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Los cuatro pasos

¿No soy acaso Vuestro Señor?

30/05/2005 - Autor: Abdulkader Baba Al Yerrahi - Fuente: WWW.JERRAHI.ORG.AR
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Dikr halveti
Dikr halveti

Esto me hizo recordar algunas cosas que vi hace años (Baba se refiere a la charla que inmediatamente antes había realizado el Imam Hassan sobre Islam), cuando fui al Hayy.

Todos los que estamos aquí, incluyendo nuestras visitas que no son musulmanes, en este mundo, lo estamos de acuerdo a la Dawa, debido a la repuesta que dieron nuestra alma a la convocatoria que se efectuó antes que apareciera el mundo manifestado y antes que apareciéramos nosotros.

La Dawa estableció la naturaleza interna, invisible, del hombre, de cualquier género o religión. Esta Dawa, que se efectuó en forma de asamblea, antes del tiempo y fuera del tiempo – si pudiéramos imaginar que hay algo antes del tiempo y de las formas -, donde Allah Hu Ta´ala, el Dios Único, el Que está más allá de todo lo imaginable, ante esa inmensa cantidad de almas que aún no se habían manifestado y eran luces en potencia, les preguntó (es una forma didáctica de expresarlo) "¿No soy acaso Vuestro Señor?". Todas las almas respondieron que sí.

Por favor, esto no se produjo como lo estoy contando, ni nadie les hizo a las almas la pregunta de esta forma como la estamos relatando, pero la situación se produjo y eso estableció en las almas que luego formaron la humanidad, esas almas viajeras que se transformaron en "almas humanas", que todos los seres humanos, cualquiera fuera su raza o religión y sin importar el tiempo en que vivieron o vivirán, tengan una naturaleza primordial de sometimiento a su Señor.

Todos nosotros daremos testimonio, mientras vivamos o en el momento de nuestra muerte de esa aceptación realizada antes de todos los tiempos y donde afirmamos que hay un Único Dios, del que el Antiguo Testamento proclama "... del que no harás imágenes de Él, ni encima de las aguas ni por debajo".

El Antiguo Testamento solo se refiere a los pueblos semitas de la zona y no hace referencia a las religiones que existieron anteriormente o las que existían en otros lugares, como el continente americano, por ejemplo.

El hombre tiene necesidad de adorar "a algo" y de creer en algo superior a él. Cada uno de nosotros lo hace como puede, como se lo han enseñado o como lo aprendió después. Aún los ateos, en la profundidad de su corazón, están diciendo de alguna manera que ellos no pueden adorar ídolos y que las formas de adoración o de creencias que se les presentan son insuficientes para ellos, aunque con seguridad, después de una grave crisis o en el momento final, en el momento de la muerte, se les manifestará.

Volviendo al tema de la Dawa, la contestación de esas almas es lo que hace decir al Corán "que todas las almas han nacido sometidas a Dios". Sometido en árabe es "muslim". Sometido, simplemente por haber reconocido en ese juramento que Él es Nuestro Señor. Por lo cual, si reconozco el Señorío de Él, yo estoy debajo de Él y Le debo obediencia.

Aunque lo reconozcamos o no, en alguna medida todos creemos en algo. El Profeta Muhammad (saws) era Profeta cuando Hz. Adam estaba entre el agua y la tierra.

La luz muhammadiana es la luz de la Dawa. El sinónimo de profeta es sinónimo de Dawa. Los Profetas vienen a recordar y a repetir la Dawa, el llamado, ese llamado que desde antes del tiempo hicieron las almas al contestar: Sí, Tú eres Nuestro Señor. La luz muhammadiana es la Luz de la totalidad de las profecías y de la Dawwa universal. ¿Pero, que valor tiene todo esto para nosotros, en una forma práctica?

Los Yerrahis tenemos una fórmula de entrada, de bienvenida a cada nuevo derviche a través de cuatro pasos que tiene que dar, en nombre de la Shariá, en nombre de la Tariká, en nombre de la Maarifá y en nombre de la Haqiqá. ¿Qué es todo esto y de donde proviene?

Estos grupos, como el nuestro, tienen un linaje espiritual, una línea, una comunión (para hacerlo entendible a nuestras visitas) de hombres santos que nos precedieron. Nuestro linaje nace de Hz. Alí (ra), yerno del Profeta Muhammad (saws). Todas las Tarikas, excepto la Naqshbandí que proviene de Abu Bakr (as), nacen de Hz. Alí (ra).

Hz. Alí (ra), era un pariente cercano y yerno del Profeta y fue llamado el Emir de los Creyentes, el Guardián del Secreto Profético, el León del Islam, la Puerta de la Ciudadela del Conocimiento, por citar los más conocidos. El Profeta Muhammad (saws) dijo que todos los profetas que le precedieron habían venido con un Alí en secreto y que con él había venido Alí en forma evidente.

Hz. Alí dijo que toda vez que el Profeta Muhammad (saws) recibía una Aleya por revelación, se la hacía repetir en voz alta y se la hacía anotar y el Profeta rogaba a Allah que no la olvidara ni olvidara su explicación y el Profeta le daba la explicación externa de la Aleya, el tafsir y el sentido interno de la Aleya, el tawil, las Aleyas que abrogaba, su sentido general y su sentido particular.

O sea, de acuerdo a este hadiz, Hz. Alí recibía en forma directa del profeta Muhammad (saws), el sentido externo e interno de la Revelación. Sus sucesores, herederos de Alí, toda la cadena de maestros sufíes repetían que los cuatro sentidos que el Profeta le había dado a Hz. Alí eran el sentido completo de la Shariá, el sentido interno de la Shariá, que es la Tariká, el sentido secreto de la Shariá, el Conocimiento que es la Maarifá y el sentido del Secreto del Secreto que es la Haqiqá.

Esta es la explicación por la que en nuestra Tarika, damos esos cuatro pasos en la iniciación de cada derviche. Algunas personas hacen una escisión entre Shariá y Tariká.

Es imposible que exista una forma sufí sin estar contenida en el Corán y en la vida del Profeta. Esa es la muralla de la ciudadela del conocimiento. Es una forma específica de conocimiento, con lo que queda abierto que hay otras formas específicas de conocimiento.

Las murallas que contienen el Islam tienen innumerables puertas por donde entran todos los que hacen la Shahada, (Declaración de fe). Ahora bien, entrar no significa adentrarse.

Hay un camino que va hacia adentro, camino en árabe es Tariká, camino estrecho donde se va de a uno, pero primero hay que pasar por la puerta para entrar en el Camino. Algunos no entran en el Camino, esto ni está bien ni mal, es un hecho. Cada alma, dice el Corán, será cargada con el peso que pueda llevar. ¿Qué es lo que buscamos en este camino?

Según los sabios que nos precedieron, ellos afirman que lo que buscamos es a nosotros mismos, ya que no hay otra cosa que buscar. Allí donde tú te vuelvas, dice el Corán, encontrarás la faz de Allah. También dice el Corán que Allah está más cerca de ti que tu propia vena yugular, o sea que estás solo... con Allah o tal vez esté Allah solo y tú no estés.

Ustedes dirán ¡pero yo me tengo a mi mismo hace muchos años! La persona que tenemos más cerca nuestro es a nosotros mismos y también es a la que menos conocemos. Esta falta de conocimiento que tenemos acerca de nosotros mismos, nos produce todo tipo de problemas.

Este es un camino de conocimiento de nosotros mismos, simplemente. El viaje es hacia dentro, lo podrán hacer rápido o despacio o quedarse en la puerta, dependiendo del grado de sinceridad que tengan consigo mismo, este es el pasaporte para viajar. Sin este pasaporte, la sinceridad, uno se va engañando acerca de uno mismo y no verá las cosas que no quiere ver... y no las verá y se producen los famosos problemas del subconsciente, que los sufíes conocían hace mil años.

El ser humano, volviendo al mundo moderno, tiene una parte de él que no conoce y le produce muchos problemas, problemas psicológicos y físicos.

La Tariká es el camino que nos lleva al interior para conocernos. Esta es la vía para la solución a nuestros problemas psicosomáticos y de otras enfermedades que están dentro de nosotros, porque es ahí donde se generan y ahí es donde se curan. Los psicólogos, que dejaron de lado la religión y la creencia en algo superior, hablan del inconsciente, el "super yo". Jung habló del inconsciente colectivo y metió ahí la religión, él decía que Dios era el inconsciente colectivo. Tariká es meterse ahí en el subconsciente, para conocer. Se parte de la Shariá, que te da todos los elementos, el mapa de ruta, para entrar en la Tariká, para partir en busca de mi mismo, no en busca de un conocimiento externo, con la tarjeta de presentación que es la sinceridad. La sinceridad no es una cuestión de palabras, una cosa es decir "yo soy sincero" y otra decir "puedo ser sincero", o mejor diría ¿puedo ser sincero conmigo? Esto es la Tariká.

En este viaje no puedo ir solo, por un fenómeno de olvido, y volvemos a caer en el tema de la Dawa. En realidad el ser humano, musulmán, judío, chaman, budista o ateo, tiene dentro de él todo lo necesario para hacer el camino solo, pero no sabe - salvo excepciones, profetas, los walis, los santos, algunos sheijs -, y necesita alguien que le guíe. Alguno que ya partió en busca de si mismo y encontró algo y volvió para ayudar a otro a encontrar el mismo camino, esto es Tarika, recorrer un camino interior en busca de conocerse a si mismo, de la mano de alguien que ya recorrió el mismo camino.

¿Y de donde le surge a ese guía, a ese sheij, la autoridad para guiar?

En principio, de su linaje, de un conocimiento que se transmitió a través de Hz. Alí (ra) y su linaje, cuando el Profeta le repetía las Aleyas reveladas, se las hacía aprender de memoria, le explicaba su aspecto externo, el tafsir, y el tawil, y le enseñaba los conceptos generales y específicos y le rezaba a Allah, poniendo el Profeta una mano en el pecho de Hz. Alí, rogándole a Allah para que profundizara Alí el Conocimiento y no lo olvidara.

De Hz. Alí surge la autoridad espiritual y el conocimiento que se transmite a través de las Tarikas. Ese conocimiento se mantuvo vivo por esa línea, a través de Hz. Alí.

La palabra derviche, que erróneamente nos atribuimos, es una palabra que viene del farsí, del persa, y significa pobre, una persona pobre de aquellas que van puerta a puerta pidiendo limosna, que no tiene nada. Cualquier persona sincera consigo mismo, que no se autoengañe y que recorra este camino, tiene que darse cuenta tarde o temprano que no sabe nada, que no tiene nada y que lo único seguro es que se va a morir, el resto es un misterio.

Por más ordenada que tengamos nuestra vida, existe algo aleatorio que denominamos "destino" y por el otro lado, el Ángel de la Muerte, que nos visita cinco veces por día, de acuerdo a nuestra tradición y que no se nos aparecerá como un angelito negro, no, tiene forma de virus, de enfermedades, de balas perdidas, de balcones que se caen.

Estoy hablando de un acto sincero donde me doy cuenta que esa es mi condición, no tengo nada, estoy sujeto a situaciones que no puedo controlar ni hacer nada y no se nada, como yo que estoy hablando acá que no se nada. Hay bibliotecas enteras sobre la muerte y lo que pasa después, ¡seamos gente de fe, creamos en lo que dicen los sabios, los hombres de conocimiento!

Sojbet del sheij Abdelkader al-Halvetti al-Yerrahi pronunciado en el dergah de Buenos Aires (Argentina) el 21 de mayo de 2005.
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