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La Presencia Divina, el Hudur

La Presencia Divina puede manifestarse como sensación espiritual intensa

12/06/2005 - Autor: Tariqa Qadiría Butchichía - Fuente: Webislam
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La Presencia Divina puede manifestarse como sensación espiritual intensa
La Presencia Divina puede manifestarse como sensación espiritual intensa

La orientación interior y la reunión de todas las condiciones exteriores son elementos necesarios pero insuficientes para que, en la meditación, podamos tener una conciencia real y viva de la Presencia divina. No sólo por el hecho de trabajar y sembrar la tierra, dicen los sufis, llueve. La tierra está simplemente lista para recibir la lluvia. La Presencia no es jamas la consecuencia de una técnica cualquiera; es una gracia y un don divino.

Una Presencia Trascendente

El momento de la toma de contacto con la trascendencia en la meditación es aquél en el cual uno se dirige hacia la presencia divina en nosotros como un "". Esta es una presencia viva por la cual uno se encuentra de golpe llevado mas allá de sí mismo y sus límites habituales. Es en éste sentido que se habla de "jadhabh" o arrebato interior. El momento de la presencia es también un momento de profunda consciencia, de conocimiento, pero de un conocimiento integral de todo nuestro ser de manera directa; una intuición intelectual fundamentada en la experiencia viva que proporciona la certidumbre en el corazón, centro espiritual del ser, yendo mas allá del proceso abstracto de la razón.

La Presencia Divina puede manifestarse en tanto que sensación espiritual intensa (estado interior llamado hal), por la revelación de significados espirituales (maqam) o en tanto que iluminación interior. En realidad, la necesidad de explicar nos hace separar algo que por si mismo constituye los diversos aspectos de una sóla y misma experiencia.

Esta experiencia, que se manifiesta notablemente en los movimientos extáticos de los sufis, es llamada "al-hadrah", la presencia, al-imarah la plenitud, al-khourah o la embriaguez espiritual y al-jadhbah o arrebato interior. El movimiento del cuerpo no es mas que un reflejo, una consecuencia natural y espontanea del movimiento del alma dentro de la cual ésta vive una transformación al elevarse hacia su Principio Divino. En esta punto cabe hacer una distinción entre las vías de "wujd", aquellas en las que los estados interiores sobrevienen en primer lugar regulando entonces los movimientos de lo que ha sido convenido llamar raqs - una danza extática con su ritmo y movimiento respiratorio propios, o, por otra parte, las vías de tawajud, donde los movimientos corporales son voluntariamente organizados con el fin de provocar los estados de transformación de la conciencia y de receptividad espiritual. En el primer caso las técnicas fluyen de un movimiento interior, en el segundo es la ciencia de las técnicas la que permite acceder a los estados interiores.

La Vía wujd es aquella donde la enseñanza es viva. Ahora bien, una misma vía puede, con el tiempo y de manera legítima, pasar de éste primer caso al segundo, con lo que la parte concerniente a la vitalidad espiritual queda parcialmente compensada por un saber o una ciencia de las técnicas, pudiendo esto favorecer ciertas realizaciones interiores. Pero en cualquiera de los dos casos lo cierto es que el hecho de realizar las abluciones - wudu y gusl - sentarse en una posición correcta, orientarse adecuadamente hacia la Meca - quibla - y concentrarse en los ejercicios del dhikr, favorece la progresión interior del discípulo en su meditación.

El influjo espiritual que pasa a través del dhikr, llamado madad, es vivido como una realidad que, aun no siendo material, es tangible, concreta y viva. Es precisamente la circulación de este influjo la que puede despertar, sin hacerse una idea preconcebida de sus localizaciones físicas, los centros sutiles - al latif -. En sus cantos o poemas espirituales los sufis simbolizan este influjo en un néctar, un vino espiritual cuyo escanciador, aquél que lo derrama, es el Maestro; el que detenta la virtud de transformar de arriba a abajo, por entero, el estado de conciencia de aquel que lo bebe.

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