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Shirk

¿Qué estamos dispuestos a hacer para encontrar lo que buscamos?

15/07/2005 - Autor: Abdulkader Baba Al Yerrahi - Fuente: Jerrahi.org.ar
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Dikr en una táriqa Yerrahi. Foto www.sufismo.tv.
Dikr en una táriqa Yerrahi. (Foto www.sufismo.tv)

Bismillah al Rahman i Rahim.

Están los Sheijs que hacen milagros y no tienen sabiduría, están los Sheijs que hacen milagros pero tienen sabiduría y están los Sheijs que ni tienen milagros ni sabiduría.

Le preguntaron a un Sheij que cual de los tres era el mejor y éste contestó que el mejor era el que no hacía milagros pero tenía sabiduría, porque a veces los milagros pueden ser un velo para el propio Sheij y para sus discípulos.

Había un Sheij que tenía un solo discípulo e iba con él a todos lados. Un día el derviche le preguntó a su Sheij que porqué lo tenía a él como único derviche, que ya que él era un Sheij al que Allah le había otorgado la posibilidad de obrar milagros, de ver lo que hay en el corazón y en las almas de las personas y que curaba enfermedades, debiera tener muchos seguidores. El Sheij le contestó que eso tenía una parte buena y otra mala, y que tal vez Allah había dispuesto que tuviera un solo derviche y que éste algún día fuera el que enseñara a otros. Pero el derviche insistió con su argumentación que el Sheij debía tener muchos discípulos. El Sheij le preguntó si estaba seguro de lo que pedía y al asentir el derviche, el Sheij dijo que eso era muy sencillo de realizar. Llegaron a un pueblo y se encontraron con un niño que tenía en la mano una jaula con un pájaro en su interior, el Sheij se ale acercó, le sacó la jaula de las manos del niño, la abrió, sacó al pajarito al que retorció el pescuezo y acto seguido lo descuartizó, tirando sus restos a los cuatro vientos.

Al escuchar el llanto del niño, acudieron sus familiares que al enterarse de la situación se prepararon para darle una paliza al Sheij. El Sheij les pidió un momento, recogió los restos del pajarito, los puso en su mano, sopló en ella y el pajarito volvió a la vida. El efecto en la gente fue inmediato y en pocas horas, todo el pueblo y sus alrededores sabían que había un hombre que hacía milagros y devolvía la vida. El Sheij se afincó en el pueblo y la gente se dio cuenta que amén de los milagros, el Sheij era poseedor de una excelsa sabiduría, que podía penetrar en el corazón de las gentes y resolverles cualquier tipo de problemas, enfermedades o dificultades. En menos de un año el Sheij contaba con más de mil discípulos. Una tarde, el que había sido su único discípulo se le acercó y se quejó amargamente que ya no podía acercársele de la cantidad de gente que le rodeaba y le comentó a su Sheij que se había dado cuenta que de toda esa gente, no había uno solo que tuviera interés para ser gente del Tasawuf; el Sheij asintió y le ordenó que convocara a todos los discípulos esa misma tarde, que les iba a dirigir la palabra. Así lo hizo, y cuando estaban todos reunidos, el Sheij se subió a un promontorio y les gritó: "Todos ustedes son unos inútiles y buenos para nada". De los mil discípulos, quedó la mitad, los otros se fueron refunfuñando por la ofensa que habían recibido. Acto seguido y ya reducido a la mitad el auditorio, el Sheij se da vuelta, se agacha y emite una sonora flatulencia en dirección a la gente. En pocos minutos, no quedaba nadie de aquella reunión.

El Sheij se dirigió a su derviche y le dijo: "Ya estamos solos otra vez, con esto te queda claro que ninguno de los que aquí venían a verme buscaban el conocimiento y la sabiduría, sino que venían a ver los milagros. Fíjate que durante un año trate bien a todo el mundo, por una sola vez que los trate mal, se fue la mitad de la gente y por una flatulencia desapareció el resto."

Este relato me remite a nuestra situación: ¿Qué buscamos y como lo buscamos?

¿Qué estamos dispuestos a hacer para encontrar lo que buscamos?

Generalmente respondemos a esta pregunta con vaguedades del tipo "Retornar a Allah". Con esto no decimos nada, porque retornar a Él, vamos a hacerlo todos, lo busquemos o no, de buen grado o a la fuerza, o "Buscar conocimiento", ¿conocer qué?

Conocerse a si mismo, para conocer a su señor. ¿Qué significa esto?

"Me quiero purificar, quiero despertar", "Quiero ver la realidad tal cual es"....

La persona que dice que quiere despertar, se supone que ya se dio cuenta que está dormida, como si esto fuera sencillo.....

Lo de comprobar si hay otra realidad detrás de la realidad... poco probable de confirmarlo, lo leímos en los libros, lo decía nuestro Profeta (saws), nuestros Sheijs, pero hay que confirmarlo.

Y finalmente, ¿qué estamos dispuestos a dar para conseguir ese supuesto despertar o ese supuesto retorno o esa supuesta búsqueda de conocimiento?

No estamos hablando aquí de dar dinero porque el conocimiento no puede ser medido en dinero.

Tal como estamos, ni podemos soñar con cambiar ni en despertar ni nada que se le parezca.

¿Cambiar? ¿Si soy cobarde, convertirme en valiente; si soy hipócrita, en sincero; de mendaz, en un caballero sin tacha?

Las Tarikas ofrecen algunas herramientas para esto.

Lo primero es hacerle notar al derviche el dejar de lado la idea que tenemos con respecto a la moral, creyendo que un pecador es aquel que comete hechos muy grandes como robar o matar o violar y que si nosotros estamos fuera de eso, ya estamos en buen camino.

Es una tarea ímproba la de conocerse a si mismo.

El Islam es una religión de atención. Para rezar hay que poner atención para saber que rezo es el que estamos haciendo y que movimientos se hace y todo en nuestra religión nos lleva a que cada acto haya que hacerlo con atención. A esto que va por lo externo, tiene una correspondencia con lo interno, a cada zahir le corresponde su baatin. Hay que agregar una vigilancia estrecha, fina, sutil e indeclinable sobre los actos y pensamientos que nos ocurren día tras día, y esto sin que violemos, ni matemos a nadie; sobre todos los ocultos y secretos defectos que conforman nuestra personalidad. De hacerlo bien, esto nos llevará a conocernos a nosotros mismos. Por eso muchos Sheijs aconsejan a sus derviches llevar un diario. Gente que en su vida hizo daño a nadie, se dará cuenta que dentro de él hay un personaje que quiere hacer daño... y no lo hace, o sí, a veces, que nunca violó ni adulteró, pero quisiera hacerlo, que envidia. En esta firme y fina observación, descubriremos la paciente obra de shaytán, el maldito, que nos tiene agarrado en un entretejido de cosas que sostienen ese personaje que es nuestro principal ídolo: nuestra imagen, lo que uno cree de si mismo y lo que quiere que los demás crean también.

Aquí estamos hablando de conocerse a uno mismo, no de premios y castigos por realizar o no los actos malos que se nos ocurran.

Este personaje que creo ser y que quiero que los demás crean es el ídolo que estoy adorando todos los días de mi vida, es el primer interesado en no conocerse.

Este personaje me tiene tan agarrado que hasta que no le meten el dedo bien adentro, no salta.

El Profeta (saws) decía que la peor mentira es la que se hace uno a si mismo.

Este personaje puede ser una persona intachable, puede ser un hafiz del Corán, admirado por todos, puede ser un Sheij, lo que se les ocurra.

¿Saben ustedes la cantidad de energía que gastamos tratando de preservar esa imagen y para evitar que alguien la toque? El pecado de esa imagen no son los pequeños pecados que comete, sino que es el velo que nos separa de Allah, porque esa imagen se convierte en nuestro señor: Allah y mi imagen.

¡Si esa persona piensa que es generosa, o que es sincera, guay que le digan que no!

¡Si se cree humilde y alguien le dice que atrás de eso se esconde una enorme soberbia, pobre de él! Se ofenderá, se enojará... y no será necesario emitir una flatulencia para que el otro se vaya...

Safer Effendi nos decía que jamás un derviche debe molestarse por una crítica ni agrandarse por una alabanza. Si la critican, agradecer por mostrarle esa cosa podrida y si la alaban, darse cuenta que está alabando algo inexistente, una imagen, una composición que cada uno se hace sobre si mismo.

Ni somos lo que queremos ser ni somos lo que nos gustaría que nos tomaran por.

Lo menos es una pérdida grande de tiempo y de energía el defender algo que yo solo me fabriqué y que es una ilusión. Nos daríamos cuenta que en realidad al defender esta imagen, estamos defendiendo un ídolo que nosotros mismos nos fabricamos.

Esto es lo más difícil de este camino, es muy difícil. Estamos adheridos a esta opinión con todo lo que somos. Le rezamos a Allah desde esta imagen y nuestra búsqueda espiritual se realiza desde esta imagen, es muy triste.

Los Sheijs dijeron que si tu imagen es falsa y te has pasado la vida adorando a Allah desde esa imagen, tu adoración es falsa y ¿cómo puede salir algo verdadero de algo falso?

Por eso "de esta oración establecida y esta perfecta súplica", (fórmula que repetimos después del llamado a la oración) y ¿quién hace una alabanza desde la perfecta súplica o de la oración establecida? ¿Y que es una perfecta súplica y que es una oración establecida?

Como nosotros siempre queremos ser buenos, (esto es una forma de alabarnos a nosotros mismos) tenemos la esperanza que sin cambiar nada de la imagen, nos lleguen las cosas de una forma mágica, tipo sorteo de la lotería.

Conócete a ti mismo, hermano mío, te doy las herramientas para ello, te lo digo todos los sábados, hazlo en lugar de estar quejándote, hazlo.

Hay derviches que me piden relatarme sus sueños en privado, ¿qué es lo que están defendiendo? Tenemos que tener un anhelo que venga de otro lado, o por lo menos una duda sobre nosotros mismos, no puedo estar adulándome; la imagen no tiene ningún interés en conocerse, es como es.

Sojbet del sheij Abdel Kader Baba Al-Halvetti Al-Yerrahi pronunciado en el dergah de Buenos Aires, Argentina el día 11 de junio de 2005.

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