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Sobre el Sagrado Mes de Ramadán

El ayuno durante el Ramadán rompe la obstinación del yo

10/10/2005 - Autor: Badiuzzaman Said Nursi - Fuente: Webislam
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Ramadán
Ramadán

(Una discusión acerca de algunos propósitos Divinos para ayunar durante el Ramadán, que es el más brillante y espléndido símbolo o ritual del Islam. Esta sección consiste en nueve puntos que explican nueve de esos propósitos.)

En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo.

«El mes de Ramadán en el cual el Corán fue revelado, una guía para la humanidad, señales claras de orientación y de criterio».

(2:158)

El primer punto

El ayuno en el sagrado mes de Ramadán es uno de los cinco pilares más importantes del Islam, al mismo tiempo que uno de sus más grandes símbolos. Muchos de sus propósitos e intenciones están relacionados con el Señorío de Dios y dar gracias por Su generosidad, así como el auto-entrenamiento y la auto-disciplina para la vida individual y colectiva de la humanidad,

Uno de los múltiples propósitos del ayuno, en relación con el Señorío de Dios, es que Dios manifiesta la Perfección de Su Señorío y su condición de Todo-Misericordioso y Compasivo sobre la faz de la Tierra, que Él ha diseñado como un tablero en el que ha colocado su generosidad y munificencias de una manera que está más allá de la imaginación humana. No obstante, la gente no puede discernir perfectamente la realidad de esta situación a causa del descuido y el velo cegador de la causalidad. Pero en el sagrado mes de Ramadán, los creyentes —como de un ejército que espera la orden de marchar se tratara— hacen gala hacia el final del día de una actitud de veneración tal que es comparable a si esperaran ayudarse a si mismos con el banquete preparado por el Monarca Eterno. De esta manera, responden a esa magnífica y universal manifestación de Divina Misericordia con un extenso y armonioso acto de veneración colectiva. Me pregunto si aquellos que no alaban, ensalzan, enaltecen y comparten el honor de ser tan favorecidos merecen ser llamados humanos.

El segundo punto

Desde el punto de vista de su condición relacionada con el agradecimiento hacia Dios, uno de los numerosos ejemplos de sabiduría al ayunar en el sagrado mes de Ramadán es este: como se declaró en la Primera Palabra, hay un precio por el alimento traído por un criado que lleva las bandejas de comida procedentes de la cocina de un rey. Obviamente, sería una gran estupidez darle una propina al criado e ignorar al rey que envió la comida, un comportamiento irrespetuoso y grosero en respuesta a dicho regalo. De la misma manera, Dios Todopoderoso ha esparcido, ha diseminado para toda la humanidad Sus incontables e infinitas generosidades sobre la faz de la Tierra, otorgándolas a cambio de un solo importe: la acción de dar gracias.

Las causas aparentes de esas generosidades, o aquellos que las traen para nosotros son como el criado que lleva la comida en el ejemplo anterior. Pagamos a los sirvientes, nos sentimos en deuda con ellos, y se lo agradecemos. A veces les mostramos un grado de respeto que no se han merecido. El verdadero Dador de Generosidades es incomparablemente el más justo merecedor de los agradecimientos por esos favores y presentes recibidos. Debemos darle gracias a Él por reconocer nuestras necesidades por las generosidades y favores, apreciarlas totalmente y atribuirlas directamente a Él.

El ayuno durante el sagrado mes de Ramadán es la llave a un agradecimiento verdadero, sincero, amplio y universal. Mucha gente es incapaz de apreciar la mayoría de las presentes que disfrutan ya que no sufren hambre. Un pedazo de pan seco, por ejemplo, no significa nada —como generosidad Divina— para aquellos que están llenos, especialmente si son ricos. Sin embargo, el sentido del gusto de los creyentes, en el momento de romper el ayuno, atestigua que es un obsequio muy valioso de Dios. En el sagrado Ramadán todos son favorecidos con un sentido y sincero acto de dar gracias, por medio de la apreciación del valor de los obsequios Divinos.

Durante el ayuno, los creyentes piensan: «Esas generosidades no me pertenecen originalmente, y por lo tanto no puedo considerarlas como mera comida o bebida. Ya que al Único les pertenece y me las concede, debería esperar Su permiso para comerlas. Reconociendo que lo que comemos y bebemos es un regalo de Dios, los creyentes tácita y manifiestamente le agradecemos a Dios. A causa de esto, el ayuno se convierte en una llave para dar gracias, que es una obligación primordial humana.

El tercer punto

El ayuno tiene muchos propósitos en conexión con la vida colectiva del hombre, uno de ellos es este: Dios ha creado a los seres humanos de forma diferente con respecto a su sustento y medios de vida. A causa de esto Él llama al rico para que ayude al pobre. Sin embargo, sólo a través del hambre del ayuno el rico puede sentir el hambre y la situación trágica del pobre. Sin ayunar, muchas personas ricas y autocomplacientes no pueden percibir cuán dolorosos son el hambre y la pobreza, y hasta qué punto el pobre necesita atención. Preocuparse por el prójimo es una base del agradecimiento verdadero. Seguramente hay alguien más pobre que cada uno de nosotros, así que todos estamos obligados a ayudar al que es más pobre. Por lo tanto, a menos que uno esté obligado a sufrir hambre, es casi imposible para él hacer bien o dar ayuda a sus prójimos como requiere ese deber de preocupación. Incluso si lo hace, no puede hacerlo tan perfectamente como debería, ya que no siente de la misma manera la condición del hambre en su misma intensidad.

El cuarto punto

Hay muchos propósitos Divinos incluidos en la obligación de ayunar durante el Ramadán relacionados con el autoentrenamiento y la autodisciplina. Uno de esos propósitos es el siguiente: El yo carnal desea estar libre y sin restricciones y así se considera él mismo. Incluso desea, por su misma naturaleza, un imaginario señorío, una libertad de acción sin restricciones y arbitraria. No estando inclinado a pensar que está siendo entrenado y probado a través de las generosidades incontables de Dios, se traga, como un animal, esas generosidades de la misma manera que un ladrón, especialmente si tiene un grado de riqueza y poder regido por la desatención.

Es en el sagrado Ramadán cuando el ser carnal de cada uno entiende que pertenece a Algún Otro, no a si mismo; que es un servidor, no alguien libre. A menos que sea ordenado, o permitido, le es imposible hacer incluso los actos más comunes como comer y beber. De este modo su señorío ilusorio es destrozado, le permite admitir su servidumbre y realizar su verdadera obligación, que es el acto de dar gracias.

El quinto punto

El ayuno durante el Ramadán también previene al yo carnal de los actos rebeldes y lo adorna con una moral recta y considerada.

El yo carnal del hombre se olvida de si mismo a través de la desatención. Ni ve ni quiere ver, la impotencia y la pobreza infinitas y los defectos mayores en su misma naturaleza. No refleja cuán expuesto está a las desgracias y lo sujeto que está a la decadencia, que consiste en carne y huesos que tienden a descomponerse rápidamente. Se precipita en el mundo con una codicia y un apego tan violentos como si tuviera un cuerpo de acero y viviera para siempre. Se apega a todo lo provechoso y agradable. En este estado, se olvida de su Creador, Que lo adiestra con un cuidado perfecto. Al estar inmerso en el pantano de la inmoralidad, no piensa en las consecuencias de su vida en este mundo ni en su vida futura.

Sin embargo, el ayuno durante el sagrado Ramadán, hace que incluso el más desatento y testarudo sienta debilidad y pobreza innata. El hambre se vuelve un factor importante para ellos y les hace recordar cuán frágiles son sus cuerpos. Llegan a percibir hasta qué punto necesitan la compasión, el cuidado y, cediendo a la arrogancia, sienten un deseo de refugiarse en la Corte Divina en perfecto desamparo y miseria y se elevan para golpear a la puerta de la Misericordia con la mano del agradecimiento tácito, con tal que, por supuesto, la desatención aún no haya corrompido completamente al individuo.

El sexto punto

El ayuno durante el Ramadán también tiene una conexión con la revelación del sagrado Corán. Como se sabe, el Corán comenzó a ser revelado durante el Ramadán. Esta conexión tiene muchas implicaciones. Una de estas es que —precisamente como si el Corán fuera a ser revelado en cada Ramadán—, un creyente debería intentar ser como los ángeles y abandonar los actos de comer y beber, despojarse de las preocupaciones vanas y las burdas necesidades de su yo carnal. Durante el Ramadán, debería recitar u oír el Corán como si se revelara por primera vez o, si es capaz, oír el Corán como si estuviera oyéndolo recitar por parte del mismísimo Profeta Muhammad, o por medio del Arcángel Gabriel recitándolo a Mensajero, o revelado por Dios Mismo a Muhammad a través de Gabriel. También, debería respetar el Corán en las acciones de su vida diaria y, transmitiendo su mensaje a los demás, demostrar el propósito Divino para revelar el Corán.

El mundo musulmán en el Ramadán se vuelve una enorme mezquita en donde millones de recitadores recitan el Corán, ese celestial discurso, para los habitantes de la Tierra. Demostrando la realidad del versículo, El mes de Ramadán, en el cual el Corán fue revelado (2:185), el Ramadán autoproclama ser el mes del Corán. Mientras que algunos miembros de la enorme congregación en esa gran mezquita del mundo musulmán oyen su recitación con solemne reverencia, otros lo recitan ellos mismos. De la misma manera que es muy desagradable abandonar ese estado celestial y espiritual entregándose a la incitación del yo carnal para comer y beber en la sagrada «mezquita», una acción que está destinada a provocar el disgusto de toda la congregación lo es también y provoca el disgusto y el desprecio de todo el mundo musulmán oponerse a que los musulmanes ayunen durante el sagrado mes de Ramadán.

El séptimo punto

Ayunar durante el Ramadán también tiene muchos propósitos relacionados con las recompensas espirituales del hombre, que ha sido enviado al mundo para sembrarlo de semillas de la próxima vida. Los siguientes párrafos explican uno de esos propósitos: Las recompensas para los buenos actos hechos en el Ramadán son multiplicados por mil. Según un hadíz, se dan diez recompensas por cada letra del Sabio Corán. La recitación de una sola letra significa diez actos buenos, y da diez frutos del Paraíso. Sin embargo, en todo el mes de Ramadán, la recompensa por cada letra del Corán no sólo se multiplica por diez, sino por mil, incluso por miles para algunos versículos en particular el «Versículo del Trono»1. La recompensa todavía es más grande los viernes por la noche del sagrado Ramadán. Además, la recompensa por cada letra del sagrado Corán recitada en la Noche del Poder se multiplica por treinta mil. De esta manera, el Corán, cada una de las letras produce treinta mil frutos permanentes del Paraíso, se vuelven en el Ramadán como un enorme y bendito árbol que otorga a los creyentes millones de frutos permanentes del Paraíso. Consideremos, entonces, cuán provechoso y sagrado es este intercambio y sepamos cuanto se pierden aquellos que no aprecian las letras del Corán.

Así que, el sagrado mes de Ramadán es el tiempo más apropiado para continuar con ese «intercambio» tan provechoso en nombre de la vida futura. Es como el más fértil campo para cultivar la cosecha de la vida después de la muerte. La multiplicación de la recompensa por los buenos actos es como un mes de primavera. También es una fiesta sagrada e ilustre para el «desfile» de aquellos que adoran la Soberanía del Señorío de Dios.

A causa de esto, el ayuno se hizo obligatorio para los creyentes en el Ramadán para que no compensaran los apetitos animales del yo carnal y complacieran sus inútiles fantasías. Ya que pasan a ser como ángeles mientras ayunan o se ocupan de un intercambio para la próxima vida, cada uno de los actos es como un espejo que refleja la Autosuficiencia de Dios. Caminan por el sendero para llegar a convertirse en un espíritu puro manifestado con el vestido corporal a través del abandono de este mundo durante un período determinado. En realidad, el sagrado Ramadán contiene y hace que un creyente adquiera, a través del ayuno, una vida permanente —después de un breve período— en este mundo.

El Ramadán puede facilitar que un creyente adquiera tanta recompensa como podría conseguir en una vida de ochenta años. Esto se puede probar decisivamente por el hecho de que, como se declaró en el Corán, la Noche del Poder es más provechosa que ochenta años en los que no haya tal Noche. Un rey puede promulgar una fiesta de unos cuantos días al año para señalar algunas ocasiones especiales como su ascensión al trono, y honra de esta manera a sus fieles súbditos con favores especiales. Asimismo, el Rey Eterno y Majestuoso de los dieciocho mil mundos envió en el sagrado Ramadán, el Sabio Corán, que es Su exaltado decreto para todos los dieciocho mil mundos. Por esta razón, la sabiduría requiere que el Ramadán sea una fiesta Divina especial en la que las generosidades del Señorío de Dios serán derramadas y el espíritu unido. Entonces, ya que el Ramadán es una fiesta que ha sido ordenada por Dios, es apropiado que el ayuno de este mes sea dispuesto para que la gente se aleje en cierta medida de sus preocupaciones corporales.

El ayuno, aparte de evitar la satisfacción del estómago, permite abstenerse de los pecados cometidos por los sentidos o por las partes del cuerpo, como los ojos, los oídos, el corazón, la mente, y en lugar de esto, usarlas, en los actos de veneración para cada una de ellas. Por ejemplo, el que ayuna, debería evitar que su lengua mienta, difame, el lenguaje soez y la charla indecente, y ocuparla con la recitación del Corán, la glorificación de Dios, buscar Su perdón, y llamar Su bendición con el Profeta Muhammad. De la misma manera, debería evitar que sus ojos miren, y sus oídos oigan, las cosas prohibidas. En lugar de esto, debería usar sus ojos para ver cosas como por ejemplo, aquellas que den una lección espiritual o un consejo moral; y usar sus oídos para oír el Corán y las verdades. Cuando el estómago, que es como una gran fábrica en el cuerpo, detiene su trabajo, los otros miembros, que se pueden asemejar a talleres muy pequeños en comparación con el estómago, pueden, en realidad, seguirlo fácilmente.

El octavo punto

Uno de los propósitos del ayuno relacionado con la vida individual del hombre es el siguiente: El ayuno es una dieta desde el punto de vista de la salud física y espiritual del hombre. Si el yo carnal actúa en la comida y la bebida como desea, esto sería dañino para la salud física del hombre, así como también es un veneno para su vida espiritual por la ausencia de la discriminación entre lo que es legal e ilegal. Se convierte así en algo muy difícil para un yo carnal obedecer al corazón y al espíritu. Sin reconocer ningún principio, arrebata los reinos del hombre y lo encamina a la dirección que desea. Pero, durante el Ramadán, se acostumbra a la dieta a través del ayuno y, en la autodisciplina, es entrenado para aprender a obedecer órdenes. Además, no permite que el estómago sufra por comer de más sin tiempo suficiente para una apropiada digestión. Ya que ha aprendido a renunciar a comer incluso lo que es legal, adquiere la habilidad de seguir el decreto de la razón y la religión para abstenerse de lo ilegal. De esta manera, el yo carnal no trata de corromper la vida espiritual de su dueño.

También, la gran mayoría de la gente frecuentemente se vuelve víctima del hambre. Para soportar un hambre durante mucho tiempo con paciencia, la gente debería ejercitarse en la autodisciplina y un estilo de vida austero. El ayuno durante el Ramadán provee tal preparación basado en la paciencia de pasar hambre durante quince horas, o incluso veinticuatro horas si no se ha podido comer antes del amanecer. Esto significa que el ayuno es una cura para la impaciencia y la carencia de resistencia, que doblega la desgracia de la humanidad.

Muchas partes del cuerpo humano son útiles directa o indirectamente para el estómago. Si esa «fábrica» no está hecha para detener su trabajo en el día durante cierto mes del año, mantiene ocupados a esos miembros con ella misma, olvidándose de los tipos de veneración y deberes sublimes para cada uno de ellos. Es por esta razón que, desde tiempos antiguos, los santos normalmente han preferido acostumbrarse a un estilo de vida austero por la perfección espiritual y humana. El ayuno en el Ramadán nos recuerda que los miembros del cuerpo no han sido creados sólo para servir al estómago. En el Ramadán, muchos de esos miembros se deleitan en los placeres angelicales y espirituales, en lugar de los materiales. Esta es la razón por la que en el Ramadán, los creyentes reciben, según la extensión de su perfección espiritual, diferentes grados de placeres y alumbramiento espirituales. El corazón, el espíritu, la razón y los sentidos recónditos del hombre son refinados a través del ayuno en el Ramadán. Incluso si el estómago gime durante el ayuno, estos sentidos se regocijan.

El noveno punto

El ayuno durante el Ramadán rompe el señorío ilusorio del yo carnal y, recordándole su desamparo innato, lo convence de que es un siervo. Al yo carnal no le gusta reconocer a su Señor, y aclama el señorío con gran obstinación, incluso cuando está sufriendo. Sólo el hambre es quien puede alterar ese temperamento. El ayuno durante el Ramadán rompe la obstinación del yo carnal y, mostrándole su desamparo y pobreza intrínsecos, le recuerda que sólo es un siervo.

Se cuenta del Mensajero de Dios que Dios Todopoderoso le preguntó al yo carnal: «¿Quién soy yo y quién eres tú?» El yo carnal respondió: «Tú eres Tú mismo, y yo soy yo mismo». Debido a que Dios lo atormentó mucho y le hizo la misma pregunta, Él recibió la misma pregunta: «Tú eres Tú mismo, y yo soy yo mismo». Al final, Dios lo sometió al hambre, y cuando al hacerle la misma pregunta, la respuesta fue: «Tú eres mi Señor Compasivo; Yo soy Tu siervo desamparado».

Oh Dios, concede paz y bendiciones a nuestro señor Muhammad del modo que Te agrade y dale lo que merece, por el número de recompensas por recitar las letras del Corán en el mes de Ramadán, y para su familia y Compañeros.

Glorificado sea tu Señor, el Señor del Honor y el Poder; exaltado sobre lo que falsamente ellos Le atribuyen. Que la paz sea con los Mensajeros y todas las alabanzas sean con Dios, el Señor de los Mundos. Amén.

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