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«EEUU va hacia una crisis parecida a la Gran Depresión, Bush ha cumplido nuestras peores predicciones»- Entrevista a Betsy Taylor

El lema de más es mejor deja de ser válido a partir de cierto punto

01/10/2005 - Autor: Carlos Fresneda - Fuente: El Mundo
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Betsy Taylor
Betsy Taylor

Fundadora y presidenta del Centro para el Nuevo Sueño Americano, 50 años, Doctora en Administración Pública por la Universidad de Harvard, cree en un mundo basado en la justicia social, el respeto al medio ambiente y la calidad de vida, aficionada al piano, el yoga y a mirar las estrellas, sueña en que millones de americanos cambien su estilo de vida.

Todo son nubarrones en el horizonte de Maryland: la guerra que no acaba, los huracanes que no cesan, la gasolina que sube y sube, y la sonrisa franca, abierta, contagiosa de Betsy Taylor, optimista por convicción, siempre dispuesta a iluminar los presagios con un rayo de luz: «Y ahora las buenas noticias...».

Betsy Taylor es la fundadora del Centro para el Nuevo Sueño Americano y uno de sus retos es no dejarse desalentar por las malas noticias del día. Su mirada está puesta mucho más allá; su sueño consiste en que millones de compatriotas se suban al carro del desarrollo sostenible, de la justicia social y de la calidad de vida.

Los vientos no soplan a su favor, y ella lo sabe. Algo le dice que aún «habrá que sufrir» antes de que la mayoría de los norteamericanos abra los ojos. Pero el camino está abonado, eso piensa: «O cambiamos o tendremos que ir buscando otro planeta donde vivir».

PREGUNTA.- Bush padre se desmarcó con una frase que hizo Historia: «El estilo de vida americano no es negociable». Dieciséis años después, su hijo repite más o menos el mismo mensaje...

RESPUESTA.- Bush no es negociable: ése va a ser nuestro problema durante un tiempo.... Pero nuestro estilo de vida tiene que ser negociable necesariamente. Ese mensaje que proyecta el presidente nos está llevando a un callejón sin salida. Somos el 5% de la población mundial y consumimos el 25% del petróleo. Si los demás siguieran nuestro ejemplo, harían falta cuatro planetas como éste para abastecernos y absorber nuestros desechos Y ahora las buenas noticias: hay millones de americanos que no comulgan con Bush. Más de 100 ciudades se han apuntado a los acuerdos de Kioto. Otras 250 han plantado cara a la dispersión urbana y a la cultura del coche. En todo el país florecen más de 3.500 mercados de granjeros y la agricultura biológica ha experimentado un boom espectacular...

P.- Por primera vez en cinco años, y tras el desastre del Katrina, Bush ha pedido a los americanos que ahorren gasolina. ¿No es acaso un primer síntoma?

R.- Lo que ha ocurrido en Nueva Orleans y en Misisipí es triste. Por primera vez hemos sido golpeados por un terrible desastre que puede estar conectado con el cambio climático. Por más que el presidente se niegue a aceptarla, la amenaza se está haciendo más persistente: no hay más que ver esta última temporada de huracanes... Mucho me temo que las palabras de Bush se las va a llevar el viento. Su política energética avanza en sentido contrario.

P.- ¿Y qué cabe esperar de los tres próximos años?

R.- Aún nos va a tocar sufrir un tiempo. A veces me pregunto cuántas tragedias más tienen que ocurrir para que la mayoría de los americanos abra los ojos. Aunque creo que Bush ha llevado las cosas a tal extremo que el péndulo tiene que oscilar por fuerza hacia el otro lado Pero aún nos queda una época de dolor antes de que cambie el rumbo.

P.- Por primera vez también Bush ha reconocido la existencia de «bolsas de persistente pobreza» en el sur de Estados Unidos...

R.- Es curioso porque hay una noticia que ha salido también a la luz estos días, y es que 1.100.000 americanos engrosaron las listas de la pobreza el último año, lo que hace ya un total de 37 millones de pobres. Es imperdonable que en Nueva Orleans el 28% de la población esté por debajo de la línea de la pobreza.Pero ésa es la dirección que en los últimos años ha tomado este país: los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres.

P.- Pero en Europa existe la percepción de que por mucho que Bush caiga logra capear una y otra vez el temporal...

R.- Bueno, en primer lugar habría que recordar que fue reelegido por muy poca diferencia. Y sí, después de las últimas elecciones hubo una huida en desbandada de los grupos progresistas, pero poco a poco se está produciendo una confluencia de grupos muy dispares. Y estamos viendo además cómo se han cumplido nuestras peores predicciones: más pobreza, más beneficios para las corporaciones, más guerra, más ataques contra el medio ambiente... Estamos entrando en un momento de gran crisis aunque si nos fijamos en la Historia las crisis son también momentos de grandes oportunidades. La Gran Depresión condujo al New Deal de Roosevelt y al Estado del Bienestar en este país. Vamos a llegar a una crisis parecida y surgirá la necesidad de vislumbrar una alternativa. Falta por ver si seremos lo suficientemente fuertes.

P.- Y aun así, ustedes reivindican la idea del sueño americano. ¿No es tal vez un concepto desacreditado por su excesivo uso?

R.- No lo creo. Pese a lo que estamos viendo, hay una buena noticia sobre Estados Unidos, y es que aún persiste ese espíritu tan nuestro del podemos hacer. Tal vez es porque somos un país de gente llegada de lejos que lo arriesgó todo por venir aquí. Somos una nación de soñadores. Eso no lo han matado el materialismo ni el comercialismo ni los avatares políticos... Los americanos seguiremos manteniendo la fe mientras no se nos niegue el permiso para soñar con un mundo mejor.

P.- ¿Qué es el nuevo sueño americano?

R.- El sueño americano de toda la vida se resume así: más es siempre mejor. Más crecimiento, más consumo, más cosas El nuevo sueño por el que abogamos dice esto: si bajamos el tren de vida, si conservamos los recursos, si los compartimos, si gastamos menos y trabajamos menos, todo el mundo se sentirá más seguro y podrá disfrutar de una mejor calidad de vida. El sueño americano fomentaba el individualismo a ultranza; nosotros sostenemos que no se puede dejar solo a nadie, que todos somos interdependientes.El nuevo sueño pretende conectar el desarrollo sostenible, el respeto a la naturaleza, la justicia social y la realización personal Hay maneras de reestructurar nuestra economía y nuestra cultura para centrarla en la cooperación, en la ayuda mutua, en valorar las cosas que realmente importan. Hoy valoramos sólo la acumulación material. El mensaje es: quien acumula más en su vida es el que gana. Y esa filosofía de vida genera una gran desigualdad.

P.- Pero la gente en los países pobres sueña precisamente con vivir como los americanos que ven en las películas...

R.- La gente en esos países necesita consumir más y elevar su nivel de vida para salir de la pobreza. Pero la experiencia de lo que ha ocurrido en el mundo desarrollado, y sobre todo en este país, nos debe servir de lección. El lema de más es mejor deja de ser válido a partir de cierto punto. Debemos encontrar un equilibrio antes de que la cultura del exceso nos acabe pasando factura. Millones de personas mueren de hambre en Africa y aquí estamos muriendo de lo contrario. A veces pienso en la obesidad como el reflejo de la sociedad que hemos creado, volcada en los excesos desde la infancia hasta los últimos días.

P.- ¿Qué ocurrirá si China sigue el mismo camino que Estados Unidos?

R.- Esa va a ser la auténtica prueba de fuego de los próximos años. Aún están lejos, pero avanzan rápido. No podemos negarle a la gente que vive en China o en la India que persiga la prosperidad material, pero tenemos que encontrar otro modelo de desarrollo distinto del americano... O buscar directamente otro planeta donde poder vivir porque aquí no habrá recursos suficientes.

P.- ¿Y qué me dice del «sueño europeo» preconizado por Jeremy Rifkin?

R.- El libro de Rifkin ofrece una visión un tanto utópica de Europa, pero es cierto que allí se han dado muchos más pasos para hacer la vida más sostenible. El americano medio produce el doble de basura que el europeo, consume más gasolina, tiene una huella ecológica bastante mayor En Europa hay mucho más debate público sobre el papel del Gobierno y de las instituciones en el desarrollo sostenible. Pero el consumismo y el materialismo están también haciendo estragos Hay otra diferencia esencial. En Estados Unidos, cuando hablamos de seguridad, lo hacemos casi exclusivamente en términos militares. En Europa saben que la seguridad es un concepto más amplio, que el Estado tiene la responsabilidad de cuidar de la gente, de garantizar una cobertura social. La batalla que está habiendo aquí por defender la Seguridad Social frente a los planes de privatización de Bush va a ser también decisiva.

P.- ¿Y qué papel desempeñará el petróleo?

R.- Cuando algo toca tan directamente al bolsillo como el precio de la gasolina, la gente empieza a reaccionar. Por primera vez este año, las ventas de todoterreno han empezado a caer y la demanda de híbridos y coches eléctricos es tal que hay listas de espera durante meses y años Los precios afectan muy directamente al comportamiento, más aún que los valores personales. El precio de la gasolina va a ser un factor decisivo: la gente va a tener que dar pasos involuntarios para moverse menos y ahorrar combustible. Por algo se empieza...

P.- Permítame que ataque con la lógica macroeconómica: si todos consumimos menos, la economía dejará de crecer, habrá más paro y todos pagaremos al final la factura...

R.- ¡Ah, el crecimiento económico! Tenemos que replantearnos ese concepto, aunque ahora mismo es un tabú. Es cierto que el sistema requiere un crecimiento, pero lo que necesitamos es una nueva visión de la economía que tenga en cuenta otros factores, como la degradación del medio ambiente y el agotamiento de los recursos. Nuestra visión es que el consumo se puede reducir lentamente y que podemos recuperar conceptos como el ahorro y la posibilidad de compartir recursos. Estamos consumiendo más de lo que el planeta puede sostener.

P.- Dígame tres cosas que cualquiera puede hacer por el bien del planeta...

R.- Hay tres puntos muy básicos. El primero es reducir el consumo de energía: compartiendo el coche, usando la bicicleta o el transporte público, bajando el termostato en invierno. El segundo es ahorrar y aprovechar el agua, que está empezando a ser ya un bien escaso. El tercero, la comida: comer una porción menos de carne a la semana y comprar productos biológicos y locales.

P.- ¿Y qué me dice de la muerte del movimiento ecologista en Estados Unidos, algo de lo que se habla mucho estos días?

R.- Yo no creo que el movimiento ecologista esté muerto. Creo que el camino es la convergencia con otros movimientos que avanzan en la misma dirección. A pesar de lo que piensan, hay muchos americanos que no cambian su estilo de vida porque están siendo bombardeados a todas las horas por mensajes que les dicen que consumir les hará felices. La gente en este país está endeudada hasta el cuello. Hay una presión brutal por acumular más y más, y mucha gente lo vive como una lucha interna... Y ahora las buenas noticias: este mensaje está calando no sólo entre los progresistas, hay muchos conservadores que están hartos del «excesivo materialismo» de nuestra sociedad.

P.- Usted ha escrito un libro: Lo que los niños quieren que el dinero no puede comprar. ¿Cuáles son sus conclusiones?

R.- Hicimos una encuesta entre niños de cinco a 17 años y descubrimos respuestas muy interesantes. Los chavales de hoy en día quieren más tiempo: sienten que su vida está demasiado programada y les gustaría pasar más rato con su familia, con sus amigos, al aire libre y en la naturaleza. También les gustaría sentirse más útiles, tener un propósito en su vida. Los niños son realistas: ellos nos hacen ver las carencias de esta sociedad. Les estamos bombardeando a todas las horas con mensajes, las escuelas están llenas de reclamos, les atiborramos de comida basura. Los padres se sienten muchas veces indefensos ante todo esto, pero están reaccionando, no sólo aquí, también en Canadá, en Inglaterra o en los países nórdicos, donde está estrictamente prohibida la publicidad dirigida a los menores en TV.

P.- En los movimientos alternativos de Estados Unidos, parece que la voz cantante la llevan las mujeres...

R.- Bueno, las mujeres han tenido siempre un papel muy activo en el movimiento de las libertades civiles. Ahí tuvimos a Rosa Parks y ahora a Cindy Sheehan... Casi siempre es una mujer la que se levanta.

P.- ¿Para cuándo la primera presidenta de Estados Unidos?

R.- Espero verlo en vida. Será un gran día para el mundo. Hay grandes posibilidades de que sea dentro de cuatro años. Ya sabes: se está hablando mucho de Hillary Clinton y Condoleezza Rice. Obviamente, yo preferiría una mujer más en la tradición de Eleanor Roosevelt que en la de Margaret Thatcher... Pero Hillary Clinton tiene muchos enemigos. Además, tengo la impresión de que en el fondo estaba en contra de la Guerra de Irak, pero que no lo dijo pensando quizás en su futuro político. No lo sé: yo aún recuerdo el día en que proclamaron a Geraldine Ferraro como candidata a vicepresidenta. Estaba con mi hija y bailamos de alegría.

LA CUESTION

- La gente ha perdido la fe en la democracia. ¿Qué le diría a alguien que quiere cambiar las cosas pero que desconfía de la política?

- Va a sonar a eslogan político, pero yo le diría a esa persona: «Tú importas». Lo que hagamos cada uno afecta no sólo a nuestra comunidad, sino a la manera en que funciona el mundo. Todos podemos aportar nuestro grano de arena e implicarnos en pequeños grandes cambios: desde compartir o renunciar al coche hasta comprar en una cooperativa... Es cierto que en este país, y en todas las democracias occidentales, la gente ha perdido la fe en las instituciones, pero a nivel local los ciudadanos se están implicando en soluciones muy concretas. La gente recupera la esperanza sintiéndose útil, dándose cuenta de que todos, uno a uno, somos parte de la solución.En EEUU son incontables las iniciativas que están surgiendo de comunidad en comunidad, aunque eso no tenga trascendencia en los medios y la imagen de América sea al final la que todos sabemos...

SU PROPIO MUNDO

«Una semana de cuatro días nos hace más productivos»

Inmersa como está en la vorágine americana, ¿hasta qué punto es usted capaz de predicar con el ejemplo?

- Mi vida no es perfecta, pero intento que mis días se aproximen lo más posible a mis ideales... Soy vegetariana, voy caminando al trabajo, compro productos locales y biológicos en una cooperativa, busco el equilibrio entre mi vida familiar y mis ocupaciones, trabajo cuatro días a la semana...

Háblenos de esa semana laboral utópica de cuatro días...

- La hemos implantado entre los 23 trabajadores del centro. Trabajamos 32 horas a la semana, de lunes a jueves... Por experiencia propia, te puedo asegurar que ha sido para todos un cambio asombroso.Acometemos la semana con más energía y más entusiasmo, a la larga somos más productivos. Y todos contamos con el viernes para dedicárselo a la familia, a nosotros mismos, al voluntariado o a esas aficiones artísticas tanto tiempo abandonadas; en mi caso, el piano...

¿Por qué este país, pionero a la hora de implantar las 40 horas semanales, es ahora donde más tiempo se trabaja?

- Es cierto, trabajamos ya más que los japoneses y tenemos la mitad de vacaciones que los europeos, e incluso menos... Parte de la culpa es este materialismo rampante: hay que trabajar muy duro para mantener estas casas enormes, con tres coches, una televisión en cada habitación, teléfonos móviles para todos... La otra razón es la falta de un colchón social: la gente tiene que trabajar horas extra para poder pagarse un seguro médico...La gente está enfermando por todo esto, el estrés está causando grandes estragos. La producción y la eficiencia nos están pasando una factura muy cara.

¿Cómo combate usted el estrés?

- Siempre me gustó el deporte. De joven jugué mucho al hockey, ahora practico el yoga y me encanta mirar las estrellas. Lo hacía de niña cuando me crié en Maryland, en el campo, y lo seguí he seguido haciendo con mis hijos, que ahora tienen 17 y 15 años...Yo he intentado siempre que ese disfrute de la vida, esa sensación de juego que te dan tus aficiones, empape también mi trabajo.

¿Qué lejos está usted de su propio sueño?

- Me siento una privilegiada. Tengo un trabajo que da sentido a mi vida, me siento parte de una comunidad estupenda, tengo una familia que me apoya... Pero es difícil sentirse satisfecha con todo el sufrimiento que ves en el mundo, y eso a veces te puede deprimir.

¿Es usted religiosa?

- Sí, me hice cuáquera hace unos 15 años. Es más que una religión, es una visión del mundo cimentada en la paz y en la justicia social.

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