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España no se balcaniza, entrevista con Predrag Matvejevic, Filósofo

En una guerra nunca hay que cometer lo irreparable.

09/10/2005 - Autor: Lluís Amiguet - Fuente: La Vanguardia
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Predrag Matvejevic.
Predrag Matvejevic.

Tengo 73 años. Tuve que huir de mi país, Croacia, en el 91 por oponerme al nacionalismo fascista, por eso hoy enseño filosofía en la Sorbona. Mi padre era ortodoxo y mi madre católica y yo soy un agnóstico que teme el horror de la violencia religiosa. Yo acuso hoy al Patriarca ortodoxo y al Papa romano de no haber hecho todo lo que podían por detener la matanza de los Balcanes.

–¿Cree usted que España se balcaniza, como apuntan algunos?

–Tal vez sea descabellado comparar los Balcanes con España, pero le puedo explicar por qué y cómo empezó la última guerra de los Balcanes y usted busque paralelismos.

–Adelante.

–Para empezar, debería dejar claro que el nacionalismo en sí no conlleva siempre ambición territorial y el ejemplo está aquí en Catalunya, donde existe un nacionalismo pacífico que no reclama derechos más que sobre su propio territorio. El nacionalismo es una energía colectiva que tanto puede utilizarse para el progreso y la convivencia como puede emplearse para fomentar una guerra civil.

–Usted ha vivido el segundo caso.

–Los Balcanes, como decía Churchill, producen más historia de la que pueden asumir: Europa, con Grecia, nace en los Balcanes, también allí comienza la Primera Guerra Mundial, y allí, cuando Hitler se ve obligado a pacificar la revuelta balcánica y a dilatar la invasión de Rusia, se decide también la Segunda Guerra Mundial. Del mismo modo que podemos decir que esta guerra comienza en la Guerra Civil española, yo interpreto la última guerra de los Balcanes como una continuación de la Segunda Guerra Mundial, tras el paréntisis del titismo.

–¿Por qué?

–Lo que se reabren son las cuentas por saldar de la segunda Gran Guerra y la incapacidad de olvidarlas. Recuerde a Kant, que suplicaba: "En guerra, nunca hay que cometer lo irreparable". En los Balcanes lo irreparable se ha cometido demasiadas veces.

–¿Cuándo se convierte la diferencia en violencia genocida?

–Yo no creo en Huntington y su choque de civilizaciones: no son las culturas las que se enfrentan, sino las ideologías. Los pueblos no guerrean, son los ideólogos los que les empujan a las armas. Y en los Balcanes, tras Tito, teníamos un mosaico de nacionalismos, pero fueron las religiones y sus divisiones étnicas, jaleadas por los políticos mediocres, los que empujaron al odio.

–La religión es fuerza para la paz.

–Pues tome nota: la masacre de los Balcanes hubiera podido ser evitada si el Papa de Roma y el Patriarca ortodoxo hubieran pedido a sus fieles que dejaran las armas. ¡No hicieron lo suficiente! ¡Y eso fue imperdonable!

–El Papa era un incuestionable defensor de la paz.

–Pero el Vaticano hizo más política que un enérgico rechazo de los violentos. ¡Ojalá se hubieran acercado el Papa y el Patriarca a la línea de choque y se hubieran dado un enorme abrazo ellos y con los musulmanes de Bosnia! En el caso del Patriarca ortodoxo fue una dejación imperdonable. Y ahí tiene una diferencia con la España de hoy, que ya por eso no puede definirse como balcanizada: la religión ha dejado de dividir a España. Recuerdo que, en su guerra civil, católicos y ateos se enfrentaron a muerte.

–Los musulmanes bosnios también tenían su propia fe.

–Sí y la UE cometió un tremendo error al permitir su masacre. Esos musulmanes tolerantes, abiertos y moderados eran justo la clase de fieles del islam que podrían haber construido Europa codo a codo con todos los demás países de raíces cristianas. Esos musulmanes, como sabe, eran cristianos que se convirtieron durante la invasión turca de los Balcanes. Y, de nuevo las deudas históricas, recuerde que los cristianos balcánicos frenaron ambición turca que amenazó las puertas de Viena.

–Lo recuerdo.

–Y pagaron por ello un precio en sangre y en suplicios horrible. Los turcos inventaron para los cristianos rebeldes el más vil empalamiento. Introducían una estaca por el ano de la víctima con siniestra pericia para no afectar a los órganos vitales y dejaban así al cristiano, agonizando y suplicando durante al menos tres días en un lugar público.

–No parece agradable.

-Esa crueldad, todavía los pueblos balcánicos no la hemos podido extirpar de nuestro inconsciente colectivo y es una pesadilla que retornó en Bukovar o en Sarajevo o Mostar, mi pueblo, pero sobre todo en el genocidio horrendo de Sbrenica: 8.000 asesinatos de bosnios musulmanes a sangre fría que un general francés, Janvier, pudo haber evitado. Recuerde su nombre y recuerde la división holandesa que a dos kilómetros supo de la masacre y siguió de brazos cruzados.

–Hubo europeos que se movilizaron.

–Cierto, y uno de ellos fue su president, Maragall. Estuvo conmigo en Sarajevo toda una noche hablando por radio con los resistentes para que no se durmieran. Yo traducía al bosnio sus palabras.

–Al final Sarajevo resistió.

–Pero las heridas aún no han cicatrizado y creo que esa es otra característica que distingue a España de los balcánicos, y es que ustedes han conseguido mirar hacia delante.

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