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Cómo conocer a Dios

29/12/2005 - Autor: Sheikh Tosun Bayrak al-Jerrahi - Fuente: Webislam
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Tosun Bayrak.
Tosun Bayrak.

El propósito de la creación del hombre

En su monumental obra Las revelaciones de la Meca, lbn Arabi dice que Dios creó a la humanidad para ser conocido. Basa esta creencia en el verso del Corán donde Dios dice:

"He creado a los yinns y a los hombres solo para que puedan adorarme".

(Zariyat, 56)

El gran comentarista coránico lbn Abbas le da a la palabra adoración el significado de «conocer», diciendo que el propósito de la existencia del hombre es conocer a Dios.

Dios ha creado el mundo en perfecto orden, conectando todo con todo y a todo con Él Mismo. Ha manifestado Sus atributos en Su creación, regulando las acciones de cada cosa según determinados atributos. Hablando a través de Su Profeta, Dios dice: «Yo era un tesoro escondido y amaba ser conocido; por este amor he creado el mundo»a honrado a la humanidad, su suprema creación, convirtiéndola en el medio por el que Él es conocido.

Así como la esencia de Dios es distinta de Su creación, e incomparable con ella, el ser humano no tiene igual en la creación en lo que toca a la manifestación de Sus más bellos nombres y atributos. Dios es perfecto y ha creado a la humanidad perfecta. El ser humano contiene en sí mismo todo el potencial necesario para llegar al estado perfecto. Así como Dios no tiene necesidad de nada, Él ha hecho que la humanidad no precise de nada más que de Él. Dios creó al hombre para que Le conociera; por ello, el hombre es capaz de conocer la verdad y encontrar la perfección.

Cómo conocer a Dios

Solo podemos encontrar al Creador por medio de su creación. Todo es testigo de Su existencia. Sin conocer la realidad de la realidad, es imposible conocer a Dios.

Avicena, contemporáneo de lbn Arabi, dice que se puede encontrar a Dios por medio del pensamiento racional, aparte del conocimiento obtenido gracias a Su creación. lbn Arabi, sin embargo, afirma que Dios se manifiesta en Su creación y que es imposible conocerlo de otra forma.

La creación es un continuo en el universo. Cada acontecimiento en la creación es diferente, no se repite. Esta interminable procesión de unicidad es una prueba del infinito poder divino. Toda nueva acción es un espejo donde los atributos divinos se manifiestan y en cada uno de ellos hay un nuevo y especial conocimiento. Esta es la única fuente de conocimiento divino.

Si miramos a los cielos, vemos un signo de la manifestación del atributo de Dios «la Inmensidad que Todo Lo Cubre». El aparentemente inmensurable océano nos sugiere el divino atributo de «el que Todo Lo Contiene». Si contempláramos nuestras propias vidas y los seres vivos a nuestro alrededor, entenderíamos el significado de «el Siempre Viviente». Mirando a un hombre de conocimiento nos acordaríamos de «el Omnisciente». En un médico veríamos signos de «el que Todo Lo Cura». Y si consideráramos al ser humano veríamos la evidencia de «el que Todo Lo Une».

El deseo humano de encontrar a nuestro Señor puede llevamos a ver Sus manifestaciones en todo lo que nos rodea y en nuestro interior. De esta forma, todo en la vida y en el universo se convierte en un libro repleto de enseñanzas acerca de nuestro Señor, porque todo ser creado es nada menos que una manifestación de los bellos nombres del Uno que lo creo.

Seremos, además, conscientes de cómo en cada cosa laten opuestos en contradicción: la manifestación del divino atributo «el Guía» frente a la manifestación de «el que Encubre»; «el Misericordioso» frente a «el que Impide». En ciertos momentos de la creación uno de estos atributos predomina; en otros momentos, el otro. Cuando «el Guía» y «el Misericordioso» son superiores en calidad y cantidad, la paz y la prosperidad tienen predominio. Cuando este estado decrece, se manifiestan la dificultad y los obstáculos, dominando el dolor y la pobreza.

La creación donde lo bueno se manifiesta existe en oposición a la creación donde se manifiesta lo malo. Por esta razón, a la gente que está destinada al paraíso no le gusta la gente que está destinada al infierno y viceversa. Hay también animales en donde predominan atributos benéficos, y animales en los que se manifiestan atributos dañinos. Ambos tipos de cualidades están presentes en el ser humano. Aquellos que son dominados por la naturaleza de los animales salvajes son mucho peores que el peor de estos animales, mientras que aquellos en quienes la beneficencia prevalece, son elevados al nivel de los ángeles. El santo Mevlana Yalaluddin Rumi dice: «Oh hombre, tomas partido por los animales que hay en ti y tomas partido por los ángeles que hay en ti. ¡Deja atrás tu naturaleza animal para que puedas elevarte por encima de los ángeles!»

La humanidad debe conocer la manifestación de los atributos divinos en continua creación a nuestro alrededor y encontrar su equivalente en su propia naturaleza, pues Dios nos ha enseñado todos Sus nombres. Si hacemos esto, conoceremos a nuestro Señor por Sus infinitas cualidades. Pero, al mismo tiempo que vemos la inmensidad y perfección del Creador, veremos la pequeñez e imperfección de las cualidades manifestadas en nosotros. Así nos daremos cuenta de que somos nada y de que dependemos totalmente de Él. Este es el comienzo de la realización del ser humano como servidor y de Dios como El Señor: el verdadero propósito de la creación.

Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor

Las verdades de los atributos, los hermosos nombres de Dios, son infinitas y se manifiestan de diferentes maneras y en diferentes momentos. La prueba de estas verdades está en la comprensión de la unicidad de toda la creación. No hay que olvidar, sin embargo, que la multiplicidad es parte del Uno. La unidad se manifiesta en la multiplicidad. Pese a todas las diferencias y las infinitas manifestaciones, las partes se interconectan y suman en un todo. Quien quiera que encuentra esta verdad en sí mismo, conoce a su Señor

Dios ha creado al ser humano perfecto y a Su imagen, en la imagen de Sus atributos

Muchos sufíes creen que para ser capaces de realizar esta unidad en nuestro ser, uno debe borrar las manifestaciones de los «yos» en uno mismo; de hecho, uno debe negar su propia existencia. Por medio de una intensa adoración, del ayuno, la meditación y el rechazo de los deseos de la carne, estos sufíes intentan someter sus voluntades a la voluntad de Dios y purificar su comportamiento y sus hábitos. Toda esta disciplina y esfuerzo esta basada en la creencia de que estos «yos» que uno esta tratando de vencer realmente existen. Sin embargo, no hay ningún «yo» excepto Dios. No hay nada más que El. ¿Cómo puede uno lograr dar por vencido algo que jamás ha existido? La única manera de conocer a tu Señor es conociendo tu no existencia.

El hombre no es más que el espejo donde los atributos de Dios son reflejados. Él es quien se ve a Sí mismo en el espejo. Él es el único que se conoce a Sí Mismo. Ni los profetas, ni los ángeles, ni un ser humano perfecto pueden conocerlo. Cuando reconocemos la nada que somos y la totalidad que es Dios, adquirimos la perspectiva completa de nuestro conocimiento de Él.

La Unidad del Ser

Se precisan tres perspectivas diferentes para entender la unidad del ser: la unidad de la esencia, la unidad de los atributos y la unidad de las acciones.
La unidad de la esencia es el concepto de que hay solo una existencia, una causa inconcebible, desconocida, y sin embargo responsable de la existencia de todas las cosas. La calidad, el carácter, los atributos, la identidad de todos y de todo son la manifestación de esta única causa. Toda existencia está relacionada con esta causa primera y todas las acciones de los seres creados son causadas por esta causa y están conectadas con ella.

Todo viene de Dios, y sin embargo no es Dios. Él es antes del antes y después del después. Él es lo interno y lo externo, lo visible y lo invisible. Aunque exteriormente se manifiesta por medio de la unidad de todos los seres, permanece escondido en Su unicidad. En un principio no había nada más que Él. En este momento no hay nada más que Él. Él es infinito y permanecerá cuando todo deje de existir. Sus acciones no dejan de tener lugar y cambian constantemente: no hay dos acciones que se asemejen entre sí. No hay nada, por tanto, como Él. No hay ninguna otra cosa excepto Él. Quien no pueda ver esta verdad está ciego y, al estar ciego en esta vida, estará ciego en el Más Allá.
Mullah Jami dice: «Contemplad toda la creación bajo una única luz para que veáis la verdad. Sólo existe una luz, pero bajo esa luz se ven diferentes cosas. La luz lo unifica todo. Este es el significado de la unidad del ser».

Esa luz borra la duda y la fealdad de la imaginación. El ser humano cuyo corazón está libre de la fealdad, ve la única, la más perfecta, la más hermosa existencia. No hay más daño, confusión o deformidad: todo está bien, es verdadero y hermoso. Un ser como éste ve su propia existencia imaginaria como la manifestación de la verdadera existencia y, de este modo, pasa de su existencia a la verdadera existencia. Contempla a toda la humanidad y a todo el universo como creación sin falta, perfecta y hermosa, pues la verdad es hermosa. Y lo ve todo unido en el amor.

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