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Nuevas revelaciones sobre el racismo en las fuerzas armadas de EE.UU.

Aiden Delgado informa sobre el embrutecimiento y el colapso generalizado del orden moral entre los militares de su país

10/05/2005 - Autor: Aiden Delgado y Paul Rockwell - Fuente: Rebelión
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Aiden Delgado, reservista del ejército en la 320 compañía de la Policía Militar (Foto iraqforsale.org)
Aiden Delgado, reservista del ejército en la 320 compañía de la Policía Militar (Foto iraqforsale.org)

Aiden Delgado, reservista del ejército en la 320 compañía de la Policía Militar, sirvió en Irak del 1 de abril de 2003 hasta el 1 de abril de 2004. Después de pasar seis meses en Nasiriyah en el sur de Irak, estuvo seis meses ayudando a hacer funcionar la prisión Abu Ghraib en las afueras de Bagdad, de tan infausta memoria.

El mecánico de 23 años presenció crímenes de guerra generalizados, casi diarios, de EE.UU. en Irak. Su historia contiene nuevas revelaciones sobre la continua brutalidad en Abu Ghraib, información no mencionada por los medios nacionales.

Encontré a Delgado por primera vez en una sala de clases en Acalanes High School en Lafayette, California, donde hizo una presentación con dispositivas sobre las atrocidades que él mismo observó en el sur y el norte de Irak. Delgado reconoció que los militares de EE.UU. hicieron algunas cosas buenas en Irak. "Depusimos a Sadam, construimos algunas escuelas y hospitales", dijo. Pero concentró su testimonio en la ruptura del orden moral dentro de las fuerzas armadas de EE.UU., un modelo de violencia y terror que excede los límites de lo que es legal y moralmente permisible en tiempos de guerra.

Delgado dice que observó la mutilación de muertos, fotos como trofeos de iraquíes muertos, redadas masivas de no-combatientes inocentes, la colocación de prisioneros en la línea de fuego – todas violaciones de las convenciones de Ginebra. Sus propios compinches – hombres decentes, cristianos, como los describe – dispararon sobre prisioneros desarmados.

En una clase gubernamental para adultos mayores, Delgado presentó imágenes gráficas, sus propias fotos de un soldado jugando con un cráneo, los restos calcinados de niños, niños acribillados de balas, un soldado de su unidad vaciando el cerebro de un prisionero. Algunos estudiantes, como yo, se impresionaron, y miraron a otro lado. Otros se secaban lágrimas de los ojos. Pero al final del período de preguntas, muchos expresaron su aprecio porque se había hablado de un tema que es casi un tabú. "Si tienes suficiente edad para ir a la guerra", dijo Delgado, "tienes edad suficiente para saber lo que sucede en realidad".

Sólo en casos muy excepcionales los estudiantes estadounidenses, que se dedican a los juegos vídeo más que al béisbol, se ven expuestos a las realidades de la ocupación. Delgado no usa nombres. Tampoco quiere denigrar a soldados o debilitar la moral. Quiere ser una conciencia para los militares, y quiere que los estadounidenses se hagan cargo de la guerra con toda su trágica totalidad.

Aiden Delgado no creció en Estados Unidos. Su padre fue diplomático de EE.UU. Aiden vivió en Tailandia y en Senegal, África Occidental. Pasó siete años en El Cairo, Egipto, donde aprendió a hablar árabe con fluidez y desarrolló un profundo aprecio por la cultura árabe.

El 11 de septiembre de 2001, ignorando por completo los aciagos eventos del día. Delgado se alistó en el ejército, esperando servir dos días al mes en la Reserva. Cuando encendió la televisión se dio cuenta instantáneamente de que todo su mundo había cambiado.

Después de sumarse al ejército, Delgado comenzó a leer los Sutras. Se hizo budista, vegetariano, y finalmente llegó a ser objetor de conciencia. Delgado fue dado de baja honorablemente cuando volvió a casa. Delgado obtuvo cuatro medallas de servicio que, dice, son condecoraciones estándar. Provocó críticas del ejército cuando comenzó a expresarse abiertamente sobre la conducta militar en Irak. Don Schwartz, portavoz del ejército en Washington, D.C., dijo que Delgado debería haber informado sobre cualquier desmán al personal del ejército. "Debiera haber informado en primer lugar a su jefe, su comandante. Es el modo normal como funciona la cadena de comando".

Cuando entrevisté hace poco a Delgado, expresó su profundo amor por su país, pero también insistió en que el racismo – un importante ímpetu para la violencia en la historia de EE.UU. – impulsa a la ocupación, infectando toda la operación militar en Irak.

El testimonio de Delgado tiende a confirmar el mensaje de Chris Hedges, el corresponsal de guerra de New York Times que escribió antes de la invasión de Irak: "La guerra forma su propia cultura. Deforma la memoria, corrompe el lenguaje, e infecta todo lo que la rodea… La guerra saca a la luz la capacidad de hacer el mal que amenaza cerca de la superficie dentro de todos nosotros. Incluso cuando la guerra da un sentido a vidas estériles, también impulsa a asesinos y racistas".

Ésta es la historia de Aiden Delgado

P: ¿Cuándo comenzaste a volverte contra los militares y la guerra?

DELGADO: Desde el momento mismo en que llegué a Irak. Comencé las horribles vetas del racismo entre nuestros soldados – sentimientos antiárabes, antimusulmanes.

P: ¿Puede darnos algunos ejemplos?:

DELGADO: Había un sargento mayor. Un sargento mayor es uno de los grados más altos del personal conscripto. Azotó a un grupo de niños iraquíes con la antena de acero de un Humvee. Los azotó sólo porque se aglomeraron, molestándolo, y se cansó de hablar. Otra vez, un marine, un soldado de primera clase –un tipo grande de más de 1,80 m. –le puso la bota sobre el pecho a un niño, cuando se le acercó y le pidió un agua. El sargento primero dijo: "No es necesario, soldado". Y eso fue todo. Conducir un Humvee y romper botellas sobre las cabezas de iraquíes era cosa acostumbrada para los muchachos de mi unidad. Y son muchachos a los que yo consideraba mis amigos. Y les dije: "¿Qué diablos estáis haciendo? ¿Qué lográis con eso?" Uno respondió: "Odio tener que estar aquí. Odio verlos. Odio estar rodeado por todos estos hajjis".

P: ¿Se refieren a los iraquíes como "hajjis"?

DELGADO: "Hajji" es el nuevo insulto, el nuevo insulto étnico para árabes y musulmanes. Es utilizado ampliamente entre los militares. La palabra árabe se refiere al que ha ido en un peregrinaje a Meca. Pero es utilizada entre los militares con el mismo tipo de connotación que "gook", "Charlie" o la palabra que comienza con n. Documentos oficiales del ejército la utilizan ahora para referirse a iraquíes o árabes. Es harto común. Había realmente un aura densa de racismo.

P: ¿Hubo algunos incidentes de importancia aparte de insultos raciales y violencia ocasional contra civiles?

DELGADO: La última misión que dirigí en el sur antes de que fuéramos reubicados en el norte fue extraña. Me dijeron que condujera hacia el desierto, fuera de la carretera. Cuando llegamos allí, encontramos a kuwaitíes excavando una inmensa fosa común (de la era de Sadam). Ingenieros kuwaitíes querían identificar y repatriar los restos. Era un asunto solemne. Yo estaba con el sargento primero. Dijo: "Dame ese cráneo. Quiero tener el cráneo en mis manos". Tomó el cráneo, lanzándolo en su dirección. Luego se volvió hacia mí y dijo: "Sácame una foto". Fue tomada mientras estaba junto a una fosa común. El tiempo que pasé en Irak me pareció muy surrealista, sombrío. Me fue duro ver que mi propia unidad realizaba brutalidades. Había vivido en Medio Oriente. Tenía amigos egipcios. Pasé casi una década en El Cairo. Hablaba árabe, y tenía conocimientos de cultura árabe y de las vestimentas árabes. La mayoría de los muchachos en mi unidad estaban casi todo el tiempo en un estado de choque cultural. Veían a los iraquíes como enemigos. Vivían en un estado de miedo. En general descubrí que los iraquíes eran enormemente amistosos. Una vez iba caminando por Nasiriyah con los brazos llenos de dinero, nadires que eran cambiados por dólares. Pude caminar 300 metros hacia mi convoy – un soldado de EE.UU. caminando solo con dinero. Y pensé: Estoy más seguro aquí en Irak que en EE.UU. Nunca me sentí amenazado por la gente en el sur.

P: ¿Qué ocurrió cuando se fueron al norte, antes de que llegaran a Abu Ghraib?

DELGADO: Éramos una compañía de Policía Militar. Dábamos apoyo en combate, seguíamos detrás de las unidades para tomar y detener prisioneros. Yo era mecánico. Reparaba Humvees. Seguíamos a la Tercera división de infantería. Era muy mecanizada, con muchos tanques y vehículos de reconocimiento. Podíamos seguir su camino gracias a todos los vehículos calcinados y la devastación que dejaban detrás. La Tercera aniquiló bastante a las fuerzas iraquíes. Los iraquíes no poseían gran cosa en cuanto a fuerzas armadas organizadas. Tenían vehículos civiles, y resistieron con bastante valor, considerando que los superábamos considerablemente. La Tercera de Infantería los masacró en masa. Tomamos tantos prisioneros, que no podíamos transportarlos a todos. Numerosos civiles fueron atrapados en el fuego cruzado.

P: ¿Cómo mataban a los civiles?

DELGADO: Era práctica común establecer bloques de ruta. La Tercera de Infantería bloqueaba una ruta. Antes del asalto, los civiles huían en pánico de la ciudad. Cuando se nos acercaban, alguien gritaba "¡Alto, alto!". En inglés. Por cierto, no comprendían. Sus coches eran volados usando cañones, o aplastados por tanques. El asesinato de no combatientes en los puntos de control ocurría como cosa de rutina, no sólo en el caso de la Tercera de Infantería, sino con la Primera de Marines. Y sigue ocurriendo actualmente. Si miró MSNBC la semana pasada, vio que excavaron a un padre y la madre y sus seis niños. Recibíamos constantemente informes de vehículos que fueron destruidos (con gente adentro) en los puntos de control.

P: Su unidad, la Policía Militar 320, estuvo estacionada en Abu Ghraib durante seis meses. ¿Quiénes eran los prisioneros en Abu Ghraib? ¿De dónde provenían? ¿Tiene alguna información nueva que no haya sido presentada en los medios?

DELGADO: Había entre 4.000 y 6.000 prisioneros en Abu Ghraib. Trabajé con numerosos oficiales, así que pude ver la documentación. Descubrí que muchos prisioneros estaban encarcelados sin haber cometido ningún crimen. No eran insurgentes. Algunos estaban ahí por pequeños robos o embriaguez. Pero la mayoría – más de un sesenta por ciento – no estaba encarcelada por crímenes cometidos contra la coalición.

P: ¿Cómo ocurrió que fueran encarcelados tantos no-combatientes?

DELGADO: Cada vez que nuestra base era atacada, enviábamos equipos a hacer redadas de todos los hombres entre los 17 y los 50 años. Eran redadas al azar. La documentación para sacarlos de prisión tomaba entre seis meses y un año. Adentro era un infierno. Muchísimos civiles completamente inocentes estaban en las prisiones sin motivo. Suena totalmente escandaloso. Pero mire el Informe del Departamento de Defensa de 2005, en la parte en la que habla de los prisioneros.

P: Cuando usted llegó a Abu Ghraib, ¿qué vio, más allá de lo que todos hemos conocido sobre el escándalo en las noticias? ¿Y cómo lo afectó a usted?

DELGADO: Me comenzaba a desilusionar. Esperaba brutalidad de parte del enemigo. Era un hecho. Pero ver brutalidad de nuestro propio lado, fue algo que me fue realmente duro. Fue duro ver cómo el ejército caía tanto en mi estima. Los prisioneros estaban afuera, en carpas, 60 a 80 presos por carpa. Llovía mucho. Los detenidos vivían en el lodo. Afuera hacía un frío helado, y los prisioneros no tenían ropa de invierno. Nuestros soldados vivían adentro, en celdas, con cuatro paredes que nos protegían del bombardeo. La Policía Militar utilizaba el frío para controlar a los prisioneros. Si se producía una infracción, los detenidos eran sacados de sus carpas. Luego, les confiscaban las mantas. Después incluso les quitaban la vestimenta. Casi desnudos, en ropa interior, los prisioneros de guerra se apretujaban en una plataforma afuera para darse calor. Había abarrotamiento y casi todos tenían tuberculosis. Dieciocho miembros de nuestra unidad, que trabajaban de cerca con los prisioneros, también se contagiaron con tuberculosis. La comida estaba putrefacta y a los presos les dio disentería. Las condiciones insalubres, los desperdicios y la suciedad por todas partes, el abarrotamiento en el tiempo frío, provocaban enfermedades, condiciones epidémicas, pandémicas. La actitud de los guardas era brutal. Para ellos los iraquíes eran la escoria de la sociedad. Los detenidos eran golpeados hasta casi morir.

P: ¿Murieron algunos detenidos?

DELGADO: Murieron más de 50 prisioneros.

P: ¿Qué ocurrió?

DELGADO: Los enemigos alrededor de Bagdad bombardeaban nuestra base a diestro y siniestro. Bajo las Convenciones de Ginebra, una fuerza ocupante no puede colocar a personas protegidas en áreas expuestas a los peligros de la guerra. Más de 50 detenidos fueron muertos porque estaban alojados afuera en carpas, directamente en la línea de fuego, sin protección, sin sitio para poder escapar. Estaban encerrados con alambradas de púas. Estaban atrapados y tenían que quedarse sentados con la esperanza de sobrevivir. Sé como era porque una sola granada de mortero destruía toda una línea de neumáticos de los Humvees, toda una línea de parabrisas. Es por eso que pensé en los daños, porque yo era el mecánico que tenía que reemplazar los parabrisas. Así que los bombardeos con morteros mataron e hirieron a muchos prisioneros.

P: ¿Por lo tanto, sus comandantes mantuvieron a sabiendas a sus prisioneros en la línea de fuego? ¿Cuántos soldados de EE.UU. murieron durante los bombardeos?

DELGADO: Hubo dos soldados estadounidenses muertos durante mi estadía.

P: ¿Hubo algún otro incidente?

DELGADO: El peor incidente que vi fue a fines de noviembre. Los prisioneros protestaban todas las noches por sus condiciones de vida. Protestaban por el frío, la falta de vestimenta, la comida podrida que causaba disentería. Y querían cigarrillos. Desgarraban ropa, hacían pancartas y letreros. Una manifestación se intensificó y llegó a ser difícil de controlar. Los prisioneros recogieron piedras, trozos de madera, y los lanzaron contra los guardas. Uno de mis compañeros fue alcanzado en la cara. Le sangró la nariz. Pero no fue herido. Los guardas pidieron permiso para usar fuerza letal. Lo recibieron. Abrieron fuego contra los prisioneros con las ametralladoras. Hirieron a doce y mataron a tres. Lo sé porque hablé con el tipo que los mató. Me mostró esas horribles fotografías, y fanfarroneó sobre los resultados. "Oh", dijo, "A éste le disparé en la cara. Ves, tiene la cabeza partida en dos". Hablaba como si fuera Terminator. "A éste la disparé en la ingle, tardó tres días en desangrarse hasta morir". Me espantó. Era el tipo más simpático que se podía soñar. Era un hombre de familia, un tipo cortés de verdad, un cristiano devoto. Me horroricé y le dije: "Le disparaste a un hombre desarmado que estaba detrás de alambrada de púas por haber lanzado una piedra". Dijo: "Bueno, me arrodillé. Dije una oración, me levanté, y los maté a tiros a todos". Existía una desconexión total entre lo que había hecho y su propia moralidad.

P: Los comandantes permitieron el uso de fuerza letal contra detenidos desarmados. ¿Cuál fue su reacción ante la carnicería?

DELGADO: Nuestro comandante tomó las horribles fotos y las fijó en el cuartel. Fue algo grande, macho, que nuestra compañía hubiese matado más prisioneros que ninguna otra unidad.

P: ¿Cuándo sucedió todo esto?

DELGADO: El 24 de noviembre. El evento fue mencionado efectivamente en el Informe Taguba, bajo Protocol Golden Spike. Y hay más. Antes que nuestra compañía transportara los cuerpos, los soldados se detuvieron y posaron con los cadáveres y los mutilaron más todavía. Tengo fotos del tipo que estaba ahí, mi amigo. Tengo una foto de un miembro de mi unidad, vaciando el cerebro de un prisionero con una MRE (cuchara para las comidas listas para comer). Había cuatro personas mirando, dos tomando fotografías. Si se acuerda de las cosas de Abu Ghraib que aparecieron en CNN, este tipo de asunto era común. Se ve a tipos posando con cadáveres, o jugando con cadáveres. Era algo común donde los militares, porque los muchachos pensaban que los árabes son terroristas, la escoria de la sociedad. Cualquiera cosa que les hagamos está bien.

P: Que yo sepa ningún comandante ha sido responsabilizado por los eventos en Abu Ghraib. Su historia implica a comandantes en la brutalidad permanente. En una de sus presentaciones usted dijo: "Nuestro comando sabía definitivamente que se estaba disparando a los prisioneros. Pusieron las fotos en sus cuarteles. Sabían todo sobre las palizas a los prisioneros". ¿Trataron de impedir sus comandantes que la información llegara al público?

DELGADO: Después que el escándalo de Abu Ghraib estallara en CNN y en la televisión, llegaron los comandantes y nos dijeron: "Somos todos una familia en este sitio. No lavamos nuestra ropa sucia en público. Esta noticia no necesita salir en CNN. Nadie necesita saber de esto". Fue una especie de orden mordaza informal.

P: Usted se alistó de buena fe en la Reserva del ejército. Ahora usted es objetor de conciencia. Una vez que estuvo en la Reserva del ejército, ¿cómo se convirtió en objetor de conciencia?

DELGADO: Después del entrenamiento avanzado, tomé en serio el budismo. Leí traducciones de los Sutras. Me hice vegetariano. Después, cuando conocía personalmente a prisioneros iraquíes, vi la gente que supuestamente eran nuestros enemigos. No sentí ningún odio hacia ellos. Eran muchachos jóvenes, pobres, sin educación, igual que nosotros. Tuvieron que combatirnos. Y nuestros muchachos, igual, tuvieron que combatirlos. Y dije: "¿Qué estoy haciendo aquí, combatiendo a gente pobre?" Fui a ver a mi comandante, le entregué mi rifle, y dije: "Mire, me quedaré en Irak. Terminaré mi período como mecánico. Haré mi trabajo, pero no voy a matar a nadie".

P: A pesar de todo usted sirvió todo su período en Irak. ¿Cómo reaccionó su comando ante su pedido de ser considerado objetor de conciencia?

DELGADO: En cuanto los informé, se mostraron hostiles. Primero me quitaron mis placas duras, balísticas, que iban dentro de mi chaleco. Dijeron: "Usted no va a combatir, así que no necesitará blindaje personal".

P: Las placas lo protegían contra balas y morteros. Son necesarias para la seguridad, ¿verdad? ¿Usted seguía siendo vulnerable?

DELGADO: Sí, lo era. También me quitaron mi licencia para ir a casa, diciendo: "Usted no volverá". Supuestamente me iban a promover, pero dijeron que no me podían ascender. El comando probó muchas cosas para hacer que me retractara. Me hicieron el vacío. Pero mientras más me hacían, más obstinado me volvía. Les causé problemas. No me afeitaba. Amenazaba con involucrar a mi congresista. Llamé a organizaciones budistas y a la ACLU Unión por las Libertades Cívicas. Terminaron por ceder.

P: Quisiera echar una mirada a sus observaciones. Su informe no se concentra en uno o dos individuos malos. Esencialmente, usted describe la brutalidad de un grupo, una pérdida colectiva de circunspección, un colapso generalizado del orden moral dentro de las fuerzas armadas. Estoy seguro de que su compañero cristiano, un típico joven estadounidense, jamás dispararía contra una persona desarmada en su vida privada. El teólogo Reinhold Niebuhr nos dice que, con la sanción del estado, impulsados por el nacionalismo, individuos decentes se convierten en asesinos y torturadores en grupo. Usted atribuye el colapso de la circunspección al racismo. ¿Cuándo comenzó el proceso de deshumanización de los árabes? ¿Influyó el entrenamiento básico en la conciencia de nuestros soldados?

DELGADO: Fui a Fort Knox para el entrenamiento básico. Se sabía que era más duro que en otras bases. El entrenamiento era agotador mentalmente, y ya había un cierto sentimiento antiárabe.

P: ¿Cómo era eso?

DELGADO: Al principio, recuerdo algunos cantos del ejército. Cantábamos en cadencia. Y los cantos tenían temas antiárabes. Como quemar turbantes, matar a cabezas de trapo, matar a los talibán.

P: ¿Qué decían los cantos?

DELGADO: Fue hace tres años. No recuerdo las palabras exactas, pero el sentimiento era quemar turbantes y matar cabezas de trapo. Era la fraseología. Nuestros sargentos de instrucción nos daban charlas de motivación para aumentar nuestro espíritu combativo. El tema era la necesidad de vengarnos, de ir a Medio Oriente a combatir a los árabes.

P: ¿Todo eso fue incluso antes de ir a Irak?

DELGADO: Sí. Mi propio comandante gozaba de triste fama por sus discursos antiárabes. Incluso antes de que se nos enviara a Medio Oriente, dijo: "Bueno, no vayan a decirles a los medios que van para allá a matar a algunos cabezas de trapo y a quemar algunos turbantes". Todos se rieron, y él se rió con ellos. Recuerdo que estaba ahí, en formación, habiendo crecido en Egipto. Y yo pensaba: "Oh, Dios mío, esto va a ser un desastre. Nuestro comandante tiene esa actitud antiárabe incluso antes de que vayamos". El comandante nos daba conferencias sobre el Islam. Dijo que los musulmanes abogaban por una guerra santa contra nosotros, que el Islam promueve la guerra perpetua. Yo había estado rodeado por musulmanes durante una década, expuesto a su cultura. Él se equivoca.

P: En los años ochenta, los militares de EE.UU. hicieron numerosas reformas. Se cree en general que el racismo en las fuerzas armadas es algo del pasado.

DELGADO: Tengo dos respuestas. Primero: ¿hemos superado el racismo en el sentido de que negros y blancos están unidos en el odio contra los árabes? Eso no es un progreso. Segundo, tuvimos un incidente en nuestra unidad con un especialista negro. Era un tipo simpático, verdaderamente popular en la unidad. No fue una pelea física, pero fue una disputa porque el veía a una muchacha blanca, tenía una relación con una muchacha blanca. Dos blancos tomaron una soga, hicieron un lazo, colocaron una soga de verdugo sobre su cama. Descubrió quién había sido y fue donde su sargento negro. Fueron a ver al representante de igualdad de oportunidades. El tema fue sofocado efectivamente.

P: Después de su dura prueba, ¿cómo se siente respecto a su país, y qué espera del pueblo estadounidense?

DELGADO: Todavía amo a mi país. Amo la idea de EE.UU. Pero me desilusioné. Ahora quiero que la gente estadounidense sepa en qué se está metiendo cuando dicen que apoyan la guerra en Irak. Y quiero que los estadounidenses reconozcan las connotaciones racistas de la ocupación y comprendan los costes humanos de la guerra.

Paul Rockwell es un columnista de In Motion Magazine. Su correo es: rockyspad@earthlink.net
Título original: New Revelations about Racism in the Military
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