webislam

Domingo 21 Julio 2019 | Al-Ajad 18 Dhul-Qaadah 1440
873 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=2860

La ONU ante la islamofobia

27/11/2005 - Autor: Iván Jiménez-Aybar - Fuente: Webislam
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

En su «Ética a Nicómaco», Aristóteles dice algo que ‑aunque obvio‑ conviene recordar de vez en cuando: “De las cosas que tienen uso, es posible usarlas bien o mal”. Y, desde luego, tan evidente afirmación es aplicable a las palabras. Su correcta utilización favorece las relaciones interpersonales. Su abuso –su mal uso‑ enturbia y dificulta toda posibilidad de debate y de acuerdo de voluntades mediante el consenso.

No conviene abusar del término «islamofobia». Así comencé mi intervención conclusiva en la reunión internacional de expertos (15 en total, de todos los continentes) convocados por la ONU para tratar tan delicada cuestión, que tuvo lugar en Sevilla del 18 al 19 de noviembre de 2005 en la sede de la Fundación Tres Culturas, que tan magnífica acogida nos brindó a todos nosotros. Para apoyar tal afirmación, recurrí a un ejemplo que resultó bastante ilustrativo a todos mis colegas: con ocasión de la aprobación de la reforma del Código Civil español en materia de matrimonio y adopción de menores por personas del mismo sexo, se adjudicó tan alegre como injustamente el calificativo de «homófobo» a muchos de los que osaron manifestarse en contra de aquélla, sin ni siquiera preguntar por qué se discrepaba.

Del mismo modo, corremos el riesgo de utilizar de modo indiscriminado la palabra «islamofobia» –“una palabra nueva para un fenómeno viejo”, tomando una expresión de Kofi Annan‑ cual arma arrojadiza contra todo aquel que manifieste cierto recelo hacia la presencia de los musulmanes en Europa, institucionalizando así una postura victimista que estigmatice todo aquello que se salga de lo considerado políticamente correcto. Por consiguiente, conviene actuar con prudencia. Y, teniendo en cuenta que, como diría también Aristóteles, “en términos generales, es prudente el hombre reflexivo”, nos corresponde por tanto reflexionar en profundidad sobre el concepto y alcance de esta palabra, poniendo asimismo sobre la mesa todas sus posibles manifestaciones.

El término «islamofobia» fue acuñado al final de la pasada década para referirse a aquellas actitudes o hechos que denotan una hostilidad o aversión infundadas e irracionales hacia el Islam y los musulmanes. Como vemos, la ambigüedad de los términos empleados permite –incluso exige‑ aclarar o matizar su significado, caso por caso. Porque no cabe duda que las agresiones físicas y verbales a los musulmanes o la quema de mezquitas son actos «islamófobos». Y, de igual modo, los ataques hacia el Islam que cierta periodista y escritora italiana y que cierto locutor español (de cuyos nombres, parafraseando a Cervantes, prefiero no acordarme) vierten, respectivamente, en sus libros y en los oídos de sus oyentes, denotan un odio irracional hacia los musulmanes que no tiene más objetivo que sembrar el miedo, engordando así sus cifras de ventas y de audiencia.

Sin embargo, existe otro tipo de actitudes o manifestaciones que no podemos en justicia calificarlas, sin más, de «islamófobas». Esto se ha hecho, por ejemplo, con los apoyos recibidos dentro y fuera de Francia a la conocida como «Ley del velo». Sin lugar a dudas, entre los ingredientes de esa norma que se vende a modo de panacea encontramos un alto componente de pretensión de control del desarrollo y la práctica del Islam en Francia (comenzando por la escuela pública), originado en parte por cierto miedo a lo extraño, a lo desconocido (a lo musulmán); pero, ante todo, su ingrediente principal es una enorme dosis de laicidad mal entendida –o, mejor aún, laicismo‑ que relaciona la neutralidad estatal en lo que al culto se refiere con la desaparición de la religión del espacio público. Craso error que está cada vez más extendido tanto en la izquierda más beligerante como en algún sector de la derecha liberal, que consideran incompatible la razón con las creencias por considerar que éstas limitan o condicionan la libertad de la persona.

Desde la atalaya de la razón (que algunos escriben incluso con la «erre» mayúscula, como en los tiempos de la Ilustración que tanto añoran), mantienen un diálogo con los creyentes que me recuerda al que sostuvo Zaratustra tras concluir su retiro en la montaña con un viejo sabio que encontró en el bosque, que Nietzsche relata detalladamente en su «Así hablaba Zaratustra». ¿Recuerdan? Después de separarse del anciano, camino de la ciudad donde pretendía mostrar al «superhombre», dijo Zaratustra hablando para sus adentros: “¡Será posible esto! ¡Este viejo santo no se ha enterado todavía en su bosque que Dios ha muerto!”.

Y, claro, en una Europa donde muchos pretenden que la religión no traspase los umbrales de los lugares de culto, y donde el cristianismo es visto cada vez más como un aspecto meramente cultural, casi folclórico (de hecho, surgen como setas intelectuales que se definen como «ateos cristianos»), aparece de repente una religión –la musulmana‑ cuya práctica, aunque no tan frecuente y masiva como muchos creen, tiene un grado de visibilidad tal (mezquitas y oratorios, vestimentas de todo tipo, negocios étnicos, etc.) que hace chirriar los goznes de la tolerancia de la laica sociedad occidental. Además, si a eso le añadimos componentes, como ya he dicho, de miedo a lo desconocido, de discriminación racial y de temor hacia unos flujos migratorios descontrolados cuya integración es compleja (más todavía después de los recientes acontecimientos de Francia), tenemos como resultado el cocktail de la «islamofobia». Por consiguiente, conviene aislar adecuadamente todos estos ingredientes antes de utilizar este término, evitando así caer en un abuso que produzca efectos secundarios no deseados.

Aunque, sin lugar a dudas, el mejor modo de evitar su uso –correcto o incorrecto‑ es prevenir sus causas. El abanico es muy amplio: ignorancia, prejuicios, estereotipos negativos, racismo, el miedo que siembran gobernantes irresponsables, periodistas, escritores e intelectuales varios ávidos de pescar en el río revuelto de la presencia del Islam en nuestras ciudades, etc. Y, en mi opinión, el mejor modo de luchar contra todo ello es a través de la formación. Especialmente desde la escuela. Sólo a través de una educación que fomente el respeto hacia todas las culturas y religiones y el conocimiento de éstas conseguiremos que las nuevas generaciones no vean en «el otro» a un desconocido, sino a un igual. En este sentido, manifiesto mi más profundo rechazo hacia la política de prohibición de los símbolos religiosos en las escuelas públicas, tanto los «estáticos» (crucifijos en las paredes) como los «dinámicos» (pequeños crucifijos colgados en el cuello, el hiyab musulmán, etc.). ¿Por qué no, en vez de retirar los ya existentes, vamos incorporando otros nuevos conforme los pupitres se van llenando de alumnos de diferentes culturas y religiones? ¿Por qué, si la religión forma parte de la vida cotidiana de toda persona desde que nace (sea o no creyente y practicante), fingir que ésta no existe en la escuela en aras de la neutralidad del espacio público? ¿Por qué crear una laguna en la formación de los más pequeños? A este respecto, debemos recibir la reciente puesta en marcha de la enseñanza de la religión islámica en algunas Comunidades Autónomas como una oportunidad magnífica de normalizar la presencia de lo musulmán en la escuela española, evitando así futuros brotes de una «islamofobia» latente que, por desgracia, cada vez se hace más presente.

Pero, la necesidad urgente de formación sobre el Islam y el mundo musulmán en general también se extiende a otros sectores de la sociedad. ¿Qué decir de los periodistas, principales generadores de opinión, que tanto bien y tanto mal pueden causar desde su privilegiada posición? No hay más que leer el reciente libro de Thomas Deltombe, «L’islam imaginaire. La construction médiatique de l’islamophobie en France, 1975-2005» (Ediciones La Découverte, París 2005) para percatarnos de cómo los medios de comunicación son capaces de crear un Islam «imaginario», «mediático», trasladando a la opinión pública aquella imagen de los musulmanes que más interesa a la hora de aumentar los índices de audiencia. Por ello, sería conveniente que las Universidades europeas –centrando los esfuerzos de manera especial en las Facultades de comunicación‑ impulsaran cursos de formación del más alto nivel dirigidos a un amplio abanico de destinatarios.

Pueden, para ello, tomar el ejemplo de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España (UNED), que ha puesto en marcha –en colaboración con la Fundación Pluralismo y Convivencia (Ministerio de Justicia), la World Islamic Call Society y Junta Islámica (ente perteneciente a la Comisión Islámica de España)‑ el «Curso de Experto Profesional en cultura, civilización y religión islámicas», dirigido a toda persona interesada en recibir una sólida formación en este campo, ya sea o no musulmana. Como miembro del claustro de profesores de este Curso, puedo dar fe de la calidad científica y del interés que esta iniciativa posee en aras a un mayor conocimiento de la segunda religión de nuestro país y a mejorar la calidad de la convivencia entre las diferentes culturas.

De la reunión de Sevilla surgirá un importante Informe sobre la situación de la «islamofobia» en el mundo, que será presentado dentro de unos meses ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. La ONU, por tanto, afronta de modo decidido un problema que supone un pesado lastre para nuestra convivencia, tanto internacional como intercultural e interpersonal. Actuemos todos, por tanto, con prudencia y desde la reflexión, preocupándonos por nuestra formación y por la de nuestros hijos. De lo contrario, siempre nos quedará París...

Iván Jiménez-Aybar es doctor europeo en Derecho. Consultor y asesor jurídico en inmigración. Investigador y docente universitario. Autor de “El Islam en España: aspectos institucionales de su estatuto jurídico” (Navarra Gráfica Ediciones, Pamplona 2004).

 

Anuncios
Relacionados

La islamofobia en Europa: una deriva evitable

Artículos - 17/12/2009

Euroislam versus islamofobia

Artículos - 13/05/2010

Aspectos sobre el islam politico

Artículos - 04/06/2010



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/28123-la_onu_ante_la_islamofobia.html