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Los ocupantes de Irak ya ganaron... su derrota moral

La guerra ha terminado, es el último y patético episodio de esta trágica historia de conquista con la que el gobierno de los Estados Unidos abrió el nuevo siglo.

15/08/2005 - Autor: SERPAL - Fuente: bolpress.com
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La guerra ha terminado, es el último y patético episodio de esta trágica historia
La guerra ha terminado, es el último y patético episodio de esta trágica historia

La urdimbre de mentiras y manipulaciones que pretendió justificar el bombardeo y la ocupación militar del territorio iraquí, se va deshaciendo lentamente a medida que las tropas norteamericanas y británicas recurren sistemáticamente a la violencia y a la crueldad para "democratizar" el país invadido. Las solemnes palabras de George Bush con uniforme de combate a bordo de un portaaviones proclamando que "la guerra ha terminado", se convierten en otro patético y ridículo episodio de esta trágica historia de conquista con la que el gobierno de los Estados Unidos abrió el nuevo siglo.

No había armas de destrucción masiva, argumento fundamental con el que intentaron justificar la intervención militar unilateral y al margen de la comunidad internacional. Esa ocupación sumó decenas de miles de muertos y heridos y destruyó estructuras básicas. Gran parte del patrimonio histórico milenario fue saqueado. Desconocieron y humillaron los rasgos culturales del país. Se apoderaron de sus riquezas, fundamentalmente de sus reservas petroleras.

Derrocaron el régimen de Sadam Hussein y lo han reemplazado por un gobierno títere, irrepresentativo y cuya composición ha dividido a la población, incrementando la confrontación religiosa y de origen tribal. No han recuperado ni en un 50% las infraestructuras que disponía el país y que destruyeron con sus bombardeos indiscriminados. Ahora, las únicas fuentes de trabajo, son la de enrolarse en el ejército iraquí; ser guardaespaldas de jefes o técnicos de empresas contratistas al servicio de los ocupantes, o servir de espía al gobierno títere y sus mandantes. (Las tres les convierten en blancos de la resistencia por su cooperación manifiesta con el enemigo ).

El complejo industrial-militar de los Estados Unidos, grandes empresas privadas de obra civil o de seguridad, transnacionales petroleras y energéticas aparecen como las principales beneficiarias de esta guerra fundada en la mentira y el engaño. Entre ellas, Halliburton, la gigantesca empresa de la que fue hasta hace pocos años su directivo el actual vice-presidente norteamericano Dick Cheney, y que ahora tiene suculentos contratos de aprovisionamiento para las tropas ocupantes.

El entramado de mentiras se resquebraja

Mientras tanto, la gran prensa y las principales agencias internacionales en Estados Unidos y en Europa, analizan lo que sucede en Irak bajo una óptica distorsionada, donde a pesar de las pretensiones de racionalidad, incorporan las líneas maestras del discurso de Bush o de Blair. Estamos en una guerra contra el terrorismo. Y terroristas son exclusivamente "los otros". Aquellos que sin motivos, "atacan arteramente los valores de la civilización occidental." No han dudado en apelar a viejos estereotipos y a pulsar los temores más primarios de la sociedad para conseguir al menos una tácita aprobación de los crecientes pasos en la ilegalidad y la arbitrariedad que practican cada día. Se puede fusilar de 7 disparos en la cabeza a un sospechoso en el metro de Londres, si con ese hecho "potencialmente" se pudo haber evitado un atentado. El "sospechoso individuo de rasgos orientales" terminó siendo un electricista brasileño. Pero eso es lo de menos.

Una gran mayoría de la población norteamericana y parte de la europea han seguido fielmente el guión redactado por la Casa Blanca. Con tímidos y aislados apoyos o con un silencio interpretado por el poder como consentimiento. Pero ese silencio empieza a resquebrajarse. Fernando Suárez del Solar, el padre de origen mejicano radicado en California que perdió a su hijo en Irak, uno de los pioneros en la protesta interna, no es ya el único que clama contra el carácter absurdo de esta "guerra" imperial que ha costado ya la vida a más de 1.800 soldados norteamericanos. Numerosos familiares de víctimas han sumado sus voces y sus acciones. Desde hace días, Cindy Sheehan de 48 años, madre de un soldado muerto en Irak cinco días después de haber llegado a ese país, inició una campaña personal exigiendo la retirada de las tropas y exigiendo ser recibida por Bush. "¿Cual es la causa noble por la que ha muerto mi hijo? , se pregunta. "No creo que sea "noble" la agresión contra un país que no era una amenaza para los Estados Unidos". Con el paso de los días, familiares de otros soldados muertos en Irak se han solidarizado y miles de ciudadanos han mandado mensajes de apoyo. A esta mujer ya no la engaña el discurso de Bush: "Si el presidente responde que mi hijo murió por la libertad y la democracia, le diré: eso es pura mierda".

La toma de conciencia de parte de la población no es un acto mágico. La reflexión y valoración de lo que realmente sucede es lo que alimentó las primeras dudas sobre los argumentos de Bush. Y eso a pesar de que es difícil, muy difícil encontrar "partes de guerra" que relaten lo que verdaderamente ocurre. Hay que hacer un esfuerzo para salir del esquema de los noticieros de la Fox o de otras grandes cadenas televisivas norteamericanas. En Europa también prevalece la visión de las grandes agencias. Además, ya se han encargado de crear una situación como para desalentar a cualquier periodista occidental de "ser testimonios directos de lo que ocurre". No solo con episodios donde los hombres de prensa resultaron muertos por disparos de los tanques norteamericanos, como el caso del reportero español José Couso, (calificados como "accidentes lamentables por el mando de la coalición") sino entorpeciendo las negociaciones para la liberación de periodistas secuestrados por la resistencia.

La verdad se cuela por los resquicios

Por eso, crónicas como las que acaba de publicar en el diario británico "The Independent" su corresponsal Robert Fisk, son excepcionales herramientas para acceder a la cara oculta de lo que sucede diariamente en Irak. El nos relata que en la ciudad iraquí de Al Nasaf, un pequeño que resultó lesionado en la cabeza durante un ataque a una mezquita fue atendido ayer en un hospital. Las ruinas provocadas por un coche bomba que mató a siete estadounidenses están en la esquina de una calle cercana. Cerca de ahí se encuentra el negocio cerrado de un proveedor de teléfonos, que adorna con fotografías de Saddam montando un burro. Le dispararon hace tres días, lo mismo que a otros dos hombres que cometieron el mismo pecado. En el barrio de Al Jamia, un Humvee de Estados Unidos venía por el camino, por lo que nos retiramos rápidamente para caminar por la lateral. En esta parte de Bagdad uno evita tanto a los insurgentes como a los estadounidenses, si es que uno tiene suerte.

Yassin Sammerai no la tuvo. El 14 de julio, el niño de segundo grado invitó a pasar la noche a dos de sus compañeros de escuela -en una ciudad sin electricidad y en el mes más caluroso del año. Los niños decidieron dormir en el jardín, en el frente de la casa. Dejaré que su destrozado padre, Selim, de 65 años, continúe la historia, pues aún no puede creer que su hijo esté muerto ni lo que los efectivos estadounidenses le dijeron posteriormente.

"Eran las tres y media de la mañana y ellos dormían. Yassin y sus amigos Fahed y Walid Khaled. Había una patrulla estadounidense afuera, y de pronto un blindado Bradley embistió la reja y la pared, y le pasó encima a Yassin. Usted sabe lo pesadas que son esas cosas. Murió instantáneamente. Pero los soldados no sabían lo que habían hecho. Estuvo ahí, aplastado debajo del vehículo, durante 17 minutos. Um Khaled, madre de un amigo, les gritaba en árabe: "¡Hay un niño debajo del vehículo!"

Según Selim Sammerai, la primera reacción de los militares fue esposar a los otros dos niños. Una intérprete libanesa, que iba con los soldados -fue reconocida por su acento, y es interesante anotar que árabes extranjeros están remplazando a iraquíes que eran intérpretes, hasta que la insurgencia los empezó a atacar tachándolos de colaboracionistas-, llegó y explicó a la familia que hubo una equivocación. "No tenemos nada en contra suya", señaló.

La "tarjeta de reclamaciones"

Los estadounidenses les dieron un papel en inglés y árabe, titulado "Tarjeta de reclamaciones iraquíes". Asqueada, la familia Sammerai me lo enseñó. Era una solicitud para demandar compensación.

La unidad estadounidense, cuyo Bradley pasó encima a Yassin, aparece como la "256 BCT A/156AR. En el "Tipo de incidente" escribió: "puertas y rejas destruidas en una redada". Las rejas y las puertas fueron pulverizadas, pero a nadie de la familia se le dijo que se trató de una redada. Y en ningún lugar de la solicitud se sugiere que la "redada" segó la vida al amante del futbol Yassin Sammerai.

Afuera de la casa del niño colgaba una bandera negra, recordando su muerte tan a destiempo. Se quedará ahí hasta que hayan pasado 40 días de luto. El viejo me mira y dice: "También le gustaba nadar. Quería ser ingeniero". Un ex administrador técnico del colegio de artes de la Universidad de Bagdad, Selim, no es hoy más que una sombra. Está encorvado en su asiento, con el rostro pálido y las mejillas hundidas. Es un hogar sunita en una zona sunita. Para los estadounidenses esta es "tierra insurgente", y por eso irrumpen en estas calles por las noches.

Hace unos días un informante alertó sobre la localización de un grupo guerrillero sunita, y las tropas rodearon una casa. Hubo un tiroteo que se prolongó dos horas, hasta que un helicóptero Apache arrojó una bomba sobre el edificio, matando a todos los que estaban dentro. Cuando el informante dio otra localización a los militares, éstos encontraron una casa vacía, así que decidieron hacerla estallar con explosivos.

En la casa de los Sammerai oigo a mucha gente murmurar sobre los estadounidenses, lo cual aprovecho para decirles lo agradecido que estoy de que permitan a un occidental entrar a su hogar después de lo que pasó. Selim me estrecha la mano. "Usted es bienvenido aquí", dice. "Por favor, dígale a la gente lo que nos pasó." Le prometo hacerlo. Afuera, mi chofer observa la ciudad. Es la historia de siempre. Cualquier auto con tres hombres, un hombre con teléfono celular, significa "larguémonos". Es viernes. "Estos tipos se toman el viernes libre", afirma el chofer, tratando de tranquilizarme.

Los estadounidenses vinieron con un oficial dos días después, continúa. "Nos ofrecieron una compensación. La rechacé. Perdí a mi hijo. Cuando alguien ha muerto, el dinero no lo revive, eso es lo que dije al estadounidense. Se hace un silencio en la habitación. Selim, lloroso, insiste en seguir:

"Le dije al oficial: ustedes mataron a un inocente, y esas cosas llevarán al pueblo a destruirlos a ustedes. Va a haber una revolución en su contra. Dijeron que venían a liberarnos del anterior régimen, pero destruyen nuestros muros y puertas."

De pronto me doy cuenta que Selim Sammerai se ha puesto de pie, y su voz incrementa el volumen. "¿Sabe lo que me respondió el estadounidense? Me dijo: fue el destino. Lo miré, y le espeté: creo en los designios de Dios, no en el destino que usted me habla".

Un hermano de Yassin dice que con su teléfono celular tomó fotografías al niño muerto. Imprimió una para enseñársela a los estadounidenses cuando regresaran, y les pidió que la vieran.

"Me preguntaron por qué la tomé, y les dije que para que la gente pudiera ver lo que los estadounidenses hicieron. Me dijeron que la querían prestada, que me la devolverían, pero no lo hicieron. Pero aún tengo la foto y la volví a imprimir", expresa.

De pronto se encuentra en mis manos la obscena y horrible fotografía de la cabeza aplastada de Yassin, aplanada como si un elefante se hubiera parado en ella, con sangre brotando de lo que fue su cerebro.

"Ahora la está viendo usted", dice el hermano, "la gente todavía podrá ver lo que los estadounidenses hicieron".

Más tarde fuimos a Al Jamia, el lugar donde insurgentes y estadounidenses hacen duelo y toman venganza. "Cuando el auto estalló ahí", dice mi chofer, "los Humvees estadounidenses se quemaron durante tres horas y los cuerpos aún estaban dentro. A los soldados les tomó tres horas sacarlos. La gente se reunió alrededor para mirar".

Observé el auto carbonizado que aún está en el camino, y me di cuenta que se ha convertido en icono de resistencia. Me pregunto cómo van a ganar los estadounidenses. Hasta aquí la nota del corresponsal británico.
Hemos querido respetar textualmente el relato de Fisk, para trasladar con fidelidad su crónica y su sentimiento. Su frase final, avala el titular de nuestro envío: Los ocupantes de Irak ya ganaron...su derrota moral.

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