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Islam, Modernidad y Justicia para las Mujeres

30/09/2005 - Autor: Lily Zakiyah Munir - Fuente: Traducido al español por Patricia Matilla Ramos
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Lily Zakiyah Munir
Lily Zakiyah Munir

Lily Zakiyah Munir (Indonesia) es directora del Centre for Pesantren and Democracy Studies, y ha estado vinculada durante años al Muslimat Nahdlatul Ulama (MNU), la rama femenina del partido islamista de Indonesia, que cuenta con más de cuarenta millones de afiliados. En este escrito, habla de las carencias de los retos de la modernización y del surgimiento de un feminismo islámico en Indonesia. Lily Zakiyah Munir será una de las participantes del primer Congreso Internacional de Feminismo Islámico, que se celebrará en Barcelona los próximos 27-29 de octubre.

Entendiendo el Islam

Para entender la relación entre el Islam y la modernidad es importante empezar entendiendo el Islam como religión. Desde una perspectiva general, el Islam es una religión que trae la liberación y la salvación. El Islam vino al mundo para traer una moralidad nueva, debido a su carácter metafísico y humanitario. No sólo nos trae enseñanzas de una dimensión vertical, sino también aspectos horizontales para la humanidad. Es una enseñanza que deriva de Dios y está orientada hacia la humanidad (Imarah 1998).

De ahí que el Islam sienta un gran respeto por la dimensión humana. La transformación de los nómadas árabes preislámicos en comunidades civilizadas con unos valores y una moral puede ser vista como el ejemplo claro de la presencia del Islam como fuente de moral. Gracias al Islam estas comunidades, acostumbradas a vivir en desiertos y susceptibles de guerras y conflictos entre tribus, alcanzaron el éxito siendo sensibles a los valores elevados y a la moralidad. Las guerras y conflictos entre las tribus tenían lugar por su falta de valores y moralidad, que terminaron después de que el Islam extendiera sus enseñanzas. El Corán, libro sagrado y de referencia para los musulmanes, escrito en un lenguaje cargado de metáforas, tuvo el poder de influir en las emociones de los nómadas y en su conciencia sobre la visión humanitaria de la sociedad.

Desde el punto de vista lingüístico, el Islam deriva de la raíz de unas palabras que tienen implícito el significado de paz, salvación, bienestar (maslahah) y justicia. Islam es la metamorfosis de la raíz de una palabra de tres sílabas, tsulatsi, es decir, salima-yaslamu-salaaman, que significa seguro y pacífico, y la raíz de cuatro letras (ruba’i) concretamente aslama-yuslimu-islaman que significa salvar y traer paz.

Desde el punto de vista lingüístico, el Islam se fundamenta en la paz, la justicia y el bienestar. Estos valores deben ser interiorizados en un primer momento por todos y cada uno de los musulmanes. Para todo musulmán el sentirse seguro y a salvo es un sentimiento primordial para poder transferir este sentimiento a los demás, haciendo que se sensibilicen respecto a las necesidades e intereses de la sociedad. Generalmente, este sentimiento va creciendo junto con las prácticas rituales, lo que hace que se fortalezca la devoción y la visión de que todos los seres humanos son iguales. El Islam enseña que no hay una estructura jerárquica entre los musulmanes, todos son iguales ante Dios. La combinación de prácticas rituales y espirituales dará lugar a musulmanes con una personalidad equilibrada interior y exteriormente, vertical y horizontalmente.

Islam, modernidad y modernización

¿Es el Islam compatible con la modernidad? ¿Cómo responden los musulmanes a los rápidos e impredecibles cambios que ha sufrido el mundo en el último siglo? ¿Cómo resolvemos el problema de mantener el legado del pasado en nuestra tradición religiosa y al mismo tiempo integrar los cambios en la sociedad y en nuestras vidas? ¿Cómo introducir el cambio de una forma paulatina sin que altere la sociedad o trastoque los valores? Estas son algunas de las cuestiones que pueden provocar discusiones en la relación entre el Islam y la modernidad. Encontramos varias respuestas a este problema dependiendo de nuestro punto de vista, un economista, por ejemplo, tendrá una respuesta diferente a la de un sociólogo, y la respuesta de un laico quizá sea diferente a la de un fundamentalista.

Modernidad y modernización son palabras en continua disputa en el discurso islámico contemporáneo. La modernización entendida como la introducción en la sociedad de instrumentos de la vida contemporánea tales como comunicaciones, tecnología o electrodomésticos está presente en todas las sociedades incluida la musulmana. Pero la modernidad como forma de pensamiento y de vida, como forma de aceptar el cambio en el mundo contemporáneo, como parte de los procesos políticos y culturales que integran ideas nuevas en la sociedad puede que no esté siempre presente. Alguien puede hacer uso de las modernas tecnologías y los modernos sistemas de comunicación pero, al mismo tiempo, mantener una actitud cerrada orientada al pasado y resistirse a las nuevas ideas de modernidad como la democracia y el pluralismo. También puede darse lo opuesto, es decir, uno puede no disfrutar de las comodidades modernas y vivir de forma tradicional pero adoptar las actitudes de la modernidad. La actitud de esta gente es la de preguntarse cómo se toman las decisiones, ya sean éstas decisiones morales, personales, económicas o políticas. Este problema de elección racional es propio de la gente moderna. Las opciones, las preguntas y las dudas implican racionalidad, debate, discusión y disconformidad y son parte de una actitud moderna.

Las respuestas de los musulmanes a la modernidad

¿Cómo reaccionan los musulmanes ante la modernidad? Hay muchos tipos de reacciones, pero por motivos de simplicidad las agruparemos en dos: los reformistas/modernistas y los fundamentalistas. Los modernistas son devotos, musulmanes eruditos cuya misión es triple: Primero, definir el Islam sacando lo esencial de una manera racional y liberal; segundo, enfatizar, entre otros, los ideales básicos de la fraternidad islámica, la tolerancia y la justicia social; y tercero, interpretar las enseñanzas del Islam de tal manera que aflore su dinamismo en el contexto del progreso intelectual y científico del mundo moderno. Los modernistas intentan reconciliar las diferencias entre la doctrina de la religión tradicional y el racionalismo científico laico, entre la fe incuestionable y la lógica razonada y entre la continuidad de la tradición islámica y la modernidad.

Reformistas/modernistas

Muchos consideran a Jamal al-Din al-Afghani (1838-1897) como el padre del modernismo islámico. Él creía principalmente en la trascendencia de Dios y en la razón. Los juicios independientes y las interpretaciones, el llamado ijtihad, son una necesidad y el deber de un hombre es aplicar de nuevo los principios del Corán a los problemas actuales. Él fue extremadamente crítico con los ulama tradicionales (eruditos religiosos) quienes se oponían a cualquier pensamiento nuevo y creativo, y estaba convencido de que esta mentalidad medieval fue la principal responsable del declive del poder musulmán y su influencia en el mundo.

El Islam debe ser activo y enérgico. Al-Afghani apoyó este principio citando el Corán: "Dios no cambia la condición de una gente mientras estos no se cambien a sí mismos". Sostuvo que los europeos habían integrado el cambio y que los musulmanes deben hacerlo a su manera, es decir, llegando a ser mejores musulmanes. Pensaba que los europeos se habían modernizado porque ya no eran verdaderos cristianos, y los musulmanes, por el contrario, eran débiles porque no eran verdaderos musulmanes.

Cuestionó la división del conocimiento en dos categorías: el conocimiento musulmán y el conocimiento europeo. Argumentó que la noble causa del conocimiento no tiene conexión con ningún grupo en particular. El Islam es la religión más cercana al conocimiento y al aprendizaje y no existe contradicción entre el conocimiento moderno y los principios básicos del Islam. Al-Afghani recomendó encarecidamente la adquisición del conocimiento occidental, de la tecnología y los servicios siempre y cuando este préstamo de occidente fuera selectivo y sirviera a las necesidades básicas y a las aspiraciones del pueblo musulmán. Para llevar acabo esta tarea, que él creía elevaría el nivel de vida de todos los musulmanes, al-Afghani luchó para iniciar una reforma islámica similar a la reforma cristiana promovida por Lutero.

Las semillas para un ijtihad (razonamiento lógico) plantadas por al-Afghani fueron continuadas por su mejor alumno y más ferviente seguidor, el egipcio Muhammad Abduh (1849-1905), quien insistió en que los musulmanes podían mejorar sus vidas y su sociedad simplemente estudiando cuidadosamente el Corán en la luz de la razón y la racionalidad. Él enseñó que el Corán da a todos los musulmanes el derecho de discrepar incluso del ulama, si éste fuera irracional. Abduh constantemente animó a los musulmanes a acercarse a los problemas con el verdadero espíritu del Islam: a través del análisis, la razón y la lógica. Debido a este énfasis en la razón y la racionalidad él consideraba el Islam y la ciencia constructiva nacidos de la razón que "Dios nos dio para guiarnos por el buen camino".

Los reformistas de la práctica y el pensamiento islámico como al-Afghani, Abduh o los más contemporáneos como Mahmud Muhammad Taha de Sudán, Muhammad Abed Al-Jabri, Ali Shariati de Irán o Abdurrahman Wahid de Indonesia, son eruditos no sólo del Islam sino de las modernas ideas de occidente no islámicas. Ellos creen en la convergencia de lo islámico y la ética universal y están ansiosos de introducirla en sus propias sociedades. Por lo tanto, al contrario que los fundamentalistas, los modernistas no tienen miedo ni les disgustan las ideas y las prácticas de occidente. Al contrario, ellos le dan la bienvenida a las ideas y prácticas no islámicas que consideran beneficiosas para el progreso y la prosperidad de las sociedades musulmanas. Sintetizan las ideas islámicas y occidentales para producir una reinterpretación razonable y relevante del pensamiento islámico con perspectivas progresistas cosmopolitas, liberales y realistas. Los modernistas creen que esta tolerancia por la diversidad y la buena voluntad para ajustarse rápidamente a un entorno en continuo cambio, contribuye a la emancipación del individuo musulmán y al progreso de las sociedades musulmanas.

Fundamentalismo

La primera referencia al fundamentalismo la encontramos en los Estados Unidos a principios de los años 20, refiriéndose a las luchas lideradas por protestantes evangelistas contra los espíritus progresistas y liberales de la época. Ahora se observa que el fundamentalismo parece existir en todas las religiones. El término ha sido utilizado recientemente de mala gana y en tono de disculpa para describir nuevos movimientos islámicos radicales o para ofrecer términos que lo sustituyan como "evangelista", "nacionalistas religiosos", "radicales islámicos", "Islam político", "islamistas" o "extremistas".

En toda esta controversia, está claro que el fundamentalismo puede llevar a una persona a la superficialidad y a la reducción de su comprensión del hecho religioso. El fundamentalismo no logra reflejar una dimensión espiritual más profunda de la religión porque tiende a referirse a los textos religiosos de forma rígida y literalista. El pensamiento fundamentalista no es más relevante en el mundo actual de cambios continuos porque los problemas humanos son muy complejos y diversos. Los textos religiosos necesitan ser reinterpretados poniendo por delante los objetivos de la religión (i maqasid al-syari’ah).

Dos son las tareas principales en la comprensión del fundamentalismo: determinar por qué ha surgido en el sentido histórico-cultural – que es la causa común con la que el fundamentalismo es asociado-; y explicar las particularidades de su aparición - por qué aquí y no allí, por qué ahora y no después, por qué entre estos grupos y no aquellos, etc. (Almond 2003)-. Almond divide los movimientos fundamentalistas en cuatro grupos: 1- Grupo conquistador del mundo, 2- Grupo transformador del mundo, 3- Grupo creador del mundo y 4- Grupo que renuncia al mundo. Abriendo el primer grupo estaría Al-Qaeda. Otros incluyen, entre otros, el Chiísmo Revolucionario en Irán, los movimientos radicales suníes en Egipto (Los Hermanos Musulmanes), los protestantes del Ulster, los Militantes Sij (Sikh Militants) y los Budistas Extremistas de Sri Lanka. Por otro lado, el grupo "transformador del mundo" comprende, entre otros, los Protestantes fundamentalistas de Estados Unidos y la Iglesia de Pentecostés de Guatemala.

Ideológicamente, muchas son las características que marcan el fundamentalismo. Primero, reacciona contra la marginación de la religión. Los movimientos fundamentalistas se basan en la reacción hacia y la defensa contra los procesos y las consecuencias del laicismo y la modernización que han penetrado la gran comunidad religiosa. Protestantes, católicos, musulmanes, judíos, hindúes, sijs y budistas están perdiendo sus miembros que se convierten al mundo laico o a la relatividad – la suposición de que cualquier religión está atada a la cultura y puede ser verdadera o falsa-. Segundo, los fundamentalistas demuestran un maniqueísmo moral, una visión del mundo dualista que lo divide todo en dos: la luz (el mundo del espíritu y del bien) y la oscuridad (el mal). Tercero, son selectivos. Por ejemplo, aceptan gran parte de la ciencia moderna y de la tecnología, como la radio, la televisión, la informática, etc., pero rechazan los conceptos que nacen de la modernidad como la democracia. Cuarto, los fundamentalistas son absolutistas y no cometen errores. Creen firmemente en la infalibilidad de ciertas interpretaciones religiosas y se oponen a lo métodos de interpretación de textos sagrados desarrollados por filósofos secularizados o críticos.

La modernidad es vista a menudo por los fundamentalistas como una amenaza exterior. El fracaso en la modernización del estado laico es evidente y lo podemos observar en la decadencia política, la deriva de la política hacia el autoritarismo, la corrupción y el malestar generado por el proyecto de estados laicos poscoloniales.

El aumento de la presencia de lo religioso en la política de países de todo el mundo es una lucha por la liberación cultural en busca de la auténtica identidad, la representación política y un desarrollo más equitativo de los países del tercer mundo.

El desequilibrado ritmo en los procesos de modernización y desarrollo ha llevado a muchos países musulmanes a crisis de desarrollo. El cambio acelerado a través de procesos de innovación tecnológica, económica, política, social y cultural no ha significado una mejora de las condiciones de la población. No es la modernización sino el desarrollo lo que indica el relativo bienestar de la población de una nación.

En la mayoría de los países musulmanes no se ha producido un desarrollo adecuado, pues no se ha propiciado un crecimiento equitativo. Modernización y desarrollo se han convertido en términos paradójicos. La modernización se ha desarrollado de una manera rápida mientras que el desarrollo adecuado no. En occidente, la modernización acompañó el crecimiento de una clase media. Debido a su relativo éxito en occidente, la modernización se ha identificado con occidentalización o secularización.

El intento de la construcción de la nación, de la modernización y la secularización el mundo musulmán ha dado lugar a numerosas crisis, afligiendo a los frágiles estados de las naciones de los países en vías de desarrollo. De las cinco crisis de desarrollo – identidad, legitimidad, penetración, distribución, participación - la crisis de identidad es a menudo la que precipita el resto, el caos político y la catástrofe nacional. La rápida modernización ha roto la familiaridad de la sociedad tradicional, ha desarraigando a pueblos de sus comunidades de origen y las ha trasladado a nuevos entornos sociales donde a menudo se convierten en víctimas del desarrollo. Estas condiciones son una tierra fértil para la semilla del fundamentalismo.

Necesidad de centrarse en las mujeres

A lo largo de las tres últimas décadas, el mundo ha sido testigo de un nuevo proceso islamizador o reislamizador, la aplicación de principios y valores islámicos a la vida personal y pública. Junto a una mayor práctica religiosa entre muchos individuos de una misma religión, el ayuno, el código de vestir, etc., aparece también la creación de nuevas instituciones como la banca islámica, compañías de seguros y entidades financieras. Aunque muchos hablan del fracaso del Islam político es cierto que existe una realidad mucho más extendida e importante. El Islam se está convirtiendo en una fuerza cada vez más visible y dinámica en la vida y las sociedades musulmanas.

Esta creciente islamización ha tenido un gran impacto en los estados, las sociedades y las comunidades, pero ha sido a las mujeres a las que parece haber afectado más. Más que ninguna otra cosa, los asuntos relacionados con el género (con los dos sexos) presentan uno de los desafíos más difíciles y complicados para la ley islámica contemporánea, El sistema legal islámico regula los asuntos relacionados con las mujeres; la ley familiar (al-akhwal al-syakhsyiyyah) ha permanecido estática e inmutable desde su nacimiento hace mil años. El tiempo y el espacio han cambiado y los musulmanes hoy en día viven en un contexto sociocultural y político completamente diferente, pero la Shari’a (Código Musulmán que regula aspectos relacionados con la vida cotidiana) permanece inmutable en lo relativo a la cuestión de género. Esta misma ley ha sido usada como referencia en temas como la relación entre los sexos, la poligamia, el divorcio, la herencia, el liderazgo de la mujer, etc., que, sin que pueda sorprender, reafirma la actual actitud patriarcal de muchos hombres musulmanes. Bajo pretexto de ley islámica inspiradora surgió la guerra contra las mujeres demostrando el mal uso y el abuso que se hace de la autoridad de Dios para imponer un patriarcado agobiante en la sociedad musulmana. Es imprescindible que los juristas musulmanes desarrollen formas nuevas de enfocar estos temas.

Donde más significativamente se ha visto el resurgimiento del islamismo fundamentalista en las últimas décadas ha sido en la insistencia en revivir doctrinas islámicas en el estatus de las mujeres. Los fundamentalistas parecen compartir un sentimiento de amenaza que viene de los cambios en la relación entre los sexos, desencadenados por la expansión del capitalismo y de los conceptos modernos del feminismo. Ellos creen en aquellas doctrinas que ponen restricciones a las mujeres. En la base de la Shari’a y de Kodrat (la naturaleza) las mujeres deben ser controladas, subyugadas y relegadas a la esfera doméstica de la sociedad. Hasan al-Bana, fundador de los Hermanos Musulmanes en Egipto expresa su miedo a la liberación de la mujer y a la igualdad diciendo que el lugar de las mujeres es la casa y que su papel fundamental es el de madre, esposa y ama de casa. La mezcla social entre hombres y mujeres está prohibida. Otro fundamentalista musulmán Abul A’la al-Mawdudi, fundador de la Asociación Islámica Jamiat-I Islami de Pakistán, dice que uno de los derechos humanos básicos es el respeto a la castidad de las mujeres. Para preservar esta castidad, las mujeres deben permanecer en casa y observar el Purdah (costumbre de cubrirse la cara y el cuerpo quedando sólo al descubierto los ojos).

En todo el mundo se han dado casos de discriminación y violencia contra las mujeres. En países musulmanes como Arabia Saudí, Afganistán, Sudán, Irán y otros países del Golfo Pérsico encontramos ejemplos que demuestran que las mujeres son sistemáticamente marginadas, forzadas a cubrirse con un velo, a no salir sin un guardián o a no trabajar en sitios públicos. Las mujeres han sido creadas para ser recluidas en casa de los maridos.

En busca del feminismo islámico

El feminismo es un término que crea polémica incluso en su lugar de nacimiento, occidente. La literatura histórica está llena de diferentes tipos de feministas que encontrarían dificultades para encontrar un fundamento común. Lo mismo ocurre con el concepto de feminismo islámico. Los expertos y activistas están divididos en cuanto a la aceptación de este término, algunos lo consideran problemático ya que encuentran imposible una reconciliación entre el Islam y el feminismo. Creen que la estructura de poder en las sociedades musulmanas está tan dominada por los hombres que la epistemología del Islam es contraria a los derechos de las mujeres. Algunos activistas, que verdaderamente trabajan para promover los derechos de las mujeres en el Islam, rechazan ser llamadas feministas islámicas por su reticencia a ser identificadas con las feministas de occidente.

El aumento de la presión sobre las mujeres que ha seguido al movimiento islámico ha inducido el nacimiento del feminismo islámico. Al contrario que las feministas laicas, las feministas musulmanas mantienen la fe en la religión y en la enseñanza de la religión, mientras intentan promover la ética igualitaria del Islam citando los versículos pro-femeninos del Corán en su lucha por los derechos de las mujeres, especialmente por el acceso de la mujer a la educación. En Irán, el fracaso de la República Islámica por no cumplir su promesa de honrar y respetar a las mujeres ha llevado a la aparición de un desafío islámico, lo que la feminista musulmana iraní Ziba Mir-Hosseini llama "una conciencia feminista indígena y local".

En Indonesia el nacimiento del feminismo islámico ha sido provocado por el creciente conservadurismo de las últimas décadas, que junto con el aumento del islamismo ha amenazado la relativa buena posición y estatus social de las mujeres. Este movimiento no adopta el feminismo de occidente ni tampoco sigue el modelo de Oriente Medio en las relaciones entre los sexos. Rechaza tanto el laicismo como el islamismo y está basado en los valores y tradiciones del Islam dominantes en Indonesia.

La meta última de este movimiento es la búsqueda de la justicia para las mujeres, una justicia prometida por el Islam para toda la humanidad.

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