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La virtud de la generosidad en el mes de Ramadan

La generosidad es uno de los atributos de Allah, que confiere dádivas infinitas a los que la adoptan

07/10/2005 - Autor: Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti - Fuente: www.sufismo.org.ar
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Grupo de musulmanes kurdos compartiendo la ruptura del ayuno.
Grupo de musulmanes kurdos compartiendo la ruptura del ayuno.

Bismillahir Rahmanir Rahim. En el Nombre de Dios Clemente Misericordioso

Sé generoso; abandona la codicia. La generosidad es uno de los atributos exaltados de Allah, confiriendo dádivas infinitas a los que la adoptan. Especialmente en el mes de Ramadán, como lo explicó nuestro Maestro en sus nobles Tradiciones, los actos de generosidad se recompensan muchas veces. Fuera de Ramadán, se dan diez recompensas por una buena acción. Pero en los meses benditos de Rajab, Sha’ban, Dhu-l Hijja y Muharram, la proporción es de setenta a uno, mientras que en Ramadán se conceden cien recompensas por una sola bondad. Si Allah así lo quiere, da recompensas sobre recompensas. Él es Auto Suficiente. Él es Generoso. Esto es lo que ha prometido en un Verso del Corán:

Quien se presente con buenas acciones tendrá diez como ellas, pero quien se presente con malas acciones, no recibirá más pago que lo que trajo, sin que se le haga injusticia.

6:160

Y en otro Verso:

El parecido de aquellos que gastan de sus recursos en la causa de Allah es el de un grano produciendo siete espigas, en cada espiga cien granos. Allah da multiplicado a quien Él quiere. Allah es el Sapiente de Todo, el Abarcador de Todo

2:26

Efectivamente, nuestro Maestro nos dice en una de sus nobles Tradiciones: "La generosidad es un árbol. Sus ramas se extienden sobre el globo. Al que aferre una de esas ramas le elevará su compasión y lo llevará al Paraíso. La codicia, la avaricia, la tacañería, y la mezquindad son un árbol que crece en el Infierno". En otras palabras, el Paraíso es el hogar de los generosos, mientras que el Infierno es el lugar de los avaros y codiciosos.

Según la venerable A’isha, la Madre de los Creyentes, una mujer con una mano atrofiada se presentó un día ante el Mensajero. Le contó que había experimentado un sueño, y que a continuación se le había marchitado la mano, y le rogó su intercesión para que pudiera recobrar su uso. El Mensajero de Allah le preguntó qué clase de sueño había sido para que se le atrofiara la mano, de modo que la mujer explicó:

"Mensajero de Allah, en mi sueño la Resurrección había comenzado y toda la humanidad se había reunido en el Sitio de la Resurrección. Se había instalado la Balanza, y se había llevado al Infierno a ese lugar. El Paraíso también estaba cerca, con sus adornos y delicadezas, sus pabellones, huríes y asistentes. Luego miré y vi a mi madre, con un pedazo de sebo en una mano y un trozo de tela vieja en la otra. Estaba tratando de protegerse de los fuegos del Infierno con ese sebo y esa tela, intentando usarlos como un escudo contra las llamas.

Cuando la vi en esa condición, lloré exclamando: ‘Madre querida, qué estas haciendo en este valle del Fuego del Infierno? En el mundo de abajo eras obediente y fiel con el Señor de Todos los Mundos. Eras bondadosa con mi padre, y él era feliz contigo’. Pero mi madre dijo: ‘Eso es verdad, mi querida, pero yo era una persona codiciosa, mezquina. Todo lo que fui capaz de donar en la causa de Allah fue este sebo y este trocito de tela que tengo en la mano. Ahora estoy tratando de usarlos como protección contre el fuego. Porque este valle es una parte del Infierno, donde los mezquinos y codiciosos sufren el tormento’. Luego le pregunté dónde estaba mi padre. El había sido una persona generosa. Me dijo que ahora estaba en el Paraíso, el hogar de los generosos. Seguí adelante hasta el Paraíso, en donde mi padre estaba parado al lado de tu estanque, dándole agua a la gente del Paraíso.

Los que llegaban sedientos y cansados desde el Sitio de la Resurrección, saciaban su sed en el estanque del Mensajero, ya sea de la mano del mismo Muhammad, de las manos del Imán Hasan y el Imán Husayn, o de las de nuestros maestros Alí el Electo, Abu Bakr, Umar y Uthman y los otros íntimos de Allah y personas generosas. Aquí estaba ese hombre, también dándole agua a la Comunidad de Muhammad del estanque del Profeta. Así fue como había actuado durante su vida. Me acerqué a mi padre y dije: ‘Padre querido, aquí estás, siendo bondadoso con todos. Te ha sido conferida esta estación. Mi madre fue una dama obediente con Allah, que evitó las cosas ilegales en sus oraciones y en su ayuno. También tú estabas complacido con ella. Pero ahora se está quemando en el Infierno, mientras tú le das agua a la gente del estanque del Profeta. Ya que te fue asignada esta tarea, llena un vaso para que se lo lleve a mi querida madre’.

Mi padre respondió: ‘Oh luz de mis ojos, lo que dices es cierto. Pero a los avaros y codiciosos les han prohibido beber del estanque del Mensajero, por lo que no tengo permiso para darte lo que pides’. A pesar de todo yo llené un vaso y estaba caminando hacia el Infierno para dárselo a mi madre, cuando oí una voz detrás mío, diciendo: ‘¡Que Allah haga que tu brazo se atrofie! ¿cómo te atreves a darle agua del estanque del Profeta, la paz sea con él, a una avara?’

Cuando desperté, vi que mi brazo derecho estaba atrofiado". El noble intercesor por permiso divino puso entonces su bastón sobre la mano de la mujer, diciendo: "Mi Señor, si lo que dice esta mujer es cierto, por favor cura su brazo". Su brazo recobró inmediatamente la salud, en mejores condiciones que antes.

La siguiente historia concierne también al estanque del Profeta en el Paraíso.

Un Rafidi es un cismático que odia al venerable Abu Bakr, a Umar y Uthman, y que se atreve a pretender que de esa manera prueba su amor por nuestro maestro Alí el Electo. Mira lo que le acontece a unos de esos, cómo se encontró con una bienvenida y un rechazo:

Un cierto Rafidi soñó cierta vez que había comenzado la Resurrección, que la humanidad se había reunido en el Sitio de la Resurrección y cuando se acercó al estanque del Profeta, la paz sea con él, un individuo bendito llenó un vaso y se lo ofreció. "¿Quién eres?" le preguntó el Rafidi, y el reverendo ser respondió: "Soy esa persona que fue la primera de los grandes que creyó en el Más Noble Mensajero.

Soy el que acompaño al Mensajero durante toda su vida en todas sus batallas, que gastó toda su riqueza en su causa y se contentaba con usar un simple manto. Su ministro durante su vida, su sucesor cuando murió, su compañero en la cueva, su suegro por decreto divino; fui yo el que guió la oración en su nicho de oración mientras aún estaba vivo. Intercesor por la mitad de su Comunidad, ¡soy el que suplicó que mi cuerpo se agrandara hasta llenar todo el espacio del Infierno, para que en el Fuego no quedara espacio alguno para que se quemara la Comunidad!" El Rafidi se retiró, diciendo: "Entiendo. Tú eres Abu Bakr. ¡No beberé agua de tu mano! Alí es todo lo que necesito". Un poco más adelante, encontró a otro ser bendito, que de igual modo distribuía agua del estanque del Profeta. Le preguntó quién era...

Esa persona respondió: "Yo era el cuarentavo Musulmán, cuya verdadera fe y sumisión se manifestaron juntas, suegro del Mensajero, padre de Hafsa, junto con el Mensajero de Allah en todas sus batallas, mi juicio es el tema de setenta y siete Versos del Corán, el segundo Califa del Profeta, su asesor durante su vida, el yerno de Alí el Electo. El dijo de mí: ‘Si hubiera de venir un Profeta después de mí, habría sido Umar ibn al-Khattab’.

Soy el hombre que conquistó Siria, Egipto y Persia; el que le dio órdenes a un ejército que se encontraba a una distancia de tres meses de marcha; el que llevó (drove) el fuego del Yemen; el que hizo que el Río Nilo cumpliera sus órdenes; salvador de la Mezquita de Aqsa, a quien nada le importaba del mundo de abajo; que usaba un manto de cuarenta remiendos, aun cuando la tesorería Musulmana estaba llena a rebosar; en cuyo Califato la oveja y el lobo compartían las pasturas, no atreviéndose el lobo a atacar a la oveja".

El Rafidi se retiró otra vez, diciendo: "Entiendo. Tú eres Umar ibn al-Khattab. Tampoco beberé tu agua. Beberé de la mano de Alí el Electo". De nuevo se encontró con un individuo bendito, que le ofreció un vaso de agua del estanque del Mensajero, y de nuevo preguntó: "¿Quién eres?" Esta vez la respuesta fue:

"Yo soy el que se casó con dos de las preciosas hijas del Mensajero; cuando mis esposas se fueron al Más Allá, el Mensajero dijo de mí: ‘Si hubiera tenido cien hijas, se las hubiera dado a Uthman’. Soy aquel a quien el Mensajero le dijo: ‘Oh honrado Uthman, ora por mí’. Soy el amanuense del Corán. Los ángeles me tienen vergüenza. Soy víctima y mártir. Con boca de ayuno hice el testimonio final. Gasté mi riqueza en la causa del Islam. Aunque era un Umayyad, fui uno de los primeros en creer. Me felicitaron durante mi vida con la promesa del Paraíso. Soy el tercer Califa del Mensajero".

Cuando el Rafidi oyó eso, dijo: "Tú eres Uthman. Tu agua tampoco es buena para mí". Sus palabras entristecieron a Uthman. El hombre se alejó para encontrarse con un individuo bendito con la constitución de un león, que también lo saludó bondadosamente.

Una vez más preguntó: "¿Quién eres?" y ese digno individuo dijo: "Soy el León de Allah, dueño de la espada llamada Dhu-l Fiqar; copero del agua del Paraíso: esposo de Fátima la Radiante, la hija entrañablemente querida del Mensajero; padre de Hasan y Husayn; el más grande de la Familia del Profeta; muchos Versos del Corán concernientes a él fueron enviados; de quien el Mensajero dijo que aquellos que me odian son hipócritas, mientras que aquellos que me aman son creyentes; cuya dignidad se proclama en la Tradición Profética: ‘De aquellos de quienes soy el maestro (master), también Alí es el maestro’; el primer niño que creyó en el Mensajero; al lado del Mensajero en todas sus batallas; que se acostó en la cama del Mensajero en la Hijjra, listo para sacrificar su vida para ayudarlo a escapar, ahogado en el mar de la aflicción; soy el complaciente y generoso".

Cuando el Rafidi oyó eso, exclamó: "Tú eres Alí el Electo. Te reconozco. Oh Imán, antes de encontrarte a ti, Abu Bakr, Umar y Uthman, me ofrecieron agua, pero no acepté sus ofrecimientos". Ante esas palabras, el rostro del León de Allah enrojeció súbitamente. Le dio al Rafidi una poderosa bofetada en la cara, diciendo: "¡El que no bebe de su agua, tampoco beberá de la nuestra!" Cuando el Rafidi recobró la consciencia, vio que había escupido treinta dos dientes en la palma de su mano. Se arrepintió, sintió remordimiento por sus acciones y abandonó el odio por nuestros maestros, los venerables Sheiks Abu Bakr, Umar y Uthman, que Allah esté complacido con todos ellos.

Esos y otros generosos son los coperos del estanque del Profeta en el Paraíso. ¡Sé generoso! Sacrifica no sólo tu dinero, sino todo lo que posees, en la causa de Allah. Aquellos que no dan lo que aman no pueden alcanzar a su Bienamado.

¡Oh Señor! Reúnenos en el próximo Día de la Resurrección debajo del estandarte de Tu amado! ¡Haz del noble Ramadán el intercesor de todos nosotros! ¡Sálvanos de tu queja! Tú eres el Más Generoso de los generosos. Tú no privas del sustento ni siquiera al incrédulo, al politeísta y al hipócrita. Somos Tus siervos, que hemos creído en Ti y nos convertimos en la Comunidad de Tu bienamado. Nuestras bocas están ayunando, nuestros rostros están pálidos, nuestros corazones tiemblan de temor reverente ante Tu Majestad y Gloria. Nuestros ojos están húmedos debido a Tu promesa. Nuestros corazones palpitan con Tu amor y el amor de Tu bienamado.

Venimos con la esperanza de Tu Misericordia, Tu Paraíso y Tu Belleza. Lejos de Ti desilusionarnos. ¡No nos desilusiones! Concédenos terminar nuestro tiempo asignado pronunciando la frase bendita: "Atestiguo que no hay dios más que Allah, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su Mensajero!"

Protégenos del terror y el dolor de la muerte. ¡No nos dejes morir sin fe! Ten misericordia con aquellos de nosotros que hemos muerto. ¡Permite que nuestros padres que aún viven se regocijen con Tu perdón y clemencia!

Concédele felicidad a la Comunidad entera de Muhammad. Perdona a la Comunidad pecadora de Muhammad e ilumina sus corazones con la luz del Corán y la luz de la afirmación de la Unidad Divina. No nos condenes a nuestro propio yo inferior; no nos hagas abyectos en este mundo, deshonrados en el Más Allá. Haz nuestros cuerpos livianos, nuestras almas castas.

Concédenos que podamos ganar por medios legales, usando en buenas obras la riqueza que obtenemos con el sudor de nuestra frente, y gastando en Tu causa. Dota nuestros cuerpos de salud y bienestar. Presérvanos, mi Señor, de depender de los indignos... ¡Permite que nuestro carácter sea el de mantener la ética del Corán y la del bienamado del Todo Misericordioso! ¡Acepta nuestras súplicas, uniéndolas a las hechas en el Lugar de Descanso del Mensajero!

Gloria a tu Señor, el Señor de la Majestad más allá de la descripción; y la paz sea con los Mensajeros; y alabanza agradecida a Allah, Señor de Todos los Mundos...

Traducción al castellano: Asociación Islámica Yerrahi – Bs.As. Argentina
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