webislam

Lunes 24 Febrero 2020 | Al-Iznain 29 Jumada al-Zani 1441
1199 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=1588

Islam auténtico: la ilusión destructiva

El Islam es una fuente de espiritualidad y de inspiración

27/08/2005 - Autor: Muhammed Mestiri - Fuente: www.saphirnet.info - Traducción Ndeye Andújar
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Muhammed Mestiri.
Muhammed Mestiri.

La obsesión de la representatividad del Islam y del monopolio del derecho divino en nombre de la aplicación de la sharia o de la Da’wa causa mucho daño al musulmán; ya que no debemos olvidar que el Islam es una fuente de espiritualidad y de inspiración para cualquier Hombre que se precie. El estatuto de un creyente musulmán con respecto al mensaje del Islam es el de testigo responsable de su islamidad, plena e individualmente. En el mercado globalizador de las religiones, el Islam aparece siempre en plural pero también aparece siempre de rebajas.

Se trata en este caso "de islames" figurantes, que sólo representan estereotipos que pertenecen a ese mundo de desfavorecidos: Islam demócrata, moderado, rigorista o auténtico, pero también nuevo, o aún de las luces y del renacimiento... Todo menos el Islam a secas, como cualquier religión portadora del anonimato de dogmas en nombre de su misterio sagrado, dejando así lugar a la imaginación y a la inspiración. Ese plural no es en absoluto sinónimo de libertad de ser uno mismo incluso en la dignidad religiosa, ya que una religión es ante todo una dignidad en la creencia y una humildad del espíritu. En el mercado "de los islames", el Hombre se escondía de la predestinación de los códigos modernos con respecto a la tiranía. Una única orden: "No reflexiones y consume tu Islam".

Pretextos y construcción de la imagen

Defender el Islam contra todo ataque y diabolización exterior se convierte en el pretexto para cualquier rigidez de los preceptos y principios del Islam. La búsqueda de la autenticidad y la reproducción del modelo único y mágico de esa autenticidad se convierte en la plataforma de toda reforma y en la revivificación de cualquier tipo. Así nos encontramos ante una inflación de lo auténtico en la que el espíritu creativo, el del Iÿtihad o de la responsabilidad intelectual del creyente, parece que se abandone en beneficio de la pereza intelectual, de la nostalgia y del mito de la edad dorada islámica.

También la obsesión de lo auténtico sustituye la dimensión real e histórica, la que incluso justifica el procedimiento intelectual. Así en esa óptica obsesiva, los límites del esfuerzo en vistas a un "realismo" en la lectura de los Textos fundadores se reduce a la contextualización del presente con respecto al contexto pasado de esos Textos. La autenticidad cae entonces en una visión de lo real que se refiere al pasado. Lo real presente se convierte entonces en un dato dependiente de lo "real pasado" el que se relaciona con los Textos auténticos y que se va a calificar como auténtico.

El recurso al pasado como pretexto de la vuelta a lo auténtico está en el centro del discurso de identidad activista, el discurso político e ideológico, y se presenta constantemente como la personificación del Islam actual. Es una referencia al pasado completamente pragmática que, aunque esté paralizada en las representaciones míticas del pasado, utiliza lo auténtico para ejercer una apropriación e identificación temporal, como si existiera una transmisión directa entre la fuente de lo auténtico y el sí íntimo. Desde ese momento lo auténtico se vuelve muy visible en las batallas intraislámicas por la credibilidad religiosa, como medio de instrumentalización y no como método de pensamiento. Imaginar lo auténtico se trata en efecto de la dimensión ausente en las guerrillas de lo bienpensante auténtico, que se sitúa como alternativa única mediante una intolerancia manifiesta.

El activismo político en nombre de Dios y de la auténtica tradición musulmana, reduce a la nada cualquier visión pragmática de la política. Cuando se interpela al espíritu "de lo auténtico" sobre cuestiones pragmáticas como el laicismo o la democracia, éste cuestiona sin la más mínima reflexión crítica "la autenticidad" del Texto sagrado y de su contexto histórico. Es un atajo y una escapatoria que tiene como objetivo construirse una identidad refugio en "el mito de lo auténtico", de sus exégesis y de sus jurisprudencias.

Todo esto puede contribuir a explicar en parte la penosa pobreza de la literatura política llamada de "alternativa islámica". Así el Islam en el léxico de los pretendidos auténticos se asocia a menudo artificialmente y de manera apremiante a la democracia, a los derechos humanos y en general a los llamados valores políticos modernos e universales. Asimismo se ha vuelto incompatible con esos mismos valores en las polémicas con sus adversarios históricos. En el mundo teológico-jurídico, el consumo tranquilo, excesivo y tranquilizador del patrimonio deja que aparezca una obesidad del espíritu. De ahí resulta una cierta parálisis de las potencialidades críticas y gestionadoras, capaz de asimilar a la vez en su beneficio la plétora patrimonial pero también la complejidad de nuestro mundo. Ha emergido poco Iÿtihad a partir de entonces, más bien sincretismo y bricolaje para Fatwas instantáneas. A menudo los Fuqaha (juristas musulmanes) se sobrevaloran por ser responsables del estado de ese Iÿtihad-al minuto que hace que el pensamiento de las profundidades se quede estancado. En realidad la avería de la productividad en el ámbito del Iÿtihad no concierne únicamente al aspecto jurídico sino que alcanza sobre todo a los ámbitos de la teorización, por ejemplo la filosofía religiosa y los fundamentos metodológicos del dogma y de la ley, llamada vulgarmente como Sharia.

Debido a la preocupación o más bien a la fobia del «Islam auténtico», el esfuerzo del Iÿtihad se orienta a partir de ahora hacia rehabilitaciones del patrimonio bajo la protección de la contextualización del Texto fundador. Sin embargo se lee poco el Texto teniendo en cuenta nuevos contextos. Más aún, se tiende incluso a abstraer los niveles y los ámbitos de conocimiento del humano moderno que permiten suponer una superioridad con respecto a los de los predecesores (Salafis), como si hubiera un temor difuso por contaminar nuestros Textos con nuestros contextos, o al menos los contextos históricos de esos Textos sagrados con los nuestros.

En consecuencia existe un Texto fundador, y su contexto, pero también existen los textos del patrimonio a través de la historia, y sus contextos hasta nuestros días. En ese sentido la búsqueda de la autenticidad a cualquier precio debería tener en cuenta todos esos niveles, pero no lo hace, formando y formulando la acumulación de la pasión por lo auténtico en todas sus dimensiones. Debido a la falta de reflexión compleja y fundamental, el pretexto de lo auténtico se instala en el corazón de la autocensura para transformarse enseguida en censura de la diversidad, siempre en nombre de la defensa del Islam y de su "autenticidad".

Desde ese momento, se instalan representaciones "teatrales" de la historia de la autenticidad en el discurso de nuestros "virtuosos" censores, para apropiarse del derecho a evaluar, juzgar, y de validar o, más grave, de excomulgar. "Ser islámicamente auténtico" integra necesariamente los modos de razonamiento, de cultura e incluso las maneras de la vida cotidiana desde el Profeta del Islam hasta el final del recorrido de los predecesores juzgados buenos (Salaf Salih). No es pues sorprendente que el debate de fondo sobre las cuestiones contemporáneas a la luz de los Textos fundadores del Islam esté desierto o se reduzca entre una élite musulmana minoritaria sin eco. Ya que los modos de reflexión y de vida catalogados en el patrimonio se convierten en instrucciones y códigos modelos para nuestra vida contemporánea, de ahí el deslizamiento en la definición del Iÿtihad, del esfuerzo de creatividad al esfuerzo de revivificación de lo antiguo "auténtico".

Patrimonialización de lo auténtico o autenticación del patrimonio

Así los estereotipos sobre la buena y "auténtica" sociedad musulmana y de sus modos de funcionamiento sustituyen cualquier esfuerzo intelectual por afrontar los nuevos desafíos de nuestras sociedades contemporáneas multiculturales o "mono-culturalmente islámicas". Por consiguiente, el Estado de la Jilafa en el sentido político (gobierno islámico federal sobre el conjunto de creyentes), los Awqaf (fundaciones caritativas), la Hisba (fundación para la salvaguardia pública de la ética), agruparse en las "ÿama’a" (grupo sectario o doctrinario), retomar el papel de la enseñanza o de la "shura" (consulta) en las mezquitas, la Da’wa (predicación), e incluso el Yihad armada (combate armado), reviven en el discurso llevado por la obsesión de la autenticidad. E incluso los accesorios de ropa y formales se revalorizan, como llevar una ÿil-laba, llevar barba, apoyarse sobre un bastón, sentarse en el suelo, desplazarse a pie,... etc.

Sin embargo, todas estas costumbres de la vida cotidiana pertenecen a otras épocas y hoy en día no son para nada significativas aparte de sus ámbitos de pensamiento y de sus filosofías. Una agrupación islámica bajo el nombre de Yama’a representaba en la historia del apogeo del Islam, una corriente de pensamiento renovador, mientras que hoy en día nos conformamos con agruparnos alrededor de líderes, de promesas políticas, de discursos que excitan a las masas y de fundamentos nostálgicos o puristas.

También la mezquita representaba en el pasado "de la edad dorada" el lugar público por excelencia para decidir sobre cuestiones sensibles o para informar y sobre todo para difundir un mensaje oficial o aún para formar en el ámbito de una estructura interna de enseñanza. Hoy en día todas esas funciones de antaño son confiadas a instituciones especializadas como los medios de información, las escuelas y las universidades para la enseñanza, y los parlamentos representativos de los ciudadanos para la consulta y las grandes decisiones que se deben tomar.

No existe ninguna obligación en cuanto a la forma que puede tener la Da’wa, ya sea el hecho de desplazarse colectivamente o individualmente, en un mercado de proximidad o en un mercado de ideas. El espíritu de la Da’wa no es el de la propaganda, sino más bien el de ser capaz de comunicarse y dialogar con otras personas, mucho más que la capacidad de convertir. Sin embargo hoy en día no hay nada más anárquico en la práctica rigorista y activista del Islam que el ámbito de la Da’wa que parece dejado o abandonado a iniciativas a menudo sin fondo, ni cultura, ni perspectiva alguna, en gran detrimento de muchos creyentes que lo necesitan.

También es el caso de la Hisba que antaño representaba la institución a favor de una moral pública en beneficio de la mayoría, pero no era para nada un tipo de censura o de sanción, o aún de restricción de las libertades públicas, ya que la sociedad musulmana no era monocultural. Amparaba costumbres y tradiciones morales muy divergentes y variadas. El eje de la acción de esa institución se situaba más bien en la plaza pública y sobre todo en el mercado como cruce de intercambios. El objetivo de esa institución era velar por el respeto de la justicia y de la equidad económica y social. Las prácticas de humillación o de discriminación dirigidas especialmente contra las mujeres y las personas de estatuto más débil en las calles de Kabul por ejemplo, u obligando a las mujeres y a los hombres a responder coaccionados y obligados a la llamada a la salat en algunos lugares del mundo musulmán como se ve hoy en día, son opuestas a la filosofía de esa institución que, al contrario, tenía como objetivo proteger a los más necesitados y garantizar las libertades públicas. Esas finalidades pueden encontrarse actualmente a través de las instituciones de derechos humanos.

En su origen, el papel de las fundaciones caritativas islámicas, Awqaf, consistía en aportar un espacio público capaz de ayudar a los más necesitados en lo relativo a la enseñanza, alojamiento, curas o necesidades básicas como la alimentación y la ropa. Hoy en día las fundaciones islámicas siguen llevando a cabo ese papel, pero son muy dependientes de sus imágenes debido a sus finalidades activistas y políticas que pueden servir para esto y aquello.

La mítica reivindicación sobre el Estado de la jilafa tampoco parece que se haya abandonado, pero su dimensión federal parece reducida en beneficio de la dimensión nacional aparte de la excepción de los ultrautópicos del partido de liberación "Hizb Attahrir". Sin embargo, actualmente se plantean dos problemas: el de la nacionalización de la jilafa que es por definición federal, y el del nuevo concepto del Estado, de las exigencias teóricas y de las consecuencias pragmáticas unidas a ese concepto en la era occidental.

En cuanto al aspecto externo de la vida cotidiana de los musulmanes, muy a menudo se limita a la ropa, a la restricción irreflexiva en lo alimenticio u otras santurronerías de ese tipo. Este nuevo decorado evidencia una atracción y un nivel de civismo histórico que pertenece a una época precisa pero caduca. El hecho de llevar barba por ejemplo, como muchos otros signos sobre la apariencia son de origen preislámico. Llevarla representaba para los árabes de antes del Islam una marca de la virilidad que todos los religiosos o no religiosos compartían, judíos, cristianos o politeístas. Las recomendaciones del Profeta del Islam se orientaban sobre la necesidad de la diferenciación y de la distinción y no en el sentido de la obligación ya que el hecho de llevar barba era de uso compartido.

Anonimato del creer e interés general

Así la exclusividad de la imagen del Islam se identifica con su autenticidad. El principio fundador del estatuto del humano vicario (jilafa) implica la responsabilidad personal y temporal. Los Salafis predecesores cuyas capacidades intelectuales y espirituales que les permitieron alcanzar un impulso de civilización excepcional han desaparecido.

Sin embargo parecen haber adquirido un estatuto más importante que los responsables vivos de hoy, desprovistos de sus capacidades, reducidas al "deber de memoria", implicando el engaño y engendrando la amnesia. Al corpus actual del "Islam auténtico" le falta espíritu, voluntad por liberar las ganas de vivir y de revivir la esencia de lo sagrado de un Texto con vocación espiritual, el de lo sagrado humano o la dignidad de creer. El anonimato de un creyente es ese momento fuerte de recogimiento, y de elevación del espíritu, que se traduce en la bondad y la generosidad entre los hombres. Ese anonimato remite a la excelencia del alma (Ihsan), el grado superior en la creencia. Ya que el camino de un creyente no se resume en las dos etapas clásicas: creer y practicar, sino que existe una tercera dimensión del creer, a menudo dejada de lado por el espíritu rigorista y "de lo auténtico", la de la fe de la excelencia que se revela en la intimidad del sí anónimo.

El enfoque de esos defensores de lo "auténtico" es opuesto a la humildad y la discreción, y extraen toda su legitimidad de su capacidad para atraer los focos polémicos, mediáticos y políticos. Es propenso a la combatividad externa y visible en detrimento de la combatividad interna e íntima contra cualquier forma de inflación de la persona: arrogancia, injusticia y mentira. Y mientras que algunos espíritus sectarios se hunden en la ilusión de la representatividad del Islam auténtico, el mundo del Islam continúa cayendo en el desgarramiento, la ignorancia y el estancamiento, y se aleja de su papel de testigo de sus valores en la historia de hoy. La obsesión de la representación del Islam oculta el deber de testimonio de la ética del Islam. Y, mientras que la desgracia de la autocensura golpee los espíritus, la productividad del Iÿtihad permanecerá en suspenso. La censura quizás haga daño pero la autocensura mata.

La autenticidad en materia de religión y de religiosidad sigue siendo un caparazón vacío, sin sentido, y susceptible de diversas formas de instrumentalización. Los Textos fundadores de una religión constituyen sus fuentes de inspiración espiritual y filosófica. La creencia y la inspiración no están unidas o condicionadas por una autenticación cualquiera. La autenticidad puede ser la metáfora de la profundidad del espíritu, pero en modo alguno puede ser la realidad de un dato cualquiera perteneciente al mundo visible o invisible. Hoy en día es necesario superar el uso de una terminología de ese tipo, ilusionista y sin fundamento. Hay nuevas creatividades relacionadas con los debates de fondo que estimulan, molestan y disgustan, pero permiten que la calidad de una contribución del Hombre creyente avance contra cualquier tentación destructiva contra el interés general.

Mohammed Mestiri es el Presidente de la sección francesa del Instituto Internacional del Pensamiento Islámico, www.iiit.org
Anuncios
Relacionados

Democracia islámica en Irán: hacia un iÿtihâd colectivo

Artículos - 19/02/2004

Editorial Verde Islam 0

Artículos - 15/02/1995

Editorial Verde Islam 2

Artículos - 15/09/1995



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/27858-islam_autentico_la_ilusion_destructiva.html