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Zainah Anwar, presidenta de Sisters in Islam: Malasia ha abierto un debate público sobre qué modelo de Islam quiere

04/01/2006 - Autor: Montserrat Arbós - Fuente: Asiared
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Zainah Anwar
Zainah Anwar
La ONG malaya Sisters in Islam Hermanas en el Islam es una de las asociaciones de mujeres más conocidas y respetadas del mundo musulmán. A lo largo de sus diecisiete años de vida, ha llevado la libertad de expresión a la esfera religiosa. Empezaron con mucha pasión y pocos recursos, desde el teléfono y el ordenador de casa; ahora imparten cursos sobre shariah, ley civil y salud reproductiva, organizan conferencias sobre derechos humanos, religión y democracia, ofrecen servicios de asesoría legal, editan estudios de interpretación del Corán en cuestiones de género y tienen una ventana abierta en la prensa de Kuala Lumpur. Su fundadora y codirectora Zainah Anwar, master en periodismo y relaciones internacionales por la Universidad Tufts de Massachusetts (USA) y miembro de la Comisión Malasia de Derechos Humanos designada por el gobierno, ha participado en el I Congreso Internacional de Feminismo Islámico celebrado en Barcelona.

 
¿Por qué la necesidad de crear Sisters in Islam?
 
Nuestra intención primera cuando la fundamos era hacer frente a la discriminación a la que se somete la mujer en nombre del Islam y, lógicamente, reivindicar nuestros derechos de manera activa. En 1988, un grupo de profesionales liberales nos movilizamos ante ciertas sentencias de los tribunales religiosos y ciertas prácticas del departamento de Asuntos Religiosos del gobierno, que daban por bueno, por ejemplo, las palizas a la esposa o la poligamia.
 
En nombre del Islam parecían justificadas todas las discriminaciones contra la mujer. Y nosotras, como mujeres creyentes, instruidas e independientes no lo podíamos aceptar. Si Dios es justo y el Islam, una religión justa, ¿cómo puede cometerse injusticia en nombre de Dios? Entonces caímos en la cuenta que necesitábamos estudiar nuestra religión para encontrar exactamente qué versículos, qué fragmentos del texto sagrado apoyaban la discriminación contra la mujer. Así pues volvimos al Corán y lo releímos con ayuda, entre otros, de la doctora Amina Wadud, que en esos momentos se encontraba en Malasia dando clases sobre ello en la Universidad Islámica Internacional.
 
Y lo que pasó es que descubrimos versículos en el Corán que hablan de justicia, de igualdad, de compasión, del hombre y la mujer protegiéndose mutuamente, tratándose como iguales, como amigos... y nada de esto se veía reflejado en las leyes y en las políticas que se han hecho en nombre del Islam. La conclusión, pues, es que el problema no es el Islam, sino el patriarcado; cómo a través de la invocación a Dios, los hombres intentan mantener su situación de privilegio y dominio sobre la mujer y a la vez silenciar las voces disidentes a su discurso.
 
¿Y qué han conseguido, en todos estos años?
 
Para nosotras, el principal logro es haber sacado a la luz la diversidad de interpretaciones y opiniones jurídicas sobre la shariah que hay en el mundo musulmán y, sobre todo, haber abierto un espacio de debate público sobre asuntos religiosos, cosa que, desgraciadamente, no existe en muchas sociedades musulmanas. Nuestra primera carta abierta a la opinión pública, editada en 1990, cuestionaba la práctica de la poligamia: queríamos entender porqué en Túnez, y en nombre del Islam, está mal considerada; porqué en Malasia, también en nombre del Islam, se puede practicar con restricciones y porqué en otros países, también en nombre del Islam, es totalmente libre. ¿Quiere esto decir que Túnez no es islámico, o quizás no lo es Malasia, o Arabia Saudita?
 
Lo que se pone de manifiesto es que en la historia del Islam ha habido diversidad de interpretaciones en lo que atañe a las relaciones entre seres humanos, al margen de la unidad de criterio en las verdades fundamentales de la religión, como la creencia en un solo Dios o el deber de la oración.
 
Por lo tanto, si queremos que el Islam gobierne nuestras vidas debemos decidir, como sociedad, qué interpretación del Islam sirve mejor a nuestro interés colectivo acorde con el tiempo en que vivimos y la propia historia del país. Nuestro principio rector como organización es que este proceso de decisión debe ser abierto y democrático.
 
El año pasado, un grupo que se hace llamar Asociación de Ulemas de Malasia intentó acusarnos legalmente de agravio al Islam porque, según ellos, la palabra de Dios no está abierta al debate ni al cuestionamiento. Tradicionalmente, en los países musulmanes se da por hecho que sólo los ulemas están capacitados y autorizados a hablar de religión, y el resto tenemos que callar y obedecer.
 
Nosotras decimos que no. En primer lugar, porque entendemos que la shariah es la interpretación humana de la palabra revelada de Dios y, por lo tanto, ni es divina ni es inamovible. En segundo lugar, porque durante siglos han sido sólo los hombres quienes han interpretado el Corán, han codificado las leyes islámicas y en base a ellas han definido qué es la mujer y qué puede hacer. Y por último, porque tenemos una Constitución, un marco democrático, que garantiza las libertades fundamentales de expresión, de igualdad de género, etc. que deben ser los principios guía a la hora de regular nuestra comprensión y interpretación de la ley islámica.
 
Muchos han presentado Malasia como el mejor ejemplo de que una sociedad puede ser moderna y, a la vez, musulmana. ¿Está usted de acuerdo con este análisis sobre su país? ¿Cuál es la realidad detrás de esta afirmación?
 
Bueno... debemos admitir que, comparándonos con la gran mayoría de los países en vías de desarrollo, sean o no musulmanes, Malasia es un alumno aventajado en términos de desarrollo económico, de distribución de la riqueza, de estabilidad política, etc. y tengo que estar orgullosa de ello, sobre todo teniendo en cuenta que somos una sociedad multiétnica y multireligiosa.
 
Merece la pena recordar que cuando accedimos a la independencia, en 1957, todo el mundo daba por hecha la implosión del país porque, decían, no teníamos nada que pudiera mantenernos unidos. Bueno, aquí estamos y, a excepción de los disturbios raciales de 1959, la nuestra es una historia de estabilidad política y prosperidad económica.
 
Dicho esto, lo cierto es que en la Malasia de hoy está creciendo el conservadurismo islámico. El momento álgido de esta oleada extremista lo vivimos durante los años ochenta, cuando el PAS Partido Islámico declaró que la constitución nacional era un texto de infieles y exigió la proclamación de un Estado islámico basado en la shariah.
 
Quiero creer que ese período de radicalización ya pasó, pero ahora hacemos frente a una contestación religiosa a nivel burocrático. Me explico: el pulso de fuerza entre el PAS y el gobierno de la UMNO Organización Nacional Malaya Unida generó durante la década de los noventa una oleada legisladora de fuertes connotaciones religiosas discriminatorias.
 
Durante años, Sisters in Islam fuimos la única organización civil en denunciar esta amenaza, pero ahora son cada vez más los intelectuales musulmanes y no musulmanes (chinos, indios, etc.) que públicamente claman contra las injusticias y las arbitrariedades de estas leyes ultraconservadoras, y cada vez más los ciudadanos de a pie que reclaman su derecho a opinar sobre ellas. Porque un efecto importante de los atentados del 11-S en Malasia ha sido que la gente es hoy mucho menos tolerante a las voces conservadoras y extremistas dentro de la comunidad musulmana. De momento aún mantenemos el pulso, pero, insisto, lo más importante es que este debate sobre modelos de Islam se está desarrollando en la esfera pública.
 
¿Cómo está lidiando el actual primer ministro con estas cuestiones? ¿Hasta qué punto ha hecho mella la visión islámica de su antecesor, el carismático Mahathir bin Mohammad? A principios de año el gobierno anunció su determinación a controlar la policía moral ¿Qué cambios se pueden esperar?
 
Es cierto que Mahathir era un musulmán progresista, pero perdió sus credenciales religiosas. En cambio, a diferencia de él, nuestro actual primer ministro, Abdullah Ahmad Badawi, también es un musulmán progresista que además proviene de una familia de larga tradición doctrinal. Su padre y su abuelo eran estudiosos islámicos, y él mismo está graduado en estudios islámicos; es decir, tiene las credenciales tradicionales necesarias para impulsar con legitimidad su propia agenda islámica progresista.
 
Pero nuestro temor, como decía antes, es que en el aparato religioso funcionarial hay mucho conservadurismo. Nuestro sistema de educación religiosa no ha producido intelectuales islámicos con amplitud de miras. Por lo tanto, Badawi deberá hacer frente al mismo problema que tuvo Mahathir, y es que la aplicación de su mandato está secuestrada a manos de un funcionariado religioso radical. ¡Y no sabe usted hasta qué punto pueden llegar a ser de poderosos, los burócratas! Hay un único primer ministro, pero miles de funcionarios repartidos por todo el territorio interpretando e implementando estas políticas, controlándolo todo.
 
Por eso es tan importante llevar el debate a los medios de comunicación, hacerlo público y lo más abierto posible, para presionar a nuestros gobernantes para que tomen las decisiones adecuadas contra este extremismo intolerante, por muy dolorosas que éstas sean. Y quiero imaginar que dadas las credenciales religiosas del profesor Badawi y dada la implicación creciente de la sociedad civil, al final Malasia sabrá escapar de las garras de esta amenaza conservadora.
 
¿Qué papel puede jugar en este proceso Anwar Ibrahim ex viceprimer ministro con Mahathir, acusado de corrupción y sodomía, condenado a nueve años de prisión pero liberado en setiembre del 2004 al ganar una apelación judicial y presentado por muchos en Occidente como el nuevo líder liberal de Malasia? A pesar de que tiene prohibido participar en política hasta el 2008, parece que ya ha empezado a tomar posiciones como líder de la oposición...
 
Duda unos largos segundos Desde su liberación... umm suspira, déjeme antes decirle que el primer ministro Badawi ha sido un musulmán progresista mucho más consistente y hace especial énfasis en la palabra que Anwar Ibrahim.
 
Ibrahim, por ejemplo, nunca ha dado su apoyo a las asociaciones de mujeres, nunca ha apoyado el trabajo de Sisters in Islam… El problema es que habla con muchas voces! En Occidente se presenta con un rostro liberal, pero en el escenario interno muestra un rostro conservador. Vuelve a suspirar Nadie sabe quién es realmente el verdadero Anwar Ibrahim. Además resulta que es el hombre de todo el mundo: del Occidente liberal y del mundo árabe conservador, del norte y del sur... ¿Quién es, de verdad? Los malasios aún no lo sabemos.
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