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El hijo del instante

Dice el hadiz: no insultéis el siglo, pues Dios es el siglo

19/07/2005 - Autor: Bruno Hussein - Fuente: Tariqa-es.com
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No maldigáis el instante...
No maldigáis el instante...

Tradición multisecular extendida por todo el mundo, el sufismo no aparece como una práctica única, sino más bien como una forma de estar en el mundo.

Se presenta como el corazón palpitante del Islam, y hace suyo el hadith del Profeta que dice: "no insultéis el siglo, pues Dios es el siglo".

En este sentido, esta en oposición a todo dogmatismo, y siempre ha sabido adaptar las formas de su mensaje al contexto en que era formulado, sin nunca corromper su espíritu. Utilizando una metáfora podemos decir que si bien el agua del conocimiento es única, las flores que crecen son distintas según el suelo que fecunda.

De la misma manera, los sufís dicen que la verdad es una, pero que las palabras son múltiples. Es en este sentido que se les puede llamar "hijos del instante", sabiendo que en árabe, el mismo término, waqt , sirve para designar el tiempo, la época, y el instante que pasa.

Despojamiento y Orientación

El Corán anima al creyente a meditar sobre los signos que Dios ha dispuesto para él en la tierra y en el cielo. Para descifrar estos signos, el sufí (1) reviste su realidad cotidiana con una intención y concentración particulares, que le sitúan en un estado de conciencia que permite la revelación actualizarse en él en todo momento, por inspiración. Así, si queremos que un espejo refleje perfectamente la luz del sol, hay que proceder a dos operaciones: primero hay que limpiar el espejo, y después hay que orientarlo hacia el sol. De la misma manera, el sufí se dedica antes que nada a pulir el espejo de su corazón (2). Para ello se esfuerza en despojarse de imágenes efímeras, es decir de todo lo que no es Dios, hasta llegar a un estado de desnudez y de receptividad que permitirá que la luz divina se refleje sin sombras. Es en este sentido que la Tradición afirma que el Profeta no tenía sombra.

A continuación, para orientar el espejo hacia la luz solar, el sufí se esfuerza en concentrarse entera y únicamente en la presencia divina, apartando cualquier distracción. Es interesante notar al respecto, que los términos árabes para designar la concentración (huddur)  y la presencia divina (hadra), provienen de la misma raíz. En nuestra época en la que la organización social se orienta hacia la distracción, a la manera de una televisión que pasa incesantemente de una imagen a otra, es comprensible que la concentración de la que hablamos, esa tensión permanente hacia lo esencial, conduzca a una percepción distinta del tiempo, y por tanto de la propia noción de realidad.

La profesión de fe musulmana, utilizada como una de las principales modalidades de invocación (dhikr), ilustra bien este doble movimiento compuesto de limpieza seguida de orientación. Consiste en dar testimonio de que "la ilaha illa llah" , cuyo significado es "no hay más divinidad que la Divinidad". Podemos distinguir pues una primera parte que podemos calificar como negación de la divinidad en tanto que género (la ilaha: no hay divinidad), que permite por contraste dar todo su sentido a la afirmación de la unicidad contenida en la segunda parte (illa llah: sino es la Divinidad). Se trata pues de desembarazarnos de todos nuestro ídolos para poder orientarse hacia Dios. Esa noción de pureza del espejo del corazón, es decir, del receptáculo destinado a recibir la influencia divina, puede compararse a la virginidad de Maria o al anafalbetismo del Profeta. En ambos casos la pureza del espejo garantiza la pureza de la imagen que refleja, y por tanto de la transmisión que luego realizarán del Verbo divino. Las palabras se graban con mayor nitidez sobre una superficie totalmente virgen.

Oriente y Occidente

Los rituales del Islam están esencialmente relacionados con el movimiento de los astros en el cielo. Debido a la relación con el calendario lunar, un mismo ritual se realiza en distintos momentos del curso de nuestro año solar; así el mes sagrado de ramadán tendrá lugar en pleno verano o en el invierno, según los años. De igual manera, esta vez en función del calendario solar, el horario de las oraciones varían su horario en las distintas estaciones, ampliándose en verano y estrechándose en invierno.

Todo ello contribuye a situar los musulmanes en una percepción del tiempo cósmico, de carácter cíclico, que resulta evidente para todos. Por el contrario, nuestra sociedad occidental se ha acostumbrado a una concepción lineal del tiempo, marcado por rituales situados en fechas fijas, y por un tiempo que parece sometido a los campanarios, relojes y péndulos que nos rodean. Resulta por cierto sintomático que un buen día se decidiera establecer un horario para el verano y otro para el invierno. Si en Oriente el hombre aparece sometido al tiempo, el Occidente moderno pretende al contrario someter el tiempo a su imperio, como si quisiera librarse de él. Desde esta concepción voluntarista no resulta raro que los orientales se vean etiquetados de fatalista por los autores y por los turistas occidentales.

Titus Burckhardt explica que "el Secreto de la espiritualidad islámica reside en la servitud congénita, ontológica, del hombre en relación a Dios: cuanto más te encomiendas a Él, más Te acoge; cuanto más te aligeras de ti mismo, más te inviste; cuanto más te rebajas, más te realza" . Lejos pues de cualquier fatalismo, de lo que se trata es de adoptar una actitud plenamente activa, pero sin por ello depender de los resultados. Para los sufís es tan esencial actuar en el sentido que se considera justo, como aceptar por anticipado que el resultado de esa acción sea distinto al esperado. Ibn Ata Allah escribe en sus Hikam: "El despreocupado se despierta diciéndose: ¿qué haré hoy?. El sabio dice: ¿Qué hará hoy Dios de mí?" . Y añade: "No hay peor ignorante que quien desea que en cada instante suceda algo distinto a los que Dios manifiesta" .

Intuición y deducción

El sufismo persigue, pues, un conocimiento intuitivo de Dios, es decir un conocimiento inmediato, sin intermediarios. Como escribe Titus Burckhardt: "El pensamiento no tiene capacidad de síntesis a menos que se desprenda del aspecto inmediato de las cosas". Para reflexionar sobre una cosa es preciso tener una cierta distancia respecto a ella, distancia que la experiencia inmediata no permite. Esta antinomia natural entre razón, en la acepción mental que tiene en la modernidad occidental, y la intuición espiritual, puede ser invertida y convertida en una clave del progreso espiritual. En efecto, para "desprenderse de lo mental" basta con desligarlo de la temporalidad en la que se apoya. No en el sentido de una desestructuración psíquica, que elimina cualquier referencia temporal, sino en el sentido de concentrar la atención en el instante. Para ilustrar lo que decimos, los sufís suelen explicar el cuento del sufí y del gramático. Estando ambos navegando en barco, el gramático pregunta: "¿Has estudiado gramática?" . Ante la respuesta negativa del sufí, el gramático replica: "En este caso has dejado perder la mitad de tu vida", mostrando así la importancia que concedía a esta ciencia. Poco después el sufí le pregunta: "¿Has aprendido a nadar?" , y ante la negativa del sabio le dice simplemente: "En este caso has perdido toda tu vida. El barco se hunde¡...".

No se trata pues de un conocimiento relacionado con la razón. Citemos a propósito de ello la respuesta dada por el gran sufí Ibn Arabi a un eminente teólogo que afirmaba haber descubierto setenta pruebas irrefutables de la existencia de Dios: "Si le hubieras conocido no hubieras tenido necesidad de probarlo". La realidad de la experiencia vivida no precisa prueba alguna. Por su parte, Ibn Ata Allah añade: "¡Que distancia la que hay entre el que prueba por Él, y el que intenta probar Le!. El primero reconoce la verdad allí donde está, y lo afirma todo por la existencia de su principio. El segundo, queriendo probar Dios, muestra lo lejos que está de Él. Pues ¿cuando ha estado ausente para que haga falta probar Le?. O, ¿cuándo ha estado alejado para que sean las criaturas las que conducen a Él?".

Por su misma naturaleza, la intuición espiritual se opone a la deducción racional, y esta diferencia en el modo de aprehensión explica la distinción que los sufís establecen entre el simple saber y el verdadero conocimiento. Contrariamente al de los sabios, su lenguaje es el de la visión y el desvelamiento, no el del análisis y de la síntesis. Los sufís distinguen entre la ciencia de la certeza, el ojo de la certeza , y la verdad de la certeza. Imaginemos que no hemos visto nunca el mar, y que alguien nos hace una descripción, con lo que nos podemos formar una idea del mismo. Si un día lo contemplamos con nuestros propios ojos, tendremos además una visión precisa de su aspecto, e incluso podremos describirlo y reconocerlo. Sin embargo, no conoceremos toda la realidad del mar hasta que nos sumerjamos en él. De igual manera el verdadero conocimiento esta siempre ligado a un experiencia directa, y es en este sentido que el sufismo suele ser definido como la ciencia del sabor y de los estados.

Hay un conocido hadith del Profeta al que los sufís suelen recurrir para señalar cual es su campo específico. Es el llamado hadith de Jibril (Gabriel), según el cual, la ciencia del Islam es el campo de la jurisprudencia (fiqh), la ciencia del Iman pertenece a la teología (kalam). Sólo la ciencia del "Ihsan" es lo propio del sufismo.

Convertirse en hijo del instante

Hemos visto que para escapar a las reflexiones y a la incesante actividad de lo mental, el sufí se esfuerza en concentrar su conciencia en el instante que pasa, en toda su plenitud. Este silencio psíquico y esta concentración del Corazón, le llevan a descubrir la presencia divina en todo lo que le rodea, y con ella, a descubrir la actividad incesante de la gracia. Lo que la mayoría toma por coincidencia o azar se convierten para él en signos que le envía su Señor. Y este descubrimiento le lleva poco a poco a "ceder", pues como afirma Ibn Ata Allah: "Libérate del gobierno de ti mismo; no te ocupes tú de lo que otro ya se encarga". Por su parte, Faouzi Skali escribe en su obra "Traces de lumière" (Huellas de luz) : "Lo que sabes pertenece ya al pasado, y lo que debes saber todavía no ha nacido. Deja que tu corazón acoja el conocimiento que vendrá a su tiempo". Recordemos el siguiente poema: "Oh amigo, deja de buscar el por qué y el como; deja de hacer girar la rueda de tu alma. Ahí mismo donde te encuentras, en este instante todo te es dado en la más grande perfección. Acepta este don, extrae el zumo del instante que pasa".

La conveniencia del instante

Cada instante tiene su conveniencia, que debe ser respetada. La conveniencia respecto del instante reside en la adopción de la actitud justa. Ibn Ata Alla afirma que: "Los derechos de las obras cuyo tiempo está fijado, siempre pueden recuperarse; pero los derechos del momento no pueden recuperarse". Así pues, lo que el instante exige de nosotros es prioritario respecto a lo que habíamos previsto y programado, como recuerda la historia del barco que se hunde. Preocupado en mantener la primacía del espíritu sobre la letra, el sufí sabe modificar su programa si las circunstancias lo exigen. Y ello es también aplicable a las obligaciones rituales; pues si la oración siempre puede ser recuperada, la hospitalidad obliga a atender sin dilación las necesidades de los invitados. Los sufís hablan del "sable" del tiempo, y afirman que "el tiempo está o a tu favor o contra ti; cada soplo que pasa no puede ser reemplazado, y cada soplo que llega tiene su exigencia propia". A partir del momento en que se perciben las circunstancias como reflejos de la voluntad divina, las obligaciones que conllevan pasan por delante de nuestros propios deseos. A imagen de la propia Revelación, el instante aparece como un discriminante (furqan) que separa los hombres entre los que escuchan Su llamada y los que permanecen sordos a ella. El sabio es aquel que permanece atento a las exigencias del instante.

La dimensión eterna del instante sufí

La eternidad no es de este mundo; no se la puede saborear más que en el hueco del instante que pasa. En efecto, cada instante contiene la presencia divina, pero es el hombre el que se encuentra ausente. Sumergiéndose en el instante, el sufí alcanza lo eterno. Como indica de nuevo Titus Burckhardt: "Si el recuerdo puede evocar el pasado en el presente, es porque el presente contiene virtualmente toda la extensión del tiempo. Es esto lo que realiza la invocación sufí (dhikr); en lugar de relacionarse horizontalmente con el pasado, la invocación se dirige verticalmente a las esencias que rigen tanto el pasado como el porvenir". La inmersión del alma en el fondo del instante permite reanudar el contacto con lo divino, y por tanto con la eternidad. El hecho de borrar nuestro ego permite a la conciencia abrirse, y ser de nuevo irradiada por las Luces divinas.

Así, nuestra ignorancia aparece relacionada con nuestro abandono del instante. El conocimiento está ahí presente, a nuestro alcance en cada instante. Al versículo coránico que dice "Estoy más cerca de vosotros que vuestra arteria yugular", Ibn Ata Allah responde con esta desgarradora petición: "¡Oh Dios mio, que cerca estáa de mí y que lejos estoy de Ti!".

Para terminar, debemos precisar que la expresión que utilizan los sufís para definirse a sí mismos en relación al tiempo, es en realidad "el hijo de Su instante" (ibn waqtihi) . No se trata pues de refugiarse en el hueco del instante para escapar al pasado o al porvenir, sino más bien de sumergir voluntariamente la conciencia en Su instante para mejor comprender a Dios, y para acercarse a Él. El objetivo es estar sin cesar "exteriormente con los hombres, e interiormente con Dios" . Desde esta óptica lo que importa no es el pasado o el futuro, sino nuestro estado actual, y el instante que se nos presenta, con todos sus posibles. Los sufís se esfuerzan en ocuparse únicamente de lo que corresponde a ese momento. Es quizá eso lo que les confiere, a los ojos de los que observan su vida, como un "plus" de presencia.

Notas:
1.- Para ser exactos, debemos precisar que sólo aquel que ha alcanzado la realización espiritual puede ser calificado verdaderamente de "sufí". No obstante, por comodidad, seguiremos empleando este vocablo para designar el simple caminante en esa vía espiritual.
2.- No se trata del corazón físico sino del Corazón centro del ser, que designa el lugar de la intuición espiritual y de la comunicación con lo divino.
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