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En la visión del islam, hay que cambiar los estereotipos por verdades

Entrevista a Mohamed El Afifi, portavoz de la Mmezquita de la M-30

18/10/2005 - Autor: Mª Ángeles Sallé - Fuente: Canal Solidario
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Mohamed El Afifi, portavoz del Centro Cultural Islámico de la M-30
Mohamed El Afifi, portavoz del Centro Cultural Islámico de la M-30

El Centro Cultural Islámico o Mezquita de la M-30, como la llaman los madrileños, forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad desde 1992. Sin embargo, para la mayoría de los habitantes de Madrid, sigue siendo un lugar tan desconocido como la cultura y religión que representa.

La labor de Mohamed El Afifi, portavoz del Centro, es precisamente dar a conocer mejor el Islam y la actividad tan hetereogénea que se realiza en este centro cultural. Con el inicio del ayuno del Ramadán, hemos aprovechado para hablar con El Afifi, un egipcio culto, apasionado y de suaves maneras que brinda su hospitalidad con un té a la menta y su verbo directo, urgido y cálido.

Usted ha cumplido ya trece años de actividad en este gran Centro pero, antes, ha trabajado seis años en Naciones Unidas, ha sido diplomático por su país en España, se casó con una española… ¿Cómo percibe, desde una trayectoria tan rica y amplia, las relaciones entre nuestras dos orillas en estos tiempos que corren?

En mi opinión, falta conocimiento y sobran estereotipos acerca del Islam, los musulmanes y los inmigrantes. En España apenas estamos dando los primeros pasos como país de acogida de inmigración y no tenemos la veteranía de otros países que nos llevan muchos años de experiencia por delante.

El propósito de los inmigrantes es venir a trabajar, ahorrar y volver (al igual que ya lo hizo en su día la emigración española en Europa y América), algo que aparentemente podría no corresponderse con la voluntad de integración en la comunidad de acogida. Sin embargo, no debemos tener miedo a ese fenómeno, por lo demás muy común en otros lugares con amplia tradición migratoria como, por ejemplo, la cosmopolita ciudad de Nueva York. Las minorías suelen refugiarse en espacios protegidos que operan como ‘incubadoras’ y estar entre paisanos se transforma en una especie de red de seguridad; es humano y lo hemos hecho todos en todas partes. La historia nos enseña que la integración puede y debe coexistir con el mantenimiento de las identidades.

¿Cuál es, entonces, el problema Sr. El Afifi?

Yo tengo claro que el problema es la mala imagen que se tiene aquí de la inmigración musulmana y de lo musulmán en general. Se vende una imagen muy deteriorada del Islam, tanto en el escenario internacional como, específicamente, desde los medios de comunicación.

Nos colocan el adjetivo de terroristas, asimilando lo que hace un número reducido de personas a la conducta y valores de toda una comunidad. Y, hoy más que nunca, necesitamos recordar que el terrorismo lo hemos sufrido durante décadas en muchos sitios del mundo, siendo occidentales buena parte de sus artífices sin que nadie haya colocado por ello a Occidente entero bajo sospecha.

Es más: ¿dónde estaban los musulmanes durante las atrocidades cometidas en la segunda Guerra Mundial?, ¿dónde la conciencia de ese Occidente que albergó por décadas a los propios terroristas islámicos, utilizando la bandera de los derechos humanos o aduciendo que se trataba de opositores políticos? Entonces éstos servían como arma de presión; de hecho hasta el mismísimo Bin Laden fue un producto norteamericano.

En suma, se ha hecho uso de la violencia a la carta cuando interesó y, ahora, cuando el resultado de esa política nos quema a todos la situación se resuelve tapando la historia, manipulando la realidad, creando barreras de odio. Y olvidando algo fundamental: las principales y mayoritarias víctimas del terrorismo islámico de hoy son precisamente habitantes de los países musulmanes; es decir, es a ellos y no a nosotros a quienes más está golpeando esta terrible lacra y los más interesados en acabar con ella.

¿Qué podemos hacer frente a todo esto? En mi opinión, es imprescindible que empecemos por asumir que el terrorismo no tiene patria, nacionalidad ni religión. Tanto sus responsables como sus víctimas están esparcidos por todo el mundo y, en esa medida, la lucha tiene que ser global, todos debemos unir esfuerzos.

¿Cómo valora usted la realidad española respecto a la inmigración magrebí?

En España hay una situación muy injusta basada en prejuicios que no tienen ninguna base documental. La inmensa mayoría de los inmigrantes procedentes de Marruecos trabaja, cotiza a la seguridad social y cumple cabalmente con sus obligaciones legales y ciudadanas. Los grandes focos de delincuencia no son magrebíes ni de países musulmanes en general. Véase, por ejemplo, cuántos de ellos participan en actividades como el blanqueo de dinero, las mafias, la prostitución, los ajustes de cuentas...

Nadie parece escuchar las verdades que nos proporcionan los datos. La realidad es que un 75% de los inmigrantes marroquíes empadronados tiene permiso de residencia, frente a menos de un tercio de ecuatorianos y colombianos y menos de un cuarto de rumanos. Algo que no tiene nada que ver con lo que percibe la gente, que nos considera a la cabeza de la inmigración clandestina o que cree que la puerta de entrada para acceder irregularmente a España es el Estrecho de las pateras, cuando lo cierto es que el ingreso se produce masivamente por vía aérea y terrestre.

Se trata de una imagen ficticia y distorsionadora que genera sentimientos adversos hacia los inmigrantes magrebíes y, por extensión, hacia las sociedades musulmanas, convirtiéndolas en el centro del problema. No es justo generalizar siempre cuando se trata de algo negativo, ni recurrir a las mentiras y a las medias verdades como instrumento para frenar el diálogo y los derechos de los demás.

¿De qué modo pueden influir los factores religiosos en esta percepción?

He aquí otra idea alimentada por falsos estereotipos. Algunos equiparan intencionadamente la religión musulmana y las mezquitas con el radicalismo islámico. Y nada más lejos de la realidad.

Lo que vemos nosotros son unos medios de comunicación –no todos, por fortuna- que descuidan el informar correctamente y queremos hacerles notar lo importante que es su papel a la hora de crear opinión pública; por ello les pedimos simplemente que digan lo que pasa, no importa que haya verdades que puedan molestarnos pero, por favor, que sean verdades. Que no generalicen con nosotros mostrando ‘que en uno estamos todos’, del mismo modo que no lo hacen con un alemán o un sueco. Que sepan, como sabemos nosotros, que el mundo musulmán no es un oasis pero tampoco una selva y que la nuestra no es una religión de delincuentes ni una cultura de la violencia. Eso es simplemente lo que esperamos ver y aún no vemos: un trato justo.

Vemos, por otra parte, una Administración que se ha lavado las manos durante mucho tiempo, dejando en papel mojado la aplicación de buena parte del Acuerdo de Cooperación entre el Estado Español y la Comisión Islámica de España suscrito el 28 de abril de 1992. A pesar de que en su artículo 10 "se garantiza a los alumnos musulmanes, a sus padres y a los órganos escolares de gobierno que lo soliciten, el ejercicio del derecho de los primeros a recibir enseñanza religiosa islámica en los centros docentes públicos y privados concertados", lo cierto es que sólo hay veinte profesores, a los que este curso se suman diecisiete más, para dar clases de islam en las escuelas públicas a los miles de estudiantes que en España profesan hoy esta religión.

¿Puede considerarse que este cuadro se corresponde con la imagen agresiva que se tiene de las prácticas religiosas de la población musulmana? Al contrario, nos parece que lo único que este cuadro muestra con claridad es el gran reto que todos tenemos hoy para lograr el reconocimiento y normalización de nuestros derechos religiosos en el marco de un Estado constitucional y de una sociedad plural y abierta.

¿Y cuál es su postura en relación a los derechos de las mujeres en el Islam?

Díganme ustedes ¿por qué tomamos una imagen exterior, y luego sobre esa base nos inventamos todas las mentiras de la sumisión y la carencia de derechos de las mujeres musulmanas? El vestirse de uno u otro modo no tiene nada que ver con los derechos humanos. También el kimono japonés puede resultar incómodo y nadie dice que las mujeres japonesas están oprimidas por ello.

Me preguntarán entonces por prácticas como las del régimen talibán pero ¿acaso nosotros le hemos dado en algún momento legitimidad al trato que dan a sus mujeres? Hay 190 países en Naciones Unidas, de los cuales 58 son musulmanes; pues bien, sólo 4 países reconocieron el régimen talibán o, como yo prefiero señalar, 54 países musulmanes nunca lo hicieron.

Ese no puede ser el símbolo de la mujer musulmana ni el de sus derechos. ¿Por qué no se saca a la luz que Pakistán es de los pocos países que ha tenido una mujer presidenta e Indonesia, el mayor país musulmán del mundo, también? Esos sí creo que son derechos humanos.

Yo no niego que haya conductas reprochables por parte de musulmanes o que se produzcan situaciones indignantes en esos países. Desde luego, las hay y es importante denunciarlas, pero siempre poniendo las cosas en su justo lugar. Tampoco aquí se pueden convertir unos pocos casos en generalidad. Estoy pensando en las condenas a lapidación por adulterio que han movilizado hace poco a la opinión pública mundial asociando estos hechos a la sharia, al Islam…. Por supuesto, fueron y son casos terribles pero les aseguro que completamente excepcionales y no relacionados con los fundamentos y preceptos del Islam.
En contraposición, recuerdo cómo se vivió el caso de la pequeña nicaragüense de 10 años que quedó embarazada a causa de una violación. Hubo una gran polémica en la Iglesia Católica sobre si era o no ética la interrupción del embarazo en ese supuesto. Se produjeron opiniones de sectores de la Iglesia oficial que propugnaron la continuación del embarazo, pero yo nunca leí que la Iglesia en su conjunto era de esa opinión sino que siempre se matizó que se trataba de ‘un sector de la Iglesia’. No hubo generalizaciones, tal vez porque la imagen del mundo católico sí que ha de ser cuidadosamente preservada.

Más información:
Centro Cultural Islámico de Madrid www.ccislamico.com/home2.html
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