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Ser musulmán ante la modernidad

26/09/2005 - Autor: Abdelkáder Muhámmad Ali - Fuente: Melilla Hoy
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Seyyed Hossein Nasr
Seyyed Hossein Nasr

El Islam es, -dice Seyyed Hossein Nasr, uno de los intelectuales del mundo musulmán de hoy día con una lucidez preclara- al mismo tiempo que una creencia, "una civilización y un orden social basados en los principios revelados...". Continúa Hossein Nasr: "El Islam no puede reducirse a un fenómeno histórico, porque sus principios inmutables y sus formas sagradas son de naturaleza no temporal...".

Sin embargo, los tiempos modernos, o mejor dicho la ideología de la modernidad, va imponiendo sus pautas inexorablemente. Lamentablemente, también muchos musulmanes, ocasionalmente adalides de la modernidad, van perdiendo la perspectiva universal de la tradición, del din. Se va disipando la unidad de la tradición islámica y sus principios unificadores entrelazados a lo largo de los siglos. Dicho de modo abrupta y simple: se va perdiendo la coherencia, la coherencia de ser musulmán.

Las contradicciones son tan evidentes como continuadas, en determinados casos rozan la hipocresía, o peor aún: an-nifaq, una variante de la hipocresía, muy rechazada y denostada en el Islam. En definitiva, como denuncia Hossein Nasr en una de sus obras (una joya) "Vida y pensamiento en el Islam" (Ed. Herder): los musulmanes de hoy día y sobre todo los jóvenes, son producto de los modernos sistemas de educación. Sistema que va creando "docta ignorancia que hoy pasa por sabiduría". Aparte, evidentemente, de la tremenda y determinante influencia que ejerce la sociedad y su sistema de valores anclados en el individualismo y egoísmo más atroz.

No es casualidad que en el árabe, lengua consustancial al Islam, la palabra "secularismo" no exista. Sencillamente porque en la perspectiva unitaria del Islam, todos los ámbitos de la vida, todas las manifestaciones del universo, están unificadas desde un centro común. Nada esta fuera del poder de Allah/Dios. Para el Islam, la diferencia entre lo profano y lo sagrado no existe, simplemente porque todo es sagrado: "porque todas las cosas llevan en sí la fragancia de lo Divino", nos recuerda nuestro admirado profesor Hossein Nasr. Por el contrario, lo que en Occidente ha dado en llamarse "secularismo" implica todo aquello cuyo origen supuestamente es humano, en consecuencia no divino. El secularismo es la nueva religión, porque para la modernidad "Dios no parece estar en ninguna parte".

Leopold Weiss, intelectual austriaco de origen judío, fallecido en 1992, que en su juventud optó por el Islam adoptando el nombre Muhammad Asad y quien hizo una traducción magistral del Corán con extensos comentarios, afirma en uno de sus últimos libros "La imitación que los musulmanes hacen -individual y socialmente- de la forma de vida occidental es sin duda el mayor peligro para la existencia de la civilización islámica". Afirma también Muhammad Asad "la tendencia a imitar a otra civilización es siempre producto de un sentimiento de inferioridad". Los expertos casi todos coinciden que esto suele ser una enfermedad, una "enfermedad cultural". Enfermedad, que según parece, lamentablemente, padecen también muchos musulmanes de Melilla. Se aduce la necesidad de "vivir a la altura de los tiempos" amoldándose al "progreso", cuando en verdad, como dice Hossein Nasr, la interrogante sería ¿a la altura de qué deben de estar los tiempos? Unos tiempos en los que, contrariamente a lo que decía Isa/Jesús, (la paz sea con el) la persona ya "vive sólo de pan". Juzgar el Islam en conformidad a los tiempos y según su grado de conformidad con este mundo, simplemente, como dice Hossein Nasr "esta actitud es totalmente anti-islámica y supone trastocar la jerarquía de los valores".

Algunos de estos musulmanes "modernos" y claramente integrados en la ideología de la modernidad, aseveran que lo importante no es vivir de esta o aquella manera, ni vestir de un modo u otro..., dicen que lo importante es lo que uno siente interiormente.

Sin duda el Islam no es estrecho de miras y facilita una amplia gama de matizaciones y posibilidades para no colisionar con la propia esencia islámica. Pero en el Islam las formas son elementales: el Islam no sólo es un sentimiento interior, trasciende en todos nuestros comportamientos externos. Cuando la mujer musulmana adopta el hiyab, como dice Bichara Khader, está visualizando su condición de musulmana. Es una actitud interior y exterior. Solo alguien muy superficial puede creer que es posible imitar a una civilización en su apariencia externa sin verse al mismo tiempo afectado por su espíritu. Dice Muhammad Asad "Tan pronto como empecemos a adoptar las formas externas de ese organismo, sus corrientes internas y sus influencias dinámicas empezarán a actuar sobre nosotros y moldearán lentamente, de forma imperceptible, todas nuestras actitudes mentales." Esto es el asimilacionismo, o dicho de otro modo, la integración, o quizás más exactamente la desintegración.

 

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