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Orson Welles y Eassaouira

Esta ciudad ha servido de inspiración a un buen número de artistas y cineastas

05/08/2005 - Autor: Cristina Morato - Fuente: El Mundo
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Eassaouira
Eassaouira

Al atardecer, las gaviotas se posan en la terraza de la suite Matata, el viento se cuela con fuerza por todos los rincones de la luminosa habitación y a lo lejos suena, como un lamento, la voz del muecín llamando a los fieles a la oración. A esta hora crepuscular, la apacible ciudad de Essaouira, llena de casas encaladas y ventanas azules, rodeada de murallas y bastiones frente a un mar salpicado de islas rocosas, adquiere un especial dramatismo. No es de extrañar que este escenario haya servido de inspiración a un buen número de artistas y cineastas, entre ellos, al director norteamericano Ridley Scott quien, ante la negativa de filmar en el interior de la Mezquita de Córdoba, decidió finalizar aquí el rodaje de su última película, El reino de los cielos. Durante varios meses, las laberínticas callejuelas de la ciudad vieja sirvieron como telón de fondo para recrear esta historia épica ambientada a finales del siglo Xll y que narra la derrota más contundente del ejército cristiano en Tierra Santa.

Mucho antes, en 1950, el genial cineasta Orson Welles ya había filmado en las murallas y almenas de Essaouira algunas de las escenas más espectaculares de su filme Otello. El hotel que goza de tan privilegiada vista es un homenaje a Welles y al personaje femenino de esta tragedia de Shakespeare, la hermosa Desdemona. El italiano Giulio Siri, realizador de cine y propietario de este hotel con encanto —así como del Auberge Tangaro en Diabat— conoció a Orson Welles en 1952, cuando se estrenó su película Otello en el festival de Cannes. A Giulio, que ha trabajado con los más grandes cineastas franceses, le gusta recordar que paseaba de noche por la playa de Cannes cuando oyó a alguien que lloraba en la oscuridad sentado sobre la arena. Al acercarse pudo reconocer la silueta de Welles, que se sentía desconsolado porque su película había sido muy mal acogida por la crítica. Para el director, Otello —que, sin embargo, se hizo acreedora de la Palma de Oro— había sido una cruzada personal: él mismo había financiado el rodaje con su propio dinero y se vio obligado a abandonar el guión en más de una ocasión para recaudar fondos entre sus amigos de Italia y Francia. Los problemas no acabaron aquí. Cuando por fin pudo comenzar el rodaje en Essaouira —Otello arranca con una magnífica toma panorámica de las murallas de la ciudad, donde Welles ubicó el exterior de la escena del castigo de Yago, colgado sobre el mar y las rocas en una jaula de metal— tuvo que utilizar a cuatro actrices distintas para el papel de Desdemona, entre ellas a su novia Lea Padovani, que a mitad de rodaje, comenzó una relación con uno de los miembros del equipo.

Anécdotas aparte, Essaouira le debe mucho a Orson Welles, quien puso de moda esta tranquila ciudad, situada a dos horas de Marrakech, famosa en toda la costa atlántica por sus hermosas playas y sus imponentes fortificaciones. Una plaza con un recoleto jardín lleva su nombre y una estatua en madera de tuya recuerda la memoria del director.

El Palazzo Desdemona se encuentra fuera de la ruidosa y laberíntica ciudad vieja, a un paso de la extensa playa y el animado puerto. Su edificio data del siglo XVlll y, al igual que su nombre, también tiene su historia. En el pasado fue una solariega mansión de acomodados mercaderes judíos que en tiempos del sultán Muhammad ibn Abdullah —fundador de la ciudad— tenían el monopolio exclusivo del comercio en la ciudad. La casa contaba con una espaciosa planta baja de techos altos y abovedados que servía de almacén para productos como las almendras, el aceite de oliva, las plumas de avestruz o la piel de cabra que se exportaban a Marsella y Londres. Las plantas superiores estaban destinadas para la vivienda de las familias y el servicio doméstico. Tras una cuidadosa restauración que le llevó varios años, Giulio Siri devolvió a este edificio todo su esplendor. Lo convirtió en un hotel de apenas 15 habitaciones, que ha conservado sus estrechas y empinadas escaleras, los gruesos muros de piedra y las puertas de madera con sus magnificas aldabas de bronce.

Hasta el Desdemona llegan los aromas de las especias que se venden en el Marché d´Epices y se mezclan en una extraña fragancia con el olor de la madera de tuya que trabajan con gran habilidad los ebanistas en sus pequeños talleres situados al pie de los bastiones de la Scala. En sus habitaciones frescas, de interiores encalados y mobiliario artesanal, se respira la brisa del mar y es fácil, echado en la cama y envuelto en una vaporosa mosquitera, rememorar las páginas más aventureras de esta ciudad blanca y luminosa, aquellas que hablan de bandidos que escondidos en las dunas doradas de Essaouira atacaban sin piedad las caravanas de camellos procedentes de Sudán, con sus ricos cargamentos de oro y sal. De piratas, como el temido sir Francis Drake, que en su rada atracaban las carabelas que llegaban de Europa con sus mercancías...

La suite Matata, como todo en Essaouira, también tiene su particular historia. En uno de mis viajes a la ciudad, intentando descubrir una terraza que tuviera una buena panorámica de la medina para poder tomar una fotografía, llegué por casualidad a la azotea del hotel Palazzo Desdemona. Por entonces en su terraza sólo existía un comedor acristalado que permanecía cerrado buena parte del año y las gaviotas acampaban a sus anchas. Las vistas a la Torre del Reloj y la ciudad vieja me parecieron tan hermosas que comenté a Giulio Siri la posibilidad de convertir ese lugar mágico en una suite. Al año siguiente, la habitación estaba acabada y había sido bautizada con el nombre de suite Matata (matata significa ‘problema’ en suajili y fue el apodo que me dieron en uno de mis viajes por África).

Hoy quien se aloje en ella será dueño y señor por unos días de un pedazo de cielo y se sentirá al atardecer, tumbado cómodamente sobre una alfombra y saboreando un té a la menta, transportado a un escenario de película. El mismo que cautivó al genial Orson Welles.

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