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Lo que le debemos al islam

El conocimiento se extendió por el mundo islámico y eventualmente ayudó a que se produjera el Renacimiento europeo.

26/08/2005 - Autor: T.B. Irving - Fuente: Webislam
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T.B. Irving
T.B. Irving

El mundo occidental se ha preguntado siempre cómo es el Islam y qué es lo que le da su fuerza y belleza. Un país que se ha preguntado esto durante cinco siglos es España, que perdió su herencia islámica en 1492, justo en la misma fecha en que descubrió América, y estuvo anclada en una situación de atraso y decadencia en los siglos que siguieron a aquella fecha.

La primera vez que Madrid fue mencionada en la historia fue cuando un joven sabio musulmán español llamado Maslamah al Mayriti –que significa que procedía de Mayriti, una colina situada a poco más de 60 kilómetros al norte de Toledo, en el centro de España- viajó a Oriente a finales del s. X para completar sus estudios superiores. Las escuelas árabes a las que acudió todavía no se podrían llamar hoy universidades, sino yami´at o lugares donde los estudiantes y profesores se reunían para buscar e impartir el conocimiento.

Hace mil años, la mayoría de la Europa situada al norte de los Pirineos estaba viviendo en lo que hoy llamamos la Edad Oscura. Éste fue un período tenebroso que se inició tras la caída del Imperio Romano, que había gobernado la cuenca mediterránea en los tiempos antiguos, y terminaría de forma completa con el Renacimiento que se inició en el s. XV. Sin embargo, el sur de la España islámica no formó parte de esta Edad Oscura, sino que se convirtió en una zona de esplendor cultural y alto desarrollo científico.

Al Mayriti –o el "hombre de Madrid" que es lo que significa este nombre en árabe- completó su formación avanzada en lo que hoy es Iraq, en las ciudades de Bagdad, Bufa y Basora. Tras graduarse, volvió a España con dos importantes adquisiciones intelectuales: la primera fue el sistema numérico árabe que el mundo islámico había tomado prestado, a su vez, de los hindúes. La segunda adquisición fue un conjunto de tablas astronómicas que fue compilada por un sabio persa llamado Juarizmi.

Podríamos añadir aquí una tercera adquisición: una enciclopedia que había sido editada por un conjunto de filósofos que se llamaban a sí mismos "Los Hermanos de la Sinceridad" y que guardan una similitud con los enciclopedistas franceses del s. XVIII. Este movimiento tuvo un similar efecto estimulante sobre la investigación científica en el floreciente mundo del Islam de aquel tiempo.

Estos instrumentos para el avance del conocimiento se convirtieron importantes aportaciones a la cultura general humana, porque el sistema numérico fue rápidamente recogido por un joven estudiante francés que se hallaba en España, Gerbert de Aurillac, que lo llevó al Norte. Este hecho permitió a los habitantes de Europa Occidental realizar cálculos aritméticos más abstractos y complicados sin el uso del molesto ábaco del que dependían los chinos y romanos. Más tarde, Gerbert se convertiría en el Papa Silvestre II y gracias a este cargo pudo difundir esta innovación de una forma más amplia.

En el punto donde los griegos habían llegado con su invención de la geometría plana, los árabes continuaron trabajando con la geometría sólida y la trigonometría. También desarrollaron el álgebra, que permitía cálculos incluso más abstractos. Álgebra es un nombre que hace referencia a colocar números u otros conceptos entre jab o "tablillas", del mismo modo que se coloca una pierna o un brazo roto. De este modo, las partes individuales pueden moverse de forma segura como una unidad.

A partir de ese momento, las matemáticas estuvieron ya preparadas para tratar con términos más abstractos que lo que habían estado hasta entonces. Cabe señalar que la "x" utilizada en el álgebra a nivel internacional es la inicial española de la palabra árabe "shai" que significa la "cosa" -que tiene que ser movida-. En el español medieval la "x" tenía el mismo sonido que la letra árabe "sh". La "y" y la "z" vinieron después de forma natural. De este modo, gran parte de la historia humana puede ser narrada en base a términos como éstos, que crean imágenes mentales dentro de nosotros.

Así pues, la ciencia moderna apareció en España cinco siglos antes del Renacimiento en Europa Occidental y, de este modo, la Europa Occidental tuvo la oportunidad de superar la Edad Media.

Las tablas astronómicas de Juarizmi fueron ajustadas a la geografía española por un grupo de sabios musulmanes y cristianos; sus esfuerzos culminaron en la creación de una escuela de traducción que estuvo apoyada por un gran rey de Castilla, Alfonso X el Sabio (1252-1284). El rey hizo que las tablas fueran utilizadas de forma continua en Toledo, que era la ciudad más importante en la España de aquel tiempo. Cabe señalar que muchos de los nombres que se dio a las estrellas en ese momento eran árabes, como es el caso de Betelgeuse, que significa en árabe "Casa de los Gemelos."

De este modo, si los castellanos del Norte de España que conquistaron la Península hubieran sido tan tolerantes como fueron los árabes y musulmanes de Al Andalus y como el Rey Alfonso X intentó ser, y no hubieran confiado el sistema de seguridad interna a la Inquisición, en la actualidad podrían estar realizándose todavía observaciones astronómicas y marinas basadas en la longitud de Toledo. El astrolabio, otra invención árabe, era esencial en estos cálculos.

Sin embargo, cuando los británicos lograron ponerse al día con el resto de Europa en el terreno científico adoptaron la longitud del meridiano de Greenwich para la navegación y sus consiguientes esfuerzos para crear un imperio mundial.

La corte de Alfonso X fue también importante porque el embajador florentino en ella fue Bruneto Latini, que llevó a Italia algunos de los documentos que detallaban las investigaciones realizadas por el rey español. Fue de este modo que el concepto islámico sobre el Paraíso y el Infierno se abrió paso hasta acabar reflejado en La Divina Comedia, que fue escrita por uno de los estudiantes de Latini, Dante Alighieri, el cual, siguiendo el espíritu reinante en la Europa medieval cristiana, situó al Profeta Muhammad, en uno de los más bajos niveles del Infierno.

Las matemáticas y la astronomía no fueron el único campo de la ciencia en que los árabes y los musulmanes sobresalieron cuando el imperio islámico floreció como la más dinámica institución del mundo. Este vasto dominio se extendía desde Marruecos y España en la costa atlántica hasta Asia Central, Indonesia y las fronteras de China.

De este modo, dos importantes productos chinos, el papel y la seda, fueron transportados por la larga Ruta de la Seda y luego, a través de toda la extensión del Mediterráneo, hasta un lugar tan lejano como España. El hecho poco usual aquí es que esos productos no acabaron siendo simples artículos de comercio, sino que dieron lugar a procesos de fabricación de los mismos en la España de Al Andalus, y esto sucedió tres siglos antes al menos de que Marco Polo emprendiera su viaje al Este por esa misma ruta. El papel fue fabricado a partir del esparto, que se cultivaba en Valencia, en el Este de España, mientras que los árboles de moras, que alimentaban a los gusanos de seda, comenzaron a ser plantados alrededor de Granada, en las montañas del Sureste.

Sin embargo, las rutas que conducían al Norte de España se hallaban en tal mal estado que pasarían todavía siglos antes de que las mujeres francesas pudieran lucir medias o vestidos de seda. París no era todavía el centro de la moda.

La pólvora fue otro invento chino que podríamos mencionar aquí, aunque su introducción en Europa, a través de esa misma ruta, se produjo siglos más tarde. Sin embargo, fue empleada por vez primera en la guerra de Granada.

A través de esta vasta área que se extendía desde el Atlántico hasta Asia Central, era posible encontrar en la mayoría de las ciudades sabios y eruditos así como excelentes centros de enseñanza. Estudiantes destacados de España y el Norte de África se fueron al Este a estudiar y más tarde establecieron sus propios centros de enseñanza en Córdoba, Sevilla y Granada.

Las grandes universidades (yami´at) y escuelas (madarisu), cuya creación ellos impulsaron, trajeron a Europa el término de "universidad," que era una traducción calcada que significa "lugar donde "todas las cosas" se juntan para ser estudiadas." Los términos griego y latino para tales centros habían sido los de "liceo" y "academia". El término español "licenciatura", que también se halla en el idioma francés ("licenciature"), es una traducción del término árabe "iyaza", que significa el "permiso" o "licencia" que el profesor otorga al alumno para que enseñe la misma asignatura que había estudiado con él.

Muchos de estos centros de enseñanza se hallaban en España y el Norte de África. La más antigua universidad que existe hoy en el mundo no es la de Bolonia, en Italia, sino la de Qarawiyyin, en la ciudad de Fez (Marruecos). Esta institución fue fundada en 845 por dos mujeres tunecinas originarias de la ciudad de Qairawan, que era por entonces la capital de Túnez. Las bellas residencias de los estudiantes todavía se hallan alrededor de la universidad y están siendo restauradas por el gobierno marroquí. Tombuctú fue otra ciudad universitaria similar en el Oeste de África, que siguió estos modelos norteafricano y andalusí.

Los licenciados de Europa Occidental solían acudir a las escuelas españolas, del mismo modo que Gerbert había hecho a finales del s. X: Michael Scot vino desde Escocia; Adelard de Bath llegó de Inglaterra; Herman el Alemán y Herman el Dálmata vinieron obviamente de Alemania y el Adriático respectivamente; Platón de Tíoli y Gerard de Cremona procedían ambos de Italia etc. Hay que destacar aquí los países incluso más que los propios estudiantes para mostrar el grado de atracción que la España musulmana ejerció en su día.

Mientras tanto, un siglo y medio después de la época de Maslamah de Madrid, otro sabio español llamado Ibn Tufail escribió un importante tratado titulado "Hayy ibn Yaqdhan" que es normalmente conocido con el nombre de "El Filósofo Autodidacta" por aquellos europeos que han oído hablar de él. Este libro es un importante estudio sobre epistemología, o análisis del comportamiento humano, además de ser un antecesor de Robinson Crusoe, por su argumento y porque está escrito en forma de relato mucho antes de que la novela moderna fuera inventada. Su héroe se cría en una isla desierta y tiene que aprenderlo todo por sí mismo; sin embargo, en la era mística pitagórea del 49 (siete veces siete), él logró reunir todo el conocimiento humano a través de su propio análisis de la naturaleza o el mundo que existía a su alrededor.

Cinco siglos más tarde, el matemático francés René Descartes trabajó estos mismos conceptos de una manera menos artística, y se hizo famoso como el gran refutador de la entonces ya decadente filosofía escolástica de finales de la Edad Media. Descartes es aún considerado como uno de los padres de la filosofía moderna, mientras que Ibn Tufail ha sido olvidado en su España nativa; en el Norte de África, donde trabajó como ministro de Estado y médico del sultán de Marruecos; e incluso en el mundo árabe y el islámico, donde debería ser recordado.

Sin embargo, los círculos intelectuales de Europa Occidental, especialmente los que trabajaban en las nuevas universidades, que estaban surgiendo en lugares tales como París y Oxford, estudiaron obras como el "Filósofo Autodidacta" décadas después de la muerte de Ibn Tufail. Ellos estudiaron especialmente el trabajo del más famoso estudiante y protegido de Ibn Tufail en la ciudad de Córdoba, Ibn Rushd o "Averroes", como su nombre se popularizó en Occidente.

Ibn Rushd se especializó en los textos del antiguo filósofo griego Aristóteles, y los editó en las universidades árabes. Casi inmediatamente, sin embargo, esta edición fue traducida al latín y utilizada por las nuevas escuelas que estaban surgiendo en Europa Occidental, especialmente por escolásticos como Tomas de Aquino. Ibn Rushd se situó, de este modo, dentro de la cadena de transmisión del conocimiento que iba de Este a Oeste. La obra "Summa contra Gentiles" de Tomas de Aquino es un intento de dar una respuesta católica a algunos de los puntos planteados por el pensador musulmán español en su obra. "Summa" significa "completa" o "yami", que fue el título árabe utilizado por Averroes para su edición "Completa" de los escritos de Aristóteles. Además de esto, Ibn Rushd publicó otros dos obras, una para el lector en general o estudiantes del nivel inferior, y otra, en forma de comentario detallado, para estudiantes avanzados.

Esta filosofía comenzó lentamente a revivir en la entonces renaciente Europa junto con las pautas trazadas por los pensadores musulmanes, y este nuevo espíritu de investigación preparó al mundo para la era moderna. El pensamiento racional inductivo está basado en las matemáticas, como ya hemos indicado, pero también deriva, de manera más profunda, del concepto islámico de lo "Oculto" (Al-Gaib) –uno de los nombres de Dios-, Que no puede ser conocido de forma inmediata, pero Cuyo mensaje es planteado al hombre como un reto en el Corán:

"Pues Él posee las llaves de todo aquello que está fuera del alcance de la percepción de las criaturas: nadie salvo Él lo conoce. Y conoce todo lo que hay en la tierra y en el mar; y no cae una hoja sin que Él lo sepa; ni hay semilla en la oscuridad de la tierra, ni nada vivo ni muerto, que no esté anotado en Su claro decreto."

(6:59-60)

"Estas son reseñas de algo que estaba fuera del alcance de tu percepción y que (ahora) te revelamos, (Oh Muhammad: pues) ni tú ni tu pueblo lo conocíais (a fondo) antes. Se, pues, (como Noé,) paciente en la adversidad, pues, ¡ciertamente, el futuro es de los conscientes de Dios!"

(11:49)

Este espíritu abierto de investigación –basado en las enseñanzas coránicas que animan a los hombres a observar los signos de la naturaleza con el fin de conocer al "Oculto"- fomentó el razonamiento abstracto, que se desarrolló hasta convertirse en un método de aprendizaje e investigación universitarios. Este movimiento tuvo su origen en las escuelas islámicas de Kufa y Basora, en Iraq, donde Maslamah al Mayriti había estudiado, y luego se extendió por el mundo islámico, y eventualmente ayudó a que se produjera el Renacimiento europeo.

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