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La muerte de Fahd traerá pocos cambios a Arabia Saudí

Abdullah tendrá que acomodarse a las demandas del establishment wahhabi

20/08/2005 - Autor: Yusuf Fernández - Fuente: Revista Amanecer
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Abdullah tendrá que acomodarse a las demandas del establishment wahhabi
Abdullah tendrá que acomodarse a las demandas del establishment wahhabi

El pasado 1 de agosto, el gobierno saudí anunció la muerte del Rey Fahd ibn Abdul Aziz al Saud. Al día siguiente, el monarca fallecido fue enterrado en presencia de la familia real y de líderes de todo el mundo. Siguiendo las enseñanzas de la escuela Wahhabi del Islam, Fahd fue enterrado en una tumba simple y sin nombre en una planicie desértica situada en los alrededores de la capital saudí, Riadh.

Desde la fundación del Reino por parte del Rey Abdul Aziz ibn Saud en 1932, aquel ha estado siendo gobernado como si fuera una empresa familiar. La familia Saud es el estado, y las rentas procedentes del petróleo revierten a la familia, que los maneja según le place. Todos los altos cargos estatales son asimismo desempeñados por miembros de la familia. El rey ostenta también el cargo de primer ministro.

Fahd, que oficialmente subió al trono en 1982, fue uno de los 43 hijos del Rey Abdul Aziz ibn Saud. Él nació en Riad en 1923, y era todavía un adolescente cuando su padre unificó casi toda la Península Arábiga y expulsó a su antiguo soberano, el Rey Hussein, bisabuelo del actual Rey Abdullah de Jordania, del desierto de Arabia. De este modo, el Rey Abdul Aziz al Saud unió el reino y creó la moderna Arabia Saudí en 1932.

Fahd, que tenía entonces poco más de 20 años, formó parte de la delegación saudí que acudió a San Francisco para redactar la Carta de la ONU en 1945. Él fue nombrado ministro de Educación en 1953. En 1962, pasó a detentar el cargo de ministro del Interior. En 1967, el rey Faisal le escogió como segundo viceprimer ministro. Faisal fue el único monarca saudí que tuvo el valor de defender los intereses árabes y hacer frente a EEUU y otros países occidentales durante la guerra árabe-israelí de 1973. Él respaldó además el embargo petrolífero de las naciones árabes contra los países que apoyaron a Israel, lo cual sumergió a EEUU en una crisis energética. Faisal trabajó también para construir un bloque islámico de naciones. Esta valerosa postura política le costó la vida, ya que fue asesinado en 1975 por un sobrino, que había llegado poco antes de EEUU. Muchos analistas árabes señalaron que la CIA estaba detrás de este asesinato. Faisal fue remplazado por Jaled, un hombre poco interesado en los temas del gobierno y que se encontraba además enfermo. Fue Fahd quien comenzó a llevar en sus manos los asuntos de estado desde entonces.

En 1982, Fahd se convirtió en rey. Con el fin de reforzar su posición, Fahd cimentó una alianza política con el clero musulmán fundamentalista. En 1986, declaró que su más importante título no era el de rey, sino el de "el custodio de las dos mezquitas", es decir, de las de Meca y Medina, los lugares más santos del Islam.

Durante el reinado de Fahd, las políticas saudíes se hicieron cada vez más pro-norteamericanas, lo que irritó a la mayoría de los saudíes, que condenaron en especial su decisión de permitir a las tropas estadounidenses desplegarse en Arabia Saudí con el fin de lugar contra el Ejército iraquí durante la Primera Guerra del Golfo en febrero de 1991. La presencia de estas tropas fue condenada también por Osama Bin Laden, un millonario saudí que lideraba a un grupo de combatientes que había sido entrenado y financiado por los servicios secretos saudíes, pakistaníes y estadounidenses para combatir al Ejército soviético en Afganistán en los años ochenta. Osama rompió sus vínculos con el gobierno saudí cuando éste se negó a que las tropas estadounidenses abandonaran el país. Después de que grupos de extremistas iniciaran sus ataques terroristas en Arabia Saudí hace dos años, el gobierno comenzó a perseguir con dureza a estos grupos radicales y Abdullah los ha criticado también públicamente.

Por otro lado, Fahd promovió algunos planes para resolver el conflicto palestino-israelí, incluyendo el Plan de Fez, que fue aprobado por la Liga Árabe en 1981. Arabia Saudí fue el primer país en abrir sus puertas a los trabajadores palestinos hace algunas décadas y es el mayor donante de fondos a la OLP y la Autoridad Palestina. Desde el estallido de la reciente intifada palestina, Arabia Saudí fue el único país árabe que cumplió íntegramente sus promesas de ayuda financiera a los palestinos.

En 1989, Fahd invitó a los líderes de todos los grupos libaneses a la ciudad libanesa de Taif para negociar un acuerdo de paz. El Acuerdo de Taif, firmado durante la conferencia, puso fin a la guerra civil libanesa.

Abdullah, el nuevo rey

El hermanastro de Fahd, el príncipe heredero Abdullah ibn Abdul Aziz al Saud, de 82 años, se ha convertido ahora en el nuevo rey. Abdullah recibió el pasado 3 de agosto el juramento de lealtad de miles de sabios islámicos, jefes tribales y otros prominentes líderes saudíes en una ceremonia de investidura islámica que tuvo lugar en Riad. Durante la ceremonia, conocida con el nombre de "bayah", cada uno de ellos estrechó la mano de Abdullah y pronunció la siguiente fórmula: "Te expreso mi fidelidad. Te escucho y obedezco, excepto en lo que puedas desobedecer a Dios."

Abdullah es más popular que Fahd en el reino saudí. Él comenzó a hablar con eruditos e intelectuales a una edad muy temprana, lo que le sirvió para expandir sus horizontes y desarrollar sus habilidades como gobernante. Su madre pertenecía a la poderosa tribu Shammar, que formó a Abdullah en las artes de la guerra después de que completara su educación religiosa.

En 1964, Abdullah fue elegido jefe de la Guardia Nacional. Después de que Fahd sufriera un ataque en 1995, Abdullah comenzó a llevar en sus manos los asuntos diarios del estado y se convirtió en el gobernante de facto. En 1992, una ley eliminó la naturaleza automática de la sucesión y declaró que el nuevo rey sería elegido por la familia Al Saud entre los hijos y los nietos "más capaces" del Rey Abdul Aziz.

El príncipe Sultan, de 77 años, hermano de Fahd y antiguo ministro de Defensa, ha sido elegido nuevo príncipe heredero. Esto significa que el liderazgo continuará en las manos de los hijos de Ibn Saud durante algún tiempo. En la actualidad, la familia real está compuesta por unos 25.000 miembros, de los cuales alrededor de 200 son príncipes influyentes. En junio de 2000, un consejo de 18 miembros, compuesto por altos representantes de la familia y encabezado por el actual rey Abdullah, fue establecido con el fin de arbitrar en los asuntos de la familia Saud.

El papel de Sultan como ministro de Defensa ha sido muy importante. En los años ochenta, la familia real y sus amigos y socios amasaron grandes fortunas debido a las comisiones de algunas compañías de armamento occidentales, que vendieron a Arabia Saudí enormes cantidades de las armas más sofisticadas y costosas. De hecho, en el momento de su muerte, la fortuna de Fahd estaba estimada en varios miles de millones de dólares, la mayor parte de los cuales se hallaban situados en bancos occidentales. Sin embargo, Sultan sufre muchos problemas de salud, así que probablemente nunca se convertirá en rey.

Sultan es uno de los así llamados "Siete Sudairis", hijos de Ibn Saud y de Hassa bint Ahmad al Sudairi: Fahd, Sultan, Salman, Abdur Arman, Nayef, Turki y Ahmad. Nayef, 72, es, en la actualidad, ministro del Interior y una poderosa figura en el reino. Él y el gobernador de Riad, Salman, de 69 años, son los principales aspirantes al trono si Abdullah y Sultan fallecen.

Otros miembros importantes de la familia real son el ministro de Exteriores, Saud ibn Faisal, que fue nombrado por primera vez para esta posición en 1975, y el príncipe Bandar ibn Sultan, que ha abandonado recientemente su cargo de embajador en Washington, un puesto que había estado desempeñando desde 1983. Su sucesor, el príncipe Turki ibn Faisal, encabezó los servicios de inteligencia saudíes entre 1978 y 2001 y es un firme aliado de Abdullah.

Problemas económicos

Abdullah tendrá ahora que hacer frente a importantes desafíos. Arabia Saudí es un país muy rico. Brillantes ciudades y numerosos rascacielos de cristal y mármol han surgido en el desierto en las pasadas décadas. En los años setenta, el estado construyó superautopistas, redes de comunicación, hospitales ultramodernos y universidades. La vivienda, la educación y la atención médica eran completamente gratuitas para todos los ciudadanos.

En los años ochenta las cosas comenzaron a cambiar. Desde 1981 hasta 1986, el precio del petróleo cayó en más de la mitad, desde los 31 dólares el barril hasta los 13. Esto representó un severo golpe para la estabilidad social y económica del reino e hizo difícil el mantenimiento del estilo de vida al que los saudíes estaban acostumbrados.

Aunque los precios del petróleo se han incrementado de nuevo, las enormes rentas procedentes del petróleo –alrededor de 100.000 millones de dólares el pasado año- no pueden resolver el problema del desempleo juvenil. En la actualidad, la tasa de paro ha crecido hasta alcanzar el 30%. Ciudades de chabolas están apareciendo en los suburbios de las ciudades de acero y cristal y este problema ha alimentado también la disidencia política. La renta per cápita media cayó desde los 18.000 dólares en 1981 hasta los 8.500 en 2002. En 2003, Abdullah creó un fondo especial para combatir la pobreza tras comprender las graves consecuencias que este problema y el desempleo podían tener para la estabilidad del reino.

Sin embargo, Brad Bourland, economista en Samba, un banco con sede en Riad, cree que las rentas del petróleo saudíes alcanzarán este año los 157.000 millones de dólares, un 48% de incremento con respecto al año 2004, lo que ayudará a Abdullah a resolver la crisis económica del país. Además, el PIB no dependiente del petróleo crecerá este año en más de un 7%.

Por su parte, Saad al-Faqih, un disidente exiliado que vive en el Reino Unido, manifestó al Christian Science Monitor que los saudíes están "hartos" de la mala gestión económica de la familia real y de sus enormes gastos de tipo personal. "Los hermanos querrán que Abdullah continúe gobernando el país como lo ha hecho hasta ahora, en lo que ha representado un acuerdo para la distribución del poder," señala Faqih. "Sin embargo, Abdullah quiere una plena autoridad, lo que significa que sus hermanos tendrían un poder limitado sobre sus propios presupuestos personales, y ellos se van a oponer a cualquier intento en esta dirección."

Resulta innegable que existe una fuerte presión doméstica en favor de las reformas y del reconocimiento del principio de responsabilidad de los dirigentes. El establecimiento de un consejo consultivo, o Maylis al-Shura, por Fahd en 1992 fue una primera concesión a las demandas en favor de reformas. El diálogo nacional emprendido por Abdullah en los pasados años, sus encuentros periódicos con diferentes segmentos de la población, la convocatoria de las elecciones municipales a principios de este año y la creación del Comité Nacional pro-Derechos Humanos y de un Sindicato de Prensa por primera vez en el país son claras indicaciones de que la monarquía saudí se ha visto obligada a reformarse a sí misma. Sin embargo, como príncipe heredero, el margen de maniobra de Abdullah era limitado y hubo rumores de que los otros príncipes estaban tratando de limitar su capacidad para impulsar activamente el proceso de reformas.

Es improbable que la asunción de facultades plenamente soberanas tras la muerte de Fahd vaya a alterar radicalmente la situación, ya que Abdullah tendrá todavía que actuar con prudencia. Sus intentos de reforma habrán de contar con el apoyo de otros príncipes poderosos y del conservador establishment Wahhabi, y esto significa que Abdullah tendrá que acomodarse a sus demandas.

Abdullah ha de hacer frente también a importantes desafíos en el terreno de la política exterior. En primer lugar, tendrá que mejorar las relaciones de su nación con el resto de los estados del Golfo. Así por ejemplo, las relaciones con Bahrein se han deteriorado después de que este país firmara un acuerdo de libre comercio con EEUU en septiembre de 2004. Arabia Saudí criticó dicho acuerdo porque, según Riad, socavaba la unidad del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) –compuesto por Arabia Saudí, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Omán y Kuwait- y se había convertido en un obstáculo para la integración económica de los países del Golfo. Además, Arabia Saudí ha mantenido una disputa fronteriza con los EAU.

En el conflicto de Oriente Medio, Abdullah anunció en marzo de 2002 un plan que ofrecía a Israel relaciones normales con los países árabes a cambio de la retirada israelí de los territorios árabes ocupados. Este plan ganó el respaldo del resto de los países árabes. Sin embargo, la propuesta fue rechazada por el primer ministro israelí, Ariel Sharon. Ahora, tras la retirada de Gaza, Abdullah ha reiterado su oferta y ha pedido al gobierno israelí que se retire de todas las tierras árabes que todavía ocupa.

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