterior o Mensajero se le había ordenado hacer. Además, Ismael poseía la luz de Muhammad, el último Profeta y la misericordia para los dieciocho mil mundos.
Finalmente llegó a la siguiente decisión: Tomaría para el sacrificio cien de los camellos más gordos y haría la súplica al Señor que es el Más Misericordioso de los Misericordiosos, Implorándole que aceptara esto como un substituto de Ismael. Actuó en conformidad, entonces bajó un fuego del cielo y consumió los cien camellos. En aquellos días no se hacía el sacrificio matando. Las ofrendas se llevaban al lugar del sacrificio y quedaban allí hasta que bajaba el fuego del cielo y quemaba a aquellos que aceptaba. El sacrificio por medio de un cuchillo para la matanza no se conoció hasta que le fue ordenado hacerlo al Profeta Abraham.
Ese día, el venerable Abraham esperó pacientemente. En su sueño de la siguiente noche otra vez recibió la orden: “¡Lleva a cabo tu juramento!” A la mañana siguiente, el día de °Arafa, el venerable Abraham una vez más sacrificó cien camellos como un substituto de Ismael y su aceptación otra vez se reveló cuando el fuego descendió del cielo y los consumió. Así pasó otro día. Luego llegó la siguiente noche, es decir, la noche entre la novena y la décima de Dhu’l Hijjah, y la misma orden, “¡Lleva a cabo tu juramente!” se le dio una vez más en un sueño al Profeta Abraham. Al final se dio cuenta de que su hijo efectivamente debía ser sacrificado. Cuando se despertó a la mañana, el primer día de la festividad, Abraham, (as), le dijo a su venerada mujer, la venerable Hagar: “Ven, Hagar, laca a Ismael, peina su cabello y vístelo con ropas nuevas. Ponle perfumes y haz que luzca hermoso, porque voy a visitar a mi amigo y me llevaré a Ismael conmigo.” Hagar lavó al venerable Ismael y peinó su cabello. Le hizo usar ropas nuevas y lo perfumó. Qué elegante visión era Ismael ese día. Había algo muy especial en él. Hablaba tan bellamente con su madre, alegrándole el corazón.
El venerable Abraham llevó de la mano a Ismael y se pusieron en marcha. Abraham también llevó una soga y un cuchillo ya que iban por un camino hacia un lugar llamado Mina. Ismael corría delante de su padre, saltando y brincando mientras iban. Algunas veces se daba vuelta para preguntarle algo a su padre, luego seguían su camino. El venerable Ismael estaba tan diferente hoy, con tan buen ánimo. El Profeta Abraham había recibido la orden: “¡Lleva a cabo tu juramento!” hacía tres días, pero había estado obligado a posponer su ejecución hasta ahora. Animado por esto, Iblis se acercó al Profeta Abraham, señaló a su radiante hijo que estaba saltando y brincando adelante, y dijo: “Abraham, ¿cómo llevas a asesinar a este inocente niño? ¿Cómo vas a atarlo con esa soga que tienen en tu mano, y luego cortar su cuello con ese cuchillo? ¿Él no significa nada para ti, este risueño y juguetón niño?”
El sincero Profeta, el amigo especial de Al-lâh, se dirigió a Iblis respondiéndole con estas palabras: “¡O, Iblis, tú has sido desterrado de la misericordia de Al-lâh! Todo lo que dices es perfectamente lógico, pues es verdad que sólo una bestia podría sacrificar a esta inocente criatura presionando el cuchillo en su garganta, pero he recibido esta orden de Al-lâh, el Omnisapiente y el Conocedor, el Señor Todopoderoso de todos los mundos, que conoce todo mucho mejor que cualquiera y está enterado de todas las cosas.” Al oír estas palabras, Iblis huyó de ese lugar.
Cuando Iblis al principio falló con que el venerable Abraham comiera del árbol prohibido, por razones más conocidas por Al-lâh efectivamente tuvo éxito por medio de nuestra madre, la venerable Eva.
Esperando hoy hacerle el mismo truco a la venerable Hagar, el Diablo dijo: “¿Cómo puedes sentarte allí? El Profeta Abraham se está llevando a tu hijo para matarlo. ¿Se puede permitir que suceda semejante cosa?” Pero la venerable Hagar lo echó con las palabras: “¡Cierra la boca, mentiroso! ¿Se concibe que un padre asesine a su propio hijo?” Iblis entonces dijo: “¿Qué hay de la soga y el cuchillo? ¿Por qué los lleva? Va a sacrificar al niño porque imagina que Al-lâh se lo ordenó hacer. Corre y salva a tu hijo.” La impudencia del Diablo enfureció a Hagar y exclamó: “¡Vete de mi lado, maldito! Mi marido es un Profeta. Las ordenes que recibe son correctas y verdaderas. Es capaz de distinguir la verdad de la falacia. Como mi hijo, yo también hubiera sacrificado mi vida por esta orden.”
Al final de todo, Iblis podía ser capaz de engañar a un simple niño y hacer que desobedeciera, así que corrió hasta el Profeta Ismael y dijo: “¿Sabes adónde te está llevando tu padre? ¿No te has dado cuenta de que porta una soga y un cuchillo? Tú sólo vas jugando, ¡pero tu padre va a atarte y a cortarte la garganta!” El venerable Ismael se dio vuelta rápido hacia él y dijo: “¡Vete de mi lado, diablo! ¿Cuándo se supo alguna vez que un padre le cortara la garganta a su propio hijo?, mi padre es un Profeta. ¿Cómo podría cortar deliberadamente la garganta de su propio hijo, sabiendo también él que es un Profeta?” “Pero imagina que se lo ha ordenado Al-lâh,” Iblis respondió enseguida. El venerable Ismael dijo luego: "Ahora realmente estás diciendo tonterías. ¿Cómo se puede hablar de un Profeta ‘imaginando’ que le ha venido una orden de Al-lâh? Si ha llegado una orden así, debe ser correcta y verdadera. No hay ninguna duda para imaginar. Por lo tanto, si una orden así le ha llegado a mi padre, estoy listo para hacer mi parte.”
El Diablo retrocedió al recibir respuestas tan inesperadas del venerable Ismael, a quien había supuesto poder engañar. Ignorando lo que estaba soportando, decidió probar un último truco , así que le dijo al Profeta Ismael: “Supongamos que la orden que tu padre ha recibido es verdadera. ¿Significa que realmente ofrecerás tu cuello?” Pero antes de que tuviera tiempo de terminar, el venerable Ismael comenzó a enojarse con la impertinencia de Diablo, diciendo: “Si existe tal orden, mi padre es totalmente capaz de llevarla a cabo. No soy quien para desobedecer esta orden. Si cada átomo de mi es un Ismael, ¡que cada uno sea sacrificado por amor a mi Señor! Ahora, ¿qué dices?” Levantó una piedra de la tierra, la lanzó justo en el ojo del maldito Iblis y lo cegó de ese ojo. Satanás le había aparecido a los tres con forma humana.
Satanás huyó, su ojo se quedó ciego por la piedra del venerable Ismael. Luego de haber caminado un poco más, Abraham dijo: “Detengámonos un momento, Ismael,” Ismael se detuvo. Se sentaron junto a una gran roca. El venerable Abraham comenzó a hablar, explicando por qué habían llegado a este desolado lugar:
‘Mi querido hijo, he visto en un sueño que debo sacrificarte. Así que mira, ¿qué piensas?’ 37:102
Incluso si el venerable Ismael no hubiera estado dispuesto a ser sacrificado, el Profeta Abraham todavía estaba bajo las ordenes de sacrificarlo. Seguramente iba a llevar a cabo esta orden. También por él, era necesario que entendiera el decreto de Al-lâh. Sólo de esa manera se lograría el mérito.
Esta es la respuesta del venerable Ismael al la pregunta de su padre, como la menciona Al-lâh en el Corán:
‘Padre mío, has lo que te ha sido ordenado; encontrarás en mi, si Alá lo quiere, a uno de los firmes.’ 37:103
Cuando el venerable Abraham oyó estas palabras, alabó y exaltó a Al-lâh. En verdad este era el apacible y erudito hijo que Al-lâh le había concedido en respuesta a su plegaria. Era evidente por todas sus acciones y palabras, incluso a una edad tierna, que era un Profeta y el hijo de un Profeta. Dijo: “Mi querido y respetado padre, tengo algún consejo para ofrecerte antes de que ejecutes esta importante orden. Ata fuerte mis manos y pies, por temor a que en mi agonía mortal te lastime, pues herirte sería igual que herir a Dios.
Mi segundo tramo de consejo es este: Cuando vengas a sacrificarme, da vuelta mi rostro hacia la tierra y aplica el cuchillo en la parte de atrás de mi cuello. Podría suceder que, si ves mi rostro, tu mano tiemble y seas incapaz de empuñar el cuchillo; en ese caso no te comportarías apropiadamente con tu Amigo. Recógete la túnica para que mi sangre no la salpique. No deseo la recompensa que recibiré de Al-lâh siendo deficiente en alguna de las virtudes. Mi madre se entristecería su ve luego las manchas de mi sangre sobre tus ropas. No le muestres tampoco, mi sepultura, pues al verla también la pondría triste. Afila bien tu cuchillo, para que cuando lo presiones para cortar mi garganta, no pueda sentir tan agudamente los dolores de la muerte. Llévale mis ropas a mi madre como un recuerdo, para que cuando se aflija por mi pueda encontrar consuelo mirando mi camisa y recordándome mientras la acaricia. Dale mis saludos a mi madre. Dile que soporte con paciencia la orden de Al-lâh, pero no le digas cómo me sacrificaste, querido padre. No lleves niños de mi edad a nuestra casa para que mi madre los vea. Eso sería renovar su dolor. Mi querido padre, no deberías mirar a los niños de mi edad. Si por casualidad los ves, no llores, no estés triste. Si tú o mi madre estuvieran tristes, si lloran, le causarían mucho dolor a mi alma.”
Cuando el venerable Abraham había oído tristemente estas palabras conmovedoras, inocentes, aunque despedazadoras de su hijo, le dijo: “¡Cómo me has ayudado en llevar a cabo la orden de Alá, hijo mío, la luz de mis ojos!” Luego ya no pudo contenerse más y lloró.
Cuando el venerable Ismael le dijo implorando: “Ven mi querido padre, qué estás esperando para llevar a cabo la orden que te han dado,” el venerable Abraham trató de atar las manos de su hijo, pero Ismael dijo: “Padre, no me ates las manos. Los que me vean luego pueden decir que Ismael desobedeció la orden de Al-lâh, así que su padre tuvo que atarle las manos. A los que se rebelan se les atan las manos y los pies, mientras que yo soy de aquellos que obedecen pacientemente.” Abraham bajó a Ismael y realizó dos ciclos de plegaria ritual. Llorando elevó sus benditas manos en una súplica completamente reverencial:
Así que cuando ambos habían sometido sus voluntades, y lo había Puesto con su frente en la tierra, Nosotros lo llamamos: ‘O, Abraham...’ (37:103-104)
Él dijo: “¡O, Cumplidor de todas las necesidades! ¡O, Respondedor de las plegarias! ¡O, Señor de la belleza y la majestad, el Más Generoso de los más generosos! ¡O, mi Señor! ¡Desde Tu gracia y bondad, ten piedad y compasión por mi vejez, mira con tierna misericordia la condición de este niño inocente e inmaculado!” Luego tomó el cuchillo y estaba por dirigirlo al cuello del Profeta Ismael, cuando el Señor Glorificado y Exaltado quitó el velo de los misterios de todos los ángeles del cielo y la tierra. Cuando vieron que Abraham, por amor al Señor, había puesto a Ismael para el sacrificio y estaba aplicando el cuchillo con toda su fuerza en el cuello de su hijo, todos se prosternaron enseguida.
El Exaltado dijo: “¡Ángeles míos! ¿Vieron? Abraham, Mi amigo especial, no retrocede ante el sacrificio de su propio hijo para obedecer Mi orden. ¿Vieron a Mi Ismael? No retrocedió ante el hecho de sacrificar su propia vida para Complacerme.” Los ángeles lloraron y se prosternaron, diciendo: “¡Señor nuestro! Tu siervo Abraham es en verdad digno de ser Tu amigo especial, mientras que Ismael, (as), es en verdad obediente y sumiso a Tu orden exaltada, un siervo Tuyo que acepta Tu decreto. Tú eres el Más Misericordioso de los misericordiosos.”
Aunque Abraham presionó el cuchillo en la garganta de Ismael para cortarla, el cuchillo no cortó la carne tierna. Sorprendido por esto, afiló el cuchillo e intentó otra vez. Aún así no la cortaba. Una y otra vez intentó, ¡pero no tuvo resultados! Lejos de cortarla, ni siquiera había hecho una marca en la garganta de Ismael. ¿Cómo podía ser? Enojándose, golpeó otra vez el cuchillo contra una roca, y la roca se partió en dos. Más azorado que nunca, el Profeta Abraham se dijo a sí mismo: ¿Se corta la roca, pero no la carne suave? ¿Cómo puede ser esto?” En ese mismo momento, el cuchillo fue dotado con el habla por Al-lâh, el Capaz de Todo, el Auto subsistente que tiene poder sobre todas las cosas, que crea al hombre de una gota de líquido, luego lo presenta con forma humana, dándole una mente y el poder del habla.
El cuchillo dijo: “¡O, amigo especial de Al-lâh! Quieres cortar, pero es mi Señor el que facilita que el cuchillo corte, que el fuego queme y el agua ahogue, y Él me dice que no corte.¿Fue capaz de quemarte el horno de Nimrod? ¿Cómo puedo cortar salvo que me den el permiso? Soy incapaz de cortar una hebra de su cabello, sin mencionar su garganta.” Mientras el Profeta Abraham se quedó sin habla ante este sorprendente y divino misterio, el venerable Ismael dijo: “¡Mi querido padre! Mientras ponías el cuchillo en mi garganta, mencioné el nombre de Alá. Igualmente deberías proclamar Su suprema grandeza, ¡luego hiere con el cuchillo!” Abraham repitió: “Allahu Akbar,” y mientras estaba presionando el cuchillo en la garganta de Ismael, el sonido de “Allahu Akbar, Allahu Akbar,” se oyó viniendo del cielo. Esta era la voz de Gabriel, (as).
Citando a Gabriel al Paraíso, Al-lâh había creado a un carnero como un sacrificio sustituto de Ismael, luego le ordenó a Gabriel que se lo llevara a Abraham. El ángel ahora había aparecido en los cielos, llevando ese carnero y proclamando la Suprema Grandeza de Dios. Cuando Abraham oyó la voz de Gabriel, llamando: “Allahu Akbar, Allahu Akbar,” se dio cuenta de que su prueba había terminado, y con una respuesta de agradecimiento, glorificó y exaltó a su Señor con las palabras: ‘la ilaha illa-llahu wa-llahu akbar.’ El venerable Ismael estaba oyendo estas palabras, y también se dio cuenta de que la misericordia del Compasivo y Benéfico había llegado desbordándose. Gritando. “Allahu akbar wa-lillahi-Ihamd,” Luego Al-lâh, Glorificado y Exaltado sea, se dignó a dirigirse a Su amigo especial Abraham con las siguientes palabras:
“Ahora has cumplido con tu sueño. De esta manera Recompensamos el bien. Esta fue en verdad una prueba obvia. Lo redimimos con un sacrificio momentáneo; y Lo dejamos, entre las últimas generaciones: ‘¡Que la paz sea Con Abraham!’ De esta manera Recompensamos el bien.” (37:105-110)
Gabriel declaró: “Abraham, El señor del Cielo y la Tierra te envía saludos. Ha mandado este carnero como un sustituto del único y singular Ismael. Él dice: ‘Que mate esta ofrenda en lugar de su hijo, pues estoy complacido con ellos...’” Padre e hijo estaban colmado de alegría y felicidad al haber recibido la gracia divina, el favor del Señor y la aprobación del Creador, así que mataron el carnero con la intención declarada de complacer a Al-lâh. La conducta impecable de estos dos en “la amistad con Al-lâh y la obediencia al orden divina” ha sido presentada por Alá a nosotros, Sus siervos, con la declaración: “Cualquiera que no retroceda ante el hecho de sacrificar su vida y riqueza por Mi, como Abraham e Ismael, puede hablar correctamente sobre Mi amistad.”
Irshad, Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti

Capitulo 11, Pág. 207-216
Traducción al Castellano: Editora Yerrahi Argentina, 2006
Orden Yerrahi al-Halveti
1 khayrubu wa-sharrubu mina -llahi ta°ala.
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