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El hilo matambrero

El cordón o cinta que lo ata todo soy yo

09/07/2005 - Autor: Abdulkader Baba Al Yerrahi - Fuente: Jerrahi.org.ar
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El cordón o cinta que ata todo, soy yo, el cordón matambrero (Imagen www.borjacocinero.com)
El cordón o cinta que ata todo, soy yo, el cordón matambrero (Imagen www.borjacocinero.com)

Bismillah Al Rahman I Rahim.

(Baba sostiene en la mano un paquete envuelto).

Hay un regalo que está dentro de este paquete que contiene una caja envuelta con un papel, atado con una cinta. La caja y el papel somos nosotros, el cordón o cinta que ata todo, soy yo, el cordón matambrero (se refiere aquí a una comida típica argentina que consiste en un corte de carne que se enrolla sobre muchísimos tipos de condimentos: huevos, verduras, hortalizas, quedando la carne prensada con un hilo que ata todo, lo prensa y así se cocina).

Para aceptar el regalo, hay que aceptar también el envoltorio y el cordón, si es que quiere aprovechar la totalidad del regalo, como decía un Sheij, esa es la única forma de aceptar un regalo. Envoltorio, cordón y regalo forman parte de lo mismo, de una misma cosa.

Mucha gente viene aquí y nos ven como somos y nosotros nos vemos entre nosotros de la forma que podemos vernos. Para muchos de nosotros, entonces, no nos gusta el papel del envoltorio, no nos gustamos, algunos nos aceptamos, otros no, pero sin envoltorio no hay regalo.

El Sheij es un cordón que ata todo y lo mantiene unido.

Lo que generalmente hacemos con el hilo es cortarlo enseguida para ver el regalo que hay dentro, a veces el papel lo guardamos para aprovecharlo para envolver algún regalo que haremos a otro, aunque generalmente también lo dañamos en el apresuramiento en ver el regalo. Esto es Tarika: el Sheij que envuelve el regalo, todos nosotros que formamos el papel del envoltorio y dentro, la esencia, el regalo.

En nuestra enseñanza, a veces curiosas situaciones son ejemplificadas con relatos.

Una vez llegó un hombre sabio a una ciudad gobernada por un rey, que tenía una corte importante de ministros, y asesores que atendían los problemas de la población. A veces, eran tantos y tan numerosos los pedidos de audiencias, que éstas podían demorarse varios meses en ser concedidas y por lo tanto la resolución de los problemas allí planteados, duraban años, y encima las audiencias no eran gratis. Al poco tiempo de llegar, el hombre sabio empezó a recibir gente que le consultaba por distintos problemas, él les aconsejaba de una forma muy certera, lo hacía rápido, con gran sabiduría y sencillez y no cobraba nada por ello. La atención de la población se trasladó rápidamente para la solución de todos sus problemas de la órbita de los ministros y asesores a la del hombre sabio. Esto fue advertido por el rey, que se molestó mucho al notar cuanto había mermado el ingreso por consultas. El rey ordenó que le trajeran a ese hombre e inquirió primero de una manera amable en como había hecho él para adquirir su conocimiento. El hombre sabio respondió que la mayoría de los problemas por lo que la gente le consultaba, él ya los había vivido, sufrido y comprendido en sus 80 años de vida y que también él había pedido consejo y ayuda a otros hombres más sabios que él, por lo tanto de ahí él sacaba el conocimiento para responder las consultas de la gente. El rey le dijo entonces que ya que sabía tanto, como no había podido comprender lo peligroso que era para él lo que hacía en ese lugar; el hombre sabio le contestó que lo estaba aprendiendo ahora. El rey entonces lo amonestó y le dijo que no era conveniente para él desarrollar esa tarea, que no era necesario y que había gente capacitada para evacuar las consultas de la gente: sus ministros y asesores, que por lo tanto cesara inmediatamente de recibir gente o se fuera del pueblo. El hombre sabio se retira y al día siguiente vuelve a lo mismo, recibir gente, aconsejarla, etc., El gobernante irritado, le manda al jefe de policía para que lo intime que al cabo de tres días cese de hacerlo o se vaya del pueblo, recordándole lo que le había ordenado hacer en su momento. El hombre sabio siguió haciendo lo mismo; al día siguiente lo apresan y el rey le comunica que decidió ajusticiarle por rebelde, pero al enterarse la población, empieza a armarse una revuelta, tumultos, manifestaciones. El gobernante que no quería este tipo de problemas, decide armar una parodia de "juicio divino", donde el acusado iba a tener que optar entre dos papelitos, en uno de ellos estaría la palabra "inocente" y en el otro "culpable", dependiendo su suerte de ello, pero él pensaba poner en los dos papeles la misma leyenda "culpable".

La gente se calmaría al ver que se hace un juicio público y que se le entrega su suerte al destino. Llega el día del juicio, el juez se dirige a la gente y le explica el mecanismo de justicia que se iba a seguir, si el hombre saca la papeleta de culpable, sería ajusticiado y si saca la papeleta de inocente, quedaría libre y con derecho a seguir haciendo lo mismo que había provocado esa situación; acomodan entonces los dos papeles boca abajo y se le ofrece al hombre sabio que elija uno, éste toma uno de los papelitos, se lo mete a la boca y se lo traga, la papeleta que quedaba rezaba "culpable", por lo que la que él había elegido y engullido debía ser la de "inocente", con lo que quedó inmediatamente libre, ante el estupor del rey y su corte y la algarabía de la gente. El hombre sabio, se acercó al rey y le dijo al oído "Sí, he aprendido la lección y he aprendido a comportarme adecuadamente con gente como tú".

¿Y que tiene que ver este cuento con el regalo del que estábamos hablando?

Un Dergah, una Tarika es algo que está entre el cielo y la tierra y va de lo más oculto a lo más evidente. Si una persona nos visita y nos escucha hablar de temas financieros, problemas de humedad en las paredes, podría llegar a la conclusión que conformamos una sociedad de fomento religiosa, una secta islámica. Pero hasta en las finanzas, existe un "baatin", algo que está más allá de lo que se ve; estamos hablando de un organismo viviente, y como tal tiene algo que se ve y algo que no se ve. Ahora me estoy tomando un café y comiendo una galletita, esto es lo que se ve, pero lo que no se ve es que pasa cuando esta galletita queda incorporada a mi organismo, de que forma lo hace y que efecto provoca en mí. Esta galletita tiene dulce, tiene hidratos de carbono, tanto uno como el otro producen en mí energía para continuar hablando como lo hago y alimentar mi cerebro; los azúcares al metabolizarse rápidamente en mi organismo, me ayudan a tener más claras las ideas, para que no decaiga la energía para seguir hablándoles... y todo por una simple galletita que lo único evidente fue que me la metí en la boca y después se hizo invisible; el café también me provocará estar más despejado de sueño y a darme energía con su cafeína. Dentro de mí hay un laboratorio invisible que trabaja aunque yo no quiera, los procesos digestivos se realizarán igual aunque yo me oponga, salvo que vomite lo que comí. Esto está tan garantizado que no nos damos cuenta, ¿pero como es posible que un poco de harina se termine transformando en ideas? ¿Cómo es posible que un dinero que ustedes den se transforme en una galletita, en una línea de teléfono o en ayuda para socorrer a alguien?

¿Y como es posible que todo eso produzca algo más sutil que no se produciría si no hubiera dinero para tener un techo donde estar resguardados y tener una galletita para comer? Algo tan grosero como un billete de $20 se transforma en algo más sutil que nos ayuda a todos.

Observen como se produce la concatenación de los hechos en nuestras vidas, sin que le prestemos un poco de atención.

Este Sheij que les habla, aparte de las galletitas y del café, está alimentado por una enseñanza que recibió y que recibe y no podría hablar si no hubiera un lugar para hacerlo, si no hubiera gente que lo oyera.

El regalo de las palabras del que habla son la repetición de una enseñanza milenaria, expresada de una manera diferente, pero siendo esencialmente la misma – donde no tiene ninguna importancia el que las repite -, y que viene dentro de esas mismas palabras que no pertenecen al que las dice (aunque parezca un trabalenguas).

Hay en estas palabras, perlas de sabiduría; estas palabras no son mías; dentro de lo que se dice van encriptadas cosas que les llegan a cada uno de acuerdo a su capacidad de recepción – esto constituiría el jugo de los bombones del paquete, y el chocolate que lo recubre son las palabras -. Para que alguien hable, tiene que haber oyentes, sino es inútil, son como aquellas semillas que son comidas por los pájaros, como decía el profeta Issa (as), o que caen sobre las piedras y se secan. Lo que recubre el paquete, el papel, son ustedes, sin ustedes no hay Dergah, ustedes dan el dinero para mantenerla y también son los que preparan la comida para que todos nos alimentemos y podamos seguir adelante y la comida como ágape tiene una importancia fundamental; el Profeta Jesús tuvo una Última Cena.

Veamos como se va produciendo el engarce entre todo lo que hablamos hoy: del estado de caja de nuestras finanzas, del regalo y su envoltura, del cuento del hombre sabio, etc. Las personas que vienen de visita no ven nada de esto, solo ven un grupo de personas, hombres y mujeres, escuchando a alguien hablar y cuyo discurso, por lo menos le resulta raro o inexplicable, pero esto ya ocurría esto en tiempos del Profeta (saws), donde había gente que se reunía a escucharlo y preparaban un lugar y lo mantenían en condiciones de operabilidad para que el Profeta pudiera realizar sus sojbets, que algunos aprovechaban más que otros. La descendencia del Profeta(saws), los Sheijs de las Tarikas, son los que se convirtieron en el hilo que agrupó las comunidades que se constituyeron luego de la muerte del Profeta Muhammad (saws). Han existido hilos de oro, hilos de plata y cordones matambreros como en el presente, pero siempre es necesario algo que una a todo. Un Dergah es la suma de la presencia de la gente, un regalo sutil envuelto en un paquete y un hilo que une todo, donde nada de todo esto puede ser desechado ni rechazado.

Ahora bien, volvamos al café que me tomé, si me hizo bien, no siento nada salvo un bienestar porque tengo el estómago calentito, pero lo siento cuando me cae mal, ahí tengo dolor de estómago; lo que cae bien no se nota o se nota poco y se nota mucho lo que cae mal, en esto tiene que haber una lección para todos nosotros; el efecto de una buena comida se diluye en 3 o 4 horas, los efectos de una mala comida que provoca una indigestión pueden durar uno o dos días y acompañado con un ataque al hígado.

Dentro de este contexto les he relatado la historia del hombre sabio y su relación con el poder. En este relato el nafs ammara es el gobernante, que tiene al pueblo en un puño; el nafs ammara de ese gobernante es su rasgo principal y sus asesores y ministros, los secuaces que lo mantienen en el poder; el sabio es sencillamente la conciencia, el ojo que mira, el ojo que aconseja gratis, el ojo que cura. El nafs ammara siempre miente, nos hace trampas, nos da 2 papelitos que dicen lo mismo y nos hace creer que contienen cosas diferentes.

Estamos condenados a muerte como el hombre sabio, si el nafs ammara nos agarra, nos mata, mata la posibilidad de despertar del alma. Estamos ante un juicio, nuestro juicio, hecho por la voz de nuestra conciencia.

Estamos tomados todos nosotros, en este mismo instante por distintos estados de ánimo y de acuerdo como haya sido nuestro día para el nafs ammara, estaremos más contentos, tristes, indiferentes o distraídos: estamos atrapados por el nafs de tal manera que es él quien nos dicta nuestros estados de ánimo y además nos provee de un arsenal de argumentos para justificar el estado de ánimo que tengamos: si esta mañana quisieron engañarme con un vuelto, ¿cómo no voy a estar indignado, verdad?.

Normalmente, nosotros nos enojamos mucho cuando creemos que hemos sido despojados de nuestros derechos, que nos han tratado mal o que nos han engañado, aunque en realidad no nos hayan ni tratado mal ni engañado ni despojado de ningún derecho y todo sea imaginación, pero como el nafs ammara tiene como tarea principal el convertir la mentira en verdad, nos sentimos justificados y no vemos como nosotros tratamos mal a los demás, como los engañamos miserablemente, aunque si lo llegamos a ver, nos justificamos rápidamente y de esa forma, no nos duele.

El hombre sabio del cuento sabía que si él no hacía algo extraordinario, era hombre muerto y sabía que los dos papelitos tenían la misma leyenda: "culpable", sabía que estaba tratando con un corrupto y apeló a la argucia de tragarse el papelito, porque de esa forma el gobernante no tenía salida ante su pueblo, tendría que aceptar que si el papelito que quedaba decía "culpable", el papelito que había tomado el hombre sabio y después tragado debía decir "inocente", de lo contrario no podría salvar su imagen delante de su pueblo.

La imagen, este es el meollo de la cuestión. Un sinvergüenza con tal de salvar su imagen, con tal que no se sepa lo sinvergüenza que es, es capaz de dejar escapar a un enemigo al que él desearía liquidar.

No tenemos tiempo, aunque sean jóvenes y crean que tienen todo el tiempo del mundo, es mentira, es una trampa, no lo crean, hay dos papelitos que dicen "culpable". No hay tiempo porque el nafs ammara nos ha condenado a muerte, estamos condenados a morir y vamos a morir físicamente; no crean que esta energía de la que ustedes disponen hoy para escuchar esto está disponible todos los días y para siempre, no lo crean, los engañan; piensen que dentro de una semana o un año, pueden perder interés en esto, en el camino espiritual y sucede así de simple, ocurre como con las enfermedades, no crean que van a disponer siempre de la energía para tratar con estas cuestiones tan abstractas y tan arduas.

Puede ocurrir que a la vuelta de la esquina encuentren a la mujer o al hombre de sus vidas o se hagan millonarios y tal vez ahí pierdan interés en esto. Aparte de esto, está la muerte física. No hay tiempo. Hay un Dios Verdadero que está más cerca de ti que tu propia vena yugular y hay un dios falso que está fuera de ti y al que tú le rezas. La única forma de conectarse con el Dios Verdadero es como decía el Profeta Muhammad (saws) "Conócete a ti mismo y conocerás a Tu Señor."

Algunos de nuestros comportamientos no están a la altura del comportamiento derviche. Se fabula, se inventan cosas, y no es que seamos mala gente, somos todos buenos, pero hay que escucharse las cosas que uno dice. Sin embargo, gracias a Allah, todo esto es necesario, porque si yo no puedo ver mi estupidez, por lo menos la veo reflejada en otra persona, en otro hermano, y si digo que Said es un estúpido, en realidad yo soy un estúpido que no lo puedo admitir en mí y solo soy capaz de verlo en otra persona, o veo la contradicción en otra persona, es la mía la que no alcanzo a ver.

Todo esto forma parte de nuestro trabajo. Les invito a que se vean ustedes mismos en sus contradicciones y ello porque el nafs ammara principal que es el gobernante, está rodeado por ministros que a su vez tienen asesores y no se puede pedir que un gobernante que tiene cuarenta ministros que cada uno de ellos tiene cuarenta asesores, no se les puede pedir que se pongan todos de acuerdo. No nos ponemos de acuerdo jamás con nosotros mismos; siempre escuchamos lo que queremos escuchar, no lo que nos dicen, hay un filtro por el cual pasa lo que queremos nada más y esto ocurre por falta de atención.

Todo lo que se habla aquí, en este ambiente cargado, es aburrido y si no es aburrido, es molesto, y si no es molesto, es que no sirve para nada. Todo esto es necesario, es necesario que estemos aquí, todos juntos, viendo nuestras propias contradicciones, pasando el tiempo como podamos, escuchando lo que podamos escuchar, todo esto es el Dergah.

Ahí tenemos una cocina que está preparando alimentos, café que se toma, palabras que se dicen, facturas de servicios que hay que pagar, cuotas que hay que abonar, todo esto es el Dergah, sino nos tenemos que ir a la plaza; no hay aquí, así como ocurre en la existencia humana, nada que sobre ni nada que falte. Allah ha puesto lo que nosotros decimos que es bueno, lo que nosotros decimos que es malo y lo regular, y ha puesto cada cosa donde debe estar y ocupa el lugar que le corresponde. Cuando nosotros veamos que todo está como debe estar, habrá llegado la paz a nuestro corazón y no nos quejaremos de nada por peor que parezca, y no veremos contradicción ninguna.

Todos estamos acá cumpliendo un papel; cuando identifiquemos nuestro papel, nuestro corazón hallará la paz. Ninguno puede dejar de hacer lo que hace, es el papel que envuelve el regalo, es necesario; tendríamos que descubrir la esencia del regalo que viene con todo esto.

Si de todo lo que hablé, ustedes se quedan con lo que les molestó, no han comprendido nada. Acá no sobra nada ni falta nada, en vuestra sensibilidad estará la posibilidad de descubrir el regalo.

Sojbet del sheij Abdel Kader Baba Al-Halvetti Al-Yerrahi pronunciado en el dergah de Buenos Aires, Argentina el día 2 de julio de 2005.
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