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La Prueba

Las pruebas sacan a relucir nuestra forma de comportarnos frente a ellas

04/04/2005 - Autor: Abdu Rahman Baba Al Yerrahi - Fuente: Webislam
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Atrévete a ver las pruebas como un caleidoscopio que se mueve delante de ti
Atrévete a ver las pruebas como un caleidoscopio que se mueve delante de ti

Bismillah Al Rahman i Rahim

La prueba siempre es problema

Sheitán, con el permiso de Allah, es el encargado de ponernos a prueba todos los días, para que probemos la comprensión que tenemos de las pruebas que nos tocan vivir. Allah que todo lo sabe, también conoce la reacción que vamos a tener a las pruebas.

Allah también sabía que Adam Le iba a desobedecer. ¿Entonces, porqué lo castigó, sometiéndolo a una prueba que no iba a poder cumplir?

Esto es muy difícil de discernir para mi pobre comprensión. Lo que sí puedo decir es que estoy sometido a pruebas constantemente, al igual que todos nosotros.

Tal vez las pruebas a las que yo soy sometido, a ustedes les haga sonreír y las que les toca a ustedes, a mí me hagan sonreír. Cada uno tiene distintas clases de pruebas. A algunos les toca pruebas muy gruesas, como a nuestro hermano Habibullah, que tiene un cáncer de pulmón. Lo maravilloso de este tema es ver como una persona tan simple como nuestro hermano Habibullah, sin los vuelos metafísicos que pretendemos tener los que hoy estamos aquí, encaró su prueba, lo hizo de una manera magnífica. Sabe lo que tiene, sabe sus consecuencias y está en un estado interior... que me asombra, tiene la inocencia de un chico, no es resignación, es inocencia. Allah le dio este grado de comprensión, que me parece que nace de su inocencia y del agradecimiento, él agradece todo, el habernos conocido, el ser musulmán, aunque nunca haya podido aprender una palabra de árabe, agradece poderles dejar a su familia una jubilación que está tramitando aún y lo agradece con la misma pureza de corazón que un chico agradece un caramelo.

El estado que tiene Habibullah supera mi comprensión.

Los hombres sabios dicen que las pruebas son la forma en las que Allah verifica nuestra comprensión y nuestra fe. La fe es puesta a prueba, precisamente. Estamos dentro del misterio, porque Allah sabe como vamos a reaccionar ante cada prueba, misterio que por lo menos debería hacernos bajar la cabeza con humildad. Intentamos explicar lo inexplicable para no volvernos locos.

Para evitar que nos volvamos locos, Allah envió un Profeta con un Libro, un Din, una Shariá y maestros que perpetúan la vigencia del camino de la comprensión.

Dentro de este mundo de la prueba, donde estamos todos metidos, nos comportamos de una forma canallesca porque así como sabemos que nosotros estamos sometidos a las pruebas, también sabemos que nuestros hermanos están sometidos a las mismas pruebas y no obstante sentimos odio, resentimiento u otro tipo de sentimientos tenebrosos o indiferencia hacia nuestro prójimo que padece lo mismo con pruebas similares a las nuestras. Nos complacemos en criticarlos, aún sabiendo esto.

En realidad, podemos tratar de ayudar a esa persona. Vean, si son sinceros, hacia donde les conduce ese estado de crítica permanente, ¿si los hace mejores, si ayuda a la persona criticada?

Las pruebas sacan a relucir nuestra forma de comportarnos frente a ellas. Nuestra forma de comportarnos frente a ellas nos va a definir como individuos.

Dicen los hombres sabios que el ser humano, en forma individual, siempre se comporta de la misma forma frente a las pruebas por diferentes que fueren, porque –continúan diciendo – el hombre está dominado por un rasgo de carácter que es como un pilar de su carácter y que constituye según algunos "su yo dominante" o "el defecto principal".

En otras palabras, a cada uno de nosotros le duele un pedazo del dedo del pie que al otro no le molesta.

Ese defecto o rasgo principal es el que reacciona frente a las pruebas de una manera por lo menos descomedida e ignorante y desaprensiva. Las excepciones a esta regla no están sujetas a que la persona siga un camino espiritual o sea musulmán. Yo conozco algunas personas que no siguen ningún camino espiritual y que se comportan en su existencia de una manera que a mí me encantaría para mis derviches. Estas excepciones nos muestran la Misericordia de Allah para con Sus criaturas.

Algunos son esencialmente envidiosos, otros son esencialmente cobardes, otros soberbios, otros tontos. Esencialmente significa que reaccionan siempre alrededor de ese rasgo, frente a cualquier tipo de pruebas y alrededor del cual se tejen todos los defectos menores.

Esta mañana me encontraba con un Sheij que me hablaba del trabajo sobre el nafs que se practicaba en su grupo donde se utilizaba el eneagrama. Llegamos a la misma conclusión, a la misma que pregonan todas las religiones, que el hombre está dormido. Esto no es metafórico, el hombre está dormido, está en un estado de sueño que llamamos "de vigilia". Es en este estado de sueño donde se producen las pruebas en este mundo de sueños. En el mundo real no hay pruebas, hay unidad, las pruebas se dan en el mundo de la dicotomía, en el mundo del bien y del mal, de lo alto y lo bajo, del rico y del pobre, el mundo de la dualidad. En el mundo de la Unidad, de la Haquiquá, no hay pruebas, hay unidad, porque para que haya pruebas tiene que haber la prueba y el que la sufre.

Cuando dormimos por la noche, nuestro estado puede tener dos formas, o estamos en un sueño profundo sin ninguna clase de sueños que es la Haquiquá, donde no hay ni soñador ni sueño y la conciencia no es consciente de sí misma: esto es la Haquiquá, el estado de muerte, de vacío, lo inombrable, la nada, en este estado, todos los mundos están aniquilados. Cuando aparecen los sueños, ese es el primer estado de conciencia que tuvo nuestro padre Adam cuando fue expulsado del paraíso, que es un estado de sueño con sueño, aquí ya aparece el soñador y lo soñado, primera dualidad, se perdió la Haquiquá. Cuando el sueño es profético, estamos ante el estado de Maarifá, de conocimiento, de acontecimientos que van a suceder o de cosas que nos son enseñadas en ese sueño, con un conocimiento que no es humano, que viene de otra dimensión, aunque tenga soporte humano en paisajes o personajes. El Profeta decía que estos sueños equivalían a 1/46 parte del Corán. El resto del sueño... son sueños que nosotros clasificamos como sueños del ego, simbólicos, etc., que son los que interpretamos aquí, a diferencia de los sueños de la Maarifá que no deben ser interpretados.

Quiero ahora, regalarles a ustedes la conclusión a la que llegamos y que considero un regalo de este Sheij, que quiero pasársela a ustedes.

Cuando el hombre se levanta por la mañana, cree que dejó de soñar y esto me hace relacionarlo con aquel Sheij que le decía a su discípulo que durante el día, aunque él no lo viera, la luna y las estrellas se encontraban allí en el cielo y que cuando menguara la luz del sol, iba a poder reconocerlas. Con los sueños pasa lo mismo, tú no los ves, pero están.

Los sueños nocturnos afectan nuestros actos diurnos, aunque ni nos acordemos de lo que soñamos, o lo recordemos en forma fragmentaria. El hombre sigue durmiendo cuando se despierta por las mañanas, es lo que quiso decir el Sheij a su discípulo con la parábola de las estrellas y la luna.

El hombre se levanta, camina y transita el mundo como lo hace todos los días y empieza a recibir las pruebas de índole distinta, las mismas que tenemos todos nosotros todos los días, y esas pruebas también son sueño, es el sueño del nafs, es un sueño tan sueño como el sueño nocturno. No tienen realidad, no tienen sustento, en el sueño no hay Haquiquá, no hay Maarifá en el sueño de nuestras pruebas: es el Dunia. El Dunia se muere con nosotros. Estas terribles pruebas desaparecen cuando nos morimos.

Con lo que nosotros lidiamos es con nuestros estados mezquinos, envidia, ira, celos, cobardía, lujuria, son sueños, no tienen Haquiquá detrás. Nos hacemos unos terribles problemas con sueños que mantenemos despiertos.

Le pregunté entonces a este Sheij "¿Y entonces, que Yihad vamos a hacer, le vamos a hacer el Yihad al sueño, somos el Quijote?" El Sheij me contestó sonriendo "Sí, somos el Quijote que salimos con lanzas a cazar fantasmas, ese es el Yihad que hacemos".

Entonces, ¿cuál es el Yihad que hay que hacer?

El Yihad que hay que hacer, me contestó el Sheij, es un Yihad inaceptable para el nafs: darse cuenta que él es un sueño. 

¿Entonces, mi dolor no existe, el cáncer no existe, la muerte de un hijo no existe?

No, no existen, porque el nafs, siguió diciendo, siempre quiere tener una sensación de exclusividad, con la cual se sustenta, engorda y se afirma y una sensación de exclusividad es tomar por real las pruebas. Las prueba es lo que lo hace único y diferente a los demás.

Ver las pruebas sin ponerle ese enganche emocional es un trabajo muy difícil, hasta que la prueba aparezca como lo que es: un sueño. Este es el verdadero Yihad al Akbar.

Verlo, verlo y probarlo y verlo en medio de la tormenta desatada por la importancia que nos damos, y sin reírnos, sin escaparnos, sin minimizar nada, sino viéndolo el sueño como sueño.

Cuando uno ve el sueño como sueño, ve lo falso como falso y cuando lo falso es visto como falso, aparece la verdad.

Ibn el Arabi nos pregunta: ¿Acaso te vas a pelear con los miles de yoes que tienes?, no te alcanzará nunca la vida.

Atrévete a ver las pruebas como un caleidoscopio que se mueve delante de ti y recuerda lo que dijo Abdel Kadir Al Gailani cuando sus esposas le recriminaban que él no lloraba por la pérdida de sus hijos: "Mis hijos no están muertos, yo juego con ellos todos los días".

Él estaba despierto y sabía de lo que hablaba.

Cuando lo falso sea visto como falso y nos dejemos de dar tanta importancia y veamos el mundo onírico como lo que es, este será el Yihad y entonces veremos la verdad como lo que es: un juego de luces y sombras donde a cada uno le tocó una porción.... y donde cada uno hace lo que puede, de acuerdo a la comprensión que tenga.

As Salam Aleikum

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