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El Verdadero Festival

30/10/2005 - Autor: Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti - Fuente: sufismo.org.ar
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Musulmanes celebrando el Id al-Fitr en el pabellón de deportes de Granada.
Musulmanes celebrando el Id al-Fitr en el pabellón de deportes de Granada.

Bismi’llâhi’r-rahmani’r-rahîm
En el Nombre de Allah, Todo Misericordioso y Compasivo

Contenido

Un Banquete en Ambos Mundos.
Las Tres Clases y los Siete Niveles del Yo.
La Elite de la Elite.
Sólo los Justos tienen Derecho a Celebrar.
La Verdadera Felicidad.
El Final de la Ignorancia.
El Día de la Fiesta y el Día de la Resurrección.
Dar Limosna al Final de Ramadán.
La Correcta Observancia del festival.

Cuentos

El Santo y el Mendigo Ciego.
Bahlûl llora por el Califa.
El Santo Bâyazid tiene un Sueño Atemorizante.
La Venerable A’isha escupe Carne.
“¿Dónde está mi Burro. . .?”
Por qué un Santo estaba triste en el Día de la Fiesta.
Bahlûl interrumpe el Desfile del Festival del Califa.

“Habrá triunfado quien se purifique, recuerde el nombre de su Señor y rece. Sin embargo preferís la vida de este mundo, cuando la Última es mejor y de mayor permanencia. Realmente esto ya estaba en las primeras escrituras, las páginas de Ibrâhîm y de Moisés.”

87:14-19

Un banquete en ambos mundos

De la estación anual de Ramadán, que tanto place a Allah, llegamos al festival en donde nuestro tren hace una parada al final del mes bendito. Adelante nuestro yacen otros muchos Ramadán y estaciones de Festivales, que quizás alcancemos o no.

Aquellos que mantienen el ayuno para complacer a Allah ganan el control de su yo inferior. El que sabe cómo practicar ese control llega a la comprensión de su propia impotencia y limitaciones, y para alguien que ha aprendido eso, Allah despliega Su banquete divino, diciendo: “Mi siervo especial, has mantenido el ayuno bajo Mi mando, ahora te invito a Mi banquete divino, come y bebe por medio de Mi gracia y generosidad”.

¡Comed y bebed alegremente por lo que adelantasteis en los días pasados!

69:23

El Glorioso nos dice que disfrutaremos de ese banquete, no sólo durante los Festivales de este mundo, sino cuando lleguemos al Paraíso también, pasando los obstáculos y escapando de las dificultades dolorosas en el Sitio de la Resurrección con nuestra fe intacta:

“Mis siervos especiales, ante Mi orden ayunasteis por Mí en el mundo de abajo, renunciasteis a comer y a beber por Mi bien. Ahora, disfrutad vuestra comida y bebida como una recompensa por esas buenas acciones que realizasteis en esos días pasados. Ahora, disfrutad de felicidad eterna por las adversidades que sufristeis y debido a vuestras buenas acciones. Ahora estáis limpios y puros. Habéis sido victoriosos en la lucha con el yo inferior, que se llama la Gran Lucha al-Jihâd al-Akbar. Para ser verdaderamente humano uno debe conquistar a su yo inferior, subyugarlo y controlar sus deseos. Es mediante eso que la distinción entre hombre y animal se torna aparente. Hoy es vuestro “Día de la Victoria”. Hay una similitud entre nuestros Días de Fiesta comunes y los del Más Allá. Morir, ser puesto en la tumba, aguardar la Resurrección y el momento del juicio, luego esperar hambriento, sediento y desnudo para pasar del Juicio a la Balanza, luego de la Balanza al Puente, luego del Puente al Paraíso o a las Aguas de Kawthar, todo eso corresponde a Ramadán. Beber de la Fuente de Kawthar, ataviarse con las vestiduras del Paraíso y obtener la salvación y el éxito, se puede comparar todo con el festival del final del Ramadán.

Las tres clases y los siete niveles del yo

La persona común es adicta a comer, a beber y a las relaciones sexuales. Cuando adora, lo hace por el Paraíso, porque en el Paraíso, la comida, la bebida y el sexo están espléndidamente disponibles.

“Estarán sobre divanes tejidos de oro, recostados unos frente a otros. En torno a ellos irán pasando muchachos eternamente jóvenes con copas, vasijas y vasos de un vino que manará de un manantial y no les provocará dolor de cabeza ni embriaguez. Tendrán las frutas que elijan y la carne de ave que les apetezca. Y unas de ojos hermosísimos, parecidas a las perlas semiocultas. Como recompensa por lo que hicieron. Allí no oirán frivolidad ni incitación al mal, tan sólo la palabra: Paz, paz. Y los compañeros de la derecha. ¡Oh los compañeros de la derecha! Estarán entre azufaifos sin espinas y exuberantes árboles de plátano. En sombras perennes, agua en continuo fluir y abundantes frutas que no dejarán de producirse ni serán inaccesibles. En lechos elevados. Realmente las habremos creado de nuevo. Y las habremos hecho vírgenes, amorosas y de la misma edad.”

56:17-39

Es diferente para los extraordinariamente pocos, la elite. En este mundo, los creyentes se dividen en tres grupos:

a) la gente común;
b) la elite;
c) la elite de la elite.

En cuanto al yo, cae en siete categorías:

I) el Yo Dominante; al-nafs al-ammâra
II) el Yo Censurador; al-nafs al-lawwâma
III) el Yo Inspirador; al-nafs al-mulhima
IV) el Yo Tranquilo; al-nafs al-mutma’inna
V) el Yo Contento; al-nafs al-râdiya
VI) el Yo Complaciente; al-nafs al-mardîya
VII) el Yo Puro. al-nafs al-sâfiya

Las primeras tres categorías representan el yo de la gente común. En otras palabras, un individuo se considera común si su lucha con el yo lo lleva hasta la tercera categoría. La cuarta, quinta y sexta categorías pertenecen a la elite, mientras que la séptima es particular de la elite de la elite. Habiendo dicho un poco sobre estas distinciones, describiremos ahora cómo se observa el ayuno en cada nivel.

En el nivel del Yo Dominante, un creyente se distingue de un incrédulo meramente por la afirmación de la Unidad Divina y por la conformidad con las reglas de la Ley Sagrada. Una persona semejante pronunciará la Profesión de Fe; cuando le pregunten a qué religión pertenece, dirá; “¡Soy un Musulmán!” Lleva un nombre Musulmán. Su cuerpo será enterrado en un cementerio Musulmán, y se llevará a cabo la oración fúnebre Islámica sobre el cuerpo.

En el nivel del Yo Censurador, una persona comete toda de clases de maldades igual que en el primer nivel, pero con la diferencia de que después se arrepiente, sintiendo remordimientos y censurándose. Deshace su arrepentimiento, y luego lo vuelve a renovar. Este estado es un primer paso hacia la salvación y a convertirse en una buena persona.

En el nivel del Yo Inspirador, una persona peca y después se arrepiente. Sigue pecando, pero también persiste en la adoración. Lamenta sus acciones, se lamenta y ora, luego vuelve a obedecer a su yo inferior. A veces lo domina, a veces cae bajo su control. El ayuno de la gente común, que describimos arriba, es el tipo de ayuno que observan los que se encuentran en este nivel.

En cuanto al ayuno de la elite, este es el ayuno que observan los individuos que se elevan desde el Yo Tranquilo hasta el del Yo Complaciente. Es diferente del ayuno de la gente común. Además de abstenerse durante el Ramadán de comer, beber y de las relaciones sexuales, la elite también se abstiene todo el tiempo de mirar objetos ilegales, de la calumnia, la mentira, del chismorreo, de maldecir y de las malas palabras; se esfuerzan para evitar que sus bocas pronuncien insultos y coman alimentos prohibidos, que sus oídos escuchen habladurías, y para mantener a sus manos y pies alejados de las acciones que disgustan a Allah.

La gente común celebra el final del Ramadán disfrutando de comida, bebida y sexo durante el día así como por las noches. El grupo de la elite también reanuda esos placeres después del Ramadán, pero con respecto a las otras cosas que mencionamos, mantienen a sus diversos órganos en un estado de ayuno de por vida. Cuando mueren en la fe celebran mediante la orden divina:

“¡Regresa!” “¡Oh alma sosegada! regresa a tu señor, satisfecha y complacida. Y entra con Mis siervos, entra en Mi Jardín.”

89:30-32

A lo largo de toda su vida, ellos protegen sus ojos de las cosas ilegales, adoptan un punto de vista prudente, mantienen su lengua limpia de calumnia y la embellecen con el recuerdo de Allah.

Habiendo purificado su boca con la afirmación de la Unidad Divina, el grupo de la elite no se vuelve a ensuciar mediante la mentira y la calumnia. Hablando honestamente, preconizan la verdad y la paciencia. Iluminan sus bocas benditas con el recuerdo de Allah, y las embellecen recitando el Corán. Comen sólo comida legal. Sus oídos ya no escuchan cosas que le desagradan a Allah. Oyen la palabra de Dios, comprenden lo que oyen y actúan en base a su comprensión. Emplean sus manos en obras de caridad y sabiduría, usan sus pies para correr a los lugares que complacen a Allah, pasan sus preciosas vidas en la causa de Allah. Para la elite, el momento de celebrar el festival es cuando oyen, en el momento de la muerte, la orden divina: “¡Regresa!”

La elite de la elite

Hay todavía un tercer grupo, conocido como la elite de la elite. Se encuentran en el nivel del Yo Puro. Estos son los siervos que disfrutan la aceptación y la aprobación de Allah. Son los sucesores del Mensajero. Como bien sabemos, la lealtad al Mensajero es lealtad a Allah. El mundo honra a esos seres. Son seres de un gran valor, herederos de los poderes carismáticos del Mensajero, la paz sea con él.
Para ellos, el ayuno significa la abstinencia en Ramadán al pie de la letra según la Ley Sagrada, mantener de por vida a sus órganos en un estado de ayuno en todo otro momento también, y yendo más allá de todo eso, impregnarse con actitudes basadas en el Corán y en el ejemplo establecido por Muhammad (La paz sea con el), involucrándose interiormente nada más que con la verdad.

En el caso de la gente común, el ayuno se rompe al comer, beber, o tener relaciones sexuales. El ayuno de la elite se rompe de la misma manera, pero también por la mirada ilegal, por decir una mentira, por escuchar calumnias, por ir a lugares malos, o por tocar cualquier cosa que disguste a Allah. En cuanto a la elite de la elite, su ayuno se rompe por tan sólo pensar en alguna cosa que no sea la verdad.

Allah dice en su Corán:

“....Estamos más cerca de él que su vena yugular.”

50:16

“En un lugar de reposo verdadero, junto a un Señor Todopoderoso.”

54:55


En otras palabras, estos seres tienen tanta intimidad con esa cercanía divina mientras aún están en este mundo, que son admitidos en el Paraíso más elevado. Para ellos, cada día es un festival, y toda noche es una Noche del Poder.

El bienamado de Allah nos ha dado la buena nueva de que en el noble mes de Ramadán, nos tornamos tan puros de pecados y desobediencia como el día en que salimos del vientre de nuestra madre. Esta buena nueva es para la gente común y para la elite, no para la elite de la elite. Estos últimos se encuentran en el océano de la Unidad. No piensan en el Paraíso, en Arasât, en los niveles del Paraíso o en sus huríes y asistentes, ni en las profundidades del Infierno y sus diversos tormentos. Se encuentran en la Verdad, íntegramente con Allah, enteramente con Él. . .

Para nosotros el momento del festival llega dos veces por año. Los Días de Fiesta religiosos llegan y se van cada año. Uno de ellos es el festival que finaliza el noble mes de Ramadán. Mientras que el otro es la Fiesta del sacrificio. Estos Festivales son para la gente común, días felices para los niños. Son para el niño que llevamos adentro.

El Festival real lo alcanzan aquellos que llegan a la fe, entran al Islam, pasan el día sin pecado, y dedican su vida entera a la causa de Dios. Dan las respuestas correctas a los Ángeles Interrogadores, están bajo el Estandarte del Mensajero en el Sitio de la Resurrección, obtienen la intercesión, son más pesados en el platillo de las recompensas de la Balanza, reciben su registro en la mano derecha, cruzan el Puente a salvo, beben las aguas de Kawthar de la mano del Mensajero, se salvan del Fuego, beben de la Fuente de la Vida, renuncian a su vida en bien de Dios y Su Mensajero, usan las ropas del Paraíso y celebran el festival viendo a Dios cara a cara.

Según Jarîr ibn ‘Abdillâh, que Allah esté complacido con él: “Estábamos sentados en presencia del Profeta, Allah lo bendiga y le dé paz, cuando miró la luna — en la noche del plenilunio — y dijo: ‘Todos serán presentados a su Señor’ ”.

Si celebrar el Festival fuera simplemente una cuestión de ponerse ropas nuevas, afeitarse y visitar el baño de vapor, los incrédulos podrían hacer otro tanto. Los que se comportan así, celebran por lo menos el festival de este mundo. Hay algunos desafortunados que ni siquiera han oído de los festivales.

El verdadero Festival se celebra escapando a los obstáculos y obteniendo las dádivas que hemos enumerado. Aquellos que celebran meramente vistiéndose con ropas nuevas, afeitándose y divirtiéndose, consintiendo a su yo inferior sin obediencia o consideración por la aprobación de Allah, se quedarán sin nada más que sus festividades mundanas. En ese Día terrible, cuando los creyentes y los amantes fieles disfruten la Fiesta de la eternidad, esos pobres desgraciados estarán de duelo. Para ellos, ese Día será un día de interminable frustración, agonía y tormento.

El derecho a celebrar el festival les pertenece a aquellos que creen en Allah, Sus Mensajeros, las escrituras y los ángeles, que tanto lo bueno como lo malo proceden de Allah, y en la Resurrección después de la muerte; que obedecen a su Señor y siguen Su orden, aceptándola agradecidamente como una bendición; que mantienen el ayuno de Ramadán con la esperanza de la recompensa de Allah; que realizan las oraciones Tarâwîh, le llevan felicidad al pobre y pagan las limosnas debidas. Pasan sus noches recitando el Corán y en la compañía de Dios, mientras que en las horas del día cultivan cualidades angélicas, purifican sus corazones de los atributos que desagradan a Dios, se limpian a sí mismos y embellecen la morada de la Visión Divina que es el corazón humano con el recuerdo de Allah y el afecto por Su bienamado y noble Profeta. El Mensajero nos dijo que aquellos que ayunan de esta manera se tornan tan inocentes como en el día que abandonaron el vientre de su madre. Ellos celebran el verdadero Festival. . .

El Santo y el Mendigo Ciego

Un Santo se encontró una vez con un mendigo ciego en las calles de Bagdad. El mendigo le dijo que no era ciego de nacimiento, sino que había perdido la vista posteriormente.

El mendigo ciego explicó cómo le había acontecido esa aflicción: “Yo solía ser un ladrón de mortajas. En esos tiempos tenía naturalmente el uso de mis ojos. Me hice experto en abrir tumbas y despojar a los muertos. Bueno, en esta ciudad había un magistrado justo. Me hizo buscar un día y se produjo la siguiente conversación:

“‘He oído de qué te ocupas’, dijo el magistrado, ‘pero no te puedo condenar y castigar porque no has sido atrapado in fraganti. ¡Abandona esa práctica perversa y arrepiéntete ante Allah!’ Luego añadió, antes de que nos separásemos: ‘Déjame darte el equivalente del precio de mi mortaja aquí y ahora. Si llegara a morir antes que tú, ¡no me dejes desnudo en la tumba! Si fueras tú el primero en partir, renunciaré a reclamar este pago’.

“‘Les doy mi palabra’, dije, ‘a ti y a Allah, de que no robaré tu tumba’. Me dio una propina extra, por encima del precio de su mortaja, y me fui prometiendo no tocarlo.

“Algún tiempo después, así como deben hacerlo todos los mortales, ese juez bebió el vino de la muerte y se fue al mundo eterno. ¡Pero los hábitos no mueren tan fácilmente! Por un tiempo, me controlé. Al final, sin embargo, mi naturaleza inferior me ganó de mano. ‘¿Qué importancia tiene?’ me dije a mí mismo. ‘Lo voy a robar. El hombre está muerto y la mortaja se está pudriendo allí para nada. Aquí tengo la oportunidad de conseguir un beneficio doble’. En cuanto cayó la noche, fui al cementerio. Encontré la tumba del juez y la excavé. Pero cuando entré para quitarle la mortaja, me encontré en un mundo diferente. Me quedé simplemente en cuclillas, sumido en el desconcierto.

“Dos ángeles imponentes aparecieron en la tumba. Yo temblaba de miedo y asombro, incapaz de respirar. Seguí mirando con temor lo que estaba por suceder; tenía la mandíbula cerrada con fuerza. Los ángeles circunvalaron al hombre muerto, examinando sus órganos. ‘¡Bien por ti, magistrado, bien por ti!’ dijeron, felicitándolo. ‘Qué persona santa debe haber sido’, exclamaron alabando al juez. Súbitamente, uno de los ángeles que inspeccionaban notó una úlcera en la oreja izquierda del hombre. Mientras se preguntaban qué podía haber causado esa descarga de pus, apareció un tercer ángel, diciendo: ‘La úlcera de su oreja izquierda es el resultado de haber manejado un caso injustamente’. Luego explicó: ‘Este magistrado era justo; solía juzgar imparcialmente. Pero un día dos litigantes se presentaron ante él con su disputa. Sucedió que uno de ellos era un conocido del magistrado, por lo que le prestó más atención a su caso. Reconoció que su amigo estaba equivocado, y emitió un juicio en contra de él, no obstante fue culpable de una parcialidad equivocada por haberlo escuchado demasiado favorablemente con su oído izquierdo’. Los otros dos ángeles luego preguntaron qué debían hacer con él. ‘Llenen su tumba con fuego’, dijo el tercero. Mientras vertían ese fuego dentro de la tumba, el calor era tan intenso que me cegó los ojos”.

Sólo los justos tienen derecho a celebrar

Es el justo el que gana el derecho a celebrar el festival. Nuestro Maestro, el informante verdadero, nos dijo que aquel que juzga justamente durante una hora le es más querido a Allah que aquel que realiza actos supererogatorios de adoración durante sesenta años. Es por eso que el Corán nos dice que alcanzan el éxito y celebran el Festival aquellos que no se inclinan a la injusticia. Se salvan del Fuego y entran al Paraíso.

Bahlûl Llora por el Califa

El santo conocido como Bahlûl el Tonto Sabio era un guía espiritual consciente. Algunos dicen que este santo individuo era el hermano de Hârûn al-Rashîd, el Califa de Abbâsid. Esta noble persona solía disfrazar su depósito de sabiduría detrás de una pretensión de locura, de la misma manera en que las personas inteligentes ocultan su tesoro escondido entre las ruinas. Su aparente locura velaba el hecho de que era un Intelecto Universal. Iba y venía imperturbable por el palacio de Hârûn, que solía hacerle toda clase de preguntas, buscando su guía en los asuntos de estado, mientras él protegía la vida venidera del Califa.

Un día, entró al palacio para encontrar el trono del Califa desocupado, por lo que se sentó allí enseguida. Esa era una impertinencia mayor. Sentarse en el trono del Sultán era un acto total de lesa majestad. La penalidad era muy seria, quizás incluso la muerte. Viendo a Bahlûl sentado en el trono, los soldados los golpearon tan violentamente que sus gritos de dolor trajeron corriendo a Hârûn al-Rashîd a la escena del tumulto. Cuando Hârûn preguntó la razón del alboroto, los soldados le dijeron: “Señor, Bahlûl cometió una impertinencia. Se sentó en tu trono, de modo que lo castigamos con una golpiza”. Mientras se volvía para consolar a Bahlûl, el Califa les dijo a los soldados; “¡Qué vergüenza! El pobre desgraciado está loco. ¿Se sentaría en el trono un hombre cuerdo?” Oyendo estas bondadosas palabras: “¡No llores! No te preocupes. Sécate las lágrimas de los ojos”, Bahlûl el Tonto Sabio respondió: “Oh Califa, no son sus golpes lo que me hace llorar; es por ti que me lamento”. “¿Por mí?” exclamó Hârûn sorprendido. “¿Por qué tendrías que llorar por mí?”. A esto, Bahlûl respondió: “¡Oh Califa! Me senté en tu trono una sola vez, y qué golpiza recibí por sentarme allí por sólo unos pocos momentos. Pero tú, has ocupado este trono durante veinte años. ¿Qué clase de paliza recibirás, me pregunto? Es ese pensamiento el que me hizo llorar”. Hârûn al-Rashîd se quedó consternado. Ahora era su turno para llorar. Gimió y se tiró de la barba y los cabellos. “Qué puedo hacer”, preguntó, “para poder escapar de esa golpiza, ese tormento en el Más Allá”. “Sé justo”, llegó la respuesta de Bahlûl. “Administra tu reino con justicia. Gobierna justamente para evitarte la paliza en el Más Allá”.

El justo obtiene la salvación, mientras que los tiranos injustos entran al Fuego. El Festival lo celebra el justo, aquellos que se mantienen alejados de la injusticia. Lo celebran aquellos que se abstienen de criticar; ellos alcanzan el éxito y el Paraíso. La murmuración es un hábito vil, odiado por Allah, que dice: “¿Creyentes, os gustaría comer la carne de vuestro hermano muerto? Difamar a tu hermano, creyente, es hacer exactamente eso, porque él no se encuentra presente para defenderse. Por supuesto, odiarías comerte la carne de tu hermano muerto, de modo que teme a Allah y evita la murmuración; renuncia a ese hábito y arrepiéntete; Allah es el Aceptador del arrepentimiento, el Compasivo”.

En Sûrat al-Hujurât, el Exaltado declara ilegal la murmuración. Su Mensajero la describió como más fea y perversa que la fornicación y el adulterio, y a la que todas las religiones reveladas consideran inmunda. Aquellos que renuncian a la calumnia han alcanzado el éxito y la salvación; abandonando ese hábito perverso han ganado sin duda el derecho de celebrar el Festival.

El Santo Bâyazid Tiene un Sueño Atemorizante

El Santo Bâyazid al-Bistâmî dijo: “Una vez asistí a un funeral. Entre los presentes había una persona bien parecida, devota y ascética, que sacó a relucir un cuenco de mendicante. Eso no me pareció apropiado. Esa persona no debería estar mendigando, me dije.

“Esa misma noche tuve un sueño. Me trajeron a esa persona muerta y me forzaron a comer su carne. ‘¿Acaso uno come carne humana?’ dije. ‘¡No puedo hacer eso!’ Entonces me dijeron: ‘Pero hoy comiste carne humana’. En realidad, ni le había hablado críticamente al hombre, ni le había dicho a nadie más acerca de su impropia mendicación. Simplemente había pensado para mí mismo que semejante comportamiento no era el apropiado para una persona tan bien parecida y de aspecto tan radiante”.

Los santos de Allah computan como un pecado pensar meramente un pensamiento como ese. El resto de nosotros somos culpables si expresamos nuestros pensamientos y criticamos. Las virtudes de los piadosos son faltas en los santos.

La Venerable A’isha Escupe Carne

La venerable A’isha, la Madre de los Creyentes, relata: “Estaba en presencia del Mensajero cuando llegó una mujer, le hizo algunas preguntas, luego se levantó y se fue. ‘Oh Mensajero de Allah’, dije, ‘¡qué alta es esa mujer!’ Nuestro Maestro me dijo: ‘Escupe lo que tienes en la boca’. Escupí y salió un pedazo de carne. Mientras lo miraba asombrada, él dijo: ‘¿Sabes qué es eso?’ ‘No’, respondí. ‘Allah y Su Mensajero deben saber’. Entonces explicó: ‘Comiste la carne de la mujer que vino recién. Ese es un pedazo de la carne de la mujer’. ‘Oh Mensajero de Allah’, exclamé, ‘¡lo que dije era un hecho!’ Dijo él: ‘Afirmar un hecho es murmurar, mientras que afirmar una falsedad es calumnia y difamación’”.

La calumnia, que es difamación, es más seria y más perversa que la murmuración. El Glorioso nos dice en Sûrat al-Nur del Sagrado Corán, que Su maldición le espera a aquellos que son culpables de calumnia y difamación, especialmente aquellos cuya conducta está diseñada para poner en duda el honor de personas de buena reputación:

“En verdad los que acusan a las mujeres creyentes, recatadas y faltas de malicia, serán malditos en esta vida y en la Otra y tendrán un enorme castigo. El día en que su lengua, manos y pies den testimonio contra ellos de lo que hicieron, ese día, Allah les pagará su verdadera cuenta y sabrán que Allah es la Verdad evidente.”

24:23-25

La venerable A’isha y Safwân son inocentes de las calumnias que falsamente les arrojaron. Debido al sufrimiento que esas acusaciones mentirosas les causaron, disfrutan del perdón y la generosa provisión en el Paraíso.

El noble y glorioso Mensajero es bueno. La venerable A’isha es una esposa digna del Mensajero de Allah que tiene el derecho a ser llamada la Madre de los Creyentes, debido a que ella también es buena. Un castigo doloroso tanto en este mundo como en el Más Allá, le aguarda a cualquiera que difame a una dama virtuosa de la Comunidad de Muhammad (La paz sea con el). Por lo tanto uno puede imaginar el tormento que deberán enfrentar aquellos que calumniaron a la venerable A’isha, la entrañablemente querida esposa de la Gloria del Universo y Madre de los Creyentes.

Cuidando nuestras lenguas de la murmuración y la difamación, encontramos el éxito y celebramos el Festival. Esa celebración la disfrutan los que vacían sus corazones de todo lo que no sea Allah, que se purifican interiormente y exteriormente, cuyos corazones son sanos y elevados por temor a Allah y por amor a Allah y a Su Mensajero. Porque el amante resucita junto con los que ama. Mueres y resucitas junto con el objeto de tu preocupación.

¿Dónde está mi Burro. . .?

Una vez un hombre murió y fue enterrado. Muchos años después, uno de los Apóstoles de Jesús llegó para invitar a los familiares de ese hombre a la religión. Como querían que realizara un milagro, les preguntó qué clase de milagro querían. “Vuelve a la vida a un hombre muerto”, dijeron.

Se toparon casualmente con la tumba del hombre que mencionamos. El Apóstol le oró a Allah, luego dijo: “¡Levántate! Vuelve a la vida por permiso de Allah”. La tumba se abrió y el hombre muerto salió de ella vivo. “¿Dónde está mi burro, dónde está mi burro?” fue todo lo que le dijo al Apóstol, la paz sea con él. Porque durante su vida había estado preocupado por su burro. Con lo que sea que estés preocupado, morirás de común acuerdo, y así como mueras, así resucitarás. Estarás junto con quienquiera que ames.

Dijo el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él: “Un hombre está con quien ama”.

La verdadera felicidad

La verdadera felicidad la encuentran los que recuerdan a Allah. Recordamos con frecuencia a aquellos que amamos. Aquellos que recuerdan son recordados también. Un ser humano tiene tres posiciones principales en este mundo: parado, sentado, acostado. Recuerda a Allah cuando estás parado, para que Él te pueda recordar el día en que toda la humanidad deba estar de pie. La violencia de ese día hará caer de rodillas a los Profetas, exclamando: “¡Yo mismo, yo mismo!”

Recuerda a Allah cuando estás sentado también, para que Él pueda recordarte. Y recuerda a Allah cuando estás acostado, para que Él pueda recordarte cuando te acuesten sobre un costado en la tumba dejándote completamente solo con tus acciones. No olvides a Allah. Sé consciente de Él siempre, y recuérdalo constantemente. El Glorioso dice:

“Así pues, recordadme que Yo os recordaré. “

2:151

“Si sois agradecidos, ciertamente os daré más y más.”

14:7

"Si ayudáis a Allah, Él os ayudará.”

47:8

La remembranza no es simplemente una cuestión de recitar los Nombres Divinos. Remembranza significa no olvidar a Allah en nada de lo que uno hace. Es saber que Allah te está viendo, aun cuando tú no lo veas a Él.

En cuanto a la gratitud, no se rinde lo suficiente diciendo: “Gracias, Oh Señor”. La gratitud del cuerpo se expresa realizando actos de adoración, mientras que la gratitud material se muestra pagando las limosnas debidas, dando caridad y préstamos libres de intereses, y ayudando al destituido y al hambriento, así como siendo frugal y evitando el derroche extravagante. La gratitud por la belleza se muestra preservando la propia virtud y honor. Todas esas cosas son expresiones prácticas de agradecimiento a Allah. El Festival lo celebran aquellos que recuerdan a Allah y están agradecidos por Sus dádivas. . .

El Festival lo celebran en este mundo y en el Más Allá aquellos que ayudan a la religión de Allah. En este mundo escapan de la desgracia y se elevan en dignidad, mientras que en el Más Allá entran al Paraíso.

El Festival lo celebran también aquellos que soportan pacientemente las desgracias, los que dejan de lado los deseos egoístas y perseveran en la adoración.
Veamos ahora las buenas nuevas dadas a los creyentes que ayunan en el noble mes de Ramadán, cultivando las cualidades que ama Allah: Por cada acto de adoración, se otorga un grado del Paraíso. Pero en cuanto a la recompensa divina que se les dará a los amantes que observan el ayuno, Allah la ha mantenido en secreto.

Según Ibn Mas’ud, el Mensajero de los Mensajeros dijo: “Cuando llega el Día de Fiesta, y los creyentes que ayunaron van a realizar la oración del Festival, Allah, Señor de la Belleza, les dice a Sus ángeles: ‘¡Oh Mis ángeles! Mis siervos que han obedecido mi mandamiento ahora desean que Yo les dé su recompensa por la adoración que llevaron a cabo. Atestiguad que por Mi gracia y generosidad les he concedido recompensas a esos siervos Míos de acuerdo con el grado de sus buenas acciones. A algunos los he recompensado con Mi perdón, a algunos con Mi Paraíso y a otros con Mi belleza’. Al oír de esta bondad divina hacia la Comunidad de Muhammad (La paz sea con el), los ángeles nos dieron las buenas nuevas: ‘¡Felicitaciones a vosotros, Oh Comunidad de Muhammad (La paz sea con el)! Id a vuestras casas regocijados. Vuestro pecado ha sido perdonado. Vuestras malas acciones han sido transformadas en buenas’. El Señor de la Belleza y la Generosidad, dice: ‘Mis siervos especiales, habéis ayunado para complacerme. Habéis roto el ayuno por Mi gracia. Regresad a vuestros hogares. Os he perdonado. Os he hecho dignos de Mi Paraíso’ ”.

Por supuesto, así como alguien que sabe no es igual a alguien que no sabe, el que observa el mandamiento de Allah no es igual al que no lo observa. Ese favor divino mencionado por el Todopoderoso es para aquellos que sirven al Señor.

El comienzo del Ramadán es misericordia, el medio es perdón y el final es salvación del Fuego. . .

El final de la ignorancia

El Festival del final del Ramadán debería marcar el final de nuestra ignorancia. A partir de ese momento, deberíamos incrementar nuestra obediencia, no nuestra desobediencia a Allah. Nos ponemos las ropas limpias de una devoción fresca.

Coronamos nuestra cabeza con la diadema del perdón y la clemencia. Hemos sido salvados del Infierno, salvados del Fuego. No debemos volver a mancharnos con las aguas servidas de este mundo. Esta es la advertencia que recibimos del rey de los Profetas:

“Cuando llega el día de fiesta, Satán pega un grito y reúne a sus ejércitos a su alrededor. Le preguntan por qué los convocó a todos juntos y él les dice, con ira, amargura y desesperanza: ‘¿No lo ven? Allah ha perdonado a la Comunidad de Muhammad (La paz sea con el). ¡Vayan y desparrámense por la tierra! Extravíenlos distrayéndolos con lujuria, licor y otras cosas que disgustan a Allah. Impídanles orar, manténgalos alejados del recuerdo de Allah y llévenlos de vuelta a sus costumbres perversas y sucios hábitos, para que puedan incurrir en la ira divina y sean apropiados para el Fuego’ ”.

Nuestro Maestro el Mensajero, dice: “Enriqueced los días del Festival con buenas obras. Embellecedlo con caridad, súplicas, ruegos por perdón, reconciliación y recitación del Corán. Evitad todo lo que es malo. Permaneced en la piedad y la rectitud. Manteneos ocupados con la glorificación de Allah y la afirmación de Su Unicidad. Porque en este día Él os ha limpiado de vuestros pecados. Él acepta vuestra súplica y os mira misericordiosamente”.

Por qué un Santo Estaba Triste el Día de la Fiesta

Cierto año, un santo de Allah, llamado Sâlih ibn Abdullâh, regresó a su casa muy triste de las oraciones del Día de Fiesta. Lloraba y lloraba y lloraba. A los que le preguntaban la razón de su pena, les explicaba: “Mi Señor me ordenó ayunar, orar y dar las limosnas debidas. Todas esas cosas las hice, ¿pero está Allah satisfecho con lo que hice? ¿Aprobó y aceptó mi adoración y servicio?” Después siguió llorando.

“No te sientas triste”, le dijeron. “Hoy es un Festival, un día de regocijo”. Pero él respondió: “Mi Día de Fiesta no es hoy; será el día en que mi Señor esté satisfecho conmigo”. Cuando la gente le preguntó por qué se sentaba siempre en el rincón de la mezquita, les dijo: “Este es el lugar donde se sientan los suplicantes, los mendigos, y yo soy el suplicante y el mendigo de mi Señor”.

El día de la fiesta y el día de la resurrección

Uno no debería tener demasiada confianza en el ayuno que mantuvo, las oraciones que realizó o las limosnas que dio. ¿Tu ayuno o tus oraciones fueron realmente dignos de tu Señor? ¿Fueron aceptables a la vista divina? Piensa particularmente en las limosnas. Pregúntate a quién le das el dinero de quién. Una persona rica es el auxiliar de Allah, mientras que los pobres son como Sus dependientes.

¿Entiendes a quién le has dado el dinero de quién? No nos sintamos orgullosos de nosotros mismos por dar limosnas. Allah podría despedirte un día de tu puesto de auxiliar Suyo.

Cuando llega el Día de Fiesta, el Creador Generoso les ordena a Sus ángeles que desciendan al globo de la Tierra. Descendiendo en tierras Musulmanas, los ángeles les dan estas buenas nuevas a la Comunidad de Muhammad (La paz sea con el): “¡Oh Comunidad de Muhammad! ¡Venid a la mezquita que es la casa de Allah, para recibir vuestras recompensas del Todo Generoso!”

Cuando los creyentes han llegado a las mezquitas, realizado sus oraciones del festival, y luego abierto sus manos en súplica a la Fuente Única, el Señor Glorioso les dirige estas palabras a Sus ángeles: “Oh Mis ángeles, atestiguad que he aceptado el ayuno de los creyentes que ayunaron para complacerme. Estoy complacido con ellos y he perdonado a los que mantuvieron el ayuno”.

Informándonos de esto, nuestro Profeta bienamado nos ha sumido en la alegría. Los que reciben nuevas semejantes pueden celebrar sin duda el Festival.
Los días del festival se asemejan a los Días de la Resurrección. Por supuesto, la similitud sólo es evidente para la gente de intuición. . . En los días del festival, vemos desplazarse a muchedumbres, algunos van de a pie, otros montan caballos, bicicletas, autos y carros. Algunos están lisiados y se arrastran, mientras que otros son ciegos y a duras penas encuentran el camino. Algunos usan ropas finas, pero otros están desnudos, descalzos o en harapos. Los peatones se asemejan a aquellos que caminan desde la tumba hasta el Sitio de la Resurrección, mientras que aquellos con transporte nos recuerdan a los justos levantándose de la tumba, como lo menciona Allah en el Corán:

“El día en que reunamos ante el Misericordioso a los temerosos en grupos.”

19:85

En otras palabras, a aquellos que temen y aman a Allah, que son meticulosos en su obediencia a Su orden, les proporcionarán monturas para llegar al Sitio de la Resurrección.

La gente que se arrastra nos recuerda el estado de los incrédulos, que se levantarán de su tumba en la Resurrección y se arrastrarán por el suelo como serpientes. Los ciegos, buscando a tientas el camino con dificultad, son como los pecadores que rehuyen el Corán. Porque si una persona se aleja del Corán, de la remembranza divina, el Sagrado Corán mismo nos dice que resucitará ciego:

“Pero quien se aparte de Mi recuerdo. . . Es cierto que tendrá una vida mísera y el Día del Levantamiento le haremos comparecer ciego. Dirá: Señor mío, ¿Por qué me has hecho comparecer ciego, si antes podía ver? Dirá: Del mismo modo que cuando te llegaron Nuestros signos los olvidaste, así hoy eres tú olvidado.”

20:122-124

Los que usan ropas finas simbolizan a los que hacen buenas obras, que estarán ataviados con las vestiduras del Paraíso y disfrutarán su comida y vino. Los que están desnudos representan a los ricos de este mundo, que fueron demasiado mezquinos como para ayudar a un hermano Musulmán, o que observaron las oraciones, el ayuno y las limosnas, pero violaron el honor y la reputación de otros, golpearon o avergonzaron a alguien. Cuando se hayan arreglado las cuentas, quedarán en la bancarrota y totalmente desnudos.

Los que están hambrientos en el Día de Fiesta, simbolizan a los que estarán hambrientos y sedientos en la Resurrección, porque en este mundo ni ayunan ni alimentan a los hambrientos. Los que se ríen alegremente se asemejan a las personas a quienes les entregan sus registros por la derecha en la Resurrección, mientras que aquellos que están tristes y lloran se asemejan a los que recibirán su libro desde la izquierda y por detrás desde muy lejos. Naturalmente, todos esos recordatorios están allí solamente para aquellos con ojos para ver.

Quienquiera entienda el misterio de “Muere antes de morir”,
Ha visto la Resurrección aquí, antes que suene la trompeta.
¡Prepárate para ese Día! ¡Abastécete para ese Día! Si lo haces demasiado tarde, tus lágrimas no te servirán de nada.

Dar limosna al final de ramadan

Para algunos, especialmente para el pobre, los Días de Fiesta son momentos tristes. ¿Cómo pueden disfrutar el Festival las personas que se encuentran en prisión, en hospitales o lejos de su hogar? Puede muy bien ser una fuente de angustia para ellos. Durante esos días festivos deberíamos visitar a aquellos que están confinados en prisiones u hospitales. Tenemos el deber de alegrar a los ancianos solitarios y a los extranjeros que están lejos de su hogar. Por sobre todo, deberíamos ganar la aprobación de Allah siendo bondadosos con la gente que ha caído en dificultades, los indigentes, los huérfanos, las viudas, los ancianos que están enfermos, los eruditos, los rectos y los devotos. Se debe vestir a los huérfanos y alimentar a los hambrientos.

¡No pongas toda tu confianza en tu dinero y tu vida!. . . Podrías morir pronto, dejando huérfanos a tus propios hijos. . .

Es nuestro deber absoluto dar las limosnas que rompen el ayuno antes de las oraciones del Festival. Según la doctrina Hanafî, esta donación les incumbe solamente a los que poseen una cierta medida de riqueza; ¡pero por favor no protestes por tener que hacer esta pequeña contribución! Así como la “postración de la distracción” compensa las deficiencias de la oración, las limosnas del fin del ayuno compensan los defectos del ayuno propio. Da limosnas del fin del ayuno, al pobre, antes de la oración del Festival, en nombre de tus hijos también. Se obtiene una gran recompensa por dar esas limosnas antes de las oraciones del Festival.
Una vez sucedió que el venerable ‘Uthmân esperó hasta después de las oraciones del Festival para dar sus limosnas de Ramadán a los pobres. Cuando le mencionó eso al Mensajero, la paz sea con él, nuestro Maestro dijo: “‘Uthmân, incluso si fueras a liberar a un esclavo además de dar limosnas a esta hora tardía, no podrías obtener la recompensa que habrías recibido por dar limosnas antes de las oraciones del Festival”.

Es así con todos los actos de adoración en el Ramadán. Cinco centavos dados en limosnas antes del Festival se consideran, en honor al Ramadán, el equivalente de cinco dólares. Cinco centavos después del Festival se cuentan como cincuenta centavos y así quedan registrados en el libro de las acciones. Durante el Ramadán la proporción es de cien a uno, mientras que después de Ramadán es de diez a uno. Si Allah quiere, registra muchas veces salarios y recompensas.

La correcta observancia del festival

A los Musulmanes les corresponden los siguientes deberes en el Festival: Tomar un baño completo, ya sea en un baño público de vapor o en su casa. Usar ropas nuevas o limpias. Usar perfumes agradables al ir a la mezquita. Decir “Allahu Akbar” al entrar a la mezquita. En el caso del festival de Ramadán, comer algo dulce al ir a la mezquita 1.

Al salir de la casa con la intención de llevar a cabo la oración del Festival, se debe exclamar “Allahu Akbar” con voz fuerte 2. De ser posible, se debería regresar a la casa por una ruta diferente. Porque la Tradición nos dice que los lugares, la tierra y las piedras atestiguarán en nuestro beneficio el Día de la Resurrección. En el primer día del Festival, deberíamos esperar hasta la tarde antes de hacer visitas, en tanto que las visitas deberían empezar por la mañana del segundo o tercer día. Al escoger el momento de nuestras visitas deberíamos ser considerados con nuestros anfitriones. . . Se deben zanjar las disputas. Si nuestros padres han muerto, debemos preocuparnos de visitar a los que ellos amaban, por respeto a su memoria y para complacer a sus almas. No importa lo que suceda, tenemos la obligación de visitar a nuestros maestros y parientes cercanos; si se encuentran demasiado lejos, la buena costumbre Islámica requiere que les enviemos cartas o tarjetas de saludo. También debemos visitar las tumbas de nuestros muertos, recordándolos como si aún estuviesen vivos; sentados al lado de sus tumbas, deberíamos recitar un poquito del Corán y reflexionar en nuestro propio destino, que nos llevará muy pronto al mismo final, quedar abandonados completamente solos con nuestras acciones. No deberíamos arrancar las hierbas que crecen sobre sus tumbas, porque su recuerdo de Allah les es de beneficio a aquellos que yacen dentro.

A una mujer no le está permitido ir al cementerio sin compañía, aunque en un grupo las mujeres pueden visitar las tumbas juntas. Es nuestro deber dar limosnas por el bien de las almas de nuestros muertos, deleitando sus almas ofreciéndoles la recompensa obtenida por complacer de esa manera a Allah. Si estos actos de caridad se hacen en días de Festival o los Viernes, la recompensa resultante está más allá de la descripción. Si una persona va a visitar la tumba de sus padres durante el Festival de Ramadán, se le acredita una buena acción por cada paso que da.

Si uno o ambos padres viven, Allah les confiere el Paraíso a los hijos que les besan las manos y la frente, los tratan con bondad y generosidad y los hacen felices. Pero si un hijo no cumple con estas obligaciones hacia sus padres, Allah lo privará de esta dádiva divina y lo arrojará al Fuego.

Si alguien cocina una comida especial para un mendigo en el día del Festival, Allah recompensará la bondad de esa persona con las dádivas del Paraíso, incluyendo el regalo de un palacio celestial adornado con rubíes y perlas.

Cualquier creyente que continúe observando las normas Islámicas de comportamiento a las cuales se conformó durante el Ramadán, se tornará tan inocente como lo era el día que nació. . . Pero para el siervo que peque en el día del Festival, el Señor Glorioso le dirá: “Oh Mi siervo desobediente, te admití en Mi misericordia, pero tú deseas entrar al Fuego. No te quiero despedir de Mi servicio y separarte de Mis siervos. Arrepiéntete de esta desobediencia tuya. Regresa a Mí, para que pueda perdonarte y absolver tus pecados”.

A cualquier siervo Suyo que aumente la asignación de su esposa en honor al Festival, Allah le abrirá las puertas de la abundancia y cerrará las puertas de la pobreza y la necesidad, haciéndolo feliz en este mundo y en el Más Allá.

Bahlûl Interrumpe el Desfile del Festival del Califa

Un Día de Fiesta, el Califa Hârûn al-Rashîd de Abbâsid vistió sus espléndidos ropajes imperiales, montó su caballo y cabalgó por las calles. Los soldados despejaban el camino del Sultán, mientras el pueblo lo ovacionaba, mirando con admiración sus mantos bellamente bordados. En ese momento, Bahlûl el Tonto Sabio obstruyó el paso del Sultán, recitando algunos versos que contenían una guía para Hârûn, y pasando por él, para nosotros. La esencia de ellos es la siguiente:

El Festival no es una cuestión de vestirse con finas ropas nuevas. 

El Festival se celebra sirviendo a Allah y siendo consciente de tu Señor.

Celebrar el Festival es ser el Sultán del corazón, no el Sultán del reino.

Los Sultanes del reino pasan al olvido, pero al Sultán del corazón nunca se lo olvida.

Celebrar el Festival es salvarse del castigo divino en la Resurrección.

El Festival no es una cuestión de usar perfumes, sino de lamentar los pecados propios, arrepentirse y no volver a cometerlos.

El Festival no es acerca de montar a caballo, sino acerca de renunciar a los defectos.

El Festival no es acerca de sentarse en el trono imperial, sino sobre cruzar el Puente terrible, y sentarse en los tronos del Paraíso.

El Festival no se celebra jactándose de palacios y poder, sino llevando luz a la oscuridad de la tumba y equipándola mediante buenas obras.

Esto hizo llorar a Hârûn al-Rashîd.

Regocijarse y mostrar una cara sonriente en el día del Festival es uno de los emblemas del Islam. Dice Abû Bakr:

“Un día de Fiesta, entré a la habitación de mi hija A’isha y encontré a dos jóvenes sirvientas aplaudiendo y golpeando panderetas, mientras cantaban versos sobre los héroes del Islam. Estaban cantando odas de alabanza a esos héroes y recitando versos que describían su bravura y coraje. Tenían un libro en el cual estaban escritos. El Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, también estaba presente, estirado en un sofá envuelto en sus mantos y con el rostro tapado. Cuando entré, traté de que las mujeres dejaran de tocar las panderetas y recitar las odas, pero nuestro Maestro se levantó del sofá, se descubrió el rostro bendito y me dijo: ‘Abu Bakr, no interfieras con ellas. Déjalas que toquen la pandereta y se entretengan. Hoy es el Festival, Es un día de alegría y felicidad. Expresar nuestra felicidad en nuestro Festival es uno de los emblemas del Islam 3’

Dos jóvenes sirvientas estaban aplaudiendo y golpeando panderetas, mientras cantaban versos sobre los héroes del Islam. Estaban cantando odas de alabanza a esos héroes y recitando versos que describían su bravura y coraje. Tenían un libro en el cual estaban escritos. El Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, también estaba presente, estirado en un sofá envuelto en sus mantos y con el rostro tapado. Cuando entré, traté de que las mujeres dejaran de tocar las panderetas y recitar las odas, pero nuestro Maestro se levantó del sofá, se descubrió el rostro bendito y me dijo: ‘Abu Bakr, no interfieras con ellas. Déjalas que toquen la pandereta y se entretengan. Hoy es el Festival, Es un día de alegría y felicidad. Expresar nuestra felicidad en nuestro Festival es uno de los emblemas del Islam.

Nuestro Maestro nos informa que Allah le concederá los siguientes diez favores a aquellos que dan las limosnas del final del ayuno:

“Las limosnas del final del ayuno limpian el cuerpo de pecado. Aquel que da esas limosnas se salva del Fuego; su ayuno es aceptado y su obra bendecida. Por gracia divina, a los que dan las limosnas del fin del ayuno les conceden el Paraíso; ellos se levantarán de la tumba a salvo. Dar esas limosnas asegura la aceptación de las buenas obras propias. En la Resurrección, aquel que las da obtendrá mi intercesión, cruzará el Puente como un rayo y pesará más en el platillo bueno de la Balanza. Si el nombre de ese siervo ha sido registrado en el registro de los malvados, será borrado y entrará en la lista de los bendecidos”.

Si, además de ayunar durante todo el Ramadán, una persona ayuna también durante seis días extra después del Festival, eso hace un total de treinta y seis días. Dado que Allah cuenta cada buena acción como diez, la recompensa ganada será igual a la de un ayuno de trescientos sesenta días. Hay cinco Días de Fiesta por año, cuatro durante el Festival del Sacrificio y uno en el Festival del Ramadán. Si los deducimos de los trescientos sesenta y cinco, esa persona habrá ayunado efectivamente durante un año entero 4.

Es ilegal ayunar durante el primer día del Festival de Ramadán y durante los cuatro días de la Fiesta del Sacrificio. Ayunar durante esos cinco días no es menos pecaminoso que dejar de observar el ayuno durante Ramadán.

Una persona inteligente agregará esos seis días extra de ayuno a su Ramadán, calificando consecuentemente como habiendo ayunado durante el año entero, y ganando la aprobación de su Señor.

¡Mi Señor, protégenos de la astucia de Satán, de la aflicción de los demonios disfrazados de humanos, del mal de nuestro yo inferior y del enemigo que se ríe en nuestra cara! ¡Haznos Tus siervos especiales! ¡No nos despidas de Tu servicio ni nos eches de Tu puerta! ¡No nos conviertas en malhechores! ¡Permite que nuestro final y nuestro resultado sean buenos! ¡Permite que nuestras últimas palabras sean la afirmación de la Unidad Divina y del Glorioso Corán!

En honor al Jefe de los Mensajeros; y alabanza agradecida a Allah, Señor de Todos los Mundos.

 

Notas
1 En el caso del Festival del Sacrificio, sin embargo, la costumbre recomendada es no comer nada hasta después de las oraciones, luego romper el ayuno con carne de sacrificio.
2 Esto no es lo acostumbrado en Turquía, sin embargo, “Allâhu Akbar” se pronuncia de manera inaudible.
3 Esta historia está contada en los libros de Tradición llamados Sharh al-Mishkât y Tâf.
4 Basado en una Tradición relatada por Abu Hurayrah y registrada en el Sahih de los Musulmanes.
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