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Tancredo el Chato y la gripe aviar

Una hermenéutica de la gripe aviar a la luz del Corán

18/10/2005 - Autor: Enrique Bermejo
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Tancredo el Chato
Tancredo el Chato

"A quien ataca a mis santos yo le hago la guerra"

Hadiz qudsí


La noticia

Denver, EUA, 18 de julio 2005

Un legislador de Colorado dijo en julio en un programa de radio que Estados Unidos podría "eliminar" sitios sagrados islámicos si terroristas islámicos atacan Estados Unidos con armas atómicas.

El representante republicano Tom Tancredo formuló sus declaraciones el viernes en la emisora WFLA-AM de Orlando, Florida. Su vocero subrayó que Tancredo sólo había hablado de manera hipotética.

El conductor del programa, Pat Campbell, preguntó al legislador republicano cómo debería responder el gobierno si los terroristas atacan varias ciudades de Estados Unidos con armas nucleares.

Tancredo dijo que si se comprobaba "que los ataques son obra de fundamentalistas islámicos", entonces, "podrían eliminarse los sitios sagrados". "¿Usted está hablando de bombardear La Meca?" preguntó Campbell. "Sí", respondió Tancredo.

El legislador dijo posteriormente que estaba "apenas proponiendo algunas ideas" y que "una amenaza final" debía ser enfrentada con "una respuesta final"

La Sira

El año del elefante

En el año 569 de la era cristiana, el Yemen se encontraba bajo el gobierno de Abisinia el virrey era un abisinio llamado Abraha. En Saná levantó una catedral magnífica con la esperanza de que reemplazara a la Meca como el gran lugar de peregrinación para toda Arabia. Para su construcción hizo traer mármol de uno de los palacios abandonados de la Reina de Saba, colocó cruces de oro y plata y púlpitos de marfil y ébano, y escribió a su señor, el Negus: "He construido una iglesia para ti, oh Rey, como jamás antes fue erigida otra para ningún rey, y no descansaré hasta que haya desviado hacia ella la peregrinación de los árabes." Tampoco hizo de su intención un secreto, lo cual provocó gran ira entre las tribus de Hiyaz y Nachd.

Finalmente, un hombre de Kinana, una tribu relacionada con el Quraish, fue a Saná con el propósito deliberado de profanar la iglesia, lo que hizo una noche, volviéndose luego sin novedad con su gente.

El Elefante, El Alfil

Cuando Abraha se enteró, juró que como venganza arrasaría la Ka’ba. Después de hechos los preparativos, se puso en marcha hacia la Meca con un gran ejército en cuya vanguardia colocó a un elefante (en árabe, elefante es "al fil" en español Alfil, ficha del ajedrez). Algunas tribus árabes del norte de Saná intentaron impedir su avance, pero los abisinios los pusieron en fuga y se apoderaron de su jefe, Nufail, de la tribu de Jatham. Como rescate por su vida se ofreció a actuar como guía.

Cuando el ejército alcanzó Taif, los hombres de Thaqif salieron a recibirlos, temerosos de que Abraha pudiera destruir su templo de al-Lat confundiéndolo con la Ka’ba. Se apresuraron a señalarle que todavía no había llegado a su meta y le ofrecieron un guía para lo que restaba de marcha. Aunque ya contaba con Nufayl, aceptó su oferta, pero el hombre murió durante el camino, a unas dos millas de la Meca, en un lugar llamado Mugammis, y allí lo enterraron. Más adelante a los árabes les dio por lapidar su tumba, y todavía hoy las gentes que allí viven le siguen arrojando piedras.

Abraha se detuvo en Mugammis y envió un destacamento de jinetes a las afueras de la Meca. Durante el camino se apoderaron de cuanto pudieron y enviaron el botín a Abraha, que incluía doscientos camellos propiedad de Abd al-Muttalib, el abuelo del profeta Muhammad. El Quraish y otras tribus vecinas celebraron un consejo de guerra y decidieron que era inútil intentar oponer resistencia al enemigo. Mientras tanto, Abraha envió un mensajero a Meca con la orden de preguntar por el principal hombre de allí. Tenía que decirle que no habían venido a combatir sino sólo a destruir el templo, y si deseaba evitar cualquier derramamiento de sangre tendría que acudir al campamento de los abisinios.

El Quraish no había contado con un jefe oficial desde la época en que se habían dividido sus privilegios y responsabilidades entre las casas de Abd ad-Dar y Abdu Manaf. Pero la mayoría de la gente tenía su opinión acerca de cuál de los jefes de los clanes era de hecho, si no de derecho, el hombre más destacado de la Meca.

En esta ocasión dirigieron al mensajero a la casa de Abd al-Muttalib quien, junto con uno de sus hijos, se volvió con el emisario hacia el campamento. Cuando Abraha lo vio quedó tan impresionado por su aspecto que se levantó de su asiento real para saludarlo, luego se sentó junto a él en la alfombra y le dijo al intérprete que le preguntase si quería pedir algún favor. Abd al-Muttalib respondió que el ejército se había apropiado de doscientos de sus camellos y pidió que le fuesen devueltos. Abraha quedó un tanto sorprendido por esta petición y dijo que le había decepcionado que pensase en sus camellos antes que en su religión, la cual habían venido a destruir. Abd al-Muttalib respondió: "Yo soy el señor de los camellos, y el templo igualmente tiene un señor que lo defenderá." "No puede defenderlo contra mí", dijo Abraha. "Veremos", respondió Abd al-Muttalib. "Pero dadme mis camellos." Y Abraha dio órdenes para que se los devolvieran.

Abd al-Muttalib se volvió al Quraish y les aconsejó que se retirasen a las colinas que dominaban la ciudad. Luego, él se fue con algunos miembros de la familia y otra gente al Santuario. Se pusieron a su lado, pidiendo a Dios para que los ayudase contra Abraha y su ejército, y él agarró el anillo metálico colocado en el centro de la puerta de la Ka’ba y dijo: "¡Oh, Dios! ¡Vuestro esclavo protegió su casa, proteged Vos Vuestra Casa!" Después de haber orado de esta manera se fue con los otros a unirse al resto de Quraysh en las colinas, en puntos desde donde podían ver lo que sucedía abajo en el valle.

A la mañana siguiente, Abraha se dispuso a entrar en la ciudad con la intención de destruir la Ka’ba y luego volverse a Saná por el mismo camino por donde habían venido. El elefante, ricamente enjaezado, fue conducido al frente del ejército, que ya estaba ordenado para el combate; cuando el poderoso animal llegó a su posición su guardián Unays lo puso en la misma dirección hacia donde estaba dispuesta la tropa, es decir, hacia la Meca. Pero Nufayl, el guía forzoso, había marchado durante la mayor parte del camino en la vanguardia del ejército con Unays y de éste había aprendido algunas de las palabras de mando que comprendía el elefante; y mientras la cabeza de Unays se volvió para observar la señal de avance, Nufayl agarró la gran oreja del elefante y le transmitió con voz apagada pero enérgica la orden de arrodillarse. Acto seguido, para sorpresa y consternación de Abraha y el ejército, el elefante, lenta y pausadamente, se arrodilló sobre el suelo. Unays le ordenó levantarse, pero la palabra de Nufayl había coincidido con una orden más imperiosa que la de cualquier hombre, y el elefante no quiso moverse. Hicieron cuanto pudieron para que se incorporara; incluso le golpearon en la cabeza con barras de hierro y le pincharon en el vientre con ganchos de hierro, pero él permaneció como una roca. Entonces intentaron la estratagema de hacer que todo el ejército diese la vuelta y marchase algunos pasos en dirección al Yemen. El elefante se levantó de inmediato, se dio la vuelta y los siguió. Esperanzados, volvieron a dar la vuelta, y el elefante también la dio, pero tan pronto como estuvo mirando hacia la Meca se arrodilló de nuevo.

Era el más claro de los portentos que no diese ni un sólo paso más adelante, pero Abraha estaba cegado por su ambición personal hacia el santuario que había construido y por su determinación de destruir a su gran rival.

Los vencejos (ababil)

Si entonces se hubiesen dado la vuelta, quizá habrían escapado todos del desastre. Pero, de improviso, fue demasiado tarde: por occidente el cielo se ennegreció y se escuchó un extraño sonido, su volumen aumentó a medida que una gran ola de oscuridad procedente de la dirección del mar los envolvía, y el cielo sobre sus cabezas, hasta donde alcanzaba la vista, se llenó de aves.

Los sobrevivientes dijeron que volaban de forma parecida a los vencejos, y que cada ave llevaba tres guijarros del tamaño de guisantes secos, uno en el pico y otro entre las garras de cada pata. Se lanzaron de aquí para allá sobre las filas, arrojando a la vez los guijarros, y éstos eran tan duros y caían con tanta velocidad que perforaban incluso las cotas de malla. Cada piedra dio en su blanco y mató a su hombre, porque en cuanto el cuerpo recibía el golpe sus carnes comenzaban a pudrirse rápidamente, en algunos casos, y con mayor lentitud en otros. No hubo ningún herido, y entre los que vieron su vida perdonada se contaron Unays y el elefante; pero todos fueron presa del terror. Unos pocos se quedaron en el Hiyaz y se ganaron la vida con el pastoreo o con otros trabajos. Pero la mayoría del ejército volvió en desorden a Saná. Muchos murieron por el camino y muchos otros, incluido Abraha, fallecieron poco después de regresar. En cuanto a Nufayl, había abandonado subrepticiamente el ejército cuando el elefante se convirtió en el centro de la atención de todos, alcanzando sin contratiempos las colinas que dominan la Meca.

Después de ese día el Quraysh fue llamado por los árabes "el pueblo de Dios", y se les tuvo en un respeto aún mayor que antes, porque Dios había respondido a sus plegarias y salvado a la Ka’ba de la destrucción.

El Corán

Azora del Elefante

"En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia:

¿No has visto lo que tu Señor hizo con el Ejército del Elefante?

¿No hizo fracasar por completo su estratagema?

Pues envió contra ellos a los vencejos que arrojaron sobre ellos piedras de arcilla dejándolos como un sembrado devorado por el ganado".

La Exégesis

Piedras de arcilla

Lit., "piedras de siyyil". este último término es sinónimo de siyill, que significa "un escrito" y, figuradamente, "algo decretado por Dios": por lo tanto, la frase hiyarat min siyyil es una metáfora de "golpes contundentes de un castigo prescrito", e.d., en el decreto de Dios (Samajshari y Rasi, con comentarios análogos a la expresión idéntica en 11:82).

El castigo a que alude este versículo parece haber sido una epidemia especialmente virulenta: según Waqidi y Muhámmad ibn Ishaq - este último citado por Ibn Hisham e Ibn Kathir  - "esta fue la primera vez que el sarampión (hasba) y la viruela (yudari) hicieron su aparición en tierras de los árabes".

Ababil

Una de las interpretaciones de este vocablo es "vencejos", pájaros similares a la golondrina que fabrican su nido con barro.

La Historia

Abraha parece ser que fue un celoso cristiano eritreo que se dedicó con entusiasmo a evangelizar el país. Entre otros monumentos construyó una gran catedral en San’a, cuyo  nombre se ha perpetuado en la literatura árabe bajo el nombre de Qalis (arabización de la palabra iglesia) y el emperador bizantino envió de Constantinopla hábiles obreros así como mármoles y mosaicos para decorar el edificio.

Envió además a Gregentius, sacerdote italiano de Alejandría para dirigir la vida religiosa de Yemen. Este promulgó un código de 23 artículos para los árabes cuyo original en griego se conserva todavía entre los Manuscritos de Viena. Abraha impuso a los árabes un prestación de trabajos para la colectividad e incluso demolió el antiguo palacio de la reina de Saba para reutilizar los materiales en la construcción de esta iglesia.

Los diques se rompen

Parece ser que Abraha se comportó como un administrador capaz  y se ocupó de la restauración o de la reparación de presas, como hemos sabido por el descubrimiento de ciertas inscripciones. La gran inscripción himyari (136 líneas) sobre la presa de Mârib, datan del año 543 de la era cristiana, y ha sido publicada por Glaser. El texto está inscrito en un monolito de piedra. Veamos un resumen de la traducción alemana de Glaser:

"Por el poder y la clemencia y misericordia del Todo Poderoso y de Su Mesías y del Espíritu Santo esta inscripción se gravó por Abraha, delegado del rey ge’estí (aksûmi) Ramhich Zubaimân, rey de Saba y de Dhû Raidan y de Hachamaut y de Yamanât y de sus árabes de Tihâmah y de Nayd. Y él escribió esta inscripción cuando la revuelta de Yazid ibn Kabchah, gobernador de Kindah y de Di... él envió a Yarrah Dhû Zinbur... pero Yazid lo mató...Recibiendo la noticia, el rey reunió a sus tropas abisinias y himyaríes por miles en el mes de Dhu’l-Qiyât 657; se puso en marcha y penetró en las llanuras de Saba... Entonces Yazid se presentó ante él en Nabat, y capituló ante los jefes del ejército... En este momento vino de Saba la terrible noticia de que en el mes de Dhu’l-Madhrah 657, el dique se había roto, así como el muro, los depósitos de agua, y la presa de Afan... Y el rey dio orden a las tribus de almacenar tierra de construcción, piedras para los cimientos, ladrillos y otros materiales de construcción, hojas del árbol Jayaf, cal así como plomo de fundición, para reparar el dique y los muros de los estragos causados en Marib. Este trabajo de reparación se acabó en el mes de Dhul’l-Surab 657... El rey se presentó en Mârib para consagrar su iglesia...después fue al dique, escarbó hasta los cimientos y despejó la peña para erigir el muro. Y cuando hubo comenzado, llegó la noticia de la revuelta de las tribus... Los rebeldes se sometieron al rey. De ahí, volvió a la ciudad de Mârib. Los jefes que se mantuvieron fieles, fueron Aksûm (jefe de Ma’âhir, hijo del rey), Muryazif de Dhirnah, ‘Adid jefe de Faich, etc... Entonces vinieron a él la embajada del Negus, y la embajada del rey de los Rûm (bizantinos), y la embajada del rey de los persas, y el enviado de al-Mundhir, y el enviado de Harith ibn Yabala, y un enviado de Abû Karib ibn Yabala, así que los enviados de todos los que buscaban su amistad, gracia al Todo Misericordioso... y el rey restauró el muro caído por Ya’fûr a Sabâ... cuando acabó la construcción con la ayuda de las tribus, tenía 45 varas de largo, 35 de alto, y 14 de ancho; y construyó el dique, la muralla, los canales... (después vienen detalles sobre el gasto de harina, dátiles, carne, uvas, uvas pasas y vino)... y terminó el trabajo de construcción de 58 días... en el mes de Dhû Mu’an 658" (Febrero-Marzo del 543 de la era cristiana)

El ataque a Meca

No hay gran cosa que contar en los 26 años que siguieron. Fue en el 569 cuando Abraha emprendió su expedición contra Meca. Dejando a un lado las causas de la invasión, -según ibn Kathir: el incendio de la iglesia provocado por algunos desaprensivos llegados de Meca; según Ibn Hicham la profanación del edificio por el jefe kinaní encargado del calendario árabe (Nasi) –es necesario señalar que los conquistadores cristianos disponían, entre otros elementos, de un elefante gigante- de ahí la expresión "año del elefante" en la cronología mequí anterior al Islam- y según los cronistas árabes, este elefante se llamaba Mahmûd. Un nombre típico árabe para un elefante enviado desde Abisinia por el Negus, parece extraño. ¿Sería posible considerar la arabización de Mamut, último representante de su raza? Según algunos narradores, había también otros elefantes en la columna, pero no tan grandes como Mahmûd.

La Tribu Jath’am tenía entre los suyos cierto número de cristianos. No nos asombremos que Abraha encontrara a un jath’aní para guiarlos hasta Meca. Los invasores hicieron estragos en la región mequí y se apoderaron del ganado, mientras que los habitantes se refugiaban en las montañas. ‘Abd al Muttalib, Abuelo del Profeta, se presentó ante Abraha como delegado de su pueblo. Por su gran talla, el color de sus cabellos, rubio platino, causó una gran impresión en el jefe negro: Abraha lo recibió con respeto y cortesía. Preguntado sobre el objeto de su visita, ‘Abd al-Muttalib reclamó que se le devolviesen sus camellos. Ante el asombre de Abraha, continuó: "Los camellos me pertenecen y yo los reclamo; en cuanto a la Casa de Allah, su amo es quien se ocupará". Un poco molesto, Abraha le devolvió sus animales y mandó que le trajeran el elefante para destruir la Kaaba, pero el elefante se obstinó: ni persuaciones ni violencias pudieron hacerlo mover.

Tabarî nos precisa que la viruela y otras enfermedades contagiosas, invadieron la región ese mismo año por primera vez en la historia.

El Ta’wil

Abraha apodado el Chato o el Desnarigado era uno de los miembros del poder imperial abisinio. Abisina se conoce en el mundo antiguo también con el nombre de Erythreia, es decir, Eritrea.

Pretende  destruir el santuario de la Ka’ba pero Dios envía contra él a las aves que diezman su ejército y acaban con su vida. Según el Corán, las aves llevan unas piedras blandas que dejan caer sobre sus cabezas y causan la muerte de aquellos que son alcanzados por ellas.

Tom Tancredo, americano de origen italiano, es congresista de EUA por el Estado de Colorado y candidato a la Presidencia de su país en el año 2008.

Se le conoce por haber declarado públicamente su intención de destruir Meca con bombas atómicas.

Resulta que, Erythreia, Eritrea, significa en griego País Colorado, así se denominaba en la antigüedad a la costa que estaba frente al Yemen, lo que hoy es Eritrea y Etiopía.

Tom Tancredo es congresista por Colorado

¿Mera coincidencia?

Resulta que en Nueva Orleans, no demasiado lejos del Colorado, los huracanes han destruído los diques. También en el Yemen, frente a Eritrea, donde era gobernador Abraha, alias el chato.

¿Mera coincidencia?

Resulta que a raíz del ataque de Abraha a Meca, las aves trajeron una epidemia que diezmaron el ejército invasor.

Hoy, meses después de que Tancredo, candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos de América, expresase su intención de  atacar la Meca, estamos esperando una pandemia de gripe aviar, (bird flu) que dicen que causará una espantosa mortalidad.

¿Mera casualidad?

Y por último, ¿qué me dicen de su nariz?

Lo dejo a su consideración

Enrique Bermejo es Historiador 

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